Jueves, 09 Septiembre 2021 08:10

Una campaña inolvidable - Por Sergio Crivelli

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En 48 horas cierra la campaña electoral más extravagante desde 1983. Extravagante por el nivel de desconexión entre los candidatos y la crisis que asfixia a sus votantes, por la ausencia de cualquier propuesta para mitigarla, por el nivel de bufonería de algunos “spots” y por el amateurismo inaceptable de políticos mantenidos con el dinero público.

El que se llevó el primer premio en el concurso de disparates fue el oficialismo. Sus estrategas habían planeado una campaña con dos ejes, la vacunación y la recuperación de la economía. Difundieron la idea profusamente a través de medios y periodistas allegados, pero tuvieron que abandonarla. Las promesas en las que nadie cree pueden pasar, pero el ridículo, no.

Se les ocurrió entonces repetir la campaña de 2019 y responsabilizar a Mauricio Macri de lo que Fernández no hizo o empeoró. Pero también aquí se equivocaron. Macri empezó a contestar. Además, eligieron un mal asunto, el de la deuda, porque es engorroso de explicar y para peor ellos también se habían endeudado.

Volvieron por lo tanto a modificar la agenda, pero ¿qué hacer cuando los creativos del PJ no pueden mencionar la heladera y el asado? Usar el goce sexual para ganar votos. Cómo no se le había ocurrido a nadie antes.

A esta altura la imagen de la primera candidata a diputada del FdT en Buenos Aires ya había alcanzado el nivel de deterioro que al presidente le tomó un año y medio y muchas declaraciones conseguir. Terminó discutiendo con una profesora jubilada de literatura que apenas se representa a sí misma qué sector social refleja su apariencia. Si nacional y popular o tilingo.

Todo esto en medio de una lluvia de malas noticias como la fiesta en Olivos, la maestra K fuera de sí y el presidente defendiéndola mientras el resto del kirchnerismo se agarraba la cabeza con las dos manos.

Por eso la dueña de los votos se mantuvo lo más lejos posible de la campaña. También lo hicieron su hijo y Sergio Massa.

Pero el kirchnerismo no es el único que se hizo campaña en contra. Florencio Randazzo llamó a su mamá para que diera fe de lo correcto que es, mientras Guillermo Moreno, ex azote de la plutocracia nativa, recorría las calles del barrio abrazado a su mujer con una sonrisa de pasmado y saludando a sus vecinos como si acabar de ingerir un frasco Arplax.

No hace falta mencionar la campaña de la izquierda porque el discurso de este sector ignora la realidad desde fines del siglo XIX. Baste con decir que no desentonó.

En la derecha, en tanto, superó todas las expectativas el libertario Milei que posa de energúmeno. Carece de proyecto de poder y sólo puede preocupar a Horacio Rodríguez Larreta que se equivocó casi tanto como Alberto Fernández a la hora de elegir candidatos. El jefe de gobierno porteño lleva en CABA a una dirigente domesticada por el peronismo bonaerense y en Buenos Aires a un peronista porteño sin carisma, pero con al menos una virtud: no convocó a su mamá para que dijera que es una persona confiable.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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