Miércoles, 22 Septiembre 2021 07:56

Es el pobrismo - Por Sergio Crivelli

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Bajo presión de su vice el presidente cambió medio gabinete. Parece improbable, sin embargo, que esa docilidad lo encamine a una victoria en noviembre, porque la causa de la derrota no fueron los hombres sino las políticas. Echarle la culpa a él o a sus ex ministros fue una arbitrariedad de la vice para desentenderse del desastre. Su reacción al resultado electoral pretende ignorar lo central: el principal derrotado en las PASO fue el populismo.

El virus exacerbó la tendencia natural del gobierno peronista a profundizar el deterioro fiscal, el gasto sin producción, el asistencialismo proyectado al infinito, la emisión desbordada para armar un festival de clientelismo. Pero cuando se abrieron las urnas esa estrategia probó ser contraproducente. Inmune a la experiencia, Cristina Kirchner propone ahora ir a fondo creyendo que por ese camino se podrá dar vuelta el resultado.

Por su parte Fernández repitió la receta populista en la circunstancia menos propicia sin medir las consecuencias. Su falta de sentido de la realidad no se expresó únicamente con las fiestas en Olivos. Creer que podía encerrar a toda la población y convertirse en su proveedor de fondos estatales mientras la dejaba sin trabajo o la fundía fue un disparate que pagó caro todo el oficialismo.

De allí que, si tras el cambio de ministros no cambia también de rumbo, el fenómeno de las PASO se repetirá.

Fernández insiste con lo que salió mal porque ignora o se niega a admitir la causa de su fracaso. Dice que "algo habrá hecho mal" pero parece no caer en la cuenta de que el modelo del estado que "te cuida" es impracticable cuando ese estado está fundido y la sociedad no da más. El encierro y la parálisis productiva del sector privado mostraron que el reparto de planes, subsidios, bonos, créditos y otras dádivas alcanzó su límite. Más gasto resultó en más inflación, menos votos y un nivel abrumador de expectativas negativas.

Por eso no apareció el voto aluvional de las barriadas paupérrimas del conurbano. Dicho con el vocabulario de Miguel Pichetto, parece que el pobrismo ya no consigue adhesión entre los pobres. La vice también exigió a Kicillof que se aliara con los intendentes para reconectarse con la base de la pirámide social. Habrá que ver si llega a tiempo.

En el actual contexto es poco lo que puede cambiar de la economía el presidente en dos meses. Su principal objetivo es modificar las expectativas, propósito al que apuntó la renovación ministerial. Sin embargo, debería reconocer que figuras como las de Manzur, Aníbal o Filmus no resultan de gran ayuda al respecto.

Tampoco lo es la política-ficción. Sigue insistiendo, por ejemplo, con que mejoró el ingreso de los jubilados, cuando ocurrió lo contrario. La distancia entre su discurso y la realidad se volvió grotesca y su credibilidad nula. Destruyó el valor de la palabra presidencial que era la única herramienta que le quedaba para gobernar. Ahora sin recursos, ni confianza y cada vez más parecido a un "meme" encara las elecciones generales flanqueado por Aníbal y Manzur.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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