Lunes, 04 Octubre 2021 06:51

Tras la derrota, el Gobierno intenta un cambio imposible - Por Sergio Crivelli

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Detectó el fuerte rechazo social a la pelea entre la vice y el Presidente, a la mala gestión y al descontrol inflacionario, pero está partido y cada sector manda un mensaje distinto.

Las encuestas posteriores a la derrota del kirchnerismo presentan coincidencias básicas como, por ejemplo, que una de las principales preocupaciones del electorado es la inflación fuera de control. Detectan también que los que consideran la fuerte suba de precios como su problema número uno son los votantes del Frente de Todos, razón por la cual desde el Poder Ejecutivo se buscó de inmediato un acuerdo de precios con los supermercados. Pero cuando la secretaria del área se encontraba en plena negociación apareció de la nada la diputada Cecilia Moreau amenazando a los empresarios con clausuras.

Ambas, en teoría, pertenecen al mismo gobierno.

Innecesario señalar que ni los acuerdos de precios, ni las medidas policiales sirven para enfrentar la carestía que desató el propio kirchnerismo. Según una experiencia que en Argentina se remonta hasta el primer gobierno de Perón, la inflación es una calamidad con más de una causa, pero la principal es monetaria y el responsable es el Estado. Ergo, nada se arregla persiguiendo comerciantes no importa su escala.

Esto último no constituye ninguna novedad. Lo novedoso es que la diputada Moreau embiste contra los empresarios con los que el Presidente quiere dialogar. Fogonea, por ejemplo, la ley de etiquetado de alimentos que rechazan los industriales de la alimentación, en especial los azucareros de Tucumán, pago chico del jefe de Gabinete, Juan Manzur.

La legisladora responde a Cristina Kirchner, jefa del ala radical del Gobierno y principal perjudicada por el desastre electoral. La vice pasa por su peor momento desde que dejó la presidencia hace casi 6 años, tiene la imagen negativa más alta y un nivel de desgaste astronómico. También es la más enojada con el desempeño de su elegido para ocupar la Casa Rosada.

Por eso desató una crisis política que derrumbó medio gabinete y, si bien dejó de mandar cartas explosivas por las redes, no puede ocultar el fastidio que le produce Fernández. Aunque no hable, como ocurrió el jueves en el acto con el anuncio de medidas para el campo. En esa ocasión el Presidente intentó usar un lenguaje de moderación, pero los empresarios, supuestos beneficiados de las medidas, no estaban. Ese fue el nivel del "éxito" de la primera jugada del flamante ministro del área, Julián Domínguez.

El cambio de gabinete demostró que los problemas de gestión seguirán por más esfuerzo que haga Manzur quien solicitó justificadamente el auxilio divino. Nadie más parece dispuesto a ayudarlo; está políticamente solo. Para peor, la "renovación" no aporta nada nuevo. Sus colegas Domínguez y Aníbal Fernández representan cualquier cosa menos un cambio.

Otro ejemplo de la magnitud de la presente crisis son las dificultades que enfrenta Martín Guzmán. El ministro de Economía debe lidiar con problemas de financiamiento que ya se acercan a su fase terminal y va a tener que justificar el mes que viene ante el FMI el gasto en dádivas electorales que le exige Cristina Kirchner.

Pero sus padecimientos no terminan allí. Deberá explicar quién es el diputado oficialista Martiarena quien pidió la nacionalización de los depósitos bancarios en momentos en que el dólar amenaza una y otra vez con remontar el vuelo y perderse en el espacio.

Moreau y Martiarena no son cultores del exabrupto. Son la representación de la anarquía que impera en el oficialismo por falta de liderazgo. Su referente política, Cristina Kirchner, ya no conduce. Se limita a hacer gestos por las redes, pero carece de estrategia para evitar una nueva derrota en noviembre. Habla desde afuera como un opositor más.

Otra muestra del despiste oficialista es su actitud frente a Mauricio Macri. El ex presidente tiene 10% más de imagen positiva que antes de las elecciones, pero no sólo lo tonificó el triunfo de Juntos por el Cambio, sino el odio que le profesa la vice. La furia de CFK y sus seguidores obró el milagro de la resurrección de Macri, además de ponerlo en el centro de la escena, algo que tiene perplejo a Horacio Rodríguez Larreta. Los asesores del Frente de Todos habían previsto el fenómeno, pero fueron desoídos. La suba de Macri funciona en espejo con la caída de Cristina Kirchner. Sus embestidas lo fortalecen.

Pero en esta cuestión, la experiencia tampoco parece contar. El kirchnerismo recurre a las denuncias judiciales que terminan resultandos contraproducentes. Eso ocurrió con el supuesto envío de armas a Bolivia por parte del gobierno de Macri que terminó en un papelón. Ahora vuelven a la carga con un supuesto espionaje a parientes de la tripulación del ARA San Juan. No sólo cultivan la anarquía y el desconcierto, sino también la desesperación. Por ese camino les va a resultar difícil dar vuelta el resultado de las PASO, pero no pueden hacer otra cosa. Tienen un libreto solo.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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