Viernes, 17 Diciembre 2021 12:42

El Gobierno choca de frente contra la dura realidad - Por Claudio Jacquelin

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El mapa político que dejaron las elecciones expone aún más las debilidades del esquema de gestión de Alberto Fernández; nuevos impuestos y batallas sin perspectiva de éxito 

El Gobierno no puede impedir que la dura realidad lo alcance, le fije límites y le imponga agenda. a pesar de las bombas de humo y los dibujos, le llegó la hora de enfrentar los problemas no solucionados (y agravados) durante dos años. No hay alfombra que alcance para taparlos ni almanaque que consiga postergarlos. 

La reforma judicial imposible o el traslado inviable de la Capital Federal, de Alberto Fernández ambos; los fuegos artificiales de La Cámpora, y la pintura presupuestaria de Martín Guzmán chocan contra tres elementos duros de modificar: el nuevo mapa político que dejaron las elecciones, la hiperdevaluación de la palabra presidencial y las urgencias económicas.

El traumático trámite parlamentario por el que atravesó desde el comienzo el proyecto de presupuesto 2022 refleja con nitidez los problemas (viejos y nuevos) que afronta el Gobierno. Al mismo tiempo, podría servir de anticipo de lo que le espera con el cada vez más complicado (y distante) acuerdo con el Fondo Monetario internacional. Las dificultades están tanto adentro como afuera de la coalición gobernante. La oposición habita en todos lados.

El toma y daca con el que la bancada de diputados oficialistas agravó los defectos congénitos que ya traía el cálculo de recursos y gastos llevado por el equipo de Guzmán al Congreso expresa esa realidad que al Gobierno parece costarle tanto abordar como reconocer. Para dimensionar la magnitud de los cambios introducidos por el bloque del FDT vale decir que aumentó en un 50% el número de artículos de la iniciativa y con ello subió el gasto en 180.000 millones de pesos sin sustento en los ingresos. como si al Estado no le faltaran recursos ya antes de que se improvisara semejante engendro.

Ante un oficialismo sin votos suficientes y un proyecto con inconsistencias evidentes en múltiples rubros, la nueva composición de la Cámara de Diputados expuso la debilidad oficialista para imponer sus criterios, para seguir demorando el sinceramiento de la situación y para continuar maquillando números y urgencias.

La fragmentación de los bloques y subbloques opositores, que sumaron economistas profesionales con voz y peso propios a los que ya estaban llevó a una disección del proyecto de presupuesto como pocas veces se ha visto. En apenas unas horas lo dejaron al desnudo y lo obligaron a revisar la táctica para tratar de lograr su aprobación.

El presupuesto resalta mucho más que la nueva realidad política que debe enfrentar el oficialismo. También subraya el sistema de toma decisiones y la forma de abordar los problemas. Por un lado, está la dificultad para sincerar variables y consensuar políticas dentro del FDT debido a los distintos intereses, concepciones político-ideológicas y mandatos que conviven en su seno. Por el otro, emerge el pensamiento mágico que ofrece soluciones imaginarias o la adhesión a la cronoterapia para que el paso del tiempo solucione lo que nadie quiere, sabe o puede resolver.

La dificultad o la imposibilidad de explicar una parte sustancial de los ingresos fiscales previstos es el mejor ejemplo de aquella forma de administrar. al optimismo desmedido sobre un crecimiento improbable se le suma el probable ocultamiento de nuevas exacciones a los contribuyentes.

¿Otro impuesto a la riqueza?

El precario borroneo sobre el aumento de tarifas y el efecto positivo que se le atribuye a la mágica y nunca aplicada segmentación no sería todo. Ese semiexplicitado aporte a las arcas pública convive con la presunción de que se vendrá otra creación de nuevos (pero no novedosos) impuestos. así consideran muchos que debe interpretarse el reconocimiento en público hecho esta semana por Fernández a Máximo Kirchner, por la creación del impuesto a las grandes fortunas. Propicia esa lectura que es la primera vez que lo felicita por eso y que ocurre un año después de haber sido aprobado el tributo, al que el Presidente se resistía. Otro viaje de la resistencia a la resignación presidencial.

No parece descabellada tal interpretación sobre la probabilidad de que se esté evaluando la repetición, aunque el confinamiento haya quedado atrás y se deba buscar otra excusa para reinstaurarlo. Sería un atajo para compensar los efectos negativos (concretos y simbólicos) que tendría para el núcleo duro kirchnerista un acuerdo con el FMI. Tal vez una devolución de gentilezas del Presidente al (envenenado) apoyo de Máximo Kirchner a un eventual arreglo con el argumento de que cualquier acuerdo será mejor que el que hizo Mauricio Macri. A pesar de que dejó claro que a él no le cierra cualquier arreglo.

De todas maneras, no será sencillo volver a crear un gravamen de ese tenor, como no lo está siendo avanzar hacia la segmentación de las tarifas. No solo hay más legisladores dispuestos a objetarlo en de la oposición revitalizada. En el oficialismo hay destacados miembros, como el jefe de Gabinete, Juan Manzur, que incluyen el impuesto a las grandes fortunas entre los malos ejemplos de políticas antiempresarias que impulsó La Cámpora. Máximo y su delegado en la casa Rosada, Eduardo de Pedro, no se enterarán leyendo esta nota. Ya lo escucharon personalmente.

Las inconsistencias del presupuesto se agravan en medio de la bruma cada vez más espesa que envuelve a las negociaciones con el FMI. a los condicionamientos que explicitó el organismo se le vino a sumar el hermetismo que impuso Guzmán con la venia presidencial.

El secretismo no tendría por única (y más certera) explicación la decisión de evitar filtraciones para facilitar las dificilísimas negociaciones. Esa sería la excusa. a la imposibilidad de explicitar decisiones con costo político se añadiría la intención de Fernández de empezar a convertir a Guzmán en un eventual fusible por si las cosas no salen bien. Así lo explican altas fuentes oficiales con acceso a las tratativas con el FMI, que empezaron a revisar sus previsiones optimistas anteriores.

La pared de la Justicia

Si el Gobierno empieza a ahogarse en el circulo procrastinador de Fernández, sitiado por los problemas económicos y financieros, otros muros empiezan a elevarse. La Justicia es uno de ellos.

La parodia de diálogo con la que el ministro de Justicia, Martín Soria, pretendió disfrazar su torpe embestida sobre la corte dio frutos. No solo ayer se vio en el fallo que declaró inconstitucional el avance domesticador de la Justicia que impuso Cristina Kirchner hace 15 años, con la reforma de la composición del Consejo de la Magistratura.

La sentencia contra la actual integración del órgano que designa y juzga a los jueces no solo revoca una ley de la vicepresidenta y genera consecuencias a mediano plazo. En lo inmediato paralizaría el Consejo. Gran problema para un oficialismo apurado por seguir imponiendo su supremacía y designar magistrados afines. Deberá esperar.

El fallo tiene otra secuela curiosa: pone en cuestión al oficialismo tanto como a la oposición. Lo que la política no logra solucionar termina resolviéndolo la Justicia y no siempre de la mejor manera. El macrismo nunca mostró interés cuando tuvo el poder por reparar ese avance sobre la Justicia que engendró el kirchnerismo. Ni siquiera necesitaba sacar una ley. Le bastaba con desistir de la apelación que en 2015 el gobierno cristinista planteó contra el fallo de Cámara que había declarado inconstitucional la ley.

En la misma línea se inscribe la elección del presidente de la Cámara de Casación penal que permitió mantener a un juez independiente en un tribunal clave para las principales causas judiciales que subsisten contra la vicepresidenta. Los sobreseimientos celebrados por el cristinismo son provisionales. Queda mucho por jugarse.

En tal contexto, las nuevas manifestaciones presidenciales sobre una ampliación de la Corte deberían incluirse en una antología de relatos ficcionales, a menos que haya disposición para hacer una modificación radical en las formas de conseguir mayorías. Pero antes debería asumir que ya no las tiene.

No son la economía ni la Justicia, empero, las únicas dificultades agravadas que deberá salvar el Gobierno. La inseguridad empieza a erigirse como una amenaza cada vez más concreta para la paz social. El aumento de hechos delictivos violentos convive con otra defección del Estado. No solo no logra proveer seguridad sino que agrava la indefensión ciudadana con agentes policiales que cometen delitos, tanto en el ejercicio de sus funciones, con excesos aberrantes, como durante su tiempo libre. Mientras tanto, el narcodelito y sus secuelas avanzan sin freno fuera de territorios ya estragados como el gran Rosario, algunos municipios del conurbano y un par de barrios porteños.

Demasiada fragilidad y demasiada problemática irresuelta para tratar de avanzar sin protección por campo minado. El optimismo (por ser benévolos) que refleja el presupuesto no tiene en cuenta siquiera contingencias previsibles. la negación del riesgo es una expresión de algo más que temeridad,

Los cálculos de recuperación económica no contemplan siquiera una nueva ola de Covid, como la que ya está afectando al mundo y moja las costas del país. No se trata de ser apocalípticos, pero si se contrastan las previsiones de crecimiento económico con los crecientes números de contagios y los llamados en voz cada vez más alta del Presidente a no descuidarse se advierte la existencia de otro ejemplo de disociación. como mínimo.

Las bombas de humos, los dibujos y los relatos, más tarde o más temprano, siempre chocan contra la realidad. Inexorablemente. Aún se está a tiempo de admitirlo.

Claudio Jacquelin

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