Viernes, 31 Diciembre 2021 09:24

Llega 2022, pero la política celebra el 2023 - Por Fernando González

Escrito por

Alberto Fernández, Cristina Kirchner y la oposición están más pendientes de la elección presidencial que de las urgencias de este año.

La política argentina tiene trastorno de ansiedad. No puede levantar la copa y mirar preocupada los desafíos de este 2022 que comienza. Solo es cuestión de detenerse sobre las estadísticas escalofriantes. Cincuenta mil contagios por Covid; el dólar en su máximo histórico; 52% de inflación y 45% de pobreza. Y eso es sólo para empezar. Bastaría para aterrorizar a cualquier político de un país normal. Pero mucha dirigencia argentina tiene la cabeza en otra cosa. La mirada y la mente están clavadas en el 2023. En la próxima elección presidencial. En la batalla permanente por el poder. 

Sólo de esa manera se explican ciertas iniciativas y algunos comportamientos. Un buen termómetro es la negociación árida con el Fondo Monetario Internacional. Alberto Fernández y el ministro de Economía, Martín Guzmán, se desvelan para demostrar que cualquier medida de ajuste racional para equilibrar las cuentas de la Argentina es culpa exclusiva del préstamo que Mauricio Macri pidió en 2018. Si el acuerdo no responde a esa ecuación, no se va a concretar. Es el modelo que Cristina Kirchner les ha ordenado para llegar con alguna aspiración a las elecciones. Es el cerrojo y es la trampa de 2023.

Las encuestas le muestran al Frente de Todos, cifras desesperantes. No tendrán chances de seguir en el gobierno si no mejoran la economía, y la situación social y sanitaria. Pero cada uno tiene su proyecto enarbolado. El Presidente, sin que se le mueva ninguno de sus treinta músculos de la cara, ha dicho que pretende la reelección. Ya lo escribió Calderón de la Barca, en un poema que muchos gobernantes deberían releer de tanto en tanto. “Toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”.

Cristina no dijo nada sobre su futuro político. Jamás dice gran cosa hasta que lo dice todo y lo pone en marcha. Solo va dando señales en sus cartas, que escribe en las redes sociales. Y eso le ha bastado para dominar durante más de una década al peronismo, ese laboratorio del poder cuya rebeldía histórica quedó sosegada por el Síndrome de Estocolmo al que lo sometió el kirchnerismo.

Queda poco y nada del resto. Axel Kicillof prefiere apostar a otro ciclo como gobernador. Máximo Kirchner debe intentar el aprendizaje de conducir el bloque peronista en Diputados. Manzur no se resigna a abandonar su proyecto presidencial, al que llama Juan 23 como el “Papa bueno”. Y hay que seguir con atención los pasos del ministro del Interior. Wado De Pedro ha dicho que La Cámpora tendrá un candidato presidencial y recorre caminos inexplorados para la mayoría del kirchnerismo. Algunos eventos empresarios, la diplomacia de EE.UU. y canales y radios de la prensa que no es oficialista. “Quiere intentar el kirchnerismo que le gusta a la gente”, dice sonriendo un funcionario de la Casa Rosada, afecto a las ironías futboleras.

A la oposición le asaltan demonios parecidos. Han borrado el 2022 de sus calendarios digitales y se obsesionan con las elecciones presidenciales. No dejan error por cometer. Se engolosinan con la victoria parlamentaria del Presupuesto y vuelven a retroceder con Bienes Personales. Algunos se van a Disney antes de tiempo, y otros le venden el alma al diablo para tener otro mandato como intendentes. Hay que leer algunos tuits de los dirigentes de Juntos por el Cambio. Se pegan tan duro entre ellos que el kirchnerismo se queda mirando y en silencio.

Tienen tantos candidatos para el 2023 que no les va a alcanzar el papel para las boletas de las PASO. Rodríguez Larreta hace conferencias de prensa presidenciales. Gerardo Morales ya es presidente de la UCR. Patricia Bullrich recorrió el país como si fuera candidata. Y se anotan Martín Lousteau, María Eugenia Vidal, Facundo Manes, Alfredo Cornejo y, por supuesto, Mauricio Macri, quien ya escribió un libro con una plataforma de campaña.

Nadie quiere ceder un centímetro ni detenerse a pensar en el país que no para de caer. Quizás aquel consejo del siglo pasado, cuando Ortega y Gasset nos pedía a los argentinos que fuéramos a las cosas, haya quedado en el olvido. Quizás está mucho más fresco el discurso de despedida que Esteban Bullrich nos regaló en el Senado. “No hay hombres imprescindibles, hay actitudes imprescindibles”, enseñó, con su enfermedad a cuestas. No está mal para empezar el año y enfocarse en lo verdaderamente importante. El 2023, como el cielo, puede esperar.

Fernando González

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…