Viernes, 22 Abril 2022 08:24

La pelea por la Magistratura abrió un nuevo frente interno entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner: cruces y pases de factura – Por Ignacio Ortelli

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Cerca de la vice acusan al Presidente por no haberse involucrado de lleno en la disputa. El entorno del mandatario lo justifica.

“¡Alberto está indignado con lo que hizo la Corte Suprema de Justicia y ahora va a estar atento a que funcione con la nueva composición: si no ocurre eso, no descartamos hacer alguna presentación”. Una encumbrada voz del entorno de Alberto Fernández intentó así refutar los reproches que se escucharon desde el kirchnerismo luego de que trascendieran voces del Ejecutivo que sostenían que el Presidente no estaba al tanto de la movida orquestada en el Senado por Cristina Kirchner. 

Las fuentes cercanas a Fernández admiten que inicialmente, en diciembre, cuando el Alto Tribunal declaró la inconstitucionalidad de la Ley 26.080 sancionada en 2006, su decisión fue mantenerse al margen a la espera de la aprobación en el Congreso dé una nueva norma que fijara la integración del Consejo siguiendo el pedido de los magistrados de garantizar un “equilibrio” de sectores.

Y recuerdan que el mandatario se puso al frente del envío del proyecto que envió como respuesta a ese fallo. “No había mucho más por hacer porque es un avance sobre el Legislativo, no sobre el Ejecutivo”, justifican desde el Gobierno. En el kirchnerismo siempre se mostraron inquietos con lo que consideran una postura extremadamente neutral del jefe de Estado. Pero la molestia se intensificó en las últimas horas, en medio de los dardos cruzados con la oposición y el ataque K al presidente de la Corte, Horacio Rosatti.

La expresión de la senadora chaqueña María Inés Pilatti Vergara, una ultracristinista, representa lo que por lo bajo se escucha en relación al rol del Presidente. “La verdad que yo hubiera querido que se exprese. Insisto, con esta gravedad institucional y el Presidente no se está dando cuenta de la magnitud del problema en el que estamos insertos todos los argentinos, no solamente los consejeros o los diputados”, dijo en diálogo con AM 750.

En Casa Rosada insisten en que profundizar el enfrentamiento desde el Ejecutivo “no tiene mucho sentido cuando lo que estamos cuestionando es un conflicto de poderes y del que por ahora está ajeno el Ejecutivo”.

En efecto, Alberto F. mantuvo esa postura públicamente pero que sus colaboradores aseguran que difiere de lo que piensa en privado. “Todo lo que se dijo lo comparte y hasta tiene una mirada más negativa que nosotros de todo lo que hicieron los ministros de la Corte. Pero no tiene sentido pelearse a muerte con otro poder”, dicen cerca suyo.

Por lo bajo, igual, avanzan en críticas. No tanto para Ricardo Lorenzetti, a quien el kirchnerismo señala como el cortesano ideólogo de la movida, sino hacia Rosatti. “Cuando reponen la anterior ley están siendo juez y parte porque dejan vigente la anterior, la 24.937. Y la consecuencia directa es que el Presidente se sienta en el Consejo. De mínima se tendría que haber excusado él”, sostienen.

Y coinciden con el diagnóstico K respecto al conflicto de poderes: “Cuando una ley se modifica, como ocurrió en 2006, se deroga la anterior. Se considera que hay una voluntad del legislador al modificarla. No es correcto reponer la anterior, sino que se tendría que haber dado un plazo más razonable o directamente no dar plazo”.

En esta mirada, afirman, también se incluye una visión más dura respecto a cómo se debía resolver la discusión en el Congreso. “Alberto creía que había que ser más duros. Y que no se debía convalidar el fallo enviando a los nuevos consejeros. Se podía dejar las sillas vacías”, aseguran desde la mesa chica del Presidente.

En ese sentido, cerca del jefe de Estado sostienen que la decisión del Congreso de enviar las designaciones de los nuevos consejeros Martín Doñate y Roxana Reyes, es una concesión implícita al fallo de la Corte. “Es cierto que vos podés designarlos y después hacer una presentación cuestionando el conflicto de poderes, pero es toda una señal”, advierten.

De todos modos, resaltan que fue “una resolución inteligente de Cristina y (Sergio) Massa”. “El remedio político fue más lógico y práctico”, concluyen.

Sin diálogo

Con el diálogo entre Alberto y Cristina Kirchner cortado hace meses, los vasos comunicantes en el tema fueron las espadas judiciales: de un lado, la secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra, y el jefe de asesores, Juan Manuel Olmos; del otro, el procurador del Tesoro, Carlos Zannini, el ministro de Justicia, Martín Soria; el vice Juan Martín Mena, y el consejero de la Magistratura por el Ejecutivo, Gerónimo Ustarroz.

La decisión de armar un nuevo bloque estaba entre las alternativas de lo que se habló en esa mesa. Por eso, insisten cerca del jefe de Estado, “no se puede decir que Alberto no estaba al tanto” de lo que iba a hacer el Senado.

Hay quienes en el albertismo creen que el enojo K con Fernández en torno al rol tiene que ver con su negativa a firmar un DNU que prorrogara la ley impugnada por la Corte para dar más plazo al Congreso a sancionar una nueva ley. Fue una sugerencia del ala judicial K. "No pasaba ni una primera instancia de constitucionalidad. Cualquier juez iba a frenarlo y se exponía a una denuncia", argumentan.

Con todo, hacia adelante, en el Gobierno no descartan que el Ejecutivo haga un movimiento. "Hoy es un conflicto de poderes entre el Legislativo y el Judicial. Pero si con la actual conformación el Consejo no funciona y no llegan las ternas para que el Presidente designe en acuerdo con el Senado, podemos considerar que hubo un agravio y hacer una presentación", avisan.

Ignacio Ortelli

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