Viernes, 17 Junio 2022 08:53

El misterio del avión y la ausencia del piloto - Por Jorge Raventos

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Desde hace una semana determinados círculos políticos y periodísticos vienen desplegando un relato de misterio alrededor de un avión de carga venezolano -originalmente propiedad de una compañía iraní- que, después de que Uruguay rechazó su pedido de aterrizaje en Montevideo, fue admitido en Ezeiza, de donde había partido.

Se dice de mí 

Autoridades orientales explicaron que el motivo de su negativa era "información que el Ministerio del Interior de Uruguay había recibido de agencias extranjeras". Una cautela semejante mostraron en la Argentina las compañías petroleras Shell, Exxon e YPF, que se negaron a abastecer de combustible al vuelo "por temor a penalidades". La empresa venezolana Emtrasur S.A. figura en una lista de firmas sancionadas por el gobierno de Estados Unidos por supuestos vínculos con el terrorismo. La embajada de Israel en Buenos Aires transmitió la preocupación de su país por la actividad de las compañías aéreas iraníes Mahan Air y Qeshm Fars Airen América Latina, empresas que se dedican al tráfico de armamento y al traslado de personas y equipos que operan para la Fuerza Quds, las cuales están sancionadas por Estados Unidos por estar involucradas en actividades terroristas".

El Boeing que está en Ezeiza fue comprado en enero por Emtrasur a Mahan Air. Estas circunstancias, más el hecho de que el vuelo contaba con un número significativo de tripulantes (19) y que estos eran iraníes y venezolanos convencieron a aquellos círculos propensos a la suspicacia de que estaban ante una cadena de indicios sospechosos y los impulsó a sobreactuar su desconfianza lanzando conjeturas aventuradas (el piloto iraní sería un jefazo de la Fuerza Quds de su país) o formulando preguntas y demandas contradictorias (¿por qué se permitió que el avión partiera a Montevideo? ¿Por qué se le permitió aterrizar en Ezeiza?) o simplemente alejadas de la información que ya era pública y constaba en la Justicia: sobre los tripulantes no pesaba ningún reparo o limitación que justificara permitirles el ingreso. Además, los venezolanos tienen los derechos que les otorga su condición de miembros del Mercosur.

En cuanto al aparato, fue exhaustivamente controlado por oficiales aduaneros y por especialistas de la Policía de Seguridad Aeroportuaria que no encontraron nada incriminable y ahora el juez actuante ha decidido reiterar el procedimiento.

El embajador de Estados Unidos, entretanto, aclaró que su país estaba al tanto de los hechos y que agradecía la atención prestada por las autoridades locales al episodio.

El asesino es el mayordomo

En La Nación, el habitualmente bien informado Carlos Pagni resolvió la mayoría de los interrogantes que exponen muchos de sus propios colegas y "spoileó" el relato: el asesino es el mayordomo.

El avión venezolano -explicó el columnista- "traía autopartes desde Querétaro (México), para que Volkswagen las ensamble en su planta de Pacheco. La fabricante de esa mercadería es la multinacional Faurecia". Los asientos y paneles instrumentales llegan regularmente desde aquel origen y formarán parte del modelo Taos de la compañía alemana.

"Posible, pero no interesante" podrían objetar los sembradores de sospechas si recordaran esta frase de La Muerte y la Brújula (Borges, 1944). "Usted replicará que la realidad no tiene la menor obligación de ser interesante. Yo le replicaré que la realidad puede prescindir de esa obligación, pero no las hipótesis" (los relatos).

Faurecia, de hecho, no parece vinculada al terrorismo: cuenta en el mundo (en 37 países) con 248 plantas industriales (16 de ellos en México), 37 centros de Investigación y Desarrollo y emplea 115.00 empleados.

Los días de Alberto F.

La novela del avión no es más que un número de variedades en las condiciones de la grieta. Cualquier episodio se integra a esa narrativa mayor, y de los dos lados de esa brecha vuelan proyectiles y se balbucean despropósitos. ¿Hacía falta, por ejemplo, que el flamante jefe de la AFI, el muy agudo Agustín Rossi, diera rienda suelta al fluir de su conciencia y divulgara el supuesto de que los iraníes estaban instruyendo a los venezolanos en el manejo del Boeing? Si lo que quería era fulminar el uso sesgado del episodio lo más eficaz es apoyarse no en presunciones aventuradas, sino en información. Como hizo Pagni.

Pero las variedades son un entretenimiento fugaz. La densidad pasa por otro lado.

La inflación de mayo fue, como había anticipado el ministro de Economía, menor que la de abril. Pero la pequeña disminución que experimentó está muy lejos de calmar las ansiedades: en el borde del segundo semestre las previsiones del ministro lucen inviables, mientras se ensancha la brecha cambiaria, el Banco Central se ve forzado a levantar las tasas (un paso hacia el enfriamiento productivo) y crecen las dudas sobre la capacidad del Estado sea para cumplir sin apelar a la maquinita con la monumental obligación en pesos que vence en julio, sea para conseguir que una parte sustancial de ese paquete sea renovado por bancos y fondos de inversión.

La inquietud no es sólo la del sector empresario (que hoy tiene una lucecita de esperanza con la asunción de Daniel Scioli en el Ministerio de Producción: un político de peso y experiencia en una cartera estratégica) sino también del arco del sector trabajo: desde los sindicatos al amplio universo de los movimientos sociales y la informalidad laboral. Por ahora se está movilizando la izquierda (que ha ampliado sus bases), pero los movimientos sociales más amigables con la Casa Rosada y el movimiento obrero que se nuclea en la CGT dan ya muestras de impaciencia. La semana última en la sede de la calle Azopardo se reunieron dirigentes obreros y líderes del Polo Obrero, el sector piquetero inspirado por el trotskismo. Sin duda se trató de una reunión singular. Es cierto que no conviene confundir: una reunión en la CGT no es necesariamente una reunión con la CGT. El único dirigente de la plana mayor que estuvo presente fue Pablo Moyano, pero sin duda Moyano tenía el visto bueno para esa aproximación. Y los trotskistas, por su lado, mostraron una flexibilidad que los aleja de la rígida contestación a la "burocracia sindical". No es que hayan archivado el concepto, pero la ideología no les impide las alianzas tácticas.

Tanto Moyano como los trotskistas empujan una movilización y, de máxima, un paro. Por apacible que sea una cosa o la otra, el Gobierno está próximo a padecer una medida de fuerza o una gran manifestación que pondrá en movimiento de protesta a lo que constituye su base electoral principal, mientras, desde el otro rincón, hay voces que reclaman cambios rápidos y hasta una suerte de golpe parlamentario.

Aunque no haya objetivos acordados, por derecha y por izquierda se insinúa un juego de pinzas cuya víctima objetiva es Alberto Fernández.

Jorge Raventos

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