Lo que queda es el gobierno, es decir una cantidad de funcionarios que repiten viejas recetas inservibles, que han perdido el rumbo y que viven en una dimensión desconocida para el resto de sus compatriotas como Ignacio De Mendiguren que afirma "estar cambiando la estructura productiva del país" con un "modelo que impulsa el valor agregado". O el ex CEO de Syngenta y actual asesor presidencial, Antonio Aracre, que sugiere que la salida es crear un nuevo impuesto, algo para lo que el kirchnerismo demostró que no necesita ningún "coaching". O el diputado Heller que dice que la Argentina es uno de los países donde mejor se vive, sin aclarar quiénes son los que la están pasando tan bien.
Un gobierno está terminado cuando se topa con una inflación desbordada y responde como el actual. Si el precio de la carne crece e impacta en el índice de costo de vida, lo que se le ocurre es ponerle precio fijo a la carne, aunque la "idea" haya fracasado mil veces y como advirtieron los ganaderos desincentivará la producción. Es decir, menos oferta futura y mayores precios. El próximo paso será difundir un índice de precios al consumidor con carne y otro sin carne como ya se hizo en el pasado. Así de creativos son los funcionarios de Hacienda. En realidad, lo que intentan es trasladar el problema al próximo gobierno como hacen con la monumental deuda contraída durante los últimos tres años.
Un gobierno está terminado cuando nadie con expectativas políticas quiere entrar al gabinete por 10 meses y el que lo hace es porque carece de una perspectiva mejor. Lo que preocupa a la dirigencia oficialista es entrar en las próximas listas, conseguir algún cargo para la travesía por el llano que le espera si no se produce un milagro en octubre. Por eso los tironeos entre el presidente y la vice por la comisión para definir candidaturas. Pero como van las cosas lo que se debatirá allí es quién se queda con los restos del naufragio.
Sergio Massa ocupa un lugar especial en este escenario. Tiene el apoyo de la vice y está enfrentado con el presidente, pero su suerte se juega en la economía. Ha ensayado todo el repertorio dirigista, pero los parches duran cada vez menos. Sólo en enero y la primera semana de febrero perdió cerca de US$ 3.000 millones de reservas. En materia de inflación no le va mejor: tuvo en cinco meses de gestión durante 2022 (agosto/diciembre) un 33,2%, mientras que Martín Guzmán había sumado en los siete primeros meses de ese año un 36,2%. Por eso lo echaron.
El aumento de precios de enero dio 6% y 98,8% interanual. En los últimos 12 meses de Guzmán la inflación había sido del 71%. El clima económico es pésimo, pero Massa no pierde la sonrisa.
Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio


El descontrol de la inflación, la pérdida de reservas, la caída del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones, el persistente deterioro de la mayoría de las variables macro no sólo muestran la incapacidad de presidente Alberto Fernández para enfrentar la crisis económica y social. Muestran también que la gestión del peronismo ya terminó.
