Nicolás Posse conoce personalmente a Cristina Kirchner. Estuvo con ella en dos oportunidades, trece años atrás. Fue cuando trabajaba full time en el Corredor Bioceánico Aconcagua, un proyecto para hacer un túnel a Chile a través de la Cordillera de los Andes. En esos encuentros, el que llevaba la voz cantante era Eduardo Eurnekian, dueño de Corporación América y por entonces jefe de Posse. Pero el empresario llevaba a su empleado para que explicara las bondades de la ambiciosa iniciativa ante la expresidenta y exfuncionarios como Amado Boudou y Julio De Vido.
Aquellos fueron los primeros roces del actual jefe de Gabinete con la alta política. Saltar al otro lado del mostrador ni se le pasaba por la cabeza. En esa época, en Corporación América, Posse tenía su oficina pegada a la de Javier Milei, por entonces un economista excéntrico que pasaba jornadas larguísimas atornillado a su escritorio. Con su personalidad pirotécnica, Milei era visto como un “bicho raro” dentro de la compañía de Eurnekian. “Él era muy distinto al resto… y yo era un poco distinto al resto”, comentó Posse alguna vez para explicar por qué tuvieron buena química.
Por entonces, Posse charlaba con Milei sobre la “decadencia” de la Argentina y los obstáculos que el Estado le generaba a los privados. Indignados con el país, ambos aseguraban que jamás se meterían en la función pública. Años después terminó entrando en la política de la mano de su amigo.
Según pudo reconstruir LA NACION de distintas fuentes, este ingeniero industrial parco y de bajo perfil aceptó asumir el rol de coordinador de los equipos técnicos de La Libertad Avanza y luego ser Jefe de Gabinete con una única condición. Le requirió a Milei no dar entrevistas en los medios, ni hablar en público más allá de lo que le exige la Constitución. Es decir, no quería ser un vocero del Gobierno como hicieron sus antecesores. Solo hablaría una vez por mes en el Congreso para brindar el informe de gestión previsto por ley.
Tras prepararse en las últimas semanas para hablar este miércoles frente al Senado, Posse rompió el hielo en la previa, con su primer video en redes sociales.
El jefe de Gabinete, Nicolás Posse, brindará mañana su primer informe de gestión en el @SenadoArgentina. pic.twitter.com/eD5Jh6sENK
— Jefatura de Gabinete (@JefaturaAR) May 14, 2024
Aún así, Posse sigue siendo visto por el resto la política silvestre como un fantasma con poder. Tiene fuerte incidencia en las grandes cajas del Estado y en materia de seguridad nacional, dos aspectos muy apetecibles en cualquier gobierno. “Vos tenés que aparecer más, te tenemos que ver la cara”, le dijo alguna vez Emilio Monzó, el “rey de la rosca”, cuando el Jefe de Gabinete apareció en las reuniones en torno a la Ley Bases con gobernadores y legisladores de la oposición.
Pese a su intención de pasar por debajo de los radares –o quizás por ello– el jefe de Gabinete quedó envuelto en rumores desde el día uno y aún no puede escapar del “fuego amigo”. Primero, corrieron versiones que lo ubicaban en disputas con otros miembros del gabinete, en particular con la titular de Capital Humano, Sandra Pettovello, que siempre quiso elegir a su staff y tener autonomía. En los últimos días, entre los libertarios comenzó a crecer la versión de que el propio Milei le estaba poniendo distancia a su jefe de Gabinete tras una fuerte discusión privada. Consultado por LN+ sobre estos trascendidos, el Presidente respondió: “Soy amigo de Posse desde hace 20 años”. Y aseguró que no estaba en duda su continuidad.
En la intimidad, Posse despotrica contra esos rumores y los atribuye a falsas operaciones o a mala praxis de la prensa.
Antes de la política
De familia de médicos, Posse creció en Chacarita, en una casa de clase media. Es egresado de la camada 1983 del St. Brendan’s College, un colegio bilingüe de Belgrano R al que también asistía Jorge Macri, un año más grande que él. Tras hacer un test vocacional, decidió romper la tradición familiar y estudiar ingeniería industrial en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA). Se graduó con honores en 1989 y completó sus estudios en un programa de Cambridge University.
Antes de recalar en Corporación América, Posse trabajó en Molinos Río de la Plata y en Red Bull, la firma austríaca de la bebida energizante, donde llegó a CEO regional. Allí conoció a mucha gente. Entre otros, al brigadier retirado Jorge Antelo, que recaló en la Jefatura de Gabinete como secretario de Estrategia Nacional y que hoy es el hombre de Posse para coordinar las áreas de Defensa, Seguridad y la Agencia Federal de Inteligencia (AFI). Pese a que ahora pretenden controlar juntos la seguridad nacional de la Argentina, Posse y Antelo se conocieron en un evento menos pretencioso: un campeonato de aviones de papel organizado por la bebida que “da alas”. Había un premio para el avioncito que volara más lejos y otro para el que se mantuviera más tiempo en el aire.
En 2007, Posse inició su paso por Corporación América como CEO de Interbaires, la empresa dueña de los duty free shops.
El primer día que se vieron, Milei y Posse hablaron de música. De adolescentes, los dos habían integrado bandas de garage. El economista había cantado en Everest, un conjunto stone, y el ingeniero había tocado el bajo en un grupo igualmente ignoto para el público general. Posse le regaló a Milei un disco del tenor italiano Enrico Caruso –ya por entonces al Presidente le gustaba la ópera– y el economista se lo retribuyó con un disco de obras inéditas de Elvis Presley.
Tras esa sintonía inicial, el proyecto del Corredor Bioceánico los tuvo trabajando codo a codo por casi una década. Los sinsabores del proyecto unieron a la dupla en una estrecha amistad. La confianza era tal que Posse le presentó a Milei un psicólogo de su confianza para que el economista aprendiera a “administrar su energía”. Ya como Presidente, alguna vez Milei contó que hizo terapia y que Posse y el actual ministro del Interior, Guillermo Francos, lo ayudaron mucho en momentos difíciles.
Posse también pasó uno de los momentos más duros de su vida cerca de Milei. Fue cuando se frustró el ambicioso proyecto del Corredor Bioceánico Aconcagua que pretendía unir a la Argentina con Chile con un tren de alta tecnología que requería una inversión de 4000 millones de dólares. Quienes hablaron del tema con el Jefe de Gabinete aseguran que para él fue una época difícil. “Diez años de trabajo y enorme sacrificio personal tirados a la basura”, dijo alguna vez. En su despacho de la Casa Rosada tiene una maqueta del proyecto que nunca se hizo y al que le dedicó una década de vida.
El ministro coordinador tiene una fijación con la cordillera: es montañista y escaló varias veces el Aconcagua. También es maratonista y aficionado a la navegación y al ski. Tiene otro pasatiempo de menor vértigo: los rompecabezas, una actividad que comparte con su única hija.
Salto al Estado
El jefe de Gabinete no se olvida que fue durante el gobierno de Mauricio Macri que la iniciativa del bioceánico quedó en la nada. Un funcionario macrista dijo a este medio: “Jamás se iba a hacer algo así… era demasiada plata”.
Quizás ese mal recuerdo explique por qué Posse siempre fue reticente a recibir sugerencias de Macri para armar equipos. Si bien acudió a la cantera macrista para completar casilleros, nunca quiso que fueran imposiciones del líder de Pro.
Posse armó equipos técnicos durante todo 2023. Pero con la llegada al poder real hubo dificultad para completar los lugares. Para nadie es un secreto que el Jefe de Gabinete audita minuciosamente el perfil de cada incorporación. Hay quienes dicen que lo hace asesorado por importantes bufetes de abogados. Para la elaboración de la Ley Bases, Posse también se respaldó en estudios jurídicos de renombre.
En su perfil de LinkedIn Posse se autodescribe como una persona “de alta flexibilidad y resiliencia”. Puertas adentro del Gobierno suele decir que es un “generalista” y que por eso puede estar encima de todos los temas. Pero hay dos asuntos que lo ocupan especialmente: las empresas del Estado y la Inteligencia nacional. Al frente de la AFI, Posse colocó a Silvestre Sívori, un joven de su extrema confianza. Lo rodeó de cinco militares retirados en distintos cargos del organismo. Aunque por ley la Inteligencia depende de la Presidencia de la Nación, el jefe de los espías no se reporta ante Milei sino ante el Jefe de Gabinete, a quien visita asiduamente en la Casa Rosada.
Posse tiene un conjunto de asesores –con o sin cargo– que lo ayudan como controllers de las áreas. En el Gobierno algunos vieron allí un “shadow cabinet” de fiscalización interna. En ese grupo estaba, por caso, el abogado del Grupo Techint Julio Cordero, verdadero responsable de la política laboral de Milei hasta que, con la salida de Omar Yasín (el primer elegido de Pettovello), finalmente fue oficializado como secretario de Trabajo. Otro caso es el del presidente de la Fundación Güemes, Mario Lugones, que conoce a Posse desde hace una década. Las prepagas pueden dar cuenta que Lugones es quien realmente mueve los hilos en el área de Salud frente al bajísimo perfil del ministro del área, Mario Russo. El hombre de Posse para los temas de energía es Carlos Bastos, exsecretario del área durante el menemismo.
Posse también tiene interés en la relación con las empresas tecnológicas y por eso rápidamente absorbió al área de telecomunicaciones y licencias satelitales cuando el exministro de Infraestructura Guillermo Ferraro fue desplazado. Dentro de la Jefatura de Gabinete, ese área quedó bajo la órbita del secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología, Alejandro Cosentino, un funcionario que acapara cada vez más poder. Para controlar a las sociedades del Estado, Posse designó a Mauricio González Botto, otro hombre sin paso previo por la política que pretende sanear las empresas públicas para privatizarlas. El nombre de González Botto cobró trascendencia tras el choque de trenes en Palermo, cuando se supo que estaba entre los destinatarios de un memo interno que, el 3 de mayo, había advertido sobre las urgencias del sistema de ferrocarriles.
El jefe de Gabinete no cree en las reuniones periódicas con los ministros. Con el único que entabló una rutina fue con el titular de Economía, Luis Caputo, con quien acordó almorzar una vez por semana. La restricción de caja que baja desde la cima del Gobierno deriva en numerosos problemas de gestión, por momentos graves, que abarcan desde la conflictividad con las universidades hasta los riesgos vinculados a la seguridad ferroviaria. Hechos que no hacen más que convencer a Posse de aquella convicción que encadenó sus primeras charlas con aquel economista “muy distinto al resto” de la Corporación América: la necesidad de reducir al Estado a su mínima expresión.
Maia Jastreblansky


El jefe de Gabinete, que hoy hará su presentación pública ante el Senado, conoció al libertario -y a Cristina Kirchner- durante la década de vida que le dedicó a un proyecto de US$4000 millones, desechado por Macri 