Este episodio no es un desliz aislado en la trayectoria de Milei. Recordemos que en 2022, el entonces diputado promocionó fervientemente a CoinX, una plataforma de inversiones que prometía rendimientos exorbitantes y que posteriormente fue investigada por estafa piramidal. En sus redes sociales, Milei instaba a los argentinos a invertir en CoinX para «escapar de la inflación», otorgando una falsa sensación de seguridad y legitimidad a una empresa que, según la Comisión Nacional de Valores (CNV), operaba sin autorización legal y ofrecía rendimientos «demasiado buenos para ser verdad».
La ironía es brutal
Milei, el cruzado del sector privado, el que grita que el Estado es un cáncer y que el mercado lo resuelve todo, está usando… sí, adivinaste: el cargo más alto del Estado para hacer de influencer de criptomonedas de dudosa procedencia. El presidente libertario, el que desprecia al Estado y sus regulaciones, se apoya en la investidura presidencial para potenciar la especulación con monedas digitales. ¿No es hermoso el capitalismo de Estado cuando se lo sabe aprovechar? Porque, claro, cuando Milei habla de libertad de mercado, se ve que se refiere a la suya propia: libertad para promocionar cualquier cosa sin rendir cuentas.
Y aquí surge otro dilema: ¿Milei pretende ser la versión B de Trump? Porque si de imitaciones se trata, al menos el magnate estadounidense promocionó su propia criptomoneda. Milei, en cambio, se sube a cualquier tren que pase, sin chequear si va a Wall Street o al precipicio.
Lo cómico es que, en su supuesta lucha contra la casta, termina actuando como un mal vendedor de marketing multinivel, empujando inversiones dudosas como si fueran un combo de hamburguesa con papas grandes. La única diferencia es que él no se mancha las manos: tira el anzuelo, deja que otros muerdan y, cuando estalla el escándalo, se hace el sorprendido y enojado.
El problema no es solo que Milei sea un pésimo curador de inversiones; el problema es que hay quienes todavía le creen. Gente que perdió dinero con CoinX y ahora estaba lista para apostarlo todo a $LIBRA, convencida de que el «genio de la economía» sabe algo que el resto no.
Este tipo de acciones irresponsables y potencialmente dañinas por parte de un jefe de Estado no solo son éticamente cuestionables, sino que también podrían constituir una falta grave que amerite un juicio político. Aunque hasta la fecha no se han iniciado procedimientos formales en este sentido, es imperativo que las instituciones republicanas evalúen la conducta del presidente y actúen en consecuencia para salvaguardar la integridad del país.
Por eso, en 2025, hay que cortar con el espejismo populista y volver a la realidad. Porque si la libertad es que un presidente use su poder para venderte monedas mágicas, entonces estamos más cerca de Disneylandia que de una república seria.
Cambiemos… pero de verdad.
Fuente: www.ricardobenedetti.com


