Sucede que la cúpula del Gobierno comprendió la importancia de tener un operador propio en el Senado, donde las negociaciones se manejaron siempre desde afuera, con los equipos de Guillermo Francos y de Santiago Caputo. Los intentos del experimentado salteño Juan Carlos Romero por hacerse de ese lugar fracasaron siempre.
Y la política en la Cámara alta nunca encontró un interlocutor: por distintas razones, ni Victoria Villarruel ni Bartolomé Abdala (viceprimero del Senado), tampoco Ezequiel Atauche (presidente del bloque LLA) tuvieron el respaldo de Casa Rosada.
"El Gobierno está a la espera de la victoria en las elecciones de medio término y no tiene estrategia para llegar a octubre. Transmite que serán meses muy difíciles, pero no hace nada para tramitar el mientras tanto", comentó un senador de experiencia, uno de los tantos que no tiene en claro si está en el oficialismo o en la oposición.
La figura de Patricia, piensan en su entorno, será para suplir ese vacío o -como dicen- "para tener una espada en estos meses de ambigüedad".
De hecho, la ministra le aseguró a su equipo que la conversación habrá ido por el diseño de una estrategia política viable para los próximos meses. Hubo acuerdo en que lo más importante es evitar que se bloqueen los vetos, o sea, que se hace imprescindible negociar. Cumplir y negociar. Porque el grave problema que tuvieron hasta aquí los negociadores es que las necesidades del déficit fiscal cero impidieron que las promesas a los gobernadores se hagan realidad.
Son tantos y tan profundos los cambios, que ningún embate podrá frenarlos.
Con Javier defendemos ese rumbo frente a los de siempre, que quieren romper todo con tal de volver al poder.
"Hay un claro desplazamiento de Caputo de la discusión política frente a Milei", se ilusionan los bullrichistas, que ven en el joven asesor un intento permanente de quedarse con Seguridad. Y se preocupan por Karina. "No creemos que le caiga muy bien un
En el edificio de la calle Gelly y Obes ven dos mundos paralelos, el de la campaña y el de la gestión, que colisionan por las estrategias distintas que necesitan. Quizás por eso, Milei le pidió a Bullrich que salga a defender al Gobierno aún en áreas que no le competen, cosa que viene haciendo sin pedirle permiso a nadie. Digamos todo.
Las masitas
Lo de las masitas es otro capítulo. La ministra se dio cuenta de la afición por los dulces del presidente y le lleó unas masitas secas para un encuentro en Olivos. Tanto le gustaron unas en particular, que se las llevó cada vez que desayunaron (a las 10 de la mañana, una vez cada 15 días), casi como una madre.
En la soledad de un domingo por la mañana en la Residencia Presidencial despunta -muy tímido- un nuevo diseño del Gobierno. Si Bullrich tendrá el espacio que le promete Milei o no en la estrategia política, está por verse.



