El triunfo que significó la aprobación del primer presupuesto propio (después de dos años de gobierno) en la última sesión del año del Senado ofició de energizante de la ya lanzada campaña “Milei 2027-2031”.
Sin embargo, en la Casa Rosada y en el Palacio de Hacienda los más realistas saben, más allá de ánimo triunfalista y la retórica optimista hasta el exceso, que les esperan meses desafiantes en lo económico, en lo financiero y en lo social. Lo político vendrá por añadidura según sortee o tropiece en cada una de esas vallas. Antes de 2027 está 2026 y no se puede saltear.
La mira puesta en la reelección es, de todas maneras, más que un propósito. Superada ya la primera mitad del mandato, ese objetivo opera como ordenador de acciones capaz de prevalecer sobre dogmas, ideologías y hasta caprichos presidencialistas (aunque no siempre).
A pesar de ser todavía una meta lejana y aspiracional, funciona, paradójicamente, como un cable a tierra. Tanto que en varios de los principales ocupantes de la cima gubernamental influyó para que el cálculo de gastos y recursos se aprobara sin modificaciones y no volviera revisado a la Cámara de Diputados.
Aunque eso implique que Javier Milei mastique bronca por tener que aceptar la vigencia de leyes que ponen en cuestión sus previsiones y deba hacer ahora retoques para lograr la meta del superávit fiscal de un punto y medio del PBI que le prometió al FMI. Para peor, pagando el costo de su oposición pública a atender a sectores vulnerables o socialmente estimados, como los discapacitados y la universidad pública.
En esa deriva realista y pragmática que ha aceptado (no siempre de buena gana) y que le ha impreso a sus últimas decisiones el Presidente, vuelve a aparecer la influencia de su hermana Karina, cuyo ascendiente no parece conocer de límites. Aún cuando el mayor de los hermanos aproveche carencias para mantener algún tipo de equilibrio con su asesor Santiago Caputo, a quien lo sigue uniendo una relación peculiar, que la secretaria general de la Presidencia tolera y consiente, muchas veces a pesar suyo.
Después de haber consolidado su preeminencia en el armado político en las elecciones de medio término, a expensas del gurú, Karina Milei ha ampliado su grupo de tareas y expandido fronteras.
La familia Menem (Eduardo, Martín, y el joven Sharif), el jefe de Gabinete y vocero, Manuel Adorni; el operador bonaerense Sebastián Pareja, la diputada y referente porteña Pilar Ramírez y la flamante incorporación (por ahora, en un rol instrumental) de Diego Santilli son la parte visible de la organización interna que responde a la hermanísima. En roles menos visibles se cuenta un equipo de relaciones con los factores de poder y de comunicación, que están en pleno proceso de expansión.
Sus integrantes se ocupan, cada vez con más asiduidad, de establecer y ampliar los vínculos que la secretaria general de la Presidencia rehúye, como los contactos con periodistas a los que ella prefiere mantener lejos. Desconfianza, temor, inseguridad, estrategia y desprecio son algunos de los motores de su hermetismo público. En privado, en cambio, su voz es dominante y, con frecuencia, también cortante.
Los comunicados y relacionistas del karinismo son parte fundamental del objetivo y la tarea que el presidente de la Cámara de Diputados anticipó en una entrevista en LA NACION hace tres semanas. “Ya estamos trabajando para la reelección del presidente en 2027 porque hay que consolidar el rumbo”, respondió Martín Menem ante la pregunta de Laura Serra y Delfina Celichini.
Desde entonces toda acción está signada por ese objetivo y eso se vio reflejado en el Senado después del tropiezo en Diputados. El duro proceso de aprender a deglutir batracios, que ha caracterizado al peronismo, está siendo asimilado con rapidez por la dirigencia libertaria. Aunque la retórica sostenga a veces lo contrario, como algunas estrofas de la marcha peronista que siguen entonando los dirigentes de ese movimiento.
En 2025 la tarea del karinismo fue ampliar la base de candidatos en todo el país para cumplir con el propósito de disputar las elecciones en cada provincia con los propios y reducir la cuota de hibridación peronista que marcó las listas de LLA en 2023, con la colaboración estelar del entonces candidato presidencial del perokirchnerismo, Sergio Massa.
Alcanzada en buena medida esa meta el 26 de octubre pasado, según se jactan los colaboradores de la hermanísima, ahora el objetivo es consolidarse para poder avanzar sobre áreas que hoy deben resignar por escasez de recursos humanos.
“No es que a Karina le resulte indiferente que la SIDE o ARCA estén controladas por gente de Santiago Caputo".
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/politica/milei-con-la-mira-en-2027-pero-antes-espera-2026-nid28122025/

El triunfo que significó la aprobación del primer presupuesto propio (después de dos años de gobierno) en la última sesión del año del Senado ofició de energizante de la ya lanzada campaña “Milei 2027-2031”. 