“No somos ingenuos. Sabemos que el año que viene hay elecciones”. Sin que nadie le preguntara, el ministro Luis Caputo lanzó esa frase hace unas semanas en la Bolsa de Comercio de Córdoba.
Lo hizo en el fragor de una nueva defensa del modelo económico, que tuvo, sin embargo, un reconocimiento explícito de los aspectos aún pendientes cuando matizó: “Esto no quiere decir que estamos bien; quiere decir que vamos bien”. Luego, con el pragmatismo de un político promedio, dijo lo que se descuenta de cara al proceso electoral que definirá la continuidad o no de Javier Milei: “Estamos pensando en medidas”.
Caputo y el Presidente iniciaron desde aquel momento un proceso que, con el correr de los días, empieza a parecerse bastante a una estrategia. Mientras se defiende en público y se redobla la apuesta por el rumbo con discursos encendidos y polémicos al estilo del Milei original –incluye sentencias que pretenden ser irrebatibles, además de insultos y descalificaciones por toneladas–, comenzaron a esbozar algunas acciones. Estas intentan dar respuestas a un malestar que se refleja nítidamente en la microeconomía y cuya negación deja ver al Milei más irascible. Vuelve a las marquesinas uno de los clásicos axiomas de la política: no hay que mirar tanto lo que se dice, sino lo que se hace.
Ahí aparece la paradoja que empieza a atravesar al Gobierno: mientras Milei profundiza hacia afuera el discurso más confrontativo y niega cualquier síntoma de incomodidad, hacia adentro comienza a ensayar respuestas para una economía que todavía no consigue traducir la estabilidad macroeconómica en una mejora perceptible para buena parte de la sociedad.
No necesariamente hay una contradicción entre ambas cosas. Puede haber, en cambio, un plan: sostener la épica que identifica al Gobierno y, al mismo tiempo, administrar el malestar que esa épica ya no alcanza a disimular.
Esas “medidas” de las que habló Caputo empezaron a ser anunciadas por el Gobierno en los últimos días. La inyección de dinero a los bancos, vía el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses, para mejorar la oferta de créditos hipotecarios es una primera acción en ese plano. Aunque su impacto sea limitado, representa un primer impulso para despertar al sector de la construcción, que todavía no logra recuperar lo perdido en los últimos dos años. Es parte de los anabólicos –por ahora, bastante modestos– para esa necesaria “reactivación” de la que habló por primera vez Caputo días atrás, en un explícito reconocimiento de las dificultades que atraviesa la economía fuera del plano macroeconómico.
En esa línea, hubo también esta semana un tanteo, aún sin resultados, sobre la base de los salarios. Elevar el piso de los ingresos sin recalentar la inflación es un desafío complejo. Es un rubro sensible y vital para el Gobierno. Sin más dinero disponible para las familias, seguirá siendo difícil que la actividad reaccione por la vía del consumo. Y también complicará al Estado, por el lado de la recaudación.
“No somos tontos ni comemos vidrio. Si Javier no reelige, el esfuerzo no habrá valido la pena. Habrá más medidas. Pero tenemos que ser cuidadosos. Tenemos que calibrar el mensaje. Nada que se parezca a un ‘plan platita’, pero sí cosas concretas y señales de que entendemos el esfuerzo de la gente”, aseguran cerca de Gabriel Bornoroni, el diputado libertario que se encamina a disputarle a Martín Llaryora el poder provincial el año que viene.
La política y el mercado
En ese mismo espacio, minimizan las lecturas que se hacen –y que alienta el Panal– sobre la renovada sintonía entre Nación y la administración de Llaryora. Hay convencimiento de que Córdoba no será parte de una negociación marco que disminuya las chances de disputarle el poder al peronismo cordobesista.
Llaryora estuvo el miércoles con el jefe de Gabinete, Diego Santilli, en Casa Rosada. De la reunión, también participaron el santafesino Maximiliano Pullaro y el entrerriano Rogelio Frigerio, el único de los tres gobernadores de la Región Centro que tiene un acuerdo político con Milei.
El encuentro fue más que cordial. Llaryora nunca se sintió más cómodo que en esta etapa del vínculo con el gobierno libertario, aunque sabe que las diferencias fuertes volverán apenas se conozca el cronograma electoral provincial.
“Ahora nos reciben porque nos necesitan. ¿Cuánto hacía que no se veía a los gobernadores en Casa Rosada? Ellos no cambiaron; lo que cambió es que se sienten menos fuertes”, comparten en el Panal su mirada sobre el presente del oficialismo nacional.
La semana que pasó dejó, de todos modos, algunas señales políticas positivas para el Gobierno después de una semana anterior particularmente compleja. El oficialismo consiguió avanzar en Diputados con dos iniciativas de peso y, entre ellas, la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central aparece como la de mayor significación política y económica. El proyecto, que ahora deberá ser tratado por el Senado, busca reforzar la disciplina monetaria y limitar la posibilidad de que el Banco Central financie al Tesoro.
Pero mientras en el Congreso el Gobierno consigue mostrar capacidad para avanzar con su programa, en los mercados empieza a aparecer otra señal que no debería pasar inadvertida. Los bonos soberanos comienzan a incorporar un mayor “riesgo electoral”: los títulos más expuestos al período posterior a las elecciones pierden valor y ofrecen rendimientos mayores, una señal de que los inversores empiezan a mirar con más cautela la continuidad política del programa económico.
Esa tensión es quizá la mejor síntesis del momento que atraviesa Milei: hacia afuera, redobla la apuesta y se muestra más Milei que nunca; hacia adentro, empieza a tomar nota de que la economía necesita algo más que estabilidad macroeconómica.
Mariano Bergero
Fuente: https://www.lavoz.com.ar/politica/milei-dice-empieza-hacer_0_niYxpFXNdr.html

Mientras Milei redobla su discurso confrontativo, el Gobierno empieza a ensayar medidas para responder a las dificultades de la economía real y llegar mejor parado al año electoral. ¿Cuánto durará la luna de miel de Llaryora con la Rosada? 