La escena casi cinematográfica montada en Iguazú para el vuelo de Flavio Bolsonaro y su familia dejó secuelas. En la película de espías clase B, el actor de reparto más destacado fue Santiago Caputo. En el submundo de la inteligencia local, a algunos agentes se los conoce como “oreja de goma”, por la necesidad de tener una escucha atenta ante determinados temas e informaciones sensibles. “Caputo es un oreja de goma frustrado”, dice Miguel Ángel Toma, exdirector de la SIDE entre 2002 y 2003. Quizás esa sea la explicación más simple de la llamativa presencia del asesor presidencial en Misiones, en medio del operativo de escape del candidato derrotado en las elecciones de Brasil.
Efectivamente, Caputo quiso dedicarse al espionaje profesional cuando terminó el colegio secundario. Mientras trabajaba como cadete en la escribanía familiar y empezaba la carrera de ingeniería informática en la Universidad Nacional de la Defensa, su tía Inés lo contactó con un supuesto agente y se encontró con él en un café de Villa Devoto. Así fue como el joven Santiago descubrió que la realidad de ese universo no tenía nada que ver con las aventuras de las novelas de Tom Clancy con las que se había fanatizado durante su adolescencia. La anécdota está narrada en el libro El Monje.
Sin embargo, ese sueño juvenil revivió cuando en 2024 se convirtió, indirectamente, en el jefe de los espías. Con Sergio Neiffert primero, un viejo amigo de su padre, y Cristian Auguadra después, contador de su familia, tomó el control del área de inteligencia del Estado nacional, que, bajo sus órdenes, recuperó la clásica sigla SIDE. Es evidente que el empoderado consultor político deposita parte de su libido en estos escabrosos temas. Pero no podemos decir que ese fue el único motivo por el que le puso el cuerpo al rescate del aliado brasilero.
Caputo viajó a Misiones el lunes, acompañado por un miembro de su equipo más cercano, y se hospedó en el lujoso hotel Gran Meliá Iguazú. Como contamos en Bardeo hace dos semanas, sus contactos con miembros de la familia Bolsonaro son frecuentes a través de distintos referentes de Las Fuerzas del Cielo. Agustín Romo, por ejemplo, tiene un buen vínculo con Eduardo, exiliado en Estados Unidos. La última vez que estuvieron juntos fue en febrero de 2026, en una gala realizada en Mar-a-Lago, pero el intercambio de mensajes es habitual. ¿Se dio a través de esa línea la conexión original con Flavio? Probablemente.
Una lectura posible es que Santiago decidió marcar territorio en el lugar también para evidenciar algunas de las diferencias con sus rivales internos. En su cabeza, la jugada fue tal vez una manera de exponer que mientras algunos se preocupan por disputas de poca monta en armados electorales municipales o listas de consejeros escolares, él se ocupa de una agenda de relevancia internacional con socios estratégicos. En cuestiones de ego y de virtual proyección hacia el mundo, el asesor se mimetiza con el presidente al que debe asesorar.
Otra teoría, un poco más rebuscada pero al mismo tiempo alimentada por algunos sectores de poder, es que Caputo atraviesa una competencia no declarada con el empresario Leonardo Scatturice, quien le abrió importantes puertas en Estados Unidos a lo largo de los casi tres años de mandato. Esa versión señala que, desde hace un tiempo, Santiago quiere dejar de depender de su otrora protector para mantener la buena relación con el poder del norte. ¿Por qué no fue Scatturice, de amplia trayectoria en el mundo de la aeronáutica, quien proveyó el avión para Bolsonaro? La verdadera respuesta a esa pregunta se puede deducir por una reciente declaración de Marco Rubio, el secretario de Estado de la administración Trump.
“Nuestro gobierno no estuvo involucrado para nada, no facilitamos nada”, aseguró el alto funcionario estadounidense en la cumbre de ministros de asuntos exteriores del G20, de la que también participaron el brasilero Mauro Vieira y el argentino Pablo Quirno. Para despejar fantasmas sobre algún tipo de injerencia de los Estados Unidos es que se descartó una alternativa que se había barajado: utilizar una aeronave con matrícula N (November, en la jerga especializada, que corresponde a EE.UU.). Los Bolsonaro salieron desde la pista del aeropuerto de Iguazú en un Lima-Victor (LV, matrícula argentina). Marcelo Bonelli, en Clarín, publicó que el costo del traslado se pagó con fondos reservados de la SIDE. El tradicional diario The New York Times había contado antes que fue Jason Miller, del equipo de estrategas de Donald Trump, quien organizó y cubrió el gasto.
Miller es un asesor trumpista que acompaña al presidente estadounidense desde sus primeras elecciones presidenciales, en 2016. Fue entonces anunciado como nuevo responsable de Comunicación de la Casa Blanca, pero se corrió de la designación formal luego de un escándalo mediático por una relación extramatrimonial que lo tuvo como protagonista. Graduado en ciencias políticas por la tradicional George Washington University, tiene antecedentes polémicos en Brasil. En 2021 viajó a ese país para participar de la CPAC, la cumbre conservadora internacional, y antes de subirse al avión para regresar fue interceptado e interrogado por la Policía Federal. Lo investigaba el juez Alexandre De Moraes, enemigo público de los Bolsonaro, por presuntas campañas de desinformación.
De regreso en nuestra fauna autóctona, el asesor estrella de Milei parece haber apreciado en algún momento de la vertiginosa semana pasada que confirmar su participación directa en semejante operativo no era lo más conveniente. Algunos emisarios de su entorno se ocuparon de desmentir su presencia y hubo un hecho muy curioso que contó con colaboración involuntaria de la Policía de Misiones. El miércoles pasado, horas después de la comunicación oficial de Migraciones que reveló el ingreso y la salida de Flavio, circuló un presunto parte policial como un mensaje reenviado por WhatsApp. Correspondía a un operativo de control vehicular en la Ruta Nacional 12, cerca de la frontera con Brasil, en el que se habría identificado a Santiago Luis Caputo.
Al día siguiente llegó el parte oficial, con sello y membrete de la Policía de Misiones y la Dirección General de Seguridad Vial y Turismo de la provincia. Lleva también la firma del subcomisario supervisor José Manuel Pérez. En este documento no hay ningún registro de Caputo. Se repiten los horarios, la ubicación exacta y los autos involucrados, pero no aparecen el nombre ni la profesión del asesor. Los que sí figuran son Jorge Omar Waisman, jefe de Seguridad de Entidad Nacional Yacyretá, e Ignacio Orlando Palacios, asesor en la Secretaría General del mismo organismo. Manejaban una camioneta Ford Ranger oficial, perteneciente a ENY, y una combi Toyota Hiace, también blanca, respectivamente.
En la política de Misiones hay quienes reproducen un chiste: “la verdadera noticia de la semana no es la huida de Bolsonaro ni la presencia de Caputo, sino que un control policial de un miércoles a la madrugada paró un auto”. Humor local. El “Tucu” Waisman se incorporó a Yacyretá al comienzo de 2026, cuando regresó de manera definitiva al país después de una larguísima temporada en Miami. En la turística ciudad de Florida fue policía y una de las principales autoridades de la patrulla marina. También colaboró como agente de la DEA durante casi tres décadas. “Nacho” Orlando, el otro conductor de la noche misionera, fue quien recomendó a Waisman y lo acercó al “santicaputismo”. Se conocieron en Miami. La periodista Cecilia Devana, en La Nación, contó que en realidad Orlando llegó al Gobierno a través de Romo.
El día de mayor intensidad para la huida de Flavio Bolsonaro fue el martes 27 de octubre. Casualmente, coincidió con la fecha en la que el plenario de comisiones de la Cámara de Diputados consiguió el dictamen que buscaba el Gobierno por la llamada Ley de Defensa de la Soberanía Nacional. Fueron 60 firmas para avanzar con un proyecto que surgió, justamente, de la cabeza de Caputo. Pasaron casi dos meses desde la repentina malvinización de Javier Milei, con aquella cadena nacional, y la propuesta se había convertido en la prioridad más importante para el asesor.
El jefe de bloque de la bancada peronista, Germán Martínez, le reprochó públicamente a Santiago Caputo que entorpeciera el tratamiento de la ley. En realidad, el experimentado diputado santafesino no lo mencionó directamente y solo hizo referencia a “los caprichos de un pendejo”. Dijo también que pretende “venderle vaya a saber qué cosa a sus amiguitos de Estados Unidos”. El vehemente planteo de Martínez estaba relacionado con algunos de los cambios que se introdujeron a última hora en la letra chica. Las modificaciones para las empresas sancionables por las operaciones en la zona de las Malvinas llegaron después de la visita de Christopher Landau, el segundo de Marco Rubio.
Landau tuvo una agenda cargada durante su estadía en Argentina. Estuvo con Javier Milei en el despacho presidencial, con Quirno en Cancillería y con Luis Caputo en el Ministerio de Economía. A esa reunión se sumó Santiago. “No hay otro país en todo el mundo con el que estemos tan alineados como con el Gobierno argentino”, insistió Landau en una conferencia conjunta en el Palacio San Martín. El diario Clarín anticipó por aquellos días que uno de los pedidos concretos de Estados Unidos era morigerar las sanciones a empresas y personas físicas de su país. A pesar de las correlativas desmentidas de Quirno y Caputo ante esa información, los hechos comprueban que fue precisamente lo que ocurrió.
Uno de los cambios más resonantes fue el de limitar las sanciones a quienes intervengan directamente en los negocios ilícitos de exploración o explotación y a las adjudicatarias no autorizadas por Argentina. Queda así reducida la lista a las operadoras, a las licenciatarias, a los principales proveedores y —aquí la clave— a los accionistas mayoritarios. Quedan excluidos quienes tengan menos del 2% del paquete accionario y los fondos de inversión indirectos de gestión pasiva, siempre que no designen directores ni cargos jerárquicos. Esa categoría podría haber incorporado importantes capitales norteamericanos y a un nombre sobresaliente que anticipamos desde Bardeo el 6 de septiembre: Jared Kushner, el yerno de Donald Trump.
El marido de Ivanka Trump es representante de los intereses y negocios de su suegro en distintas partes del mundo y es además dueño del 10% de Phoenix Financial, a través de su fondo Affinity Partners. Con Phoenix tiene casi un 7% de la israelí Navitas, socia del proyecto Sea Lion. La firma aparecía en la lista original de virtuales empresas sancionadas un día después de la cadena nacional en la que Milei se subió a la marea malvinista, con el recuerdo todavía fresco de la histórica bandera improvisada después de la semifinal contra Inglaterra en el Mundial. Con las modificaciones aplicadas, Phoenix y Jared Kushner quedan completamente afuera de la lista negra del Estado argentino porque Affinity Partners es un fondo de inversión. Landau cumplió su misión y Kushner evita sanciones.
La Cámara de Diputados funcionó también como el escenario para el último capítulo atractivo de la semana pasada. Su presidente, Martín Menem, habló en un intercambio con jóvenes de la Fundación Universitaria del Río de la Plata (FURP). Allí destacó que “el único candidato en LLA es Javier Milei”, en una evidente indirecta a las especulaciones sobre una posible competencia interna con Patricia Bullrich o los anhelos del “Plan B” que sirvieron como insumo para que se divierta en redes sociales el equipo de comunicación de la exministra. El mensaje del riojano, grabado con un teléfono celular, fue rápidamente difundido por el usuario @mediceneljefe, que responde al aparato digital karinista.
El propio Milei apoyó el planteo de Menem con un retuit casi inmediato y replicó el contenido en otras dos oportunidades. La semana pasada, en una entrevista con Jonatan Viale, el Presidente ya se había referido al tema. Había dicho entonces que en el “círculo rojo” lo odian y por eso quieren a Patricia como candidata, en un supuesto proyecto que pretende establecer un “mileísmo sin Milei”. Nadie parece haber registrado que la necesidad de confirmar que Milei es el único candidato del espacio, a través de voces oficiales y un año antes de la elección, representa, en definitiva, una señal de debilidad. La historia se desarrolla frente a rumores de un posible cambio en la presidencia del bloque libertario en el Senado y las luces apuntan a la neuquina Nadia Márquez, quien ofició como anfitriona de una visita de Javier a un templo evangelista en su provincia en la tarde del sábado.
En simultáneo, los malestares y las incomodidades de Bullrich son cada vez más indisimulables. Las excusas para diferenciarse de Milei son más frecuentes. El reconocimiento de los resultados de las elecciones en Brasil o el repudio de la frase sobre “la hoguera” para periodistas son los últimos ejemplos. En el entorno de la senadora hay quienes anticipan que “la señora ya tomó la decisión” y está dispuesta a “competir por afuera”. Sin embargo, la confirmación no llegaría hasta pasado el primer trimestre de 2027, a menos que algún suceso inesperado precipite el movimiento. Con Patricia como una opción para entrar a la cancha, el interrogante automático pasa a ser qué lugar queda para los outsiders y los representantes de las terceras vías.
El último miércoles, mientras el huracán Bolsonaro arrastraba casi todo lo que aparecía en la agenda periodística, hubo un lanzamiento muy particular. Los hermanos Passaglia, de San Nicolás, revelaron sus ambiciones electorales. En una movida poco común, Santiago (actual intendente) y Manuel (exintendente y actual legislador bonaerense) se presentaron como precandidatos presidenciales, pero no confirmaron cuál de los dos asumirá la responsabilidad mayor. Su primer paso parece ser una necesaria campaña de instalación. En un acto en su distrito se mostraron con militantes que llevaban remeras con la inscripción “Who the fuck are los Passaglia?”, una autochicana por su bajísimo nivel de conocimiento. Se suman a una lista que, por ahora, tiene pocos anotados: Hernán Lacunza, del Pro, insiste con proyectos y recorridas que no generan mucha repercusión; mientras que Sergio Uñac, del peronismo sanjuanino, convoca al diálogo y empieza a utilizar los conceptos de “respeto” y “sentido común” como ejes de su estrategia. La carrera todavía no empezó.
Manu Jove
Columnista de Bardeo Newsn
Fuente: https://bardeo.news/politica/las-aventuras-de-caputo--el-factor-kushner-en-malvinas-y-el-lanzamiento-de-patricia_a6ae6f96b09dee0a0b9b4fb67

Las verdaderas motivaciones del asesor presidencial para asistir al plan de Bolsonaro, Trump metido en Malvinas y el próximo paso de Bullrich 