Domingo, 01 Marzo 2020 21:00

Alberto y el sorprendente gobierno de los científicos - Por Fernando González

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La caracterización del macrismo como una “CEOcracia” fue la que priorizó el Presidente en su discurso.

 

Alberto Fernández prefirió bautizar él mismo el perfil de su gobierno. “Será un gobierno de científicos; no de CEOS”, dijo en la introducción de su discurso del domingo en el Congreso. Fue una definición inesperada y sorprendente para una gestión que no muestra científicos en su gabinete. Tiene a un economista a cargo de Economía. A una abogada a cargo de Justicia y a un médico a cargo de Salud. La única excepción sería Roberto Salvarezza, el ministro de Ciencia y Tecnología que fue presidente del Conicet. Resultó extraño oírlo hablar de gobierno de científicos. Pero ese es el concepto que eligió el Presidente para diferenciarse de Mauricio Macri.

Fue la maquinaria propagandística del kirchnerismo la que estigmatizó al gobierno de Mauricio Macri ​como una “CEOcracia”. Puede haber gustado o no la caracterización, pero estaban respaldados por la cantidad de empresarios que dejaron sus puestos en empresas importantes para probar suerte en otra galaxia del poder.

Juan José Aranguren, que llegó desde la presidencia de Shell al ministerio de Energía. Mario Quintana, que pasó del directorio de Farmacity a auditar a los ministros desde la Jefatura de Gabinete que lideraba Marcos Peña. O Luis “Toto” Caputo, que pasó por el JP Morgan y el Deutsche Bank antes de llegar a ministro y a presidente del Banco Central. Y a que en aquel gabinete lo bautizaran, demasiado precipitadamente, “el Messi de las Finanzas”.

Son apenas tres casos de CEOS pero hubo muchos más. La experiencia, si se juzga por el final caótico del gobierno macrista, terminó siendo negativa.

Ese fue el aspecto de la herencia de Macri que Alberto priorizó en su discurso. “No venimos con planillas de cálculos”, señaló, para contrarrestar la predilección de algunos funcionarios del gobierno anterior por las planillas Excel en la auditoría de la marcha de la gestión. “No tenemos ínfulas tecnocráticas”, agregó luego, para profundizar la idea de que sus antecesores se ocuparon demasiado de la solemnidad del cambio cultural mientras las variables de la economía real se derrumbaban. El kirchnerismo incluso va más allá, cuando ataca los valores de la meritocracia en la gestión estatal como si el aval del mérito fuera una discapacidad. Fernández, afortunadamente, no llegó hasta ese subsuelo.

Hay un desprecio por la infalibilidad de los planes que atraviesa a los funcionarios del gobierno de Fernández. Uno de los que suele hacer gala de esa provocación es el ministro de Economía, Martín Guzmán​. Lo dijo explícitamente cuando fue al Congreso a exponer ante los legisladores. Les había anticipado a propios y a extraños que no llevaría proyecciones de inflación ni del déficit fiscal. De lo mismo se jacta cuando se reúne con funcionarios de los organismos internacionales o con inversores a los que la Argentina les debe dinero. “El macrismo se cansó de hacer proyecciones que después nunca respetaron”, es la línea de pensamiento que baja desde la Casa Rosada y todos respetan como dogma.

El gobierno de los científicos de Alberto también tendrá que lidiar con algunas contradicciones. Una de ellas es el asesoramiento que les está brindando Eduardo Duhalde. El ex presidente les ofreció el servicio de su experiencia y les aconsejó a los Fernández vender los productos del supermercado a granel para colaborar en la baja de la inflación. Azúcar, yerba, arroz. Como en los comienzos del siglo pasado. En su año y medio de gobierno en 2002, Duhalde también había convocado a regresar al taylorismo (el trabajo a destajo durante le revolución industrial del siglo XVIII) para combatir el desempleo en tiempos de crisis. Los científicos lo escucharon sin mucha convicción, pero el veterano peronista de Lomas de Zamora se ganó al menos un viaje a España y Francia para enriquecer sus propuestas. Allí está ahora y por eso no estuvo ayer en el Congreso.

¿Qué decir entonces de la maniobra que tuvo como protagonista Daniel Scioli para poder conseguir el quórum el miércoles pasado durante el tratamiento de los límites a las jubilaciones de privilegio de jueces y diplomáticos? El método de los científicos del Gobierno fue sentar en la banca al diputado saliente aprovechando que todavía ejercía informalmente como embajador en Brasilia. Las matemáticas indicaban la necesidad de contar con 129 legisladores propios y no se dudó más. La necesidad política tuvo cara de hereje. Hubo celebración entre jueces y camaristas porque, según creen, la aparición científica de Scioli les servirá para congelar la iniciativa del oficialismo en la Justicia que ellos mismos encarnan.

Quizás la incógnita más lacerante que el gobierno de los científicos tiene por delante es resolver el destino de la coalición entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner. A la vicepresidenta se le notó algún fastidio durante la Asamblea Legislativa. Y el hecho incontrastable es que el Presidente jamás la nombró en su discurso. Recordó a Néstor Kirchner, repitió el nombre de Raúl Alfonsín, mencionó a Manuel Belgrano y citó una frase de Juan Domingo Perón. Pero no hubo espacio en el discurso presidencial para quien tuvo la ocurrencia de ofrecerle la candidatura. Misterios que los científicos del Gobierno deberán develar en el futuro cercano. Que terminará resolviéndose por las buenas o como siempre ha sucedido en la política clásica. Con una confrontación abierta en el próximo turno de las elecciones.

Fernando González

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