Tal vez admita que su militancia se inició dos años antes, en 2021, cuando conoció personalmente a Javier Milei y, sobre todo, descubrió a su hermana, Karina: fueron a comer a su casa invitados por su marido, Darío Wasserman, un hombre de múltiples contactos empresariales, sindicales y políticos.
Su currículum dice, sin embargo, que trabajó para todos los peronismos desde 2003 hasta 2022: desempeñó tareas en ministerios, empresas y organismos controlados por el kirchnerismo originario, el sciolismo, La Cámpora y el albertismo. Lo que no dice es que su extenso roce con la política comenzó antes, en 2001, y casi por azar, cuando conoció a Bernardo Neustadt.
“Lo mío es la gestión, mi mejor carta de presentación fue siempre la gestión”, dice hoy Ramírez, que quizás no sea el rostro más reconocible de los libertarios en la ciudad de Buenos Aires, pero sí el único legitimado por “El Jefe”. Ramírez es el ariete de Karina Milei en el bastión de Pro.
Así lo dejó en claro días atrás, cuando, junto a legisladores de Patricia Bullrich, salió con los tapones de punta para denunciar que el gobierno de Jorge Macri “acuerda con la casta sindical del kirchnerismo a costa de los vecinos”. Se refería al nuevo código urbanístico y a una presunta cláusula que obligaría a los nuevos edificios a construir viviendas para sus encargados. “¿Cómo se traduce esto en la vida diaria de los porteños? Más gastos, menos capacidad de decidir y construcciones más caras. Ni lo sueñen. En la Ciudad, la libertad avanza”, escribió en su cuenta de la red social X.
El dardo no solo generó un choque con Darío Nieto, jefe del bloque Pro en la Legislatura, sino que derivó en una controversia que terminó enfrentando, con duras acusaciones de por medio, a Mauricio Macri y Bullrich.
Su anterior aparición pública en los medios había sido menos decorosa. En marzo, en medio de la disputa por la integración de las comisiones, el bloque de nueve legisladores de LLA había comenzado a fracturarse en dos, con seis miembros por un lado, encabezados por Ramiro Marra, y tres por el otro, liderados por Ramírez. La lógica parlamentaria indica que seis imperan sobre tres. La lógica libertaria, no. En mayo, en medio una sesión, Ramírez pidió la palabra para impugnar que Marra fuera aceptado como presidente de un bloque llamado La Libertad Avanza. Dijo que ya no podía usar es nombre. Marra, sentado a su lado, hizo poco por disimular sus gestos de sorpresa, que rápidamente se hicieron virales.
El oficialismo porteño y la titular de la Legislatura, Clara Muzio, tienen pocos incentivos para terciar en esa disputa: el resultado es que hoy existen dos bloques llamados “La Libertad Avanza” en la Ciudad. Y probablemente sea así por mucho tiempo. Lo que sí observan de reojo desde el macrismo es que, en las últimas negociaciones y votaciones, Ramírez y los suyos se movieron en tándem con los bullrichistas Juan Pablo Arenaza, Silvia Imaz y María Luisa González Estevarena, además de la liberal Mariela Kienast.
¿Qué matemática política puede justificar que un partido acepte resignar dos tercios de sus votos, de su poder de fuego en la Legislatura, en nombre de la lealtad? La de los hermanos Milei, aparentemente. Y reclama lealtad incondicional. “Si no te querés alinear, estás afuera”, resumen en las filas de “El Jefe”.
La herida sigue abierta. Los seis legisladores díscolos, incluido Marra, parte fundadora del espacio y su último candidato a jefe de gobierno porteño, ni siquiera están afiliados hoy a LLA. Ramírez, en cambio, será la presidenta del partido a partir del lunes, si se cumplen los tiempos de la Justicia.
Entre los díscolos, que no se reconocen como tales, sino como fieles a Javier Milei, deslizan pestes sobre Ramírez. Pero no quieren pronunciarlas en público. No es a ella a la que le temen.
En el primer piso de la Casa Rosada valoran la defensa que Marra sigue haciendo, a diario, de Milei y su gestión. Pero no estaban dispuestos a tolerar que el bloque operara con autonomía de Balcarce 50 frente al gobierno de Jorge Macri, cuando en el Congreso nacional los libertarios precisan como el agua el apoyo de Pro. En tiempos de guerra interna, criticaban el influjo del legislador Eugenio Casielles sobre el grupo de los seis. Hoy prefieren dar vuelta la página, no dar nombres, y destacan la capacidad de “resolución” de Ramírez. Reconocen, finalmente, que detrás del respaldo a la legisladora existe “una amistad entre familias”.
Esa amistad entre familias comenzó hace poco, en aquella cena de 2021, cuando el diputado Milei empezaba a pensar en su aventura presidencial y Karina, en el armado para concretarla. Milei ya conocía a Wasserman, entonces presidente de Consolidar, la Sociedad de Garantía Recíproca (SGR) de mayor envergadura del país. ¿Qué hace una SGR? Básicamente, avala créditos que pequeñas empresas solicitan en los bancos a partir un fondo de garantía que se constituye con aportes de grandes empresas, inversionistas y financieras.
En otras palabras, Wasserman conocía a todos los amigos que Milei necesitaba. Tampoco le faltaban vínculos con políticos de todos los colores, desde un macrista como Francisco “Pancho” Cabrera hasta Sergio Massa. De yapa, también tenía puentes con algunos sindicatos, como la UTA, a través de empresarios del sector. Voces discretas en esas filas destacan las partidas de póker que lo tenían como anfitrión, en un escenario envidiable.
Hasta entonces, Ramírez conocía Milei solo por la televisión. “Me encantaba, lo veía y decía ‘yo quiero que pase lo que este señor dice, quiero que saque a los piqueteros, que recorte el Estado’”, recuerda hoy. Dice que a su casa llegó la misma persona que veía en los medios, las mismas ideas. Pero también Karina, “la incansable, la que está detrás de todo, desde las seis de la mañana hasta la noche”. Se hicieron cercanas, en un grupo que incluía a otras mujeres que terminaron accediendo a puestos de relevancia, como la diputada nacional por Santa Fe Romina Diez.
Con Milei en la Casa Rosada, Wasserman fue designado vicepresidente del Banco Nación. A Ramírez la rebela que asocien su ingreso a la Legislatura con un “pago” de los Milei a su marido. “La minimizan. Llegó por ella misma”, afirman en su entorno.
Abogada por la Universidad de El Salvador, con un posgrado en Políticas Públicas de Flacso, Ramírez nació en Zárate hace 47 años. Néstor, su padre, tenía una inmobiliaria. Su madre era maestra. Su hermano, Rodrigo, también es abogado. Con Wasserman tienen dos hijos, de siete y nueve años. Su primer trabajo fue en Renault, una pasantía a la que accedió, dice, por tener el mejor promedio.
Neustadt y la marcha peronista
Pero un desayuno lo cambiaría todo. Ramírez conoció allí a un personaje clave en su trayectoria como funcionaria: María Laura Leguizamón, que acababa de ingresar a la Legislatura porteña por Encuentro por la Ciudad, el frente conformado por Gustavo Beliz y Domingo Cavallo. Leguizamón la convocó a su equipo de asesores, donde revistaban otros jóvenes que buscaban proyectarse en la política, como Federico Salvai, años después jefe de Gabinete de María Eugenia Vidal, y su esposa, Carolina Stanley, futura ministra de Desarrollo Social de Mauricio Macri.
¿Quién organizó el desayuno? Neustadt, el periodista icónico de los 90 y el menemismo, que por ese entonces despuntaba el vicio de armar desayunos grupales con jóvenes interesados en la política y su verba, y que por algún motivo le parecieran interesantes.
A partir de 2003, el currículum de Ramírez se puede leer con la marcha peronista como música de fondo. Ese año, cuando Beliz se convirtió en el efímero ministro de Justicia de Néstor Kirchner, ella se sumó al equipo del secretario de Justicia, Abel Ortiz de Fleitas, exjuez federal, exfuncionario menemista y exlegislador porteño por el cavallismo.
Ese trabajo duró pocos meses, porque Leguizamón volvió a convocarla, ahora como su jefa de asesores, cuando desembarcó en el Senado de la Nación y comenzaba, como tantos otros peronistas, a transitar el camino hacia el kirchnerismo.
Ramírez caminó los pasillos de la Cámara alta entre 2004 y 2006, cuando volvió a hacer las valijas y cambió de jurisdicción. Asumió un cargo en Provincia Seguros, en la gerencia de Asuntos Institucionales. Meses después fue designada en el Bapro, al frente del área de responsabilidad social corporativa.
En la provincia se vivía un cambio de época: Felipe Solá dejaba la gobernación y asumía Daniel Scioli. Ramírez no registra esos nombres en su currículum, tampoco el de Florencio Randazzo, último ministro de Gobierno de Solá, con el que la asocian quienes la recuerdan de esos años.
Aerolíneas, La Cámpora y el juicio
En cambio, sí reconoce que fue Julio Alak el que la convocó a trabajar en Aerolíneas Argentinas cuando el kirchnerismo estatizó la compañía y nombró al exintendente de La Plata como su presidente, en 2008. “Me llamó porque era buena laburando”, explica, impermeable.
Ramírez permaneció en la línea aérea de bandera desde 2008 y hasta 2016, lo que para sus detractores es sinónimo de una sola cosa: que el ariete de Karina Milei contra la casta porteña viene de La Cámpora, porque la organización juvenil kirchnerista, a través de Mariano Recalde, condujo la compañía entre 2009 y 2015. “Siempre trabajé en las segundas o terceras líneas. Estuve en todo el rebranding de la compañía, en el ingreso a Sky Team. Nunca milité: coincidí con La Cámpora”, se defiende la libertaria.
Hacia el final de esa gestión, Ramírez pasó a la Fundación Aerolíneas, desde la que se pretendía darle un destino social a las millas acumuladas por los funcionarios. Bombo, trompeta y trombón peronista.
Pero “la gerenta de La Cámpora”, como la llaman sus rivales internos, es desconocida por la agrupación. “Tuvo un rol técnico, nunca militó ni tuvo participación política alguna en nuestro espacio”, sentenció una fuente que trabajó codo a codo con Recalde en la firma y la agrupación.
De hecho, Ramírez llegó a gerenta de Marketing de la firma en 2016, con Mauricio Macri en la Presidencia e Isela Costantini al frente de Aerolíneas. Pero el trámite fue corto: en julio de ese año fue despedida y señalada públicamente por “manejos irregulares” de la millonaria pauta publicitaria, que la empresa no ratificó ni formalizó con una denuncia. Siete años después, en febrero de este año, Ramírez le ganó un juicio por injurias a la firma, además del juicio por despido. Los comentarios que recibió en su Zárate natal cuando fue despedida es el otro recuerdo que la rebela.
La salida de Aerolíneas la devolvió al ámbito privado, ya enfocada en la comunicación y publicidad, aunque regresó al derecho para pasar por la última piel del peronismo, el albertismo: entre marzo de 2021 y junio de 2022, cuando ya colaboraba en la campaña de Milei, Ramírez trabajó en el Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento (Enohsa), para reestructurar el área jurídica. Es el organismo que el ministro de Economía, Luis Caputo, anunció días atrás que va a cerrar bajo la acusación de ser “un antro de corrupción”. De nuevo, la actual legisladora sostiene que fue convocada por su capacidad de trabajo. Inmune al peronismo. Creer o reventar.
En los días por venir, llevará la voz de los Milei a la discusión presupuestaria en la Ciudad. Un Estado más chico, con menos impuestos y la adhesión al blanqueo y al RIGI, para atraer inversiones, serán las banderas. El norte, una ciudad que se convierta en un hub para la industria del software y las IT. Entre tanto, seguir desplegando “sombrillas” en los barrios, para sumar afiliados a LLA y consolidar el partido.
¿Y más allá? ¿Será sólo un ariete, que asuma el desgaste de chocar para pactar o para romper con Pro en su bastión, y para que otros, un Manuel Adorni o una Patricia Bullrich, sean candidatos? Lo responde Ramírez: “Soy una soldado de Karina y Javier, que va a defender a este gobierno y sus ideas. Después veremos lo que el espacio requiera de mí”.



