Domingo, 25 Octubre 2020 10:54

El Gobierno oscila entre el optimismo y el desánimo mientras busca ganar tiempo para dominar al dólar libre - Por Silvia Mercado

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“Las cosas están mal, pero nada explotó. No entendemos por qué no se reconoce el enorme esfuerzo que se hizo”, afirman en la Casa Rosada

"No veo que las cosas se puedan arreglar. La suerte de esto quedó echada cuando se demoró artificialmente la reestructuración de la deuda, como si tuviésemos miles de millones en reservas”, dijo escéptico un funcionario cuando Infobae le preguntó el viernes cómo pensaba salir el Gobierno del fenomenal embrollo en el que está metido. Protegido por el off the record, el economista de dilatada experiencia en el exterior se lamentó de las medidas que no se implementaron cuando todavía había tiempo: “Ahora ya no hay mucho para hacer”.

El desánimo domina en los despachos. Se espera que “algo” suceda. Que Martín Guzmán invente algún instrumento para dominar la estampida de los pequeños ahorristas al dólar libre. Que “se avance con todo el poder del Estado para que el sector del campo liquide los dólares”, como dijo un joven economista con simpatía por el Gobierno. O hasta la fantasía de que Juan Grabois avance con la reforma agraria en la zona núcleo de la pampa húmeda y así el país abandone el modelo agroexportador y cultive bajo un sistema ecológico. Como se ve, el menú de opciones es amplio.

Finalmente, cuando en abril de 2002 los diputados peronistas se negaron a llevar adelante el plan de ordenamiento macroeconómico que proponía Jorge Remes Lenicov, el presidente transitorio Eduardo Duhalde (antes de decidirse por Roberto Lavagna), evaluó la posibilidad de incorporar a Daniel Carbonetto, que proponía romper con el mundo de las finanzas internacionales y mentirle al FMI sobre la emisión monetaria directamente metiendo mano en las imprentas de billetes.

Carbonetto era amigo del padre Luis Farinello y su partido, el Polo Social, también del ex embajador argentino en Francia Eric Calcagno (el que proponía no pagar la deuda externa) y gracias a sus consejos Perú desbarrancó por el tobogán de la hiperinflación, país donde llegó a proponer que se nacionalicen los depósitos. ¿Delirante?

En Argentina las “buenas ideas” vuelven siempre. El miércoles, desde Casa Rosada, salió la orden al Ministerio de Seguridad para que Gendarmería implemente con alto despliegue mediático el operativo contra cuevas financieras del microcentro en el marco de una causa judicial contra el narcolavado. Inútil decirle a los funcionarios que la respuesta del mercado sería el aumento del dólar libre. Hay ilusiones que nunca se pierden en el imaginario de los que gobiernan.

Entre los optimistas, no es Argentina la que está quebrada, sino el mundo. “Hay una idealización de lo que pasa afuera, cuando en todas partes las cosas están muy mal por la pandemia y nadie sabe a dónde ir”, es una respuesta habitual entre los funcionarios que están más cerca del Presidente. “Lo nuestro es ganar tiempo hasta marzo, cuando estén la vacuna y la liquidación de divisas por la soja. Mientras tanto lo único que podemos hacer es seguir por el mismo rumbo", desarrollan.

Creen que dan precisiones cuando dicen que “el camino está claro, es Martín Guzmán, Gabriel Katopodis, Matías Kulfas y el Presupuesto presentado en tiempo y forma, algo que no había hecho Mauricio Macri el último año y ni qué decir Cristina Kirchner en los años en que fue presidenta. El Estado está en un momento de emergencia, pero tampoco está desfinanciado”.

Y puntualizan algo más. “Sostuvimos el país en el peor momento jamás pensado. Evitamos que las empresas cierren en masa, que la mayoría de los trabajadores se queden sin empleo, que la gente se quede sin alimentos ni salud. Las cosas están mal, pero nada explotó. No entendemos por qué no se reconoce el enorme esfuerzo que se hizo”.

Visto desde ese punto de vista parece racional lo que dicen cerca del Presidente. Agregan, por ejemplo, que “Alberto está lejísimo de la chavización y su diálogo con (Nicolás) Maduro y Evo (Morales) le sirve a los Estados Unidos y a la Unión Europea también, porque es un interlocutor racional en una región con tendencia a la inestabilidad”.

Por eso el politólogo cordobés Federico Zapata sorprendió hace dos semanas con un artículo que publicó en PanamáRevista donde puso el dedo en la llaga del particular método de conducción del Presidente. “Tiene un liderazgo enfocado en administrar tensiones internas”, escribió. Y definió al Gobierno como un “campo de batalla de las facciones de la coalición”

El artículo fue leído y debatido en el Grupo Callao, del que provienen la mayoría de los funcionarios albertistas, y por otros dirigentes vinculados, como el diputado Eduardo Valdés y el secretario de Relaciones Parlamentarias y líder del Movimiento Evita, Fernando “Chino” Navarro. Pero son varios los intelectuales vinculados al peronismo, como Zapata, que publicaron notas críticas con el estado de situación de la gestión.

El lunes apareció una nota de Pablo Touzon (“¿Qué pasa si al Partido del Poder, el poder se le escapa?"), el martes otra de Martín Rodríguez (“no es imperdonable fallar, es imperdonable no intentarlo”), el miércoles la de Zapata ya mencionada y el viernes la que escribió Shila Vilker (“sin plan, sin inspiración y estallada sin estallido, Argentina no encuentra aún su propia vacuna”), cuatro pensadores que pretenden -desde adentro- que el Gobierno encuentre un rumbo fuera de los extremos e integrando Estado y mercado, acorde con las promesas de campaña.

Pero el artículo de Zapata le puso nombre a los dos grandes diagnósticos que dividen al Frente de Todos. Habló de un sector que tiene una “agenda neo-desarrollista", capitalista e integrada al mundo, y otro con una “agenda neo-revisionista”, que promueve una mayor presión tributaria y un drástico cambio de reglas de juego económicas, jurídicas y distributivas.

“Está muy claro lo que Alberto piensa, pero le toca construir un liderazgo de equilibrio entre ambas posiciones, porque se le vino la pandemia encima y no tuvo tiempo de consolidar su poder”, excusan al Presidente. “Hay que darle tiempo”, pide el equipo de la Casa Rosada.

Mientras tanto, Fernández se reúne con Paolo Rocca, Cristina Kirchner con Roberto Urquía y Máximo Kirchner con Alejandro Bulgheroni. Cada uno, por su lado, busca generar cercanía con los que tienen que apostar al futuro y seguir invirtiendo. Se hace difícil para los empresarios explicar a un Gobierno en el que parece ganar terreno Juan Grabois.

“Estamos en contra de las tomas de tierras y campos, pero no vamos a dejar a ninguno de los nuestros sin el respaldo del Estado”, se explica en la Casa Rosada. Y se entiende, claro. Lo que nadie sabe es cuánto va a poder resistir ese puente llamado “Alberto Fernández”. Lo responde Zapata en su artículo: “Posiblemente van a empeorar todos los problemas crónicos del capitalismo argentino de los últimos 10 años” y difícilmente el peronismo salga indemne de semejante fracaso.

Silvia Mercado
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