Solo para entender la magnitud del regalo de la gestión de Alberto Fernández y Sergio Massa al empresario, conocido como el “Zar de Retiro”: cuando se le impuso el canon en 2020 significaban 20.418,30 dólares por mes mientras que en enero llegó a 2923,90 billetes americanos. Un maravilloso negocio inmobiliario que se explica solo por desidia, descuido o complicidad. El lector elegirá su opción.
Pasaron tres ministros de Transporte desde que le actualizaron la tarifa a $3.654.876 de los $150.000 que pagaba antes. Ni el fallecido Mario Meoni, ni Alexis Guerrera, ni Diego Giuliano, que ocuparon el cargo en los últimos cuatro años, pudieron con Otero, el peso pesado de Retiro que maneja el predio desde 1993.
Los primeros privilegios aparecieron en 2020. Producto de la pandemia, el exconcesionario negoció un paquete de obras a cambio de no abonar el canon. Escudado en el escaso movimiento, Otero no pagó la obligación mensual hasta agosto de 2021. Pese a que había servicios de ómnibus que funcionaban, además del estacionamiento y hasta el alquiler de la estación de servicio que queda sobre la entrada, el Estado le perdonó hasta el último peso.
En agosto de 2021, el ministerio, por entonces manejado por Guerrera, y el dueño de TEBA (con la concesión vencida) firmaron un acuerdo increíble. Con un permiso precario para explotar una de las puertas de ingreso más importantes a la ciudad de Buenos Aires, Otero negoció un contrato abusivo para las arcas del Tesoro. El Gobierno le actualizó el canon en 2020, pero desde entonces le entregó una herramienta formidable para que descuente de aquel importe la merma en los pasajeros registrada después de la pandemia. Eso sí, autorizó a que cada metro pueda ser alquilado para la explotación comercial a precio de mercado y le dio la posibilidad de que lo renueve por el índice de precios que publica el Indec.
El régimen de emergencia le permitió pagar apenas la proporción calculada de acuerdo a cuánto era el movimiento antes del Covid-19 y cuánto fue en cada uno de los meses posteriores a la pandemia. Una enorme ventaja que solo es posible concebir cuando hay "amigos" de ambos lados del escritorio que hacen negocios con el dinero del Estado.
Para eso se elaboraron tres indicadores: el toque de dársena (que se cuenta cada vez que un ómnibus llega o parte de la estación), otro que establece cuántos usuarios sacan sus pasajes en las boleterías por ventanilla y, finalmente, las encomiendas que se despachan. Entonces, se estableció el año 2019 como base 100 y, de esa manera, como nunca más el sistema recuperó la totalidad de las frecuencias, Otero no pagó jamás los 3,6 millones que tenía acordado. Pero sí pudo aumentar cuantas veces quiso todo lo que vende o alquila en la terminal.
Una resolución que lleva el número 847/2022, firmada por Guerrera en noviembre de 2022 y publicada en enero de 2023, estableció que ese “perdón del canon” se mantendría hasta enero de 2024. Otero, por primera vez, debió pagar ese “alquiler”, congelado y en pesos, que se fijó en 2020.
Los números son elocuentes. De acuerdo a datos oficiales, desde septiembre de 2020 a julio de 2021, Otero no tuvo que abonar ningún canon. Hay que recordarlo: hasta ese momento pagaba 150.000 pesos y con el contrato vencido desde 2016. “La Estación Terminal de Ómnibus de Retiro reviste un carácter estratégico en el sistema de transporte automotor interjurisdiccional de pasajeros. Resulta necesario disponer las medidas conducentes para regularizar esta situación fáctica, asegurar la continuidad y regularidad de la explotación del servicio público involucrado, y tutelar los intereses públicos comprometidos de usuarios y trabajadores”, argumentó el Estado.
En agosto de 2021, regresó el servicio y empezó el pago. Como el movimiento en las dársenas era escaso, pagó 991.489 pesos por mes. En diciembre de 2022, ya llegaba al 65% de lo que había sido en la pandemia. Fue cuando Otero hizo un cheque por 2,3 millones de pesos, algo así como 7238,12 dólares.
Para ese entonces, Guerrera ya le había hecho otro regalo: como se dijo, le había prorrogado ese sistema por un año y, solo desde entonces, pagaría aquel canon completo. Durante todo 2023, el “Zar de Retiro” estuvo en alrededor del 80% de aquel valor.


Ahora bien, ¿qué pasa con la recaudación? LA NACION consultó a 12 empresas de colectivos que operan gran parte de sus movimientos desde uno de los rincones más abandonados de la ciudad de Buenos Aires. El negocio de Otero y la mirada complaciente de quienes se lo permitieron toma colores maravillosos para unos y trágicos para los intereses del Estado, de los pasajeros y de las compañías.
La terminal tiene 206 boleterías. En realidad, son módulos que algunas compañías unen para disponer de lugares más confortables. Los espacios tienen entre 2,85 y 3 metros cuadrados. Así, por ejemplo, una empresa de las grandes que arrenda varios módulos para atender al público paga alrededor de 200.000 pesos por mes entre alquiler y expensas, además de IVA. Una compañía vecina, que cuenta con un espacio menor, desembolsa algo más de 120.000 pesos por mes, más 40.000 de expensas, además de electricidad y ABL.
Otra empresa, cuyos colectivos van a la llamada “zona sur”, paga de alquiler 150.000 pesos más IVA, a los que se suman poco más de 47.000 de expensas (LA NACION redondeó los números para que la firma no sea identificable según la liquidación que mensualmente envía TEBA), además de alrededor de 12.000 de electricidad y 6000 de ABL. Todo lo cobra la explotadora de la terminal.
La luz es un asunto interesante porque la palanca que da suministro o no es utilizada por Otero para notificar la falta de pago a término. Cualquiera que se atrase unos minutos en el alquiler, sea empresa de colectivos o dueño de uno de los pocos locales que no son suyos, queda a oscuras hasta que se cancele la deuda.
La cuenta es simple: si el promedio de alquiler de cada módulo es de 140.000 pesos por mes, Otero y TEBA recaudan 28,8 millones de pesos solo de boleterías, a lo que se suman 8,24 millones de expensas, eso sin contar todos los espacios que las empresas le alquilan para los servicios de encomiendas.
Eso no es todo. Cada vez que un colectivo entra o sale de la estación se cobra el llamado “toque de dársena”. Actualmente hay dos valores ya que los servicios internacionales pagan $2324,97 más IVA, es decir, $2813,21 total, mientras que los locales abonan $1162,4 más IVA, con lo que lleva el precio a $1406,60. Ese monto les da la posibilidad a las empresas de permanecer 10 minutos en la plataforma con la carga o descarga de los pasajeros. Si alguno se pasa, se empieza a cobrar un adicional que arranca en 50% más.
Según varias empresas y tres cámaras de transporte consultadas, un día promedio hay alrededor de 500 servicios, con picos de 800 en las jornadas de más demanda. Consideran que, en promedio, se facturan 650 toques de dársena diarios. Lo que sigue es una cuenta simple: aun si se cierra un ojo y se calcula que todos los “toques de dársena” fuesen nacionales, Otero recaudaría por ese ítem 27,41 millones de pesos por mes. Es decir, entre las boleterías y las salidas y entradas de ómnibus ingresan a la caja de TEBA 56.257.000 millones de pesos mensuales.
Lejos está de ser el total del negocio. A esta recaudación se debería sumar el estacionamiento, una importante caja diaria. A diferencia del Aeropuerto Internacional de Ezeiza, que tiene un ingreso vehicular libre de 15 minutos para dejar o recoger pasajeros, Retiro ofrece una dársena en la que se puede parar solo un par de minutos. Pasar las barreras, aunque sea para que el usuario baje sus valijas, ya implica pagar una hora de estacionamiento.
Además, sobre los terrenos de la terminal funciona una estación de servicios YPF que también maneja el empresario. Finalmente, la mayoría de los locales de venta dentro de la terminal, por la que pasan miles de personas todos los días, le pertenecen. Por caso, los comercios gastronómicos, los kioscos y hasta una parte del negocio de las encomiendas son propios o de alguno de los suyos. No solo eso, gran parte de los productos que se venden en los restaurantes de Retiro, de la estación Once, que también explota, o de otras como la de La Plata, provienen de frigoríficos creados por él, como American Meat.
Alguna vez, en 2009, el gobierno nacional exigió a las terminales de ómnibus de todo el país que instrumenten sistemas de seguridad. TEBA presentó un proyecto con zonas de preembarque con escáneres y rayos X. El servicio iba a ser de First Security Consulting, una firma que logró la aprobación de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT) y el Ministerio de Justicia de la Nación. Durante cuatro meses se realizó una prueba piloto, con controles a los pasajeros, a los equipajes y a las encomiendas: se secuestraron 40 armas de fuego. La empresa se había creado poco antes y el dueño era Otero, quien también fue el presidente. Lo secundaba Eduardo Hugo Antranik Eurnekian.
Otero está imputado en la causa conocida como los cuadernos de los coimas y en otra que involucró al exsecretario de Transporte Ricardo Jaime. El cordobés pactó un juicio abreviado y se declaró culpable de haber recibido coimas de dos grupos empresarios a los que debía controlar como funcionario. Uno de ellos era de Otero, que le pagó el alquiler de un departamento en Buenos Aires cuando aquel hombre de confianza de Néstor Kirchner llegó a ejercer el poder nacional.
Por estas horas, el destino de Retiro parece estar cerca de un cambio de manos. El gobierno nacional tiene voluntad de ceder la jurisdicción al gobierno porteño. Cerca del jefe de gobierno, Jorge Macri, contestaron a LA NACION que están dispuestos a encargarse de la concesión.
Pese a tener el contrato vencido desde 2006 y de haber convertido la terminal de ómnibus más importante de la Argentina en un lugar lleno de incomodidades, al punto que mantiene cerrados varios ingresos desde la pandemia para bajar los costos, el empresario amigo de la política goza de un alquiler de privilegio. Se trata de un caso único, un genio del negocio inmobiliario, un experto en mercados regulados o un especialista en generar miradas cómplices con los funcionarios de turno.
Diego Cabot


Néstor Otero, concesionario de la Estación Terminal de Ómnibus de Retiro, es un hombre de suerte. Quizá sea el único argentino que ha logrado pagar el mismo alquiler, sin modificación alguna, desde septiembre de 2020. Nadie se atrevió a tocar el sagrado monto que el empresario tiene que pagar todos los meses para explotar 12 hectáreas, un edificio de casi 400 metros de largo con tres niveles y alrededor de 15.000 metros cuadrados, con amplios estacionamientos, un lote que se alquila a una estación de servicio, un centenar de dársenas y 206 boleterías, además de los locales comerciales. 