En la vigilia del 8 al 9 de julio, el Gobierno pondrá punto de inicio a otra etapa, signada por los acuerdos alcanzados en la ley que los estrategas de comunicación oficiales denominaron Bases y Puntos de Partida para la nueva Argentina. En la Rosada no hubo ánimo de festejar. El trámite fue tortuoso y extremadamente plagado de realismo, un escenario con el que LLA no contaba.
Nacido en los estudios de televisión y reproducido en las redes sociales, Javier Milei creyó honestamente que la política se le sometería al impulso de su sorpresiva victoria. Ya sabe que no fue así. Lamenta el tiempo perdido, pero carece de margen para pensar en sus errores. Está obligado a seguir a paso firme, sin doblegarse. Los bonos siguen bajando y el dólar ilegal, subiendo.
No logra la confianza que creyó automática, ni las inversiones que viene anticipando desde que era candidato, cuando alguien lo convenció de que un grupo de fondos inversores estaba dispuesto a aportar 50 mil millones de dólares para la salida económica de la Argentina. Lo recordaban esta semana en el canal de noticias LN+, donde alcanzó a "informarlo" al aire, mirando el celular, donde supuestamente le transmitieron la oferta.
Ese era el Milei de la campaña, entre ingenuo y audaz, amparado en un sincretismo espiritual que va de la Torá enseñada por un rabino marroquí que puso de embajador en Israel (una nación con un fortísimo estado), hasta la teología de Juan de Mariana que enseñó en los colegios jesuitas donde desarrolló una novedosa teoría política caracterizada por su defensa de la propiedad privada y su filosofía contraria a las tiranías, al punto que justifica el "tiranicidio" si el gobernante no actúa según reglas que benefician a la sociedad.
Por cierto, no se pueden olvidar en ese paraguas teórico a los principales autores de la Escuela Austríaca, desde Friedrich Hayek y Ludwig von Mises, pero, sobre todo, Murray Rorthbard, fervientes críticos de los neoclásicos, los marxistas y -horror- de John Maynard Keynes y sus miles de seguidores.
Protegido en esa amalgama conceptual, Milei desplegó una receta que nadie puede calificar de ortodoxa mientras esperaba por la ley que ya tiene. Logró menos de lo que aspiraba, pero sigue contando con una gran ventaja, la de varias oposiciones fragmentadas.
El PRO, ya se sabe, se apresta a expulsar a quien fue su candidata a presidenta, Patricia Bullrich. En la asamblea que sesionará el 4 de julio no serán muchos los que se vayan con ella, pero sí tendrá consecuencias en el bloque en Diputados, donde entre 5 y 6 legisladores se pondrán bajo el ala de Silvana Giúdice, quien hoy actúa coordinando al bullrichismo en la Cámara.
Es probable que en muchos casos actúen en consonancia con Cristian Ritondo, actual titular del Bloque PRO, pero la merma se hará sentir durante este año y medio, hasta las legislativas, cuando seguramente Bullrich mermará su caudal propio de Diputados.
La UCR pasa por una situación peor. El presidente del partido es senador, Martín Lousteau, a quien se le termina el mandato el año próximo y no goza de la mejor opinión entre sus correligionarios. En Diputados hay una gran dispersión. Los que están con Facundo Manes, los que sin decirlo reportan al extitular, Mario Negri, los que nuclea Rodrigo De Loredo y los vinculados a Evolución, el partido de Lousteau. Son cuatro grupos, como mínimo.
Hacemos Coalición Federal ya está dividida. Arrancó con Coalición Cívica, que ya armó rancho aparte. Emilio Monzó, Nicolas Massot y Oscar Agost Carreño (que a su vez es presidente del PRO en Córdoba), están unidos. El titular del bloque que integran, entre otros, Florencio Randazzo y Juan Bugge, es Miguel Angel Pichetto. Muchos coroneles.
Hasta ahí, Juntos por el Cambio.
Pero también está el peronismo, donde Unión por la Patria tiene un jefe de bloque, Germán Martínez, pero nadie sabe por cuánto tiempo. Las provincias de Tucumán, Catamarca y Salta ya juegan con sus diputados aparte. Un grupo de ex "albertistas" son puente con otros bloques, Leandro Santoro, Santiago Cafiero, Victoria Tolosa Paz, Eduardo Valdés. Más temprano que tarde, la tensión entre Cristina Fernández de Kirchner (vía La Cámpora) y Axel Kicillof empezará a manifestarse.
En el oficialismo hay quienes creen que esa fragmentación es propicia para obtener la mayoría en Diputados. Pero ya ni Milei dice "los espero en el 2025" porque, aunque se quedaran con absolutamente todos los votos del PRO, apenas llegarían a 80 diputados.
Para eso, el partido de Mauricio Macri entraría en vías de extinción, lo que es posible, pero no seguro. Aun así, el Gobierno estará obligado a negociar porque la mayoría se obtiene con 129 diputados. ¿Puede hacerlo? Sí, por supuesto. Así logró la Ley Bases, pero está muy lejos de ser una "escribanía", como le gustaría al Presidente.
Gobernar no es fácil en ninguna parte del mundo, tampoco en la Argentina. Conocer los resortes del Estado, incluso cuando se pretende implosionarlo por dentro, está muy lejos de ser una tarea sencilla.
Siempre se dijo que más fácil es ganar una elección que gestionar la victoria. Ahora la pelota quedó en manos del Gobierno. Podrá hacer jueguitos, entretener, incluso divertir a la hinchada. Pero si no logra meterla en el arco no podrá ganar el partido. Sí, porque el otro también juega.
Silvia Mercado
Periodista NO acreditada en Casa Rosada


Cuenta con la oposición fragmentada en un proceso que se profundizará. Y un electorado dispuesto a seguirlo, hasta ¿cuándo? Las encuestas ya muestran signos de agobio, que provocan alerta en la Rosada.
