De una precariedad. sólo puede nacer otra precariedad. Un ciclo de reproducción asegurado que se ha multiplicado por millones de personas en la Argentina del siglo 21.
Sobran los ejemplos en el pasado reciente y también en el presente, con la incubación de las fragilidades futuras.
La excepción terminó por ser la regla. En las últimas dos décadas, la vía de las moratorias para acceder a un beneficio jubilatorio fue predominante.
La lección está servida: aquello que el mercado de trabajo no puede curar, tarde o temprano se convierte en un desequilibrio mayor, con una enorme dosis de inequidad y con un costo fiscal creciente, que se perpetúa en el tiempo.
En septiembre último, la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses) pagó 5,6 millones de haberes jubilatorios (sin incluir las pensiones). El 68% de esos beneficios (3,8 millones) fueron otorgados mediante una moratoria.
Eso ocurrió porque la mayoría de las personas llegaron al final de sus vidas laborales sin cumplir con los 30 años de aportes que exige la ley.
En ese universo están quienes no aportaron nunca o muy poco tiempo, y también aquellos a quienes les faltaron apenas algunos períodos. Pero predomina el primer grupo. Lo reflejan las cifras.
El 86% de las personas que se jubilaron con una moratoria percibieron en septiembre un haber de hasta $ 498.633,20. Esa cifra equivale al pago mínimo garantizado por Anses, que incluye el refuerzo previsional de $ 70 mil.
¿20 años no es nada?
La primera moratoria previsional ya cumplió más de 20 años. La puso en marcha en 2005 el entonces presidente Néstor Kirchner.
En ese momento había alrededor de dos millones de personas mayores en edad jubilatoria que no cumplían con las condiciones para tener el beneficio. El 25% estaba bajo la línea de la pobreza. Pero el esquema fue indiscriminado.
Más adelante hubo algunas restricciones, aunque el impacto, con el paso del tiempo, fue cada vez mayor.
Recién este año el acceso a la jubilación se hizo más estrecho. Hasta septiembre, la Anses otorgó menos beneficios en comparación con el mismo lapso de 2025 (-43%) y de 2024 (-52%). Tampoco esto significa la solución óptima.
En 1996, el sistema previsional tenía una relación deficitaria de 1,39 aportantes por cada beneficio que pagaba. Antes de la ola de moratorias, la tasa subió a dos activos por cada pasivo. Ahora esa relación es de 1,41. Volver al futuro, capítulo mil.
La incubadora
Bajo la rústica sombra de un modelo agotado, el mercado de trabajo hace lo que puede. Pero ese modo de sobrevida supone la continua incubación de precariedades.
Veamos qué ha ocurrido en los últimos años. Entre el cuarto trimestre de 2023 y el segundo de 2026, se cayeron del sistema unos 260 mil asalariados privados formales. A la vez, se sumaron unos 490 mil cuentapropistas informales. Sin aportes y con una brecha de ingresos considerable.
Aun cuando un monotributista gane de bolsillo casi lo mismo que un asalariado privado formal –tal como postula el Gobierno–, su aporte mensual al fisco es muchísimo menor.
Por si fuera poco, las fases por las que atraviesan el mercado de trabajo y el sistema previsional coexisten con el acelerado cambio demográfico, que agiganta los interrogantes de cara al mediano plazo.
El Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), que hace rato insiste en no seguir postergando una reforma del sistema previsional, aportó un dato relevante en un reciente informe.
“El inmovilismo frente al cambio demográfico explica una tendencia secular del gasto para la vejez a crecer por encima de los otros gastos del Estado. Aunque resulte paradójico, los reclamos de los estudiantes (en Francia) en la actualidad son la consecuencia de las protestas contra la reforma previsional del pasado”.
Daniel Alonso
Fuente: https://www.lavoz.com.ar/negocios/cuentapropismo-informalidad-jubilacion-ciclo-reproduccion-precariedad_0_Iu4wjEq25g.html

En septiembre último, casi 70% de las jubilaciones que pagó Anses fueron otorgadas por moratoria. Mientras, en el mercado laboral sólo crecen el Monotributo y los empleos no registrados. 