Eugenio Paillet
En general en los principales despachos del Gobierno buscan bajarle el tono al tema. Pero lo cierto es que la decisión del presidente Alberto Fernández de habilitar el tratamiento en sesiones extraordinarias del Congreso un proyecto de ley para suspender “por única vez” las elecciones primarias y obligatorias (PASO) del mes de agosto, ha levantado polvareda en la Casa Rosada y en el Congreso. También en la oposición.
“Por ahora no hay nada”, dijo días atrás el Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, cuando fue consultado sobre el proyecto de ley para la creación de un “tribunal intermedio” que revise antes que la Corte Suprema de Justicia aquellas causas en las que se considere que se cometieron “arbitrariedades”, que limitaría fuertemente la intervención del alto tribunal en casos donde se investiga presuntos hechos de corrupción.
El presidente, dicen y repiten a su lado, tiene claro cuáles son las prioridades de su gestión. Se ha dicho y repetido, pero vale la pena refrescarlos: acordar con el FMI en abril para recuperar confianza externa, vencer en la batalla contra el coronavirus, reactivar la economía, doblegar el potro de la inflación con la mirada clavada en las elecciones de octubre, y avanzar con los aspectos centrales de la profunda reforma judicial que propicia.
Las claves de la flamante estrategia pergeñada por la Casa Rosada para pasar el verano sin desafíos insalvables en el plano económico o de asistencia social que va a demandar una segura segunda ola de Covid, y el empalme necesario para garantizar un tránsito controlado hacia un triunfo en las elecciones de octubre, terminó de pulirse esta semana en la última reunión del Gabinete Económico.
Desde la política, el gobierno ya ha hecho saber que no le temblará la mano para endurecer las medidas para combatir una aparente segunda ola de coronavirus que estaría llegando a estas playas, como volver a la cuarentena total que rigió al comienzo de esta tragedia en marzo de 2020 o establecer “toques de queda sanitarios” en la costa atlántica y otros lugares de veraneo donde se reúnen demasiadas personas sin ningún cuidado ni medidas de prevención.
El escenario, solo cabría refrescarlo, ya está planteado, o al menos bosquejado con bastante precisión. Las elecciones parlamentarias de octubre próximo serán claves para saber hasta dónde el oficialista Frente de Todos puede sostener su poder. Y si las riñas internas que lo afectan ahora mismo podrán influir o no, y en caso de hacerlo de qué manera, en la cristalización de ese objetivo central que el oficialismo busca y buscará coronar por todos los medios, reyertas o mini grietas internas al margen.
Una alta fuente de la secretaría General de la Presidencia aseguró en las últimas horas que el presidente Alberto Fernández planea “una suerte de relanzamiento de la gestión” allá por el mes de marzo o abril, más con la mirada puesta en la campaña electoral para las elecciones parlamentarias de octubre de 2021 que atadas a la coyuntura actual como las inconsistencias en la lucha contra la pandemia o las críticas internas al elenco de ministros y secretarios.
La pandemia, maldita por donde se la mire a los ojos del Gobierno; las vacunas, enorme problema no exento de algún papelón en el medio que mantiene en vilo a la Casa Rosada; el tratamiento del proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo en el Senado tras la media sanción en Diputados, que podría encerrar hasta alguna trampa que deje malparado al presidente; y, por si faltase algo, el renovado impulso de un sector duro del cristikirchnerismo para que Alberto Fernández dicte un indulto para todos los presos, ya sea con condena firme o con prisiones preventivas, del Frente de Todos, bajo el lema “Una Navidad sin presos políticos”.
Una primera mirada de lo ocurrido entre jueves y viernes pasados en la escena política nacional permitió a habituales confidentes del Gobierno una postura complaciente.
Sin nada que reprocharse, a poco que se repase cualquier manual de política, voceros del Gobierno se solazaban en las últimas horas con un dato de la realidad sobre el que cuesta disentir.
El miércoles por la tarde, en medio de la conmoción que provocaba a esa hora la novedad de los hisopados en medio gabinete -empezando por el presidente Alberto Fernández- por el positivo detectado al secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, otra de las noticias verdaderamente impactantes del día quedaba momentáneamente disimulada detrás de esa saga sanitaria, como fue el despido de María Eugenia Bielsa.
No es solo el uno y medio por ciento que la Nación le sacó a la Ciudad mediante un Decreto de Necesidad y Urgencia, una imponente suma de más de 25 mil millones de pesos que saldrán de las arcas del municipio porteño para recalar vía manejos discrecionales del ministerio del Interior, al menos la mayor parte de esa suma, en manos del gobernador bonaerense Axel Kicillof.
Al promediar la semana, es cierto que en un país como la Argentina en el que todo es de una levedad insoportable y lo que parece bueno ahora puede no serlo dentro de un puñado de días, hubo por primera vez en once meses caras de optimismo en el Gobierno.
Se llevaron una sonora desilusión quienes fueron anoche y temprano esta mañana en busca de algún reproche del albertismo hacia la dura carta que emitió ayer a través de un tuit la vicepresidente Cristina Fernández. En la que con todas las letras y más allá de las dobles lecturas la jefa política de Alberto Fernández desliza críticas directas sobre el mal funcionamiento del gabinete de ministros.
Casi en soledad, bien entrada la noche de lunes en la residencia de Olivos, el presidente Alberto Fernández ya tomó la decisión: no habrá ningún cambio en la estrategia del gobierno frente al avance de la pandemia de coronavirus, que según todos los pronósticos lo anticipaban acaba de superar el millón de casos de contagiados y coloca a la Argentina el país en el podio de los cinco países más afectados por la catástrofe sanitaria.
Los más recientes pronunciamientos de hombres de negocios y de personalidades claves del escenario internacional que ocurrieron la semana pasada en el coloquio empresario anual más importante del país, parecieron marcar muy claramente el perfil de las preocupaciones de esos sectores claves de la producción y la generación de empleo.
En medio de las negociaciones que se iniciaron este lunes con sectores empresarios y sociales, además de la asistencia en pleno de la dirigencia sindical que se referencia en la Confederación General del Trabajo, los principales popes sindicales pusieron en marcha la última parte del plan que vienen acunando para “empoderar” al presidente Alberto Fernández en medio de los cruces subterráneos y a veces públicos que mantienen con el ala dura del Frente de Todos.
Parece haber una coincidencia entre empresarios y algunos políticos de la oposición, incluso dos hombres de negocios que estuvieron en el Salón Norte de la Casa Rosada para escuchar los anuncios del jueves de Martín Guzmán, en repetir una frase que tiene sus implicancias. “Se están gastando la bala de plata”, decían casi a coro.

El Presidente se muestra dispuesto a redoblar la fortaleza de los ejes de su discurso.
El anuncio de Héctor Daer, uno de los secretarios generales de la CGT y el más cercano a Alberto Fernández de los caciques gremiales, de organizar una “marcha peronista” de apoyo al gobierno para el 17 de octubre, cuando el justicialismo celebra el Día de la Lealtad, por ahora ha sido tomado con pinzas en los despachos del primer piso de la Casa Rosada.
Las anormalidades de la pandemia y también el estado de crisis evidente en el que se encuentra la relación entre el gobierno y la oposición en el Congreso terminaron por alterar la rutina histórica que envuelve la presentación cada 15 de septiembre, como manda la Constitución, del proyecto de Presupuesto.
Hay quienes dicen en el Gobierno, sin que les falte razón, que ese variopinto conglomerado de ideologías que conviven en el Frente de Todos a veces se convierte más en parte del problema que de la solución.
El regreso de Cristina Fernández a la Casa Rosada después de 260 días de no pisar las alfombras sobre las que gobernó ocho años pasó sin cubrir tantas expectativas como las que había generado ese acontecimiento.
El presidente Alberto Fernández y el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, negocian ahora mismo con sectores del Frente de Todos que no reportan políticamente al Instituto Patria, pero también con la mayoría de los gobernadores peronistas, para eliminar de la reforma judicial la llamada “cláusula Parrilli” cuando el proyecto llegue a la cámara baja con media sanción del Senado, dijeron a este diario altas fuentes de la Casa Rosada.
“No nos mueve el amperímetro”, fue lo primero que dijo un colaborador del presidente Alberto Fernández cuando le consultaron sobre los efectos políticos que tendría, si es que tendría alguno, la multitudinaria marcha en avenidas y plazas de todo el país el 17 de agosto en rechazo a un menú variopinto de medidas que lleva adelante el Gobierno.
El día después del multitudinario banderazo nacional contra el gobierno con epicentro en el rechazo a la reforma judicial y a la cuarentena sin fecha de vencimiento que impone la pandemia, en la Casa Rosada hubo miradas que no en todos los casos fueron coincidentes respecto del impacto de la demostración ciudadana de ayer en medio de la conmemoración sanmartiniana pero en especial sobre los efectos que podría tener hacia adelante en torno “al perfil” de la gestión de Alberto Fernández.
De algún modo, y por aquello de que bien vale un pan duro en medio de la miseria, el Gobierno celebró por segunda vez en poco más de una semana un anuncio que suena a maná llovido del cielo, como es la decisión de la Universidad de Oxford, en asociación con laboratorios nacionales y filántropos argentinos y mexicanos, de producir en el país una vacuna contra el coronavirus que podría empezar a aplicarse a los grupos de riesgo, en una primera etapa, a mediados del primer semestre de 2021.
El Gobierno puso en marcha esta semana las “mesas temáticas”, en rigor una serie semanal de reuniones acotadas del gabinete siempre encabezadas por Santiago Cafiero y la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca.
Tras el ataque a Pearl Harbor, que aceleró el ingreso de los Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial, el almirante Yamamoto se preguntó con visionaria pesadumbre si en el fondo Japón no había hecho más que “despertar a un gigante dormido”.
“Necesitamos algo nuevo, crear una épica de la cuarentena para que la gente siga encerrada si es que tenemos que endurecer”. La frase pertenece a un funcionario del gabinete que no integra los equipos de salud, pero que está al tanto todos los días de la lectura política que deviene del larguísimo encierro por la pandemia de coronavirus.
Con una frase, un importante funcionario que tiene su despacho fuera del radio de la Casa Rosada blanqueó por si hacía falta las razones de las internas en el gobierno y entre los bandos claramente definidos como “cristinistas” y “albertistas” que enrarecen el clima interno.
No es un secreto para nadie a estas alturas ni el dato tampoco es nuevo: las críticas internas y externas por las fallas de comunicación del gobierno en medio de la pandemia de coronavirus han estado a la orden del día en estos cuatro meses de encierro.

Un funcionario que suele mantener calma discursiva en medio de tanta tormenta sanitaria, económica y política, reconocía en medio de esa navegación turbulenta que sabían que las tensiones internas en algún momento iban a florecer.
Como suele decirse en la jerga periodística, en las últimas horas el “runrun” en los pasillos gubernamentales se ha convertido en un ejercicio sin respiro a la hora de calibrar el alcance, los modos y los tiempos de lo que casi nadie a esta altura desconoce en la administración del presidente Alberto Fernández.
Alberto Fernández dio en las últimas jornadas varias señales de que quiere retomar el centro político de la escena.
Dicen en sus alrededores que Alberto Fernández se la ve venir. Y que quiere evitar a toda costa que se rompa la sintonía, con sus más y sus menos, que logró mantener hasta ahora entre Axel Kicillof y Horacio Rodríguez Larreta. Una convivencia siempre atada con alambres que ha sido puesta en evidencia más de una vez entre el gobernador bonaerense y el jefe de Gobierno porteño desde que se unieron en matrimonio forzado para trabajar contra la pandemia de coronavirus en el AMBA.
Casi no constituiría una novedad porque los datos están a la vista. Pero adquiere relevancia puntualizarlos en momentos en que el propio Alberto Fernández lo viene repitiendo una y otra vez delante de su mesa chica, o en diálogos con ministros y colaboradores, empresarios, sindicalistas, y hasta en la reunión con una treintena de dueños de medios, como la que mantuvo el martes para pedirles colaboración en una difusión “responsable” de las informaciones sobre la pandemia.
Gobierno andaba a la búsqueda de un rescate, que no es por cierto el de la empresa santafesina Vicentin, sino de cierto grado de normalidad política y social que el presidente Alberto Fernández parecía haber encontrado hace menos de dos semanas tanto en el frente interno, en el manejo de la lucha contra la pandemia de coronavirus y en torno a la dura negociación con los tenedores de bonos de la deuda externa.
Rápido como el rayo, el presidente Alberto Fernández salió esta mañana por n absolutamente estratégica”. una radio porteña a aclarar que la decisión de intervenir la empresa cerealera Vicentin “no fue de Cristina”. Dijo en cambio que se trató de una “decisió
En términos fáciles de percibir, el presidente Alberto Fernández acaba de dar señales de que le sigue importando la lucha contra el coronavirus como primera prioridad, pero que a la vez ahora también le importan los efectos de la pandemia sobre la economía.
En medio de la lucha contra el coronavirus, en varios despachos de la Casa Rosada han empezado a trabajar en planes y proyectos que tienen que ver directamente con la frase tal vez más repetida durante estas horas por los funcionarios: la llegada de la “pospandemia”.
“El presidente no ha pedido la cabeza da nadie, lo que ha pedido es que se ajusten las marcas para no volver a cometer errores que se pueden evitar con una más rigurosa disciplina”.
Hace poco más de dos semanas, unos días antes de que se dispusiera a poner en marcha la fase 4 de la cuarentena a partir del 10 de mayo, el presidente Alberto Fernández mantuvo una de sus reuniones habituales con el equipo médico de expertos que lo asiste desde que llegó a estas playas la pandemia del coronavirus.
El presidente Alberto Fernández viajará este jueves por unas horas a la ciudad de Córdoba para visitar la empresa que fábrica respiradores artificiales y una planta automotriz reactivada desde este lunes merced a las medidas especiales que reclama la lucha contra la pandemia de coronavirus.
Algunas luces de alarma se han encendido en el Gobierno. Ocurre en torno a una situación absolutamente paradojal: mientras el pasado fin de semana se decidió flexibilizar la cuarentena y abrir cada vez más la actividad económica paralizada desde hace 50 días, empezaron a crecer los casos de contagios y fallecimientos en distritos y comprometidos como la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense.
El presidente Alberto Fernández sorprendió el lunes por la noche con la firma de un nuevo DNU, que le otorga al jefe de gabinete Santiago Cafiero reales superpoderes para modificar todas las partidas del Presupuesto, y no algunas como tiene fijado por medio de la ley de Emergencia Financiera. Lo que equivale en buen romance a ignorar en todos los planos al Congreso a la hora de las famosas reasignaciones de fondos de un área a otra.
El manejo de la pandemia de coronavirus le ha servido al presidente Alberto Fernández, a modo de primera conclusión de los esfuerzos que realiza desde que asumió para construir un mandato con poderes propios y no delegados, como la verdadera oportunidad que existe detrás de toda crisis.
Si bien en todos los casos desde que se desato la pandemia de coronavirus la última palabra la tiene el presidente Alberto Fernández, en la tarde del lunes eran varias las voces en la Casa Rosada que coincidían en un dato que por ahora se maneja de manera extraoficial.
“La peor semana, lo sacaron de foco”. Así resumía el viernes un vocero habitual de la Casa Rosada lo que para muchos en el Gobierno -y en general, según la mirada de analistas y observadores- fue la peor semana que le toco atravesar a Alberto Fernández desde que estalló la crisis por la pandemia de coronavirus.
El presidente Alberto Fernández mantiene “la misma sintonía de colaboración” con los cuatro gobernadores que el domingo parecieron patear el tablero de la relación hasta ahora armoniosa que venían manteniendo con el gobierno central en el manejo general de la lucha contra la pandemia del coronavirus.

