Internacionales

 

La pandemia de coronavirus y el confinamiento dejan al descubierto los esquemas de inmigración y trabajo irregular en los que son estafados cientos de ciudadanos de Cuba en Moscú.

Unas rústicas cortinas, hilvanadas de una colcha azul, dan algo de intimidad a Josué Pérez. Tras ese pedazo de tela se han ido disipando los sueños de este joven cubano de cuerpo nudoso: conseguir un trabajo en Moscú, vivir en un pisito compartido con un par de compañeros, mandar dinero a la familia en la Isla.

Cuando salió de La Habana en enero, con la promesa de un compatriota de que, previo pago, le ayudaría a establecerse en la capital rusa, no pensó que su futuro era esa litera en un apartamento que comparte con otros nueve cubanos, en una de las colmenas de los suburbios moscovitas.

Las esperanzas por las que desembolsó 2.000 dólares se han evaporado; igual que aquel compatriota. La obra en la que empezó a trabajar de manera informal y donde recibía unos cuantos rublos de pascuas a ramos se ha suspendido por el coronavirus. Sin trabajo no hay alojamiento gratis; y el día de pagar la litera se acerca. “Vine a Rusia a buscar una vida mejor y al final me van a tener que mandar dinero de Cuba”, dice, “¡de Cuba!”.

Cada año, unos 25.000 cubanos entran en Rusia como turistas, según datos de la Guardia Fronteriza rusa. Gracias al acuerdo entre Moscú y La Habana, aliados históricos, no necesitan visado y pueden permanecer en el país euroasiático hasta 90 días; solo visitando, sin trabajar. Muchos, como Josué Pérez, llegaron para quedarse.

Otros, pagaron entre 5.000 y 7.000 dólares por cabeza a las mafias de tráfico de personas por el billete hasta Moscú y los papeles que en teoría les permitirían seguir hasta España o Italia; documentos que nunca llegan porque Rusia no está en el espacio Schengen y no se puede cruzar de manera legal.

Ahora, con la ciudad confinada y en hibernación económica, la pandemia de coronavirus ha revelado las grietas de estos esquemas de inmigración y empleo irregular en los que muchos cubanos terminan explotados a manos de mafias cuyos tentáculos llegan de Moscú a La Habana; y vuelta.

Yunior Castro y Antonio pagaron 1.500 dólares a un intermediario al que ya conocían de oídas por otros cubanos. Ese dinero les daría derecho al billete de ida La Habana-Moscú, alojamiento el primer mes y empleo en la construcción. “Te dicen que las plazas de trabajo se compran y que luego ya vas cobrando mes a mes”, explica Castro, de la Isla de la Juventud, que aterrizó en la capital rusa en diciembre. Allá trabajaba en la lavandería de un resort.

En Moscú ha compartido obra con Antonio y sus otros cinco compañeros de piso. Doce horas al día levantando un edificio de oficinas. Sin librar, aseguran en una de las dos habitaciones, la más amplia, que pese a las camas usan también como sala de estar. “Escogemos Rusia por la facilidad para llegar, sin saber a qué nos exponemos aquí, la vulnerabilidad de no conocer el idioma, las costumbres, la explotación”, se lamenta con las manos en los bolsillos Antonio (que prefiere no detallar su apellido), hasta hace poco, informático en una fábrica de cerámica blanca de Holguín.

La pauta se repite una y otra vez. Comprar un vuelo a Moscú es más caro desde la isla, así que muchos recurren a algún intermediario que les envía el pasaje desde fuera, y que por algo más de dinero les promete alojamiento, trabajo y resolver los trámites burocráticos.

Ese intermediario, generalmente cubano, proporciona mano de obra barata a contratistas informales rusos, armenios, azerbaiyanos o serbios que nutren de personal a obras por toda la capital. Siempre sin contrato, sin seguridad y sin garantía de cobro. Si todo va según lo pactado, el trabajador recibe su salario —que suele rondar el equivalente a unos 300 euros mensuales— de manos del intermediario, que se queda una comisión de lo que ya probablemente es un sueldo mermado.

“Ese sistema se ha utilizado desde hace mucho con ciudadanos de Asia Central, como Kirguistán, Tayikistán o Uzbekistán; ahora enrolan a cubanos porque son más vulnerables, no saben ruso, no conocen el sistema y tienen menos redes de apoyo.

Muchos aspiran a quedarse con la esperanza o la promesa vacía de que tarde o temprano se podrán regularizar. Otros, tratan de recabar el dinero que les falta para pagar los supuestos documentos para viajar a Europa; algunos consiguen salir a Serbia y ahí se quedan, esperando”, explica Williams Herrera, abogado ya retirado que presta asistencia jurídica gratuita a algunos compatriotas.

Las autoridades cubanas conocen el problema. El cónsul de Cuba en Moscú, Eduardo Escandell, afirma que en ocasiones han asistido, tratando de localizar ayuda legal, a algunos que decidieron denunciar la explotación laboral. No es frecuente, reconoce Mario Carrazana, consultor jurídico cubano establecido en Rusia. La mayoría tiene miedo a las represalias o a la deportación. Así que callan y se buscan otra cosa. Y vuelta a empezar.

Madelaine de la Caridad encontró trabajo en la limpieza de supermercados. En Cuba era enfermera y decidió vender lo poco que tenía y salir de la isla con su hija, Shabely, de 15 años. Compró el billete por su cuenta, pero el piso en el que iba a vivir lo encontró por un intermediario que, como muchos otros, se dedican al realquilar para cubanos por todo Moscú. Cuando llegaron allí, lo que debía ser un apartamento para las dos era en realidad una cama compartida en un piso con diez hombres.

“Salí de allí rápido, estar con gente desconocida, con la niña”, cuenta. Terminó compartiendo un piso de tres espacios más cocina con su amiga Yuris Lady y otras ocho personas. Todos se dedican a la limpieza, explica Marco Antonio Herrera, uno de los veteranos.

Empleos de 12 horas al día, todos los días de la semana, por unos 25.000 rublos (300 euros); un poco más del salario mínimo legal en la capital (20.000 rublos), pero por muchas más horas que lo que marca la normativa. “Y eso cuando los cobramos…”, dice su compañera Clara Elsi Felipe en el recibidor de paredes amarillas en el que destaca un brillante póster con la imagen de un lago.

Acceder a esos empleos no es gratis. Para poder trabajar deben pagar a un intermediario 3.000 rublos (37 euros), según distintas conversaciones online que ha podido leer este diario. Y otros 3.000 de “multa” cada vez que se ausentan un día. En ocasiones, el pacto incluye que el primer mes es “de prueba” y no se retribuye. El esquema es muy similar al de las mafias de la construcción, y los abusos son constantes, expone el abogado Carrazana.

Los mercados de Liublinó o Sadovod, al sureste de Moscú, ahora cerrados a cal y canto por la pandemia y en otro momento muy frecuentados por la comunidad cubana, son un hervidero de ‘intermediarios’ o agentes que tratan de captar mano de obra barata. Casi todos saben que si se busca trabajo, basta dejarse caer por ahí. Aunque la mayoría también son conscientes de que el salario no siempre llega.

“Lo que nos sucede es una estafa. Tienes una idea, sabes que a la gente la engañan pero piensas que a ti no te va a pasar”, comenta Josué Pérez, desolado. “En Cuba yo me dedicaba a la gastronomía turística, las cosas ya estaban muy mal y ahora con el virus irán peor, pero si todo sigue así habrá que buscar la vía para volverse. Allá no te llenas el estómago, pero no te mueres de hambre, siempre hay un vecino que te da un pan, una taza de arroz; esto es distinto”, dice.

Para Madelaine Castillo y su esposo Leodón, regresar a la isla no es una opción. Vendieron la casita que tenían cerca de La Habana para viajar a Rusia, y ahora el parón laboral y el confinamiento ha devorado los pocos ahorros de los que disponían tras pagar a un intermediario los pasajes de todos y los supuestos trámites. Llegaron en noviembre con la madre de ella, Nilda Paula, y sus dos hijos, Paula, de 12 años, y Pedro, de tres. Desde entonces, la niña está sin escolarizar. “Sin papeles y sin saber ruso, cómo hacerle”, se pregunta Castillo.

Hasta que apareció el coronavirus y el zarpazo de realidad, los críos se quedaban con la abuela, y Leodón y Madelaine salían a trabajar en la misma obra. Él, en la construcción. Ella, en la limpieza, hasta que el embarazo se lo impidió; está de siete meses y hace ya muchas semanas que no ha tenido seguimiento prenatal.

“Del sueldo ni hablamos”, remarca Leodón. Ahora, sin ingresos, no hay para pagar el alquiler y están tirando de la cesta de productos básicos que una fundación musulmana —Dom Dobroty— ha repartido entre personas que, como ellos, viven en situación de extrema necesidad. “Es un dolor saber que mañana quizá los niños no tengan para comer”, se lamenta Castillo.

Varadas en Moscú, sin dinero y sin medicación

En la cabeza de Yenifer León, el plan no tenía fisuras: viajar a Moscú, trabajar unas semanas, comprar mercancía barata y venderla con un margen de beneficio a la vuelta en Cuba. Pero llegó el coronavirus, el aumento de contagios, los cierres de fronteras.

Y todos esos planes se fueron al traste. Ahora está varada en la capital rusa, sin recursos y sin una fecha concreta de vuelta. “Y mi contador corre”, remarca. León, de 30 años, es seropositiva, y los retrovirales que toma desde hace 11 años y que trajo a Moscú ya se le han terminado.

“Esto es un problema grave”, se lamenta atusándose el turbante blanco. Sentadas a su lado en una de las camas del piso que comparten, asienten Yoandra Agüero y Natalie Fonseca, que como ella afrontan la doble discriminación de ser trans y tener VIH.

Llegar de compras a Rusia no es extraño. Muchos cubanos viajan a Moscú desde La Habana aprovechando que no precisan visado y que pueden entrar de vuelta a la isla con 120 kilos de productos por cabeza al año. Así que, en torno a un par de mercados al por mayor de la capital rusa se ha creado toda una infraestructura para ese negocio. Gran parte de los 25.000 cubanos que llegan como turistas a Rusia se llevan material para comercializar.

En los puestos de esos grandes bazares muchos precios están ya en español. Hay hotelitos, hostales y apartamentos para esos viajes de compras. Piezas de coches soviéticos —como los Lada o los Moscovich, que todavía abundan en la isla y para los que allí se hace difícil tener repuestos o son caros—, zapatos, electrodomésticos, ropa. Compran en Rusia, venden en Cuba. Son lo que muchos en la isla llaman “pacotilleros”. Aunque también abundan las “mulas”, personas que a cambio del billete de vuelta o de una pequeña cantidad llevan las alforjas llenas.

La idea de León era trabajar durante un par de meses en Moscú y comprar unas cuantas cosas con esos ingresos. Es la segunda vez que viaja a Rusia. La primera hace un par de años vino con ahorros y le salió bien, cuenta. “Ahora me habían prometido un trabajo en la recogida de manzanas que luego no fue verdad, qué ilusa”, se lamenta León, que trabajó durante años como profesora hasta que lo dejó por el turismo.

Para Fonseca es su primera vez. No solo en Rusia, sino fuera de casa. Tiene 22 años y hace mucho que dejó de estudiar. Cuenta que sus compañeros la acosaban por ser trans. “A mis padres les costó, pero terminaron por aceptar que me viniera un par de meses”, cuenta.

Ambas son de Matanzas. Se conocían de vista y terminaron por coincidir en ese pequeño apartamento moscovita, infestado de cucarachas que suben por las paredes y las puertas, sin temor a las personas.

“No te creas que todo el mundo alquila a mujeres trans”, dice Viki Fonseca, otra de las jóvenes, que a diferencia de sus compañeras quiere buscar a toda costa una solución para no tener que volver a la isla. En la casa viven en total seis personas más. Pagaban 10.000 rublos (120 euros) por cabeza por dormir en una litera o compartir una de las dos camas. Ahora, sin medios, se lo han rebajado a 5.000. “Y aun así vivimos ahogadas por el miedo a no tener cómo pagar”, dice Natalie Almansa.

Amigos y familiares les han enviado algo de dinero. La Fundación SPID (centro sida, en ruso) ha podido suministrarles los fármacos antirretrovirales para una semana a cada una, pero el tiempo pasa y el miedo sigue ahí.

Amet Miguel Calderín cuenta que ha arriesgado mucho para viajar a Moscú. Este ingeniero montó un negocio de comidas en Cienfuegos y había viajado a la capital rusa con todos sus ahorros para comprar cosas para su establecimiento. Tenía que volver este domingo, pero los vuelos están suspendidos y el dinero que tanto tiempo le costó reunir, se agota.

“Esta es una situación extraordinaria y alguien debería darnos una respuesta, pero no es así y estamos aquí tirados, dejados a nuestra suerte”, se duele Calderín, que vive de momento en un piso del sur de Moscú con otros compatriotas.

El cónsul Escandell afirma que presta información y asesoramiento a los ciudadanos que se ponen en contacto con la legación diplomática. Ahora, tratan de estimar cuántos ciudadanos están en la situación de León, Fonseca o Calderín, por si se da la posibilidad de coordinar con las autoridades rusas un vuelo de retorno, como se ha hecho desde otros países.

María Sahuquillo

 

Mientras el ministro de Sanidad, Nelson Teich, hablaba sobre la curva ascendente de la enfermedad, el presidente subrayó, sin sustento, que los fallecidos “no son de ahora”.

El Ministerio de Salud divulgó este miércoles datos sombríos sobre el avance de la pandemia del coronavirus en Brasil, que ha superado a China en número de víctimas mortales por la enfermedad, con más de 5.000. En las últimas 24 horas el país ha sumado 474 nuevas muertes a su contabilidad oficial, cifra récord de fallecimientos en un único día y que llevó al nuevo titular de la cartera, Nelson Teich, a declarar que hay "la situación se ha agravado”.

“Es un número que viene creciendo (...) y tenemos que encararlo como un agravamiento de la situación”, afirmó. De acuerdo con Teich, “la curva [de contagios y decesos] está aumentando”. Mientras el ministro hablaba con la prensa, el presidente Jair Bolsonaro, un negacionista de la crisis, evitaba responder sobre la escalada: "¿Y qué? Lo lamento. ¿Qué quieres que haga? (...) Soy Mesías, pero no hago milagros”, dijo, refiriéndose a su segundo nombre: Messias.

Según el balance más reciente, Brasil tiene 71.886 casos de la covid-19, 5.385 de ellos en un solo día. Si bien el ministro Teich descartó la hipótesis de que el aumento récord en el número de fallecidos hubiera sido consecuencia de casos antiguos acumulados y no comprobados, Bolsonaro le contradijo al afirmar, sin pruebas, que los muertos “no son de ahora”.

El mandatario se solidarizó con los familiares de las víctimas, pero siguió minimizando su papel en la crisis: “La vida es así. Mañana seré yo”, dijo en una conversación retransmitida en su página de Facebook, entre aplausos de simpatizantes.

En sus breves declaraciones a los medios, el equipo de Sanidad del Gobierno achacó el empeoramiento de la situación al aumento de casos en regiones específicas, donde el escenario es de “mayor dificultad”, dijo Teich.

El ministro no relaciona la relajación del aislamiento social en algunas ciudades que se ha visto los últimos días con el repunte en las cifras de fallecimientos y contagios. Según aseguró los puntos críticos se concentran en São Paulo, que lidera el número de muertes y contagios en el país, Manaos, Recife y Río de Janeiro.

“São Paulo puede tener una intensidad [mayor en el número de casos] las próximas semanas en la región metropolitana”, aseguró Wanderson Oliveira, secretario de Vigilancia Sanitaria. Oliveira también señaló la estación más fría del año también como un factor de empeoramiento en las cifras del coronavirus en el país.

“Brasil tiene una estacionalidad de enfermedades respiratorias en otoño y en invierno. Estamos en otoño. Y no es solo el coronavirus, también es la influenza y otras enfermedades”, dijo. “Es importante que todos refuercen las medidas de protección”.

Gil Alessi/Marina Rossi

 

La oposición al gobierno la llama «fase uno y medio» porque en su opinión la apertura debió ser más amplia y rápida


Una polémica sin fin han creado las nuevas medidas para la desescalada del confinamiento anunciadas por el primer ministro, Giuseppe Conte, en la noche del domingo. La fase 2 que comienza el 4 de mayo será una disminución gradual y con mucha cautela de las draconianas medidas vigentes. La oposición al gobierno la llama «fase uno y medio» porque en su opinión la apertura debió ser más amplia y rápida.

El gobierno ha reducido las medidas drásticas no porque las condiciones sanitarias permitan una vuelta a la normalidad, sino por el temor a que fueran demasiado pesadas para el país y la economía.

Así lo ha reconocido el profesor Gianni Rezza, director del Departamento de Enfermedades Infecciosas del Instituto Superior de Sanidad y asesor del gobierno: «Un país no aguanta una reclusión completa durante más de un par de meses, pero desde el punto de vista sanitario hay una cierta preocupación; yo estoy preocupado».

Conte se ha inclinado, en general, por la línea recomendada por los científicos partidarios del rigor. Por seguir esa línea de prudencia, las escuelas seguirán cerradas, lo que supone «una herida para todos», dijo el presidente italiano Mattarella.

«De la escuela se hablará en septiembre, e incluso sobre ese mes no hay certezas», dijo el presidente del Instituto Superior de Sanidad, Silvio Brusaferro. En diversos sectores empresariales y comerciales ha disgustado el calendario del gobierno porque deseaban una desescalada más rápida. Muy dura ha sido la protesta de los obispos porque pedían que se pudiera celebrar misas, pero solo se permiten los funerales.

Cuatro motivos

Durante casi otro mes la vida de los italianos no cambiará mucho. Solo se permite el desplazamiento dentro de la región. Es obligatoria la autocertificación en un folio para justificar el motivo del desplazamiento por uno de estos cuatro motivos: trabajo, salud, estado de necesidad y visita a familiares. Las personas que no tienen una familia tradicional pusieron ayer el grito en el cielo, y han logrado que se permitan también las visitas entre personas con «afectos estables».

Hasta ahora solo era posible hacer paseos o trotar en la proximidad del domicilio. A partir del 4 de mayo se podrá hacer en toda la ciudad. Será necesario estar siempre solo o mantener la distancia de seguridad. Es posible realizar actividad física con niños o caminar con personas que no son autosuficientes. Se abrirán los parques, pero habrá controles y con límite de personas.

Los atletas profesionales y aficionados pueden reanudar el entrenamiento a puerta cerrada y de forma individual. A partir del día 18, pueden entrenarse los atletas de deportes de equipo. Pero queda en el aire la reanudación del campeonato de fútbol.

Reabren el 18 de mayo los museos, exposiciones, bibliotecas y lugares culturales

También se iniciarán las actividades productivas, comenzando en empresas manufactureras especialmente las dedicadas a la exportación como la moda, constructoras y el comercio al por mayor que surte estos sectores. Solo algunas empresas que ya estaban preparadas reiniciaron ayer su actividad.

Reabren el 18 de mayo los museos, exposiciones, bibliotecas y lugares culturales donde sea posible organizar la visita con distanciamiento social. Bares y restaurantes, peluquerías, centros de estética y de masajes tendrán que esperar hasta el 1 de junio, aunque se les permitirá vender comida para consumir exclusivamente en la casa.

No hay fechas para la apertura de teatros, cines, discotecas y gimnasios. Y las mascarillas son obligatorias en lugares cerrados con público y en transporte público. Pero no son obligatorias para niños menores de seis años.

Ángel Gómez Fuentes

 

El Gobierno surcoreano vuelve a desmentir que tenga problemas de salud, como se especula por su desaparición desde el día 11.


Tenemos los medios más ganas de «matar» a Kim Jong-un que Trump. Debido a su ausencia pública desde el día 11, se han disparado las especulaciones sobre su estado de salud, que además han ido en aumentando. De haber sufrido una operación en el corazón, como informó en un principio el portal especializado Daily NK, pasó a estar en «grave peligro», según la CNN, y luego a quedar en estado vegetal o incluso morir, como divulgaron el fin de semana otros medios sin fuentes fiables.

Pero Estados Unidos y Corea del Sur llevan días desmintiendo estos rumores. Ayer, el viceportavoz del Ministerio para la Unificación surcoreano, Cho Hey-sil, volvió a repetirlo ante la Prensa. «No tenemos nada que confirmar en relación con las especulaciones sobre la salud del líder Kim Jong-un. Sin embargo, nuestra posición de que no hay ninguna actividad inusual actualmente en Corea del Norte, como ya anunció el Consejo de Seguridad Nacional, sigue en efecto en este momento», señaló, según recoge la agencia estatal de noticias Yonhap.

En medio de estas conjeturas, la Prensa estatal norcoreana difundió ayer un par de mensajes a modo de prueba de vida de Kim Jong-un, pero sin ofrecer imágenes suyas. Por un lado, el principal periódico del país y altavoz del régimen comunista,

“Rodong Sinmun”, publicó que el joven dictador había enviado una carta de agradecimiento a los trabajadores que construyen la zona turística de Wonsan-Kalma, el enclave de la costa donde al parecer se encuentra. En dicho lugar, Kim ha ordenado levantar un complejo de ocio para el que incluso buscó inspiración en Marina d´Or, y que persigue atraer visitantes extranjeros que acudan de vacaciones al país más hermético y aislado del mundo.

Además, la agencia de noticias KCNA difundió luego la carta de felicitación que había enviado al presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, con motivo de su fiesta nacional.

«En las jornadas alrededor del Día de la Libertad, la fiesta nacional de su pueblo, le mando mi enhorabuena de corazón en nombre de la República Democrática Popular de Corea», rezaba el telegrama. Durante los últimos días, la propaganda del régimen ha divulgado mensajes similares, pero sin mostrar imágenes del joven dictador ni de sus habituales «inspecciones del terreno», que ocupan siempre las portadas de los periódicos y abren los informativos.

Como su tren personal ha sido localizado a través de imágenes por satélite en la ciudad costera de Wonsan, se sospecha que Kim Jong-un se encuentra allí. Y, aunque no se sabe qué, se sospecha que algo le ocurre porque en las tres últimas semanas se ha perdido dos aniversarios importantes. Uno fue el «Día del Sol», que conmemoró el 15 de abril el nacimiento de su abuelo y fundador del país, y otro fue la celebración el sábado de la creación del Ejército.

Además, la agencia Reuters ha informado de que China ha enviado un equipo médico para atenderle. Lo que no se sabe es si está recuperándose de alguna operación o si ha salido de Pyongyang para ponerse a salvo del coronavirus, del que Corea del Norte no ha informado de ningún caso. Obeso y fumador compulsivo, Kim Jong-un es población de riesgo no solo de esta epidemia, sino de muchas otras enfermedades y amenazas.

Pablo M. Díez

 

Bernie Sanders contaba con usar los delegados ganados en ese Estado para forzar su programa progresista en la Convención de agosto.

Lo que parecía que fluía como una relación de unidad idílica dentro del Partido Demócrata de cara a la nominación para enfrentar al presidente Donald Trump tiene ya sus primeras fisuras.

El excandidato a la nominación demócrata Bernie Sanders ha dejado saber a través de un correo electrónico a sus seguidores, escrito por su asesor Jeff Weaver, que la decisión de la junta electoral de Nueva York de cancelar las primarias en ese Estado por considerarlas “innecesarias” y ante el posible riesgo de expansión del coronavirus es “una atrocidad” y supone “un golpe a la democracia americana”.

Las primarias en el Estado de Nueva York estaban previstas para el 23 de junio y hay 274 delegados en juego, que ahora serán con toda probabilidad para Joe Biden.

Sanders abandonaba este mes de abril la carrera por la nominación y el único contendiente en juego es ya el exvicepresidente Joe Biden, quien es el presunto nominado para enfrentarse a Donald Trump en las presidenciales del 3 de noviembre. Incluso el senador de Vermont dio su apoyo a la candidatura de Biden.

Sin embargo, para la campaña de Sanders era importante que las primarias de Nueva York se llevaran a cabo, ya que un buen resultado le daría una mayor suma de delegados que podría utilizar para imponer parte de su programa, mucho más progresista que el del exvicepresidente de Barack Obama, en la Convención Demócrata que en principio está previsto que se celebre en Milwaukee (Wisconsin) entre el 17 y el 20 de agosto.

En la misiva dirigida a los seguidores, Weaver hace notar que “justo la semana pasada el vicepresidente Biden advertía al pueblo americano de que el presidente Trump podría intentar usar la actual crisis como una excusa para posponer los comicios de noviembre”. A continuación escribe: “Bien, ahora tiene [Trump] un precedente gracias al Estado de Nueva York”.

Sanders ha pedido, sin éxito, que se le mantuviera en las papeletas y que se celebrasen los comicios “por el interés de unir al partido” y porque su retirada se produjo una vez que ya se había inscrito para participar en las primarias neoyorquinas. Sanders señala, además, que después de haber apoyado a Biden (el pasado 8 de abril) ha expresado varias veces su voluntad de permanecer en las papeletas y recolectar delegados.

La junta electoral ha admitido que ha recibido numerosos correos electrónicos y llamadas de seguidores de Sanders quejándose por la decisión y pidiendo que se mantuviera el voto entre ambos candidatos. En Twitter, muchos seguidores de Sanders especulaban con la idea de que el movimiento se había hecho para perjudicar a quien se define como un socialista democrático, demasiado escorado a la izquierda para un aparato del Partido Demócrata con preferencias por el establishment y el status quo.

Jay Jacobs, presidente del Partido Demócrata en Nueva York, ha calificado la decisión de “un error” que podría dividir al partido. La congresista neoyorquina Alexandria Ocasio-Cortez dejaba clara su opinión vía Twitter, escribiendo que daba igual “a quien se apoyara” pero que era “extremadamente peligroso” que Nueva York estableciera el precedente de cancelar las primarias citando como causa la covid-19”. “Las papeletas ya están y ningún candidato ha pedido que esto suceda [la suspensión de las elecciones].”.

Nueva York es el primer Estado que suspende sus votaciones, aunque otros han pospuesto la cita o han animado a los electores a que voten por correo para evitar la expansión del virus.

A comienzos de este mes el Partido Demócrata decidió atrasar más de un mes la convención nacional en la que nominará formalmente a su candidato presidencial para las elecciones de noviembre en Estados Unidos, debido a la “incertidumbre” generada por la pandemia del coronavirus.

Yolanda Monge

 

El ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes, uno de los funcionarios más alineados con el presidente Jair Bolsonaro, habló sobre las consecuencias de la pandemia del coronavirus y se distanció del gobierno argentino, horas después de que el mandatario Alberto Fernández anunciara que suspende algunas negociaciones con el Mercosur en medio de la crisis.

"No seremos Argentina ni Venezuela, estamos en otro camino, el camino de la prosperidad, no en el camino de la desesperación", afirmó Guedes durante la reunión en el gubernamental Palacio de la Alvorada. Asimismo destacó que Brasil "va a sorprender al mundo con la recuperación económica".

Las declaraciones del funcionario y las fotos que circularon de Bolsonaro rodeado de sus ministros son un gesto de fortaleza tras la polémica renuncia del superministro de Justicia y Seguridad, Sérgio Moro, quien el viernes salió del gabinete y acusó al presidente de cambiar al jefe de la Policía Federal, organismo dependiente de Justicia, para frenar investigación que involucran a sus hijos.


 

Santiago emitió una queja formal por la "injerencia" del presidente argentino en los asuntos internos de Chile.

Un llamado de Alberto Fernández a unir a la oposición chilena reavivó la tensión bilateral con el gobierno de Sebastián Piñera, que convocó al representante argentino en Chile para expresarle el malestar por la "injerencia" del presidente en los asuntos locales.

Se trata de un nuevo episodio de los cortocircuitos con Piñera, luego de que semanas atrás Alberto sugiriera que la estrategia argentina para enfrentar al coronavirus era más exitosa que la chilena. El gobierno trasandino evitó entonces una respuesta formal, pero un funcionario hizo trascender un informe interno que rebatía los argumentos de Fernández. En un gesto de distensión, Piñera hizo conocer su fastidio con el funcionario que dio a conocer el informe.

Piñera furioso con la filtración de un informe de su gobierno que generó un conflicto diplomático con Argentina

En esta oportunidad, la Cancillería chilena citó al encargado de negocios argentino, Carlos Mascías, quien está a cargo de la embajada hasta la asunción de Rafael Bielsa, para expresarle su malestar por los comentarios de Fernández durante una videoconferencia con políticos opositores chilenos

El presidente argentino sostuvo el sábado un encuentro virtual con miembros del Grupo de Puebla, el foro con dirigentes progresistas de América Latina que promueve el ex candidato presidencial chileno Marco Enríquez-Ominami, amigo de Fernández y una especie de asesor sin cargo en temas internacionales.

En la reunión, Alberto alentó a los dirigentes opositores a unirse y superar sus diferencias "para recuperar el poder en favor de los chilenos". "Lo que le hace falta a Chile es que vuelvan a unirse", remarcó, en referencia a las divisiones de la izquierda chilena que facilitaron el regreso al poder de Piñera. "Quiero que ocurra en Chile como ocurrió en Argentina y quiero que ocurra en todos lados de América Latina para que todos volvamos a tener la tranquilidad de poder gobernar en favor de la gente y no en contra de la gente", agregó.

En la teleconferencia hubo representantes del sector de la ex presidenta Michelle Bachelet y de los sectores más duros de la izquierda que se alejaron de la Concertacion, como el propio Enríquez-Ominami y la ex líder estudiantil Camila Vallejos. También estuvieron, entre otros, el ex titular de la OEA, José Miguel Insulza, y el ex candidato presidencial Alejandro Guillier.

Ante esto el Ministerio de Relaciones Exteriores citó a Mascías para expresarle "la profunda extrañeza" del gobierno de Piñera por los comentarios de Alberto. Esos dichos, sostuvieron en un comunicado, "constituyen una injerencia en los asuntos internos de Chile".

"Tales afirmaciones no facilitan ni contribuyen a continuar avanzando en una agenda bilateral que ha sido fructífera y que se ha desarrollado bajo diversos gobiernos en los dos países", advierte el gobierno trasandino.

"Chile mantiene su disposición a continuar trabajando por intereses comunes en el marco de un diálogo positivo y respetuoso entre ambos países", finaliza la nota.


 

La falta de libertad de prensa impidió a los médicos de Wuhan denunciar los primeros casos de neumonía que se registraban en los hospitales.

Con los cadáveres desbordando las morgues italianas, muchas voces comenzaron a cuestionar las cifras oficiales de muertos proporcionadas por China, entretenida en ceñirse una diadema de laureles por la supuesta eficacia con la que había gestionado la pandemia de la Covid-19, como si el régimen hubiera demostrado la ventaja del autoritarismo para enfrentarse a un enemigo silencioso y letal. Publicado a finales de marzo, un informe de Reporteros Sin Fronteras (RSF) arruinó esa ilusión.

El Politburó de Pekín, que ahora impone su censura combinando la tecnología más minuciosa con la retórica engolada del siglo pasado, impidió que el brote se contuviera a tiempo. Por la ausencia de medios de comunicación libres, los médicos de Wuhan no pudieron alertar sobre los casos de neumonía que se sucedían en los hospitales. Con 60 infectados en diciembre, el mercado de Hunan no cerró hasta el 1 de enero, a pesar de que había sido frecuentado por muchos de los pacientes. Vigiladas por una lupa roja, las redes sociales tampoco pudieron frenar la tragedia, porque sus publicaciones desaparecen cuando incomodan a las autoridades.

«Sobre China, no hay información fidedigna porque no hay prensa libre», denuncia Alfonso Armada (Vigo, 1958), presidente de la sección española de RSF, en una conversación mantenida por teléfono. «Antes de la pandemia, ya era un objetivo estratégico para nosotros, porque está marcando pautas muy preocupantes, con la persecución de la minoría uigur, el establecimiento de 200 millones de cámaras de seguridad, el uso del sistema de reconocimiento facial y el cruce de datos. El Estado posee un retrato de cada individuo», añade.

Mejor con democracia

El pasado martes, RSF, que presentó su clasificación anual de la libertad de prensa, donde ordena los países del mundo en función del respeto que profesan por ese derecho, recordó que la censura no tiene nada que ver con la eficacia. De los 180 casos que recoge la lista, China ocupa el puesto 177, seguida por Eritrea (178), Turkmenistán (179) y Corea del Corte (180), una cohorte que suele figurar en los cajones negros de las organizaciones que defienden los derechos humanos.

En todos los casos, la falta de transparencia ha sido la tónica general en su lucha contra el virus. Con mejor puntuación, Corea del Sur (42) o Taiwán (43), que han conseguido frenar con éxito la propagación de las infecciones, son ejemplos de que los líderes de las democracias, imperfectos pero sometidos a las urnas y a la vigilancia de los medios de comunicación, cumplen sus funciones con más eficacia que los de un sistema autoritario.

«En Corea del Sur se han celebrado elecciones, y el partido gobernante ha ganado con mayoría absoluta, por la forma tan inteligente y eficaz de gestionar la pandemia», recuerda Armada. «En China, la reacción inmediata fue castigar a los médicos que habían difundido información», contrasta. La crítica no entorpece la labor de las instituciones, sino que expurga sus torpezas.

Riesgo en la UE

En su libro sobre Haile Selassie, el reportero polaco Ryszard Kapuscinski cuenta que el último emperador de Etiopía nunca ponía nada por escrito, limitándose a memorizar la información que consideraba de su interés. Era una manera de protegerse, porque lo que no queda registrado parece que no ha sucedido.

En estos días de pandemia, silenciar a la prensa cumple un propósito similar. Sin información, los errores políticos en la gestión de esta crisis no podrán ser denunciados. Reducidas a un número diario, las víctimas se perderán en un montón de estadísticas, donde no figura ni un nombre ni la historia que guarda su paso por el mundo.

La tentación de la censura no seduce solo a China. En la Unión Europea, RSF advierte de la peligrosa deriva autoritaria de varios países. En Hungría (83), el primer ministro, Víktor Orbán, ha logrado establecer el estado de emergencia de manera indefinida, pudiendo castigar con hasta cinco años de cárcel a los autores de las noticias que el Gobierno considere inoportunas.

En Polonia (62), las coacciones contra el Poder Judicial y la prensa no son infrecuentes. Sin mirar tan lejos, España (29) tampoco puede presumir de haber sido impecable. Durante semanas, las preguntas en las ruedas de prensa del presidente, Pedro Sánchez, pasaron por el filtro del secretario de Estado de Comunicación, hasta que un manifiesto cuestionó la pertinencia de esa práctica.

El pasado miércoles, el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), realizado con la intención de medir el pulso a la sociedad ante la crisis, preguntaba a los ciudadanos si consideraban oportuno limitar la libertad de prensa para frenar la multiplicación de bulos, lo que provocó bastante indignación.

«Lo del CIS nos pareció penoso, una formulación absurda. Fue una medida poco afortunada. Queremos pensar que no fue un globo sonda ni forma parte de una estrategia del Gobierno para recortar la libertad de prensa», lamenta Armada, que también señala que la militancia sociliasta del director del Centro, José Félix Tezanos, no parece la mejor garantía para la independencia de su trabajo.

Por eso, desde RSF se proponen impedir que quede dañada la circulación de información independendiente, a pesar de que el desconocimiento sobre las cifras reales de víctimas o la anulación del Portal de Transparencia sean dos pequeñas derrotas para el oficio.

Silvia Nieto

 

Un grupo en Facebook, con casi 50.000 personas, con gran repercusión nacional e internacional, se constituye como parte civil contra las autoridades responsables de los errores de la tragedia.

«Queremos justicia». Este es el grito que hoy expresan con rabia infinita miles de italianos ante la tragedia del coronavirus. La curva de la difusión de la pandemia desciende, pero crece la ira de los familiares de los muertos. Las cifras oficiales indican que son más de 26.000 los fallecidos, pero habría que añadir otros 10.000, según un estudio interdisciplinar de científicos hecho público en esta semana. Los familiares quieren saber la verdad: Por qué ha habido tantos errores en la gestión de la Covid-19 y cuáles se podrían haber evitado.

La máquina para descubrir la verdad se ha puesto en marcha. Toda Italia piensa hoy en cómo será la fase 2, la disminución de las draconianas medidas para impedir la difusión del coronavirus. Pero al mismo tiempo se comienza ya a perfilar la que, que según el periódico digital Linkiesta, podría ser «la fase de la criminalización del contagio», es decir, «la pandemia se convertirá en un gran juicio colectivo».

La máquina ya la ha puesto en marcha la fiscalía de Bérgamo (Lombardía). La magistrada María Cristina Rota ha abierto una investigación por «epidemia culposa», es decir, por considerar que pueden haberse realizado actos u omisiones por imprudencia o negligencia. Otras fiscalías están investigando qué pudo suceder en algunas residencias de ancianos donde hubo muertes por coronavirus, en las que hubo errores y denuncias de familiares.

Investigación judicial

La acción de la fiscalía de Bérgamo llega después de que se creara en Facebook el grupo «Nosotros denunciaremos» («Noi denunceremo) , que cuenta ya con casi 50.000 personas. Se recogen testimonios dramáticos de familiares que perdieron a sus seres queridos en el silencio y hoy piden en alta voz justicia. Solo quieren que haya luz sobre las eventuales responsabilidades. Hay rabia, pero no pretenden venganza ni compensación económica.

El grupo lo creó, junto a su hijo Stefano, Luca Fusco de Bérgamo, 60 años, tras fallecer su padre y una tía por coronavirus. De la iniciativa se han ocupado los periódicos y televisiones de Italia, incluidos telediarios y programas de los canales públicos de la RAI, así como los principales medios internacionales, desde el Guardian al New York Times.

Luca Fusco, economista, explicó a ABC los objetivos y la repercusión que está teniendo el grupo de Facebook: «Nosotros solo queremos justicia por los 30.000 muertos, no nos interesan las compensaciones económicas, solamente queremos que quien ha cometido errores y es responsable, quien no ha querido ver lo que estaba sucediendo, responda con su responsabilidad; eso lo decidirá un juez, nosotros no somos jueces. La semana próxima constituiremos un comité para constituirnos parte civil en la investigación que ha abierto la fiscalía de Bérgamo porque la magistratura ha visto que hay cosas que no han funcionado. Lo que nosotros pretendemos es que haya un sistema que funcione, para evitar que se repita otra situación parecida. Queremos la verdad. Y que se busquen las eventuales responsabilidades de las autoridades, hasta llegar si es preciso a los ministros y al jefe del gobierno».

Luca Fusco sigue muy de cerca la situación en España y ve similitudes con la situación que se ha creado en Lombardía, la región más afectada por la epidemia (oficialmente, con más de 13.000 muertos, la mitad de los fallecidos en todo el país): «Seguimos muy de cerca lo que sucede en España -nos dice Fusco-; aún no logramos comprender en Italia cómo es posible que, dos semanas después de que el coronavirus explosionara en Italia, las autoridades españolas cayeran en ciertos errores, es alucinante. Si hubieran decidido antes la clausura… por ejemplo en Madrid, con motivo de la Fiesta de la Mujer, el 8 de marzo, si hubieran eliminado la manifestación habrían evitado miles de muertos, porque habrían parado la difusión del virus; en España no se podía no saber que en Italia se estaba produciendo una catástrofe».

En el Guernica de Picasso

Con emoción, Luca Fusco recuerda que se ha vivido una «hecatombe que se ha llevado por delante casi toda la generación que había construido la Italia posterior a la Segunda Guerra Mundial». Para describir la tragedia evoca el Guernica: «La mejor imagen de lo que hemos vivido está en el Guernica de Picasso: Nosotros estábamos bajo las bombas que eran los virus y no podíamos escapar, ni movernos; solo teníamos que esperar que la bomba no nos cayera sobre la cabeza; esta situación en Europa, en el año 2020, no es posible.

Han muerto también médicos, enfermeros, policías... no estábamos preparados con sistemas de protección, sin mascarillas…Parecía un país del tercer mundo, no de Europa». Luca Fusco asegura que jamás se hubiera imaginado vivir una experiencia tan dramática: «La sensación de angustia ha sido increíble; a mi edad, sesenta años, jamás hubiera imaginado tener que vivir algo parecido: La angustia por uno mismo, por sus seres queridos, por tus amigos…algo devastador, alucinante».

Pasada la emergencia sanitaria, será el tiempo de la justicia, para exigir eventuales responsabilidades y llegar a la verdad. Mientras, reconoce Luca Fusco, solo hay rabia y lágrimas entre los familiares de los muertos: «Veo o leo historias y me pongo a llorar como un niño…».

En Italia no solo está el grupo de Luca Fusco en Facebook. Hay ya varios y surgirán más. La rabia se extiende por el país. Elena Gazzolla, abogada en Codogno, la ciudad de Lombardía donde surgió el foco de la epidemia el 21 de febrero, ha manifestado a The Guardian: «Los abogados están estudiando el tema y recopilando documentos para eventuales procesos judiciales o compensación por daños», dijo Gazzolla al diario británico, confirmando que hasta ahora ha sido contactada por cinco personas que han perdido a sus seres queridos.

Según la abogada, «hay muchos, muchos aspectos a considerar». Elena Gazzolla espera que varios grupos emprendan muchas acciones legales una vez que la emergencia haya terminado.

Ángel Gómez Fuentes

 

La dimisión como ministro del antiguo juez Moro supone un golpe a la línea de flotación del Gobierno Bolsonaro. Ambos intercambian reproches, acusaciones y se presentan como el más íntegro.

Ahora que la pandemia del coronavirus ha obligado a suspender la filmación de las telenovelas brasileñas, la cadena Globo ha tenido que reponer algunas de las más vistas en temporadas anteriores. Pero desde el viernes el divorcio político que conmociona Brasil amenaza con competir con los mejores culebrones en cuanto a audiencia.

El día de la inesperada noticia bomba terminó con la revelación en el telediario de máxima audiencia de varios mensajes privados entre los dos protagonistas. “Una cosa es admirar a una persona, otra cosa es convivir con ella”, afirmó el presidente Jair Bolsonaro, 64 años, sobre el antiguo juez Sergio Moro, 47 años, en su primera comparecencia después de que su ministro estrella le dejara plantado y saliera de su Gobierno con un portazo tras acusarle de injerencias políticas.

Como muchos divorcios, este también incluye una batalla por el relato. Moro reprocha a Bolsonaro que incumpliera su promesa de darle carta blanca para combatir la corrupción y el crimen organizado; el presidente retrata al aliado súbitamente convertido en adversario como un ególatra oportunista con amagos de insubordinación al que tiene que implorar que le informe y como alguien dispuesto a ceder en sus principios a cambio de una plaza en el Tribunal Supremo, cosa que Moro niega. Ambos luchan por presentarse como campeones de la integridad.

Los Whatsapp que Moro entregó al informativo de Globo muestran a Bolsonaro diciendo que la noticia de que la policía investiga a 10 ó 12 diputados bolsonaristas por difundir noticias falsas “es un motivo más para el relevo en la [dirección de la] Policía Federal”. Para el magistrado que dirigió las investigaciones de la Operación Lava Jato contra la corrupción enraizada en política y negocios, el cese sin motivo objetivo de Mauricio Valeixo, el jefe policial al que nombró y que le acompaña desde aquellas pesquisas, era inadmisible.

La destitución se consumó de madrugada vía el Diario Oficial de la Unión. Moro convocó una rueda de prensa y, tras exponer sus motivos durante 40 minutos mientras la Bolsa se desplomaba un 9%, anunció que descansará un poco antes de buscarse un empleo. Solemne, añadió: “Estaré siempre a disposición del país”. Queda por ver cuántos seguidores de Bolsonaro se lleva en su marcha.

La renuncia de Moro pone patas arriba el tablero político justo cuando Brasil ya afronta la emergencia sanitaria y económica de la pandemia del coronavirus. Y agrava la debilidad de un presidente capaz de indignar en la misma semana a los gobernadores y gestores sanitarios con el cese del ministro de Salud e irritar a sus ministros militares dando alas al golpismo.

En sus 16 meses en el poder, el crimen ha caído, pero la economía nunca ha llegado a alzar el vuelo con fuerza y la estocada del coronavirus es ya devastadora sobre la actividad, especialmente para los más pobres. Los contagios rondan los 53.000 y los muertos ascienden a 3.670. Las peticiones de impeachment se multiplican, pero es un escenario remoto por ahora. Una de las claves es ver cómo evoluciona el apoyo al capitán Bolsonaro de los generales, retirado casi todos, que integran el Gabinete de Ministros.

El mandatario sabe de divorcios. Michelle es su tercera esposa y al echar al titular de Salud lo definió como “un divorcio consensuado”. Entre sus flancos débiles destaca el clan familiar que encabeza.

Las investigaciones policiales y de la Fiscalía apuntan a que su hijo Flavio, el senador, malversó dinero público y, según la prensa local, existen sospechas de que Carlos, diputado estatal de Río de Janeiro, participaba de una maquinaria para aventar noticias falsas. Ahí está supuestamente el origen de la insistencia del presidente por relevar al jefe de la Policía. El favorito para sucederle en el puesto es el jefe del servicio secreto.

Movimiento rápido

La salida de Moro, que se materializó en horas en un país donde las crisis políticas se cuecen durante semanas o meses, abre un boquete en la línea de flotación del Gobierno. Por eso Bolsonaro compareció rodeado de sus ministros, incluido el de Economía, Paulo Guedes, el otro fichaje estrella con el que logró el apoyo de votantes que consideraban al antiguo militar un impresentable. El ministro llamaba la atención entre los trajes oscuros y las corbatas porque llevaba mascarilla —recordatorio de una pandemia que se acelera— e iba en mangas de camisa. Y, como percibieron los internautas, aparentemente descalzo.

El antiguo juez y el fundador de un banco de inversión formado en la escuela de Chicago fueron fichados con la misión de cumplir las principales promesas de Bolsonaro: acabar con los corruptos, dar seguridad a los brasileños de bien y privatizar todo lo que hiciera falta para que la economía creciera como en los viejos tiempos.

Al aceptar la invitación del ultraderechista Bolsonaro para ser ministro de Justicia y Seguridad Pública, el juez rompía su promesa de no entrar en política. Abandonaba una carrera en la judicatura que le convirtió en el cruzado anticorrupción —héroe de una parte de los brasileños, por meter en la cárcel al exmandatario Lula da Silva; y villano para otra, por la misma razón— y renunciaba a la fabulosa jubilación que conlleva. El divorcio político promete nuevos capítulos en breve.

Naiara Galarraga Gortázar


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