Internacionales

La organización «no cumplió en sus obligaciones básicas» y «no fue capaz de obtener y compartir información sobre la epidemia a tiempo y con transparencia», según ha manifestado el presidente de EE.UU.
Donald Trump ha confeccionado una lista amplia de cabezas de turco en el impacto de la epidemia de coronavirus en EE.UU., el país más afectado con más de 600.000 contagios y casi 26.000 muertos. El presidente de EE.UU., al que se le acusa de una reacción tardía frente a la expansión de la epidemia, ha responsabilizado a China, al Gobierno de Barack Obama o a los gobernadores de los estados del país.
En los últimos días, ha centrado las culpas en la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este martes, anunció que EE.UU. suspende la financiación a la organización internacional por su gestión de la pandemia. La OMS, en su opinión, «no cumplió en sus obligaciones básicas» y «no fue capaz de obtener y compartir información sobre la epidemia a tiempo y con transparencia».
Trump cumplió así con la amenaza de la semana pasada, en la que advirtió con el congelamiento de fondos y calificó a la OMS de «chino-céntrica». Ahora, dijo, la financiación estará sujeta a una revisión de la actuación de la OMS que se ejecutará entre los próximos 60 y 90 días.
El año pasado, las contribuciones de EE.UU. supusieron una quinta parte de los 4.400 millones de dólares del presupuesto de la OMS.
Buena parte de la defensa de Trump sobre su gestión de la epidemia tiene que ver con la prohibición de viajes desde China que decretó el 31 de enero. El presidente de EE.UU. acusó a la OMS de haberse posicionado contra las decisiones de cerrar fronteras y que su medida salvó «miles y miles de vida», mientras que la postura de la organización internacional multiplicó «por veinte» los casos en el mundo.
También denunció a la OMS por confiar en la información proporcionada por China, a quien se ha acusado de falsear y ocultar datos sobre el brote en Wuhan y la expansión por el resto del país. «La OMS fracasó a la hora de investigar informaciones creíbles de fuentes en Wuhan que contradecían directamente a las autoridades chinas», dijo Trump.
La OMS «aceptó voluntariamente lo que decía China» y «defendió sus acciones, incluso alabando a lo que calificó como transparencia». Pero el propio Trump, en un mensaje de Twitter del 24 de enero, cuando la epidemia asolaba China y EE.UU. ya había registrado un caso, aseguró que el gigante asiático estaba trabajando «muy duro para contener el coronavirus» y que EE.UU. «aprecia enormemente sus esfuerzos y su transparencia».
La presidenta de la Asociación Médica de EE.UU., Patrice Harris, aseguró que cortar la financiación a la OMS «en lugar de centrarse en las soluciones, es una decisión peligrosa en un momento precario».
Javier Ansorena

El ministro de Salud de Brasil rechaza la dimisión de su número dos y alarga el pulso con Bolsonaro
Naiara Galarraga Gortázar
El secretario de vigilancia sanitaria asegura en una carta de despedida que la salida del ministro es cuestión “de horas o días”.
El coronavirus, que ya ha matado a 1.736 personas en Brasil y ha contagiado a más de 28.000, ha estado a punto cobrarse este miércoles la primera víctima política en el país más afectado de América Latina.
El número dos del Ministerio de Salud brasileño, Wanderson de Oliveira, ha presentado su dimisión, según ha informado el propio departamento. Horas después, sin embargo, ha comparecido junto al ministro Luiz Henrique Mandetta en la rueda de prensa diaria sobre la covid-19, donde este ha explicado que no ha aceptado la renuncia.
Estos movimientos reflejan un formidable pulso político entre el presidente, Jair Bolsonaro, y su ministro de Salud por sus discrepancias sobre cómo gestionar la crisis generada por la covid-19.
Mientras Bolsonaro desoye las recomendaciones sanitarias más básicas y se pasea saludando a grupos de admiradores, Mandetta insiste a diario en que el aislamiento social es la medida más eficaz contra la propagación de la enfermedad y apela constantemente a las evidencias científicas.
De Oliveira, mano derecha del ministro, ha escrito una carta de despedida a su equipo en la que afirma que este va a ser destituido. “Ayer (por el martes) tuve una reunión con el ministro, cuya salida está programada para las próximas horas o días. Desgraciadamente no podemos precisar el momento exacto. Puede ser un anuncio respetuoso a él mismo o puede ser en un tuit”, escribe, según ha revelado el diario Folha.
Mandetta, que es médico y fue diputado dos legislaturas, ya logró evitar su destitución la semana pasada gracias al apoyo de los militares que se sientan en el Consejo de Ministros.
Pero este domingo perdió ese vital respaldo cuando afirmó en una entrevista: “Necesitamos tener un discurso unificado. [Porque] el brasileño está en la duda. No sabe si escuchar al ministro de Salud o al presidente”. Los uniformados consideran ese tipo de declaraciones una muestra de insubordinación, según la prensa local.
Mandetta declaró la semana pasada que un médico "no abandona a su paciente”. De Oliveira era clave en el equipo del titular de Salud, que al llegar se rodeó de técnicos. El ministro ha advertido reiteradamente que solo se iría si el presidente Bolsonaro lo destituye.
Los brasileños asisten hace semanas al pulso entre el presidente Bolsonaro, de un lado, y de otro el ministro y la inmensa mayoría de los gobernadores, que han implantado cuarentenas en sus estados con el cierre de las escuelas y del comercio. Pese a las medidas, la enfermedad se extiende de las grandes ciudades hacia el interior con fallecidos y nuevos contagiados. Este martes los gobernadores de Río de Janeiro y de Pará revelaron que están enfermos.
Naiara Galarraga Gortázar

Una empresa de Trump suspendió y dejó sin salario a 560 empleados del hotel y golf en Miami-Dade
La Prensa
La compañía Trump Miami Resorts Management notificó a las autoridades de Florida que unos 560 trabajadores del complejo hotelero y golfístico que posee en Doral, en el condado de Miami-Dade fueron suspendidos debido al cierre del establecimiento por las medidas tomadas por el coronavirus.
La medida de suspensión del trabajo y los sueldos es, según las notificaciones enviadas por la organización empresarial del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a las autoridades del Departamento de Oportunidad Económica de Florida y del condado Miami-Dade, de carácter temporal.
El complejo hotelero, como el resto de las empresas de Trump están en manos de los hijos y colaboradores del mandatario, quien se las delegó cuando asumió la Presidencia en enero de 2017.
El Trump National Doral está temporalmente cerrado como el resto de instalaciones hoteleras en Miami-Dade y otras zonas de Florida debido a la pandemia, que afecta a más de 22.000 personas en el estado, de las cuales casi 600 murieron, según las últimas cifras oficiales.
Medios locales publicaron copias de la carta firmada por Al Linares, director de Recursos Humanos de Trump Miami Resorts Management.
De acuerdo a la notificación, solo el personal esencial sigue trabajando.
La empresa hotelera indicó que ya dio aviso a los trabajadores suspendidos, en su mayoría en puestos gastronómicos, hoteleros o del golf, y que ninguno de ellos tiene afiliación sindical.
Desde el 19 de marzo el Trump National Doral prescindió de los empleados en puestos no esenciales y hasta hoy todavía no se sabe cuándo reanudará sus operaciones, indica la carta.

Los Estados deberían dar a las empresas la flexibilidad para reabrir en medio de una pandemia de coronavirus – Por Chris Edwards
Chris Edwards
El presidente Trump está ansioso por la reapertura de las empresas, ahora estableciendo una meta para fines de abril. El ex vicepresidente Biden está presionando en sentido contrario, diciendo que quiere una orden inmediata de quedarse en casa a nivel nacional para reducir la propagación de COVID-19.
Trump no puede activar un interruptor para activar negocios porque están cerrados voluntariamente o por mandato estatal, y la orden de Biden es demasiado rígida y sobrepasa la autoridad federal. Y la estrategia inicial de monopolio federal para las pruebas de virus fracasó desastrosamente porque no aprovechó la innovación de la industria privada.
Los formuladores de políticas deberían reconocer que la fortaleza de Estados Unidos es la toma de decisiones descentralizada, incluido el federalismo en las políticas gubernamentales y la diversidad en las estrategias del sector privado. Los gobiernos estatales deberían tomar las decisiones sobre el cierre de empresas, pero deberían permitir que las empresas vuelvan a abrir si pueden hacerlo de manera segura.
El enfoque en las próximas semanas debería estar en reducir la amplitud de los cierres si las empresas pueden encontrar formas de reabrir de manera segura.
La economía de Estados Unidos está cayendo por un precipicio. La producción se está desplomando y el desempleo aumentó en 3.3 millones de personas la semana pasada, que es el mayor salto en la historia.
El presidente firmó un proyecto de ley de ayuda de $ 2.2 billones que proporciona pagos de ayuda pero no detendrá el desplome de la producción. Los pagos se realizan a expensas de mayores impuestos y menores ingresos en el futuro, lo que finalmente afectará a los jóvenes que ya están cargados con $ 24 billones en deuda federal.
Cada gobernador está haciendo esta compensación en función de las condiciones locales, con aproximadamente la mitad de ellos imponiendo cierres generales de negocios no esenciales. El gobernador Gavin Newsom prevé continuar el cierre de California por hasta tres meses, lo que impondría un golpe económico aplastante. Los cierres generales ignoran que cada negocio tiene un diseño y operaciones únicos, y no permiten que las empresas experimenten y encuentren formas de reabrir de manera segura.
Además, los mandatos que separan a las empresas "esenciales" de las "no esenciales" ignoran el hecho de que las industrias están interconectadas. Las industrias esenciales de hospitales y alimentos necesitan aportes de muchas otras industrias, como plásticos, metales, papel, productos químicos, energía, software y transporte. Los cierres de base amplia prolongados demasiado causarán escasez imprevista por los funcionarios.
Todas las opciones que enfrentamos son malas, pero el enfoque en las próximas semanas debería ser reducir la amplitud de los cierres si las empresas pueden encontrar formas de reabrir de manera segura.
Al entrar en crisis, las empresas estadounidenses respondieron más rápido que el gobierno, y muchas cerraron voluntariamente. En las próximas semanas, los gobiernos estatales deberían comenzar a darles margen para abrir de nuevo si pueden incorporar distanciamiento social y precauciones de seguridad adicionales.
Los economistas Paul Romer, ganador del Premio Nobel, y Alan Garber, el rector de la Universidad de Harvard, argumentan que debemos pasar "a un enfoque específico que limite la propagación del virus pero que permita que la mayoría de las personas vuelvan a trabajar y reanuden sus actividades diarias". .
“Abogan por pruebas de virus generalizadas y repetidas para determinar dónde se necesitan las medidas de distanciamiento social más fuertes combinadas con una amplia distribución de equipos de seguridad.
Los rápidos avances están haciendo posible un enfoque específico. La producción de equipos de seguridad como máscaras se está disparando. Los laboratorios de la nación han aumentado más de 100,000 pruebas de virus al día, y Abbott Labs ABT, 1.347% acaba de obtener la aprobación para una prueba que puede dar resultados en cinco minutos. Mientras tanto, docenas de compañías farmacéuticas están invirtiendo recursos en una diversidad de posibles tratamientos con COVID-19.
Las pruebas generalizadas nos mantendrán al tanto de los brotes regionales de COVID-19, ya que rebota en todo el país durante el próximo año o más antes de que una vacuna esté disponible. Tendremos que confiar en las regiones menos afectadas para mantener en funcionamiento el motor económico de la nación.
La administración Trump tiene la idea correcta de localizar nuestra respuesta en función de los datos a nivel de condado, pero las respuestas locales deben ser manejadas por los estados, no por el gobierno federal. El gobernador de Florida, Ron DeSantis, por ejemplo, acaba de anunciar políticas más estrictas para quedarse en casa dirigidas solo a los condados más afectados en el sureste de su estado.
El ex gobernador de Florida, Jeb Bush, favorece una respuesta de emergencia descentralizada. Él escribió el otro día:
“La incapacidad del gobierno federal para responder rápida y efectivamente al coronavirus está creando un nuevo respeto por las iniciativas locales, la creatividad del sector privado, la responsabilidad personal y el compromiso cívico. Esperemos que Washington afloje su control sobre la política y permita que florezca el federalismo”.
Tiene razón, y en paralelo los gobiernos estatales deberían planear comenzar a aflojar su control sobre las empresas para evitar que el desastre de salud se convierta en un desastre económico. Con la ayuda financiera federal para implementar rápidamente pruebas generalizadas, los estados podrán reducir el alcance de los cierres y permitir que florezcan soluciones creativas de seguridad en el sector privado.
Chris Edwards
Chris Edwards es economista en el Instituto Cato.
Fuente: www.cato.org
Las muertes por coronavirus en el Reino Unido son 15% más altas que las que se informó inicialmente
La Prensa
Cientos de personas más que las informadas en los reportes diarios murieron por Covid-19 en el Reino Unido según las cifras oficiales publicadas este martes en las que se incluyen los fallecimientos que ocurrieron en asilos de ancianos y casas particulares.
Los datos surgen de la Oficina de Estadísticas Nacionales (ONS) que señala que fueron 6.235 las personas que murieron en Inglaterra y Gales antes del 3 de abril, lo que representan un 15% más de decesos informados por el Servicio Nacional de Salud (NHS), el organismo encargado de emitir los partes diarios sobre la evolución local de la pandemia.
"Las 16.387 muertes registradas en Inglaterra y Gales durante la semana que terminó el 3 de abril es el total semanal más alto desde que comenzamos a recopilar datos de muertes semanales en 2005" dijo el analista del organismo, Nick Stripe.
La diferencia entre ambos cómputos surge porque los datos diarios publicados por el gobierno británico se basan exclusivamente en las muertes ocurridas en hospitales y centros de salud, que incluyeron un diagnóstico confirmado de Covid-19, entre las que no se contabilizaban las ocurridas en hogares de ancianos y casas particulares.
La ONS explicó que las cifras publicadas por el NHS, son valiosas porque están disponibles muy rápidamente y dan una indicación de lo que sucede día a día, pero tienen sus limitaciones.
En cambio, las cifras del organismo estadístico tardan más en prepararse, ya que tienen que ser certificados por un médico, registrados y procesados, pero, una vez listos, son la información más precisa y completa.
De acuerdo con las nuevas cifras, 406 personas con coronavirus murieron fuera de los hospitales en Inglaterra y Gales en la semana que terminó el 3 de abril, un período en el que se habían reportado 3.716 muertes en los hospitales.
Ayer, el director médico de Inglaterra, Chris Whitty, dijo que el 13.5% de los hogares de ancianos fueron afectados por el virus sólo durante las últimas 24 horas, un dato que encendió las alarmas en la sanidad británica ya que según las estadísticas de cinco países europeos, casi la mitad de todas las muertes relacionadas con el coronavirus se encuentran entre residentes de hogares de ancianos.
Esas cifras están contenidas en un informe de académicos de la London School of Economics, que se centra en Italia, España, Francia, Irlanda y Bélgica.
En el Reino Unido alrededor de 410.000 personas viven en hogares de ancianos.
Según consignó la BBC, los principales responsables del sector de cuidado y protección a los ancianos, como Age UK, Marie Curie, Care England, Independent Age y la Sociedad de Alzheimer, instaron al ministro de Salud, Matt Hancock, a extremar el apoyo a la atención social por la pandemia.
El Reino Unido registró ayer un total de 11.329 fallecidos por el coronavirus, mientras que los casos positivos sumaron 88.621.

El distanciamiento social será necesario hasta 2022, sostienen científicos de Harvard
La Política on line
El estudio habla de medidas "intermitentes" si no aparece un tratamiento o vacuna contra el virus.
Un confinamiento único no detendrá al coronavirus y se requerirán períodos intermitentes de distanciamiento social hasta 2022. Esa es la principal conclusión de un estudio de científicos de la Universidad de Harvard que simularon la trayectoria de la pandemia.
La simulación realizada por el equipo de Harvard, difundida en un artículo de la revista Science, sostiene que el Covid-19 se volverá estacional, como los coronavirus estrechamente relacionados que causan el resfriado común, con tasas de transmisión más altas en los meses más fríos.
La novedad se conoce en momentos en que en Estados Unidos, donde se realizó el estudio, y en muchos países se debaten las estrategias para salir de la cuarentena obligatoria, que está generando una crisis económica sin precedentes.
Ordenar la salida
El estudio de la universidad estadounidense aclara que aún se desconoce mucho sobre el coronavirus, incluido el nivel de inmunidad adquirido por una infección previa y cuánto tiempo dura, por lo que todas las estimaciones son parciales.
"Descubrimos que es probable que las medidas de distanciamiento social por única vez sean insuficientes para mantener la incidencia del SARS-CoV-2 dentro de los límites de la capacidad de atención crítica en Estados Unidos", sostuvo el autor principal Stephen Kissler en una intercambio con periodistas.
"Lo que parece ser necesario en ausencia de otro tipo de tratamientos son los períodos intermitentes de distanciamiento social", agregó. El estudio hace hincapié en que este tipo de medidas deben complementarse con un incremento de la capacidad de atención crítica en los centros de salud.
De todas maneras, se requerirían pruebas virales generalizadas para determinar cuándo se han cruzado los umbrales para reactivar el distanciamiento, dijeron los investigadores, que aclararon que son conscientes de que el confinamiento prolongado, incluso si es intermitente, tendría "consecuencias económicas, sociales y educativas profundamente negativas".
La salida de la cuarentena y la paradoja del "pico" que se posterga
Sin embargo, una cosa es casi segura: el virus llegó para quedarse. El equipo aseguró que era muy poco probable que la inmunidad fuera lo suficientemente fuerte y dure lo suficiente como para que el Covid-19 se extinga después de la ola inicial, como fue el caso del brote de SARS de 2002-2003.
"Incluso en el caso de una aparente eliminación, la vigilancia del SARS-CoV-2 (como se denomina científicamente al nuevo coronavirus) debe mantenerse ya que un resurgimiento del contagio podría ser posible hasta 2024", dice el estudio.
Los desafíos incluyen encontrar una prueba confiable para determinar quién tiene anticuerpos para el coronavirus, establecer el nivel de inmunidad conferido por una infección previa y cuánto tiempo dura, y la capacidad de los sistemas de salud sobrecargados para llevar a cabo pruebas de anticuerpos confiables y generalizadas en la población general.
Mark Woolhouse, un epidemiólogo de enfermedades infecciosas de la Universidad de Edimburgo, dijo a AFP que "este es un estudio excelente", aunque remarcó que "es importante reconocer que es un modelo; es consistente con los datos actuales, pero no obstante se basa en una serie de suposiciones, por ejemplo sobre la inmunidad adquirida, que aún no se han confirmado".


Annalena Baerbock, colíder de Los Verdes alemanes defiende los coronabonos para revivir la economía y advierte de que la reconstrucción no debe aparcar la crisis climática.
Annalena Baerbock (Hannover, 39 años) es la colíder de Los Verdes, el partido estrella de la política alemana, que hace meses que se instaló en segunda posición en las encuestas por detrás de los conservadores de Angela Merkel. Además, es en estos momentos la voz más proeuropea que se escucha en el Bundestag. Los Verdes piden abiertamente y sin peros coronabonos y una verdadera respuesta conjunta a la pandemia.
Esta crisis ha ejercido de cuarto oscuro, en el que se van revelando una a una las debilidades de una Unión Europea con serias dificultades para actuar unida, muy dependiente de terceros países como China e inmersa en una feroz competencia entre socios por el material médico. “Si los europeos no nos mantenemos juntos ahora, las fuerzas antidemocráticas y antieuropeas tratarán de llenar ese vacío”, advierte Baerbock en esta entrevista con EL PAÍS y el diario italiano La Repubblica.
Pregunta. El Eurogrupo ha acordado desbloquear las ayudas de medio billón de euros contra la crisis del coronavirus y los coronabonos han quedado aparcados. ¿Cree que es suficiente para ayudar a países como Italia o España?
Respuesta. El acuerdo sobre un fondo conjunto es un rayo de esperanza y su anclaje en el presupuesto de la UE es una buena noticia para la democracia europea. Evitar el fracaso fue importante, pero habría sido necesaria una señal más fuerte hacia el futuro.
Para la lucha contra la crisis sanitaria, el compromiso puede ser suficiente, pero para apoyar las inversiones, ayudar a amortiguar las consecuencias sociales de la crisis y que las finanzas públicas nacionales no queden completamente fuera de control, sería necesario tomar más medidas. No debemos conformarnos con arreglar el pasado.
Este habría sido el momento de una acción decisiva, que haga que Europa se mantenga unida cuando importa. Unos bonos europeos ad hoc, como los coronabonos, serían un instrumento de financiación solidaria económicamente razonable y la dimensión del desafío es la apropiada.
Revivir la economía en Europa es nuestra misión conjunta. Si los Gobiernos no son capaces de trasladar a la población en situaciones de crisis que la UE es parte de la solución, Europa sufrirá un gran daño. También debemos imaginar qué pasaría si China ofreciera a Italia y a España un plan Marshall generoso.
P. Mientras el antieuropeísmo y la germanofobia crecen, países como China o Turquía han salido al rescate de los europeos. ¿Teme que fuerzas antidemocráticas salgan beneficiadas de esta crisis?
R. Si los europeos no nos mantenemos juntos ahora, las fuerzas antidemocráticas y antieuropeas tratarán de llenar ese vacío. Durante la crisis financiera, la falta de solidaridad europea también provocó que infraestructuras en Grecia o en Portugal como puertos acabaran vendidas a China. Esta vez, China ha lanzado una “gira de ayuda” para pequeñas empresas en el norte de Italia, para expandir su influencia en Europa.
Lo mismo sucede con la ayuda médica. En las primeras semanas de la crisis del coronavirus, los europeos mostramos muy poca solidaridad con los otros y reaccionamos imponiendo restricciones a la exportación. Ese fue un error y de repente, los otros ocuparon el lugar, aunque solo fuera para la foto. Por eso es importante que en los últimos días el Gobierno haya acogido pacientes de Italia de Francia en hospitales alemanes, y lo mismo con el suministro de respiradores y otros materiales.
P. La disputa entre el norte y el sur es cada vez más bronca y recuerda a las grietas que se abrieron en la crisis financiera. ¿Teme que Europa pueda acabar rompiéndose?
R. Eso es precisamente lo que hay que evitar. El norte, con Alemania a la cabeza, se dio cuenta demasiado tarde de que la crisis financiera no era una acumulación de crisis nacionales, que en una unión monetaria hay que apoyarse mutuamente. Ser una comunidad significa que si un país de la zona euro se encamina al abismo, el resto corre el peligro de caer detrás.
No debemos repetir los errores del pasado. Si no queremos que la crisis del coronavirus se convierta en una nueva crisis del euro, o en una crisis europea, es necesario un esfuerzo conjunto de todos los países de la UE.
P. Esta vez es diferente; una legión de intelectuales y parte de la prensa ha defendido una deuda común, pero las resistencias siguen siendo enormes. ¿Por qué es aún tan difícil hablar de coronabonos en Alemania?
R. En Alemania libramos un debate muy intenso sobre los coronabonos, pero desgraciadamente, el Gobierno alemán ha echado hasta ahora el freno. Además de Los Verdes, no solo muchos intelectuales están a favor, sino también representantes de los empresarios están claramente a favor de los eurobonos porque tiene sentido desde un punto de vista económico. Un bono europeo tendría intereses muy bajos e incluso a veces negativos.
Si superamos esta crisis juntos, países como España o Italia seguirán siendo capaces de saldar sus deudas. Los bonos mutualizados sirven para calmar a los mercados. Si funciona, Alemania no tendría que pagar ni un euro y el mundo vería que Europa funciona unida. Pero si nos permitimos estar divididos, terminará costándonos caro y nuestra influencia como Europa disminuirá.
P. La distribución de refugiados es otro ejemplo en el que la UE ha sido incapaz de ponerse de acuerdo. Ahora, miles esperan en Grecia en condiciones inhumanas a que Europa mueva ficha.
R. Lo que está sucediendo en las islas griegas es una de las grandes catástrofes de la UE. Los valores europeos se están hundiendo en el Mediterráneo. Las cuotas comprometidas de acogida de refugiados de Italia y Grecia deben cumplirse inmediatamente. Debido al coronavirus, es más importante que nunca aliviar la situación en los campos masificados.
P. El Estado cobra ahora una nueva relevancia y se habla incluso de nacionalizar empresas. ¿Qué papel debe jugar el Estado en esta crisis?
R. Lo que necesitamos es construir una economía europea de pandemia. Como bloque económico, debemos coordinar el desarrollo de material médico, empezando por mascarillas y respiradores. En el futuro, la producción de medicamentos debe también tener lugar en Europa, para que no seamos tan vulnerables.
Eso no requiere siquiera nacionalizaciones, hay pymes listas, pero los países europeos deben ofrecerles garantías de compras a medio plazo. Es inaceptable que nosotros, el mayor mercado único del mundo, dependamos de las importaciones de China de mascarillas y que compitamos con otros países europeos en lugar de producir juntos.
P. ¿Teme que la recuperación económica se produzca al margen de las conquistas ambientales, que el medio ambiente sea una víctima más de la Covid-19?
R. El coronavirus nos demuestra lo que significa reaccionar demasiado tarde en una crisis. La crisis climática no ha desaparecido. Necesitamos un programa económico y de inversiones exhaustivo para revivir nuestra economía, dirigido a la transformación socioecológica en el sentido de un Green Deal.
P. En Alemania, el coronavirus ha reforzado a los partidos del Gobierno —conservadores y socialdemócratas— y ha frenado la imparable ascensión de su partido. ¿Merman las opciones de Los Verdes para ser un partido de gobierno?
R. Estamos en medio de una crisis de dimensiones históricas, que ni Alemania ni Europa habían vivido desde la Segunda Guerra Mundial. Es esencial que todas las fuerzas democráticas en Alemania y en Europa trabajen juntas para controlar la pandemia.
Eso es lo que Los Verdes estamos haciendo como partido de la oposición a nivel federal y como partido de gobierno en once Estados federados. Antes de la crisis, no basábamos nuestras políticas en las encuestas y tampoco lo vamos a hacer ahora. Me interesan otras cifras: ¿Se está aplanando la curva? ¿Está creciendo el desempleo? ¿Están llegando las ayudas a las empresas? ¿Crece la violencia doméstica y la depresión?
P. Pensando en la fase post confinamiento, ¿debería una aplicación de rastreo en el móvil, al estilo de Corea del Sur funcionar en Alemania?. ¿Qué le parece la estrategia de identificar a las personas inmunes?.
R. El rastreo de la infección es un instrumento central para frenar los contagios y reducir las masivas restricciones de derechos fundamentales. Pero las aplicaciones deben respetar las leyes de protección de datos. Y solo puede tener éxito si la UE trabaja junta, como demuestra la Corona App, en la que participan 130 expertos de ocho países europeos. La democracia liberal también está sometida a prueba en esta crisis.
P. ¿Cómo es su vida ahora?
R. Trabajando desde casa y como profesora a tiempo parcial, porque tengo hijos de primaria e infantil. No es sencillo, pero por supuesto no es nada comparado con quienes viven en un apartamento pequeño, sin balcón o jardín o que sufren angustias existenciales. Por no mencionar a las enfermeras y los médicos que están haciendo un trabajo increíble.
Ana Carbajosa


La pandemia lleva al Gobierno de Estados Unidos a llamar a médicos extranjeros y a blindar a inmigrantes indocumentados que trabajan en el campo.
La Administración Trump urge a los profesionales médicos extranjeros, sobre todo a aquellos que trabajan con la Covid-19, a contactar con los consulados para acelerar la tramitación de sus visados y que puedan incorporarse cuanto antes a la lucha de Estados Unidos contra el coronavirus.
También califica de “esenciales” empleos, como la recogida de las cosechas, que sabe que hacen los inmigrantes indocumentados. Y anuncia que no realizará redadas en busca de sin papeles, para evitar que el temor de estos a acudir al médico genere focos de contagio.
La pandemia del coronavirus ha subrayado la importancia de los trabajadores inmigrantes en la economía estadounidense. Y ha puesto en evidencia algunas contradicciones en la política de mano dura con la inmigración que constituye uno de los pilares del discurso del presidente Donald Trump.
Se da la paradoja de que, mientras la guardia fronteriza acelera la expulsión en caliente de los indocumentados retenidos en sus centros, la Administración poco menos que blinda a los indocumentados en el campo, y facilita la entrada a inmigrantes cualificados para paliar la escasez de profesionales médicos con los que combatir la pandemia en primera línea.
Ocurre justo en el momento en que el país se despierta del dulce sueño del pleno empleo, y se enfrenta a unas cifras de paro históricas. Más de 16 millones de personas, uno de cada 10 trabajadores del país, han solicitado la prestación por desempleo entre las dos últimas semanas de marzo y la primera de abril.
Los expertos no dudan de que les seguirán millones más. Donald Trump, que ha hecho suyo el eslogan de “comprar estadounidense y contratar a estadounidense”, se encuentra ahora entre dos fuerzas: los empresarios que le urgen a relajar la mano dura con la inmigración para contener el descalabro de la economía, y los activistas anti inmigración, a los que ha azuzado durante más de tres años, que reaccionan airados a cualquier atisbo de cambio de actitud justo en el momento más crítico.
“Queremos que vengan”, dijo Trump, el 1 de abril, sobre los inmigrantes que vienen a trabajar al campo. “No estamos cerrando la frontera para que no pueda entrar toda esa gente. Han estado ahí años y años, y he dado mi palabra a los granjeros: van a continuar viniendo”.
En el campo de California está empezando estos días la recogida de la fresa. En dos semanas, serán las cerezas y los arándanos. En mayo, albaricoques y nectarinas. Un estudio de la Universidad de California calcula que trabajan 800.000 personas en la industria agrícola de ese Estado. La estimación más baja es que el 60% son indocumentados. Estos días de aislamiento, son las manos que garantizan que hay fruta y verdura fresca en los supermercados.
Estos trabajadores siempre han temido a la policía. Desde que California aprobó la orden de cuarentena, se añade otra razón para pedirles los papeles: la policía vigila que solo salgan a la calle trabajadores “esenciales”.
La ironía del momento es que los indocumentados de los campos son a la vez trabajadores esenciales. Sin ellos no funciona la cadena de suministro de alimentos. “Si no fuera por ellos, cuánta gente se encontraría sin comida en la tienda”, dice por teléfono Manuel Cunha, presidente de Nisei Farmers League, un sindicato importante de Fresno, California.
Hace siete semanas, Cunha empezó a enviar a las asociaciones de productores una carta tipo para que la firmaran. Es una especie de salvoconducto. “En apenas un párrafo, se dice el nombre del trabajador, el granjero para el que trabaja y el teléfono. Si le para un agente de policía o del sheriff, solo tiene que enseñar la carta, llaman al granjero y este les confirma que esa persona se está desplazando a trabajar”. Las asociaciones han repartido las cartas entre las enormes producciones agrícolas de Fresno, afirma, y calcula que ya han impreso unas 400.000.
Ha tenido que llegar una pandemia mundial para que las administraciones de Estados Unidos reconozcan por escrito que no se puede prescindir de los inmigrantes irregulares. Tampoco aterrorizarlos. El pasado 18 de marzo, la policía de inmigración (ICE, por sus siglas en inglés) anunció que paralizaba las redadas y detenciones indiscriminadas de indocumentados. Solo seguirán adelante las detenciones de delincuentes peligrosos. El criterio en la presidencia de Trump es detener a la mayor cantidad de gente posible.
El comunicado de ICE decía expresamente que no habrá detenciones cerca de servicios de salud, como hospitales. “La gente no debería evitar la atención médica por miedo a la actividad de la policía de inmigración”, afirma.
El cambio de criterio, aunque temporal, extiende a la sanidad lo que ya era evidente en el ámbito de la seguridad pública en todas las grandes ciudades de EE UU, donde la policía no pide a nadie los papeles para que no tengan miedo de denunciar crímenes o testificar. A esto se le llama políticas de santuario y es una de las obsesiones de Trump. El coronavirus ha obligado a Trump a declarar de facto todos los hospitales santuarios.
La crisis también ha obligado al Gobierno a buscar fuera de sus fronteras profesionales con los que combatir la pandemia en los hospitales del país. “Animamos a los profesionales médicos que buscan trabajo en Estados Unidos con un visado de trabajo o de intercambio, especialmente aquellos que trabajan en temas de Covid-19, a contactar con la embajada o consulado más cercano para obtener una cita”.
El mensaje lo lanzó el 26 de marzo el Departamento de Estado. Seis días antes, se habían suspendido los servicios rutinarios de visados en las embajadas de todo el mundo, reducidas a servicios esenciales y concentrados en la repatriación de estadounidenses.
El mensaje, publicado en la página web del Departamento de Estado y difundido por redes sociales, desató un aluvión de llamadas de profesionales médicos para interesarse por la aparente invitación a iniciar un proceso que, en condiciones normales, puede demorarse durante años.
También críticas en las redes por lo que se interpretaba como la promoción de una fuga de cerebros que podría ser letal para países que luchan contra una pandemia que pone al límite sus recursos. Al día siguiente, el Departamento de Estado tuvo que emitir una “aclaración”: el mensaje se dirigía solo, dijeron, a aquellos profesionales que ya habían sido admitidos para trabajos o estudios en Estados Unidos.
“Debo confesar que quizá lo que publicamos no era tan claro como debía haberlo sido”, reconocía Ian Brownlee, de la Oficina de Asuntos Consulares, en una sesión informativa telefónica con periodistas. “Se trata de gente que ya estaba lista para venir, no buscamos a otros”, aclaró. Preguntado acerca de por qué entonces publicar el anuncio, si no se estaba ofreciendo un tratamiento especial, Brownlee respondió que tendría que mirar “cómo todo esto sucedió”.
No ha sido la única medida reconsiderada (o aclarada) después de desatar una polémica. El 5 de marzo, el Departamento de Seguridad Nacional anunció que aumentaría en 35.000 los visados para trabajadores temporales disponibles este año.
Se trata de un visado que permite a los empleadores traer a trabajadores extranjeros para actividades temporales no agrícolas, como la hostelería o el turismo. Los empresarios suelen defender que se aumente el cupo, pero los partidarios de reducir la inmigración consideran que la práctica abarata los salarios e impide a los estadounidenses acceder a esos empleos.
El pasado 2 de abril, tras la publicación de los alarmantes datos de empleo, el Gobierno anunció que el plan de ampliar el cupo quedaba suspendido “debido a las actuales circunstancias económicas”.
El problema es que muchos empresarios consideran que los trabajadores extranjeros son cruciales para determinados empleos que cuesta cubrir con ciudadanos estadounidenses. Y más cuando ahora pueden obtener más ingresos con las prestaciones de desempleo y otras ayudas contempladas en el gigantesco plan de estímulo a la economía.
“Los inmigrantes están trabajando en los supermercados, en el campo, procesando la comida, en la construcción. Son las personas que, en momentos de emergencia, mantienen este país funcionando”, defiende Sindy Benavides, directora de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos. “Confío en que esta crisis haga que, como sociedad, comprendamos esto”.
Pablo Guimón


El presidente ruso adopta un segundo plano en la gestión de la crisis del coronavirus. Su postura puede marcar un momento crítico en su mandato.
Durante las dos décadas de su mandato, Vladímir Putin, ha hecho ver a los rusos que es él quien toma las decisiones. Quien, en última instancia, se remanga y soluciona los problemas.
El que escucha al ciudadano que pide otra línea más de metro en su remota ciudad, para que poco después el gobernador de aquella región lo anuncie. O al veterano militar que reclama más recursos. Pero en la crisis del coronavirus, el presidente ruso ha preferido un papel secundario.
Putin solo quiere dar buenas noticias. Y ha dejado a sus lugartenientes los anuncios más duros. La alerta sanitaria de la Covid-19, que en Rusia no alcanza (al menos todavía) las abrumadoras cifras de fallecidos y contagios de Occidente, y su gestión es, sin embargo, un episodio decisivo no solo para el futuro del país sino también para su líder, a quien la crisis le ha pillado a punto de cristalizar una maniobra para perpetuarse en el poder.
Salvo la híper televisada visita a ‘primera línea’ al principal hospital de Moscú para el tratamiento del coronavirus, donde se enfundó un vistoso traje de protección especial amarillo y una moderna mascarilla, el presidente ruso ha estado ausente en la respuesta a la pandemia de coronavirus, que en Rusia ha matado a unas 130 personas y contagiado a más de 15.700, según sus datos oficiales, aunque las autoridades han admitido que la cifra real es mucho mayor. Han sido su primer ministro, Mijaíl Mishustin y, gobernadores regionales o alcaldes como el de Moscú, Serguéi Sobianin --con un papel muy destacado--, los responsables de proponer y emprender las medidas de restricción más dolorosas.
“Un modelo que en una Rusia que ha destruido el federalismo, centralizando el poder y privando a las regiones de recursos financieros, choca. De repente llegan malos tiempos y las regiones reciben más autoridad y son así las responsables de la crisis”, apunta la politóloga Marina Litvinóvich.
Mientras, Putin ha comparecido para pedir a los ciudadanos, con tono pausado y venerable, que se queden en casa, anunciar planes de apoyo económico a empresas y profesionales sanitarios; y, sin declarar el estado de emergencia, anunciar un régimen de “días no laborables” hasta final de mes.
“Queridos amigos, todo pasa y esto también pasará. Nuestro país ha superado repetidamente pruebas serias: los pechenegos lo atormentaron, también los polovzi [ambos pueblos seminómadas]. Rusia los derrotó a todos”, dijo esta semana. Y la comparación de la lucha contra el coronavirus con las guerras contra esos enemigos medievales dejó atónitos a muchos rusos.
Su “discurso desapasionado” muestra ahora más que nunca su falta de contacto con la realidad, resalta la politóloga Litvinóvich, que señala que el líder ruso no quiere perder su índice de popularidad. Y menos ahora que todavía debe celebrarse la consulta ciudadana (aplazada por el coronavirus) sobre la reforma de la Constitución que incluye una enmienda que abre una puerta a que Putin permanezca en el sillón del Kremlin hasta 2036.
La confianza de los ciudadanos hacia el líder ruso se ha llegado a resentir varios puntos del 67% de primeros de año al 60% en marzo, según la encuestadora estatal VTsIOM. Ahora ha remontado. Sobre todo tras los últimos discursos, en los que, pese a que aún no ha reclamado un papel protagonista, se ha centrado en anunciar medidas para amortiguar el golpe financiero y la recesión a la que Rusia se encamina debido a las medidas de hibernación por la pandemia.
“Esta es una táctica muy antigua para que nada negativo, solo lo bueno, provenga de Putin. Incluso si la noticia en sí es mala, Putin la retuerce tratando de exponer solo lo positivo”, opina Alexander Soloviov, jefe del Partido de los Cambios en Moscú. “Por eso sus subordinados, los cargos inferiores, son los que toman las principales acciones y anuncios impopulares”, añade.
Políticos como Soloviov y analistas como Marina Litvinóvich han hablado mucho estos días sobre el sobre el “diccionario de palabras prohibidas de Putin”. Vocablos como “cuarentena”, “estado de emergencia” o “referéndum”, que nunca pronuncia; como tampoco lo hacía antes con “Navalni”, evitando dar visibilidad a Alexéi Navalni, uno de los principales líderes opositores extraparlamentarios, y muy conocido en Occidente.
Pero no declarar la emergencia nacional y optar por esas vacaciones pagadas puede tener una explicación no solo semántica, dice Soloviov. “Para declarar una cuarentena completa, es necesario decretar un estado de emergencia. Eso abre legalmente la puerta a que los ciudadanos reclamen al Estado indemnizaciones por las pérdidas sufridas.
Ahora la carga la tienen los restaurantes, bares, tiendas que tienen que cerrar sin apenas apoyos. Y las pequeñas y medianas empresas si siguen el régimen de días no laborables pagados”, dice el político. Así, con más éxito todavía que los memes sobre guerreros pechenegos y polovzi, estos días circula un chiste en las redes sociales rusas que hace referencia a todo ello: “Entra Putin a un bar y dice ‘una ronda para todos’. Y acto seguido: ‘Invita la casa”.
Así, son ahora cada vez más numerosas las voces que piden al Estado que libere sus reservas financieras. Que el golpe para la economía si no lo hace puede ser muy duro. Pero Rusia, que cuenta con un fondo para los días malos a costa del petróleo, ha estado apostado en los últimos años por una política de ahorro severa y eso se nota en el bolsillo de los ciudadanos, que han visto reducidos sus ingresos corrientes por la recesión derivada de las sanciones occidentales y una economía que necesita reformas; y que ahora pueden resentirse todavía más.
“Los tiempos de vacas gordas han terminado, ahora tenemos que gestionar más eficazmente los recursos que hay en el estado”, avisó el ministro de Finanzas, Antón Siluanov, la semana pasada.
Un aviso que ha escamado a una ciudadanía preocupada por qué sucederá después de esta crisis sanitaria y que ve cómo mientras en Rusia faltan mascarillas y los sanitarios se quejan de que no tienen trajes de protección o que los respiradores y la tecnología de sus centros está algo obsoleta, Rusia se presenta como el salvador, enviando un cargamento de material y un contingente de sanitarios a Italia o Serbia –donado— o a Estados Unidos.
CONFINAMIENTO MÁS SEVERO EN MOSCÚ
Moscú endurece las medidas de confinamiento. El alcalde de la capital rusa, una de las ciudades más digitalizadas del mundo, ha introducido un nuevo sistema de pases digitales sin los cuales no se podrá transitar en transporte público o privado.
Podrán obtener estos salvoconductos --en formato QR y que se descargarán al móvil-- los ciudadanos que trabajen en las consideradas profesiones fundamentales, cuya actividad no se ha suspendido aún: organizaciones financieras o sanitarias, por ejemplo.
Los empleados estatales, abogados o periodistas con acreditación no necesitan el pase, por ahora, según el decreto firmado por el alcalde, Serguéi Sobianin. En la capital rusa ya solo las actividades esenciales permanecían activas: tiendas de alimentación, farmacias, establecimientos de telefonía móvil. Todos los bares y restaurantes o centros comerciales están cerrados. Y solo se puede salir a la calle para ir y volver al trabajo, a comprar, bajar la basura o pasear al perro pero no a más de 100 metros del domicilio.
Estas medidas, sin embargo, han tenido un seguimiento muy desigual. Y esto, ha reconocido el alcalde, ha llevado al endurecimiento de las normas con el sistema de pases. En algunos barrios los ciudadanos no han dejado de salir a los parques o incluso hacer alguna barbacoa. Solo ayer, la policía multó a más de 1.300 personas por infringir el decreto y reunirse en la calle, según las autoridades.
“Esto es una necesidad. La necesidad de preservar la vida y la salud de muchos moscovitas, lo antes posible para superar el desastre y volver a la vida normal”, remarcó Sobianin en su blog, en el que explicó que la medida de los pases se empezará a introducir paulatinamente.
Alguna ciudad rusa ha experimentado ya con este sistema. Pero Moscú es punta de lanza en la respuesta a la Covid-19. Fue la primera en decretar confinamiento y seguida por otras muchas. También puede abrir camino ahora, con los salvoconductos digitales que ahondan aún más en las fórmulas de escrutinio digital.
María R. Sahuquillo


Las autoridades de sanidad de todo el mundo están intentando obtener más respiradores para tratar a pacientes infectados con el coronavirus, pero algunos médicos han decidido prescindir de esas máquinas cuando pueden.
La razón: algunos hospitales han reportado tasas de muertes inusualmente altas de pacientes con coronavirus conectados a respiradores, y hay médicos que temen que las máquinas para respirar pudieran estar dañando a algunos enfermos.
La evolución de los tratamientos pone de relieve el hecho de que los doctores aún están aprendiendo la mejor forma para manejar un virus que emergió hace apenas unos meses. Se están basando en datos anecdóticos en tiempo real mientras reciben una oleada de pacientes y los suministros básicos escasean.
Los respiradores mecánicos envían oxígeno a los pacientes cuyos pulmones están fallando. Utilizar las máquinas involucra sedar al enfermo y meterle un tubo por la garganta. Las muertes de ese tipo de pacientes son comunes, sin importar la razón por la que requieran la ayuda para respirar.
En términos generales, de 40 a 50% de los pacientes con dificultad respiratoria severa mueren mientras están conectados a un respirador, de acuerdo con expertos.
Pero 80% o más de los enfermos con coronavirus que fueron colocados en las máquinas en la ciudad de Nueva York han fallecido, informaron las autoridades municipales y estatales.
Se han registrado también tasas de mortalidad más altas de las normales en otras partes de Estados Unidos, dijo el doctor Albert Rizzo, director médico de la American Lung Association.
En tanto, han surgido reportes parecidos en China y Gran Bretaña. Uno del Reino Unido colocó la cifra en 66%. Un pequeño estudio en Wuhan, la ciudad china donde se registró el primer caso de la enfermedad, señaló que 86% de esos pacientes fallecieron.
La razón no está clara. Podría tener que ver con el estado de salud general de los pacientes antes de que se contagiaran. O podría estar relacionada con qué tan graves estaban cuando fueron conectados a las máquinas, señalaron algunos expertos.
Pero algunos profesionales de la salud se han preguntado si los respiradores en realidad podrían empeorar las cosas para algunos pacientes, quizás al provocar o agravar una reacción dañina del sistema inmunológico.
Eso es una especulación. Pero los expertos sí dicen que los respiradores pueden ser dañinos para un paciente con el paso del tiempo, debido a que se inyecta oxígeno a alta presión en los pequeños sacos de aire en los pulmones del paciente.
``Sabemos que las máquinas para respirar no son benignas'', dijo el doctor Eddy Fan, experto en atención respiratoria en el Hospital General de Toronto. ``Uno de los hallazgos más importantes en las últimas décadas es que los respiradores pueden agravar las lesiones pulmonares, así que tenemos que ser cuidadosos en la forma en que lo usamos''.
Los peligros pueden reducirse al limitar la cantidad de presión y el tamaño de las respiraciones administradas por la máquina, comentó Fan.
Sin embargo, algunos doctores dijeron que están tratando de mantener a los pacientes sin respiradores tanto como les sea posible, y en su lugar recurren a otro tipo de técnicas.
Cada vez más, los médicos están probando otras medidas primero. Una es hacer que los pacientes se acuesten en distintas posiciones, incluyendo boca abajo, para permitir que distintas partes del pulmón se oxigenen mejor.
Otra es darles a los pacientes más oxígeno a través de tubos nasales u otro tipo de dispositivos.
Algunos médicos están experimentando con añadir óxido nítrico a la mezcla, para ayudar a mejorar el flujo sanguíneo y el oxígeno a las partes menos dañadas de los pulmones.
Mike Stobbe

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Fue en la misa de pascuas del Vaticano. Había sido un reclamo de ex presidentes como Correa y Rousseff.
El papa Francisco pidió condonar la deuda externa a los países pobres durante la misa de pascuas brindada en una desierta Basílica de san Pedro en el Vaticano.
Se sumó así al pedido del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), integrado por los ex presidentes Rafael Correa, Dilma Rousseff y Álvaro García Linera, ex vice de Evo Morales, al que se sumó el ex canciller y senador Jorge Taiana, mano derecha de Cristina Kirchner en la Cámara alta.
"Que se relajen además las sanciones internacionales de los países afectados, que les impiden ofrecer a los propios ciudadanos una ayuda adecuada, y se afronten por parte de todos los países las grandes necesidades del momento, reduciendo, o incluso condonando, la deuda que pesa en los presupuestos de aquellos más pobres", sostuvo durante un tramo de la ceremonia brindada en el basílica de San Pedro y sin público.
No es la primera vez que el sumo pontífice respalda la negociación que Argentina y otros países de la región tienen con organismos internacionales para refinanciar sus pasivos. En febrero encabezó un seminario económico en el Vaticano y le pidió a la jefa del FMI, Kristalina Georgieva, no exigir sacrificios a países deudores, ante la presencia del ministro de Hacienda argentino, Martín Guzmán.
Con la pandemia azotando la economía del continente, el Papa pidió paz en los conflictos actuales en el mundo y enumeró los casos de Venezuela, Yemen, Siria e Irak. Y aprovechó para hablarle al mundo y solicitar una "esperanza a quienes aún están atravesando la prueba, especialmente a los ancianos y a las personas que están solas".
Recordó a quienes viven "un tiempo de preocupación por el futuro que se presenta incierto, por el trabajo que corre el riesgo de perderse y por las demás consecuencias que la crisis actual trae consigo" y pidió a los gobernantes "favorecer, cuando las circunstancias lo permitan, la reanudación de las habituales actividades cotidianas".
En su bendición, el Papa reclamó también que los "hermanos y hermanas más débiles, que habitan en las ciudades y periferias de cada rincón del mundo, no se sientan solos".
"Procuremos que no les falten los bienes de primera necesidad, más difíciles de conseguir ahora cuando muchos negocios están cerrados, como tampoco los medicamentos y, sobre todo, la posibilidad de una adecuada asistencia sanitaria", concluyó.


Requisiciones, robos, subastas y hasta misiones especiales de inteligencia. La oscura trama internacional para lograr mascarillas y respiradores.
Jean Rottner estaba desesperado. El palé, con 200.000 máscaras médicas, estaba ya cargado en el avión de Shanghái a París. En 12 horas, lo que dura el vuelo, ese material, tan necesario para prevenir el contagio del coronavirus, debía haber estado en la capital francesa, y de allí por carretera, en menos de cinco horas hubiera estado en Estrasburgo.
Pero en una llamada, su contacto de Shanghái le dijo a Rottner, presidenta de la región francesa del Gran Este, que unos desconocidos, que por su acento en inglés parecían estadounidenses, se habían plantado en la propia pista, habían sacado un fajo de billetes y habían ofrecido el triple de lo que hubiera pagado Francia. Las cajas estaban ya de camino a EE.UU.
En la pandemia, se ha declarado una guerra. El botín es el preciado material médico, que escasea en todo el mundo a medida que crecen los contagios y se disparan los ingresos hospitalarios: máscaras, respiradores y tests de prueba. No hay reglas, todo vale. Requisiciones gubernamentales. Subastas al mejor postor en plena pista de despegue. Robos. Hasta operaciones de alto secreto por parte de las más temidas agencias de inteligencia, como el Mossad israelí.
Gobiernos como el de Estados Unidos hasta han activado leyes aprobadas expresamente para tiempos de guerra con la finalidad de legalizar los embargos de material. Según dice el presidente regional francés Rottner, que tiene en su provincia a 570 ancianos fallecidos solo en residencias, «es imposible competir con alguien que saca la billetera y ofrece tres o cuatro veces lo que tú vayas a pagar, sea lo que sea».
Preguntado por ABC, el Departamento de Estado norteamericano asegura que no tiene constancia de ninguna compra en el aeropuerto de Shanghái. «El Gobierno de EE.UU. no ha comprado máscaras que fueran a ser entregadas desde China a Francia. Es falso», dice un portavoz. Sin embargo, no es sólo la provincia del Gran Este.
Otras autoridades francesas en París y Marsella denuncian casos similares. Lo mismo en Berlín, en otro caso dramático. El gobierno local de la capital alemana tenía ya de camino un cargamento de 200.000 máscaras. El avión había salido de China y hacía escala en Bangkok (Tailandia). Y ahí fueron requisadas. Según el concejal berlinés de Sanidad, Andreas Geisel, estaban de camino a EE.UU. «Esto es un acto de piratería», dijo en varias entrevistas. «Esto se ha convertido en el Salvaje Oeste».
La diplomacia de EE.UU., preguntada también por este envío, niega también haber requisado esas máscaras. De hecho sospechan quienes han perdido los cargamentos que se trata de compradores privados, tal vez millonarios, o empresarios, que aprovechan que el precio de venta al público de este material ha aumentado hasta un 30% en las tiendas. No es un dato menor que el fabricante de las 200.000 máscaras que compró y nunca recibió Berlín sea 3M, una empresa estadounidense con sede en Minnesota que se halla inmersa en su propia batalla contra ni más ni menos que el presidente Donald Trump.
Mercadeo mundial
«No estamos nada, nada contentos con 3M» llegó a decir el propio presidente estadounidense el viernes pasado. De hecho, acusó a la multinacional de estar «mercadeando» en plena pandemia.
El motivo, es que los directivos de 3M se resistían a acatar las órdenes de cancelar todas las exportaciones de máscaras N95 (las que realmente protegen a quien las lleva frente al virus) a Canadá y América Latina porque en esos países había también abundantes bajas y negarles el material podría tener graves implicaciones.
En total, 3M fabrica 35 millones de máscaras al mes, un 60% más que a principios de año. De esa producción, seis millones se exportan al resto del continente americano. El consejero delegado de 3M, Mike Roman, calificó las acusaciones del presidente de «absurdas».
Finalmente, la Casa Blanca y 3M llegaron a un acuerdo: la compañía importaría a EE.UU. 10 millones de máscaras de sus plantas en China y mantendría la venta de esos seis millones a Canadá y América Latina.
«Les hemos dado fuerte», se jactó Trump, que aplicó con 3M por primera vez la llamada Ley de Producción de la Defensa, aprobada en el Capitolio en 1950, durante la Guerra de Corea, para embargar los medios de producción privada y ponerlos al servicio de las fuerzas armadas.
Trump se ha definido como «un presidente en guerra» y así se está comportando. Para algunos países aliados está resultando incluso doloroso. El ministro de Sanidad de Brasil, Luiz Henrique Mandetta, lamentó la semana pasada que China hubiera cancelado a última hora un encargo de material sanitario, incluido un millar de respiradores, cuando EE.UU. envió 20 aviones de carga.
Después, el gobernador del estado de Bahía reveló que otro cargamento de 600 respiradores, que habían costado 7,5 millones de euros, había sido requisado en una escala en Miami. Tuvo que hacer otro pedido de 300, la mitad, por el que pagó el mismo importe de antes. El precio se había doblado en días.
Con semejante caos, en este gran bazar que en algunos aeropuertos se asemeja al mercado negro, algunos países han movilizado hasta a sus agencias de espionaje.
El temido Mossad israelí, que depende directamente del primer ministro, Benjamín Netanyahu, ha recibido la orden de asegurarse de adquirir el material que pueda y asegurarse de que llega a su destino.
Según han revelado los medios israelíes, con este método han llegado a Israel 10 millones de máscaras quirúrgicas, 25.000 protectores N95, 20.000 tests de prueba y casi 200 respiradores. Según ha publicado el diario «Haaretz», el Mossad incluso ha comprado material a países árabes con los que Jerusalén no tiene relaciones.
El comisario europeo de Gestión de Crisis, Janez Lenarcic, ha advertido en un comunicado de que la «lucha global» por material sanitario tiene implicaciones graves. «Se ha vuelto muy difícil organizar una adquisición ordenada para garantizar que los equipos médicos necesarios para enfrentarse a la pandemia, como máscaras y respiradores, llegan a manos de quienes más los necesitan», ha dicho.


El embajador Antonio Hsieh explica las razones por lo cual su país tiene apenas 5 víctimas fatales. El veloz mecanismo de prevención de epidemias les permitió evitar contagios. No hay cuarentena y la economía sufrió un impacto menor.
Abruman las cifras de los infectados y muertos por la pandemia de coronavirus en todo el mundo. Detrás del dolor por la fatalidad y de la preocupación que genera en los gobiernos y la población la situación económica de quebranto, hay casos que merecen ser analizados. Ejemplos de eficiencia y planificación, de inversión pública en prevención que pueden parecer onerosos en los buenos tiempos, pero resultan vitales cuando se desata la crisis.
El de Taiwán es un modelo sanitario que, engarzado en una próspera economía de mercado, ha demostrado ser eficaz para contener la pandemia. De hecho, apenas si tienen cinco víctimas fatales y están ubicados geográficamente nada menos que enfrente de China.
Allí el Estado ha sabido hacer un inteligente movimiento de pinzas. Se movió rápido en lo sanitario gracias a contar desde hace muchos años con un sistema preventivo de epidemias, mientras que en lo estrictamente económico puso en funcionamiento un esquema que provee subvenciones a los sectores afectados y una renta de 14 dólares diarios para las personas urgidas de hacer la cuarentena.
Tan aceitado está el mecanismo taiwanés que en ningún momento se vieron obligados a parar la economía. Todo allí sigue funcionando como siempre, en un plan que tiene como base la responsabilidad individual a la hora de prevenir el contagio masivo. Vale la pena contar cómo trabajan, aunque cada modelo encaja como una perfecta pieza en el rompecabezas universal de acuerdo a los rasgos sociales de su comunidad, a esa singularidad imposible de ser trasladadas a otras latitudes.
El mundo conoció los primeros indicios de esta inusual gripe llamada coronavirus allá por el mes de enero, cuando tomaron estado público los contagios masivos en una provincia lejana de China. Casi todos miraron para otro lado. Taiwán, en cambio, ya sabía desde diciembre que se venía el tsunami epidemiológico.
Como un diario de bitácora, el Gobierno taiwanés fue anotando cada uno de los pasos dados. Entre el 31 de diciembre de 2019, cuando China alertó a la Organización Mundial de la Salud que tenía 27 casos de una ``neumonía desconocida'', y el mismo día de enero de 2020, Taipei encendió la alarma del sistema preventivo de epidemias, envió una misión a investigar a Wuhan, restringió los vuelos, cerró sus fronteras, limitó la exportación de material médico e instruyó al personal de la salud y a la comunidad toda sobre cómo actuar frente al Coronavirus.
El resultado de su actitud preventiva es contundente: tiene hasta el día de hoy 380 casos confirmados de Coronavirus; 80 pacientes dados de alta y 5 muertes. Su economía sigue de pie y, cuando todo esto pase, estará en mejores condiciones para afrontar el incierto día después.
TELEFONO
La cuarentena obligatoria impide que, como ha ocurrido en otras oportunidades, podamos tener un mano a mano con el embajador de Taiwán en la Argentina, Antonio Hsieh. Pero la voluntad no se resquebraja y el teléfono nos devuelve la voz del diplomático, claro a la hora de remarcar los puntos clave de una estrategia sanitaria exitosa que permitió amortiguar el golpe sobre la economía taiwanesa.
¿Cuál es la clave del éxito de Taiwan a la hora de contener la pandemia de coronavirus?
-Creo que la clave es que nos anticipamos a todo lo que está ocurriendo. La idea central la podemos resumir en cinco puntos. Taiwán ha implementado un mecanismo integral de prevención, con control electrónico de brotes, controles fronterizos y un plan de prevención integral comunitaria. Aquí lo importante es planificar por adelantado.
Nosotros ya sabíamos, un mes y medio antes que los otros países, de los primeros casos que estaban ocurriendo en China. Ya estábamos preparados desde entonces. Planificamos con antelación. Contamos con equipamientos médicos avanzados y con la provisión de materiales estratégicos. Es importante, además, la difusión clara de las medidas, que sean transparentes y concisas.
¿La sociedad se adaptó rápido al nuevo escenario?
-Al menos una vez por año hacemos un ensayo en materia de control de epidemias en todo el país. Intervienen las escuelas, los niños. Todos están al tanto de cómo actuar en materia de prevención de epidemias. Es decir que Taiwán cuenta con la conciencia de sus ciudadanos. Esta vez ya sabíamos que iban a pasar estas cosas porque además teníamos la experiencia del 2003 con el brote del SARS. El pueblo ya estaba alertado y la conciencia es fuerte. El Gobierno y el pueblo trabajan juntos. Cada ciudadano es un luchador y un médico para combatir la epidemia.
-Es decir que el mecanismo ya estaba aceitado, tenían experiencia.
-Tenemos una larga experiencia en prevenir epidemias. Una experiencia que se remonta a los últimos 60 años. En los últimos 30 años hemos estado bloqueados por la China Popular, pero siempre luchamos juntos y hemos obtenido experiencias muy favorables. Hemos combatido enfermedades infecciosas como el cólera, la malaria, la viruela y la tuberculosis. Así fue que acumulamos experiencias valiosas para prevenir las epidemias.
-¿Cómo es el nivel de infraestructura hospitalaria?
-En este caso, desde lo organizativo, se estableció un mecanismo integral de prevención. Hace 17 años que el sistema siempre cuenta con 1.200 habitaciones especiales para este tipo de epidemias que son muy contagiosas. No es cualquier habitación de hospital. Esas están siempre preparadas para recibir gente en caso de emergencia sanitaria.
-¿La reacción rápida fue fundamental para que tengan apenas 5 muertes por coronavirus?
-Reaccionamos rápido. Taiwán trató de bloquear lo más rápido posible la epidemia mundial. Somos el país con menor nivel de contagios de enfermedades infecciosas. En el caso del Coronavirus, tenemos hasta el momento 380 casos confirmados, 80 ya fueron dados de alta y sólo hay 5 muertes que lamentar. Cuando supimos que iba a brotar esta epidemia instalamos en diciembre el sistema de monitoreo y control de ingreso y egreso de pasajeros. Mediante el sistema integral de control de epidemias, establecido hace 17 años, supimos pronto que iba a brotar esta pandemia y tomamos rápidas medidas.
-Los primeros casos en China se reportaron en enero. ¿Cuándo lo supo Taiwán?
-Desde enero de este año iniciamos las reuniones de expertos y se han impuesto las medidas para impedir la entrada de virus de extranjeros. La primera etapa consistió en contener a los que venían de China. Otra cosa que quiero destacar es el desempeño de prevención que tenemos en nuestro país, que es mejor que el de otros países avanzados.
La Organización Mundial de la Salud en un primer momento evaluó que Taiwán y Tailandia eran los dos países con mayor riesgo de ser severamente afectados por el coronavirus. Sin embargo, Taiwán es el país que ha reportado menos casos. Hemos demostrado nuestra capacidad de prevención.
IMPACTO
-¿Implementaron medidas de restricción para la circulación de los ciudadanos?
-Esta es una guerra también. Pero en Taiwán la vida sigue igual, no hay cierre masivo y obligatorio. El pueblo sabe que la responsabilidad individual es clave para suprimir la pandemia. Los niños van a la escuela y la economía sigue normal. Existe una coordinación con todos los ámbitos desde enero. En un comienzo el gobierno ordenó aplazar las actividades, en enero, para enseñarles y capacitar a los estudiantes y el personal de los hospitales.
-¿No sienten entonces el impacto en su economía?
-Eso se siente en todo el mundo. Pero el Gobierno ha otorgado paquetes de ayuda a las empresas, a las industrias más golpeadas. Inclusive hay una fuerte subvención al turismo, los hoteles y las compañías de ese rubro. A los que están en cuarentena obligatoria, también se les otorga algo de dinero. La cifra es de 30 dólares por día, por 14 días. El gobierno controla esto a través de Economía y también mediante contactos con el Ministerio de Salud vía celular. Hubo casos en los cuales las personas en cuarentena quisieron salir para respirar, quisieron escaparse, pero la policía en seguida los captura.
-En este contexto, las autoridades se han dispuesto a colaborar con el resto del mundo. ¿A qué países están ayudando?
-Con Estados Unidos hemos firmado acuerdo de cooperación para la donación de barbijos y la investigación para obtener las vacunas.
-¿Hay negociaciones con Argentina para recibir ayuda o realizar la compra de equipamiento?
-En este caso hay amigos de la Argentina que nos consultan. Desde el gobierno no tanto. Hubo una mano invisible para que no se hable más de Taiwán, pero los hechos hablan más que las palabras. Siempre hay buena voluntad y Taiwán ayuda a los países de buena voluntad. Siempre estamos listos para ayudar.
-¿Cuáles son las proyecciones?
-Cada país tiene una situación diferente. Nuestro ministro dice que hemos ya ganado la primera etapa con los contagiados que venían de China Popular. La segunda etapa fue con Europa y Estados Unidos. Hemos prohibido la entrada de extranjeros el 24 de marzo.
En ese momento entraron a Taiwán los ciudadanos que estudian o viven en Estados Unidos. Entraron estos y pasaron 14 días. Hay pocos casos detectados. Esta segunda etapa de invasión epidémica ya se ha superado. La tercera etapa es ahora.
Hace una semana hubo un periodo de 4 días feriados y los ciudadanos salieron para hacer turismo y eso molestó al gobierno. Hay que esperar a mitad de este mes para ver si hay contagios. No ha habido aparición de nuevos casos por ahora. Esta batalla va a disminuir para fines de abril. Estamos en primavera y las altas temperaturas y la humedad disminuyen la expansión del virus.
-Una de las preocupaciones en Argentina y en el resto de América Latina es que los altos niveles de pobreza impiden la correcta higiene, mientras que el hacinamiento vuelve inviable la cuarentena. ¿Cuál es el nivel de pobreza en Taiwán?
-Taiwán tiene un ingreso per cápita de 26.000 dólares y una inflación baja, que alcanza el 1,3% anual. Estamos clasificados como un país con muy poca pobreza (N. de la R. La cifra alcanza al 1% de la población).
-Casi no tienen condiciones de pobreza y han sabido construir un sistema preventivo de epidemias. ¿Qué rol jugó el alto nivel tecnológico del país?
-En Taiwán la tecnología también es clave. A nivel del sistema sanitario estamos reconocidos mundialmente como un país líder, seguidos por Corea del Sur y Japón. Tenemos un sistema sanitario de seguro médico que cubre toda la población.
También hay una cosa a la que acá no se le dio importancia: ponerse barbijo es obligatorio en Taiwán. Hay duras sanciones para el que no lo lleva. Para ir a institutos de gobierno o empresas privadas, restaurantes o bares. Hay que usarlo. Es un barbijo de uso quirúrgico que producimos en el país. La producción en este tiempo creció y alcanzó los 13 millones diarios, con el objetivo de llegar a 15 millones.
Gustavo García


La ciudad-estado asiática, muy alabada por su gestión de la epidemia de coronavirus, había resistido más de dos meses con medidas laxas.
«Ningún hombre es una isla», reza el poema de John Donne, y, en época de pandemia, tampoco lo es ningún país. Singapur, referente por ser uno de los pocos estados inicialmente capaces de frenar la curva de contagios sin recurrir a las draconianas medidas que han confinado a un tercio de la humanidad, ha dejado de ser una excepción.
La ciudad-estado asiática, plaza financiera regional, ha impuesto durante un mes un semicierre nacional bautizado como ‘circuit breaker’ (cortacircuitos). En argot bursátil, el bloqueo temporal de las transacciones cuando hay riesgo de ventas masivas movidas por el pánico.
Si el riesgo en este caso son las crecientes infecciones —1.623 hasta el 8 de abril—, el pánico es que las transmisiones queden fuera de control. Ese es el escenario bajo el que la isla, de apenas 5,7 millones de habitantes, contemplaría decretar la alerta roja por el impacto de la pandemia. De momento, pese al rápido incremento de contagios, que se han duplicado en menos de dos semanas, se resiste a hacerlo. Singapur mantiene aún la alerta naranja -la segunda más grave-, recurriendo a circunloquios para referirse al cierre parcial del país.
“En vez de prestar atención a la palabra cierre o bloqueo, que significa cosas muy diferentes para cada uno, centrémonos en las medidas”, aseguró el ministro de Desarrollo Nacional, Lawrence Wong, al anunciar el ‘circuit breaker’ el pasado viernes. No obstante, las nuevas restricciones coinciden con otras impuestas en muchos lugares del planeta en los que sí se habla claramente de cierre o confinamiento, tanto en los vecinos Malasia o Filipinas como en España u otros países de Europa.
Todo cerrado
Desde el miércoles, 8 de abril, y hasta el próximo 4 de mayo, todas las guarderías, colegios y universidades de Singapur permanecen cerrados. La mayoría de ciudadanos de esta cosmopolita nación, donde habitan más de un millón y medio de extranjeros, trabaja ya desde sus viviendas; solo los negocios esenciales, entre ellos supermercados, farmacias y bancos, permanecen abiertos. Los restaurantes, todavía operativos, únicamente pueden servir comida para llevar o a domicilio.
Las autoridades han urgido a la población a que permanezca en sus viviendas en todo momento, salvo para ir a comprar alimentos o hacer ejercicio, siempre y cuando lo hagan solos o en compañía exclusivamente de las personas con las que viven. El parlamento isleño ha aprobado una ley para impedir la socialización en la calle y la invitación a terceros a los hogares, so pena de severos castigos: multas de 10.000 dólares singapurenses (unos 6.500 euros) y hasta seis meses de cárcel por la primera ofensa.
El resultado es una imagen similar a la que se vive en tantas partes del mundo: calles vacías, establecimientos cerrados y con los rascacielos de la futurista isla más protagonistas que nunca del paisaje urbano. Una escena que, en Singapur, donde los casos habían subido gradualmente durante casi dos meses desde que se registró el primero el 23 de enero, resultaba marciana hasta hace poco.
“Hemos mantenido la epidemia bajo control”, aseguró el primer ministro, Lee Hsien Loong, en un discurso televisado el pasado viernes y pronunciado en inglés, chino y malayo, junto al tamil las cuatro lenguas oficiales del multirracial país. “Pero observando la tendencia, me preocupa que, a no ser que tomemos medidas más firmes, la situación vaya a peor, o un nuevo brote nos lleve al límite”, subrayó el dirigente, hijo del conocido como ‘padre’ de la patria, Lee Kuan Yew, quien convirtió la que hace un siglo no era más que una isla de pescadores en uno de los países con mayor renta per cápita del planeta.
¿Qué ha ocurrido, entonces, para que la nueva “tendencia” ponga a la próspera nación contra las cuerdas? “Muchos de los que han regresado recientemente del extranjero son muy jóvenes y podrían haber tenido síntomas muy ligeros de Covid-19 (la enfermedad provocada por el nuevo coronavirus), que quizás no se les ha detectado y han ido pasando a otros”, explica Ooi Eng Eong, subdirector del Programa de Enfermedades Infecciosas Emergentes de la Universidad Duke-NUS de Singapur.
Este departamento se encuentra detrás de hallazgos inéditos sobre el patógeno —un test serológico que detecta el coronavirus incluso en pacientes recuperados— y del desarrollo de una vacuna junto a la compañía biotecnológica estadounidense Arcturus Therapeutics.
El virus rebota en Europa
Como sugiere Ooi, esta segunda ola de casos en la isla ha tenido orígenes distintos a la primera: si los de enero y febrero mantenían normalmente vínculos con China, el foco original de la pandemia y el principal emisor de turistas de Singapur, en la actual muchas infecciones han sido importadas de Europa y EEUU. A medida que el coronavirus causaba estragos en esos países, miles de los cerca de 200.000 singapurenses que viven en el extranjero —muchos jóvenes estudiantes— regresaban a la isla. Algunos, enfermos. Algunos, sin síntomas detectables, apunta el experto en biología molecular.
Así, aunque las primeras infecciones fueron contenidas gracias en parte a que Singapur prohibiera rápidamente, a comienzos de febrero, la entrada a todos los pasajeros procedentes de China o que hubiesen estado allí en las últimas dos semanas —el supuesto periodo de incubación del virus—, la estrategia de cerrar fronteras no ha servido esta vez. Aislada prácticamente del mundo, pues desde finales de marzo la isla solo permite el regreso de singapurenses o residentes, el cerrojazo a sus confines ha llegado tarde. El enemigo ya estaba dentro: solo este miércoles, la ciudad-Estado reportó 142 nuevos casos, la cifra diaria más alta hasta la fecha.
Aparte de la crecida de contagios, uno de los principales problemas es que muchos de los nuevos casos, alrededor de la mitad según el día, no tienen vínculo con otros brotes ya detectados. El trazado de conexiones entre infecciones ha sido uno de los pilares de la estrategia de Singapur para cercar al virus: al establecerlas, la isla podía ir un paso por delante y localizar a posibles enfermos.
Gracias a su pequeño tamaño, un potente sistema de videovigilancia y al empleo de todo tipo de recursos, desde servicios tradicionales de detectives hasta sofisticadas aplicaciones tecnológicas de seguimiento —la llamada Trace Together (rastreemos juntos), de descarga voluntaria, registra a través de Bluetooth la distancia entre usuarios y la duración de sus encuentros—, cualquier ciudadano puede ser contactado de forma inesperada desde hace meses. Una voz al otro lado del teléfono corrobora si, en línea con las pesquisas, el “sospechoso” ha estado en el lugar donde se tiene constancia de que ha habido un infectado. De confirmarse, el posible contagiado queda obligado a aislarse en su vivienda durante dos semanas.
Del confinamiento selectivo y el cuasi espionaje, mejor tolerado en un país acostumbrado a que las libertades individuales se sacrifiquen en detrimento del bien colectivo —Singapur mantiene un férreo control sobre la prensa y permite escasas manifestaciones—, se ha pasado al aislamiento generalizado. Ooi considera que las medidas actuales no se deben a que “no haya suficientes recursos para mantener la estrategia previa, sino a que el número de casos sin vincular es mayor. La situación es más compleja, agravada por los contagios asintomáticos”, alerta.
No hay fórmula mágica
En cualquier caso, el experto cree que las nuevas medidas han llegado a tiempo. Singapur, cuyo exhaustivo trabajo en detectar los casos de coronavirus “impresionó” al director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, tiene aún capacidad hospitalaria y una cifra muy baja de fallecidos (seis por el momento).
Cuando España decretó el estado de emergencia el 14 de marzo, el Ministerio de Sanidad daba cuenta de 120 fallecidos y 4.231 infectados, cerca de 3.000 en Madrid, con una población más similar a la de Singapur, de apenas un millón más de habitantes (6,6 en toda la Comunidad).
Pero Singapur también cuenta con mucha más experiencia que España, en este caso, para gestionar la epidemia. Al igual que otros lugares de Asia que han capeado con cierto éxito la embestida del coronavirus, entre ellos Corea del Sur, Taiwán o Hong Kong, la isla tiene aún muy presente la experiencia del SARS (síndrome respiratorio agudo grave). Surgido en 2003 y provocado por otro coronavirus, la enfermedad afectó a unas 8.000 personas de 26 países, frente a las más de 175 naciones por las que se ha propagado la Covid-19.
“El brote está evolucionando rápidamente y el Gobierno, que aprendió las lecciones del SARS —que dejó más de 200 infectados y 33 muertos en Singapur— ha hecho un gran trabajo tomando medidas que evolucionan con el progreso de la epidemia”, subraya Wang Linfa, el director del Programa de Enfermedades Infecciosas Emergentes de Duke-NUS.
La experiencia sirvió a Singapur para anticipar la importancia de los test de detección y disponer de suficientes, a diferencia de lo ocurrido en otros países. Pero no ha librado a la isla de verse retada por una enfermedad todavía muy desconocida que, aunque menos mortal que el SARS, se propaga más fácilmente: si hace un mes un brote incontrolado resultaba poco previsible, como coincidían expertos del país, cada vez resulta más plausible.
Solo entre los trabajadores inmigrantes, típicamente obreros de construcción procedentes del sur de Asia, ha habido más de 100 contagios, a raíz de los cuales casi 20.000 han quedado confinados en dormitorios calificados de insalubres por sus ocupantes. La situación es una bomba de relojería, advierten desde algunos sectores.
Pese a reunir en principio las condiciones ideales para frenar la enfermedad —experiencia, recursos médicos y tecnológicos y condiciones demográficas favorables—, el país tiene aún un largo camino por recorrer. Singapur, una democracia sobre el papel pese a haber sido únicamente gobernada por el Partido de Acción Popular (PAP) desde su independencia de Malasia en 1965, combate el virus mientras trata de mantener la economía a flote.
El pasado mes, la isla, sin más recursos que los humanos y muy dependiente de las exportaciones, redujo su previsión de crecimiento anual a un rango entre el -4% y el -1%, frente al pronóstico del -0.5%/ 1.5% anterior. Su aeropuerto, uno de los más transitados de Asia, ha decidido cerrar una de sus cuatro terminales durante dieciocho meses de cara a la menguante demanda.
Aunque las previsiones no incitan al optimismo, Singapur espera que las próximas cuatro semanas desemboquen en una situación más “sostenible”, tal y como confió su primer ministro al decretar las nuevas medidas. El país espera evitar así la alerta roja y un cierre más radical, con la mirada puesta también en unas elecciones que, como tarde, han de celebrarse en abril de 2021. Ooi prevé que el regreso a la normalidad será también paulatino.
“Sospecho que no volveremos ipso facto al punto en el que estábamos la semana pasada, la reapertura se hará en fases”, asegura. Si se puede extraer alguna lección del caso de Singapur, añade el experto, es que “no existe la fórmula mágica” contra el coronavirus. Y que no se puede bajar la guardia.
“Cuando pase la tormenta y la situación esté más controlada, hay que continuar impulsando un programa de detección muy activo hasta que haya una vacuna disponible en el mercado”, concluye.
Fuente: www.conclusion.com.ar

