Internacionales

 

El presidente ruso adopta un segundo plano en la gestión de la crisis del coronavirus. Su postura puede marcar un momento crítico en su mandato.

Durante las dos décadas de su mandato, Vladímir Putin, ha hecho ver a los rusos que es él quien toma las decisiones. Quien, en última instancia, se remanga y soluciona los problemas.

El que escucha al ciudadano que pide otra línea más de metro en su remota ciudad, para que poco después el gobernador de aquella región lo anuncie. O al veterano militar que reclama más recursos. Pero en la crisis del coronavirus, el presidente ruso ha preferido un papel secundario.

Putin solo quiere dar buenas noticias. Y ha dejado a sus lugartenientes los anuncios más duros. La alerta sanitaria de la Covid-19, que en Rusia no alcanza (al menos todavía) las abrumadoras cifras de fallecidos y contagios de Occidente, y su gestión es, sin embargo, un episodio decisivo no solo para el futuro del país sino también para su líder, a quien la crisis le ha pillado a punto de cristalizar una maniobra para perpetuarse en el poder.

Salvo la híper televisada visita a ‘primera línea’ al principal hospital de Moscú para el tratamiento del coronavirus, donde se enfundó un vistoso traje de protección especial amarillo y una moderna mascarilla, el presidente ruso ha estado ausente en la respuesta a la pandemia de coronavirus, que en Rusia ha matado a unas 130 personas y contagiado a más de 15.700, según sus datos oficiales, aunque las autoridades han admitido que la cifra real es mucho mayor. Han sido su primer ministro, Mijaíl Mishustin y, gobernadores regionales o alcaldes como el de Moscú, Serguéi Sobianin --con un papel muy destacado--, los responsables de proponer y emprender las medidas de restricción más dolorosas.

“Un modelo que en una Rusia que ha destruido el federalismo, centralizando el poder y privando a las regiones de recursos financieros, choca. De repente llegan malos tiempos y las regiones reciben más autoridad y son así las responsables de la crisis”, apunta la politóloga Marina Litvinóvich.

Mientras, Putin ha comparecido para pedir a los ciudadanos, con tono pausado y venerable, que se queden en casa, anunciar planes de apoyo económico a empresas y profesionales sanitarios; y, sin declarar el estado de emergencia, anunciar un régimen de “días no laborables” hasta final de mes.

“Queridos amigos, todo pasa y esto también pasará. Nuestro país ha superado repetidamente pruebas serias: los pechenegos lo atormentaron, también los polovzi [ambos pueblos seminómadas]. Rusia los derrotó a todos”, dijo esta semana. Y la comparación de la lucha contra el coronavirus con las guerras contra esos enemigos medievales dejó atónitos a muchos rusos.

Su “discurso desapasionado” muestra ahora más que nunca su falta de contacto con la realidad, resalta la politóloga Litvinóvich, que señala que el líder ruso no quiere perder su índice de popularidad. Y menos ahora que todavía debe celebrarse la consulta ciudadana (aplazada por el coronavirus) sobre la reforma de la Constitución que incluye una enmienda que abre una puerta a que Putin permanezca en el sillón del Kremlin hasta 2036.

La confianza de los ciudadanos hacia el líder ruso se ha llegado a resentir varios puntos del 67% de primeros de año al 60% en marzo, según la encuestadora estatal VTsIOM. Ahora ha remontado. Sobre todo tras los últimos discursos, en los que, pese a que aún no ha reclamado un papel protagonista, se ha centrado en anunciar medidas para amortiguar el golpe financiero y la recesión a la que Rusia se encamina debido a las medidas de hibernación por la pandemia.

“Esta es una táctica muy antigua para que nada negativo, solo lo bueno, provenga de Putin. Incluso si la noticia en sí es mala, Putin la retuerce tratando de exponer solo lo positivo”, opina Alexander Soloviov, jefe del Partido de los Cambios en Moscú. “Por eso sus subordinados, los cargos inferiores, son los que toman las principales acciones y anuncios impopulares”, añade.

Políticos como Soloviov y analistas como Marina Litvinóvich han hablado mucho estos días sobre el sobre el “diccionario de palabras prohibidas de Putin”. Vocablos como “cuarentena”, “estado de emergencia” o “referéndum”, que nunca pronuncia; como tampoco lo hacía antes con “Navalni”, evitando dar visibilidad a Alexéi Navalni, uno de los principales líderes opositores extraparlamentarios, y muy conocido en Occidente.

Pero no declarar la emergencia nacional y optar por esas vacaciones pagadas puede tener una explicación no solo semántica, dice Soloviov. “Para declarar una cuarentena completa, es necesario decretar un estado de emergencia. Eso abre legalmente la puerta a que los ciudadanos reclamen al Estado indemnizaciones por las pérdidas sufridas.

Ahora la carga la tienen los restaurantes, bares, tiendas que tienen que cerrar sin apenas apoyos. Y las pequeñas y medianas empresas si siguen el régimen de días no laborables pagados”, dice el político. Así, con más éxito todavía que los memes sobre guerreros pechenegos y polovzi, estos días circula un chiste en las redes sociales rusas que hace referencia a todo ello: “Entra Putin a un bar y dice ‘una ronda para todos’. Y acto seguido: ‘Invita la casa”.

Así, son ahora cada vez más numerosas las voces que piden al Estado que libere sus reservas financieras. Que el golpe para la economía si no lo hace puede ser muy duro. Pero Rusia, que cuenta con un fondo para los días malos a costa del petróleo, ha estado apostado en los últimos años por una política de ahorro severa y eso se nota en el bolsillo de los ciudadanos, que han visto reducidos sus ingresos corrientes por la recesión derivada de las sanciones occidentales y una economía que necesita reformas; y que ahora pueden resentirse todavía más.

“Los tiempos de vacas gordas han terminado, ahora tenemos que gestionar más eficazmente los recursos que hay en el estado”, avisó el ministro de Finanzas, Antón Siluanov, la semana pasada.

Un aviso que ha escamado a una ciudadanía preocupada por qué sucederá después de esta crisis sanitaria y que ve cómo mientras en Rusia faltan mascarillas y los sanitarios se quejan de que no tienen trajes de protección o que los respiradores y la tecnología de sus centros está algo obsoleta, Rusia se presenta como el salvador, enviando un cargamento de material y un contingente de sanitarios a Italia o Serbia –donado— o a Estados Unidos.

CONFINAMIENTO MÁS SEVERO EN MOSCÚ

Moscú endurece las medidas de confinamiento. El alcalde de la capital rusa, una de las ciudades más digitalizadas del mundo, ha introducido un nuevo sistema de pases digitales sin los cuales no se podrá transitar en transporte público o privado.

Podrán obtener estos salvoconductos --en formato QR y que se descargarán al móvil-- los ciudadanos que trabajen en las consideradas profesiones fundamentales, cuya actividad no se ha suspendido aún: organizaciones financieras o sanitarias, por ejemplo.

Los empleados estatales, abogados o periodistas con acreditación no necesitan el pase, por ahora, según el decreto firmado por el alcalde, Serguéi Sobianin. En la capital rusa ya solo las actividades esenciales permanecían activas: tiendas de alimentación, farmacias, establecimientos de telefonía móvil. Todos los bares y restaurantes o centros comerciales están cerrados. Y solo se puede salir a la calle para ir y volver al trabajo, a comprar, bajar la basura o pasear al perro pero no a más de 100 metros del domicilio.

Estas medidas, sin embargo, han tenido un seguimiento muy desigual. Y esto, ha reconocido el alcalde, ha llevado al endurecimiento de las normas con el sistema de pases. En algunos barrios los ciudadanos no han dejado de salir a los parques o incluso hacer alguna barbacoa. Solo ayer, la policía multó a más de 1.300 personas por infringir el decreto y reunirse en la calle, según las autoridades.

“Esto es una necesidad. La necesidad de preservar la vida y la salud de muchos moscovitas, lo antes posible para superar el desastre y volver a la vida normal”, remarcó Sobianin en su blog, en el que explicó que la medida de los pases se empezará a introducir paulatinamente.

Alguna ciudad rusa ha experimentado ya con este sistema. Pero Moscú es punta de lanza en la respuesta a la Covid-19. Fue la primera en decretar confinamiento y seguida por otras muchas. También puede abrir camino ahora, con los salvoconductos digitales que ahondan aún más en las fórmulas de escrutinio digital.

María R. Sahuquillo

 

Las autoridades de sanidad de todo el mundo están intentando obtener más respiradores para tratar a pacientes infectados con el coronavirus, pero algunos médicos han decidido prescindir de esas máquinas cuando pueden.

La razón: algunos hospitales han reportado tasas de muertes inusualmente altas de pacientes con coronavirus conectados a respiradores, y hay médicos que temen que las máquinas para respirar pudieran estar dañando a algunos enfermos.

La evolución de los tratamientos pone de relieve el hecho de que los doctores aún están aprendiendo la mejor forma para manejar un virus que emergió hace apenas unos meses. Se están basando en datos anecdóticos en tiempo real mientras reciben una oleada de pacientes y los suministros básicos escasean.

Los respiradores mecánicos envían oxígeno a los pacientes cuyos pulmones están fallando. Utilizar las máquinas involucra sedar al enfermo y meterle un tubo por la garganta. Las muertes de ese tipo de pacientes son comunes, sin importar la razón por la que requieran la ayuda para respirar.

En términos generales, de 40 a 50% de los pacientes con dificultad respiratoria severa mueren mientras están conectados a un respirador, de acuerdo con expertos.

Pero 80% o más de los enfermos con coronavirus que fueron colocados en las máquinas en la ciudad de Nueva York han fallecido, informaron las autoridades municipales y estatales.

Se han registrado también tasas de mortalidad más altas de las normales en otras partes de Estados Unidos, dijo el doctor Albert Rizzo, director médico de la American Lung Association.

En tanto, han surgido reportes parecidos en China y Gran Bretaña. Uno del Reino Unido colocó la cifra en 66%. Un pequeño estudio en Wuhan, la ciudad china donde se registró el primer caso de la enfermedad, señaló que 86% de esos pacientes fallecieron.

La razón no está clara. Podría tener que ver con el estado de salud general de los pacientes antes de que se contagiaran. O podría estar relacionada con qué tan graves estaban cuando fueron conectados a las máquinas, señalaron algunos expertos.

Pero algunos profesionales de la salud se han preguntado si los respiradores en realidad podrían empeorar las cosas para algunos pacientes, quizás al provocar o agravar una reacción dañina del sistema inmunológico.

Eso es una especulación. Pero los expertos sí dicen que los respiradores pueden ser dañinos para un paciente con el paso del tiempo, debido a que se inyecta oxígeno a alta presión en los pequeños sacos de aire en los pulmones del paciente.

``Sabemos que las máquinas para respirar no son benignas'', dijo el doctor Eddy Fan, experto en atención respiratoria en el Hospital General de Toronto. ``Uno de los hallazgos más importantes en las últimas décadas es que los respiradores pueden agravar las lesiones pulmonares, así que tenemos que ser cuidadosos en la forma en que lo usamos''.

Los peligros pueden reducirse al limitar la cantidad de presión y el tamaño de las respiraciones administradas por la máquina, comentó Fan.

Sin embargo, algunos doctores dijeron que están tratando de mantener a los pacientes sin respiradores tanto como les sea posible, y en su lugar recurren a otro tipo de técnicas.

Cada vez más, los médicos están probando otras medidas primero. Una es hacer que los pacientes se acuesten en distintas posiciones, incluyendo boca abajo, para permitir que distintas partes del pulmón se oxigenen mejor.

Otra es darles a los pacientes más oxígeno a través de tubos nasales u otro tipo de dispositivos.

Algunos médicos están experimentando con añadir óxido nítrico a la mezcla, para ayudar a mejorar el flujo sanguíneo y el oxígeno a las partes menos dañadas de los pulmones.

Mike Stobbe

 

Fue en la misa de pascuas del Vaticano. Había sido un reclamo de ex presidentes como Correa y Rousseff.

El papa Francisco pidió condonar la deuda externa a los países pobres durante la misa de pascuas brindada en una desierta Basílica de san Pedro en el Vaticano.

Se sumó así al pedido del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), integrado por los ex presidentes Rafael Correa, Dilma Rousseff y Álvaro García Linera, ex vice de Evo Morales, al que se sumó el ex canciller y senador Jorge Taiana, mano derecha de Cristina Kirchner en la Cámara alta.

"Que se relajen además las sanciones internacionales de los países afectados, que les impiden ofrecer a los propios ciudadanos una ayuda adecuada, y se afronten por parte de todos los países las grandes necesidades del momento, reduciendo, o incluso condonando, la deuda que pesa en los presupuestos de aquellos más pobres", sostuvo durante un tramo de la ceremonia brindada en el basílica de San Pedro y sin público.

No es la primera vez que el sumo pontífice respalda la negociación que Argentina y otros países de la región tienen con organismos internacionales para refinanciar sus pasivos. En febrero encabezó un seminario económico en el Vaticano y le pidió a la jefa del FMI, Kristalina Georgieva, no exigir sacrificios a países deudores, ante la presencia del ministro de Hacienda argentino, Martín Guzmán.

Con la pandemia azotando la economía del continente, el Papa pidió paz en los conflictos actuales en el mundo y enumeró los casos de Venezuela, Yemen, Siria e Irak. Y aprovechó para hablarle al mundo y solicitar una "esperanza a quienes aún están atravesando la prueba, especialmente a los ancianos y a las personas que están solas".

Recordó a quienes viven "un tiempo de preocupación por el futuro que se presenta incierto, por el trabajo que corre el riesgo de perderse y por las demás consecuencias que la crisis actual trae consigo" y pidió a los gobernantes "favorecer, cuando las circunstancias lo permitan, la reanudación de las habituales actividades cotidianas".

En su bendición, el Papa reclamó también que los "hermanos y hermanas más débiles, que habitan en las ciudades y periferias de cada rincón del mundo, no se sientan solos".

"Procuremos que no les falten los bienes de primera necesidad, más difíciles de conseguir ahora cuando muchos negocios están cerrados, como tampoco los medicamentos y, sobre todo, la posibilidad de una adecuada asistencia sanitaria", concluyó.


 

Requisiciones, robos, subastas y hasta misiones especiales de inteligencia. La oscura trama internacional para lograr mascarillas y respiradores.

Jean Rottner estaba desesperado. El palé, con 200.000 máscaras médicas, estaba ya cargado en el avión de Shanghái a París. En 12 horas, lo que dura el vuelo, ese material, tan necesario para prevenir el contagio del coronavirus, debía haber estado en la capital francesa, y de allí por carretera, en menos de cinco horas hubiera estado en Estrasburgo.

Pero en una llamada, su contacto de Shanghái le dijo a Rottner, presidenta de la región francesa del Gran Este, que unos desconocidos, que por su acento en inglés parecían estadounidenses, se habían plantado en la propia pista, habían sacado un fajo de billetes y habían ofrecido el triple de lo que hubiera pagado Francia. Las cajas estaban ya de camino a EE.UU.

En la pandemia, se ha declarado una guerra. El botín es el preciado material médico, que escasea en todo el mundo a medida que crecen los contagios y se disparan los ingresos hospitalarios: máscaras, respiradores y tests de prueba. No hay reglas, todo vale. Requisiciones gubernamentales. Subastas al mejor postor en plena pista de despegue. Robos. Hasta operaciones de alto secreto por parte de las más temidas agencias de inteligencia, como el Mossad israelí.

Gobiernos como el de Estados Unidos hasta han activado leyes aprobadas expresamente para tiempos de guerra con la finalidad de legalizar los embargos de material. Según dice el presidente regional francés Rottner, que tiene en su provincia a 570 ancianos fallecidos solo en residencias, «es imposible competir con alguien que saca la billetera y ofrece tres o cuatro veces lo que tú vayas a pagar, sea lo que sea».

Preguntado por ABC, el Departamento de Estado norteamericano asegura que no tiene constancia de ninguna compra en el aeropuerto de Shanghái. «El Gobierno de EE.UU. no ha comprado máscaras que fueran a ser entregadas desde China a Francia. Es falso», dice un portavoz. Sin embargo, no es sólo la provincia del Gran Este.

Otras autoridades francesas en París y Marsella denuncian casos similares. Lo mismo en Berlín, en otro caso dramático. El gobierno local de la capital alemana tenía ya de camino un cargamento de 200.000 máscaras. El avión había salido de China y hacía escala en Bangkok (Tailandia). Y ahí fueron requisadas. Según el concejal berlinés de Sanidad, Andreas Geisel, estaban de camino a EE.UU. «Esto es un acto de piratería», dijo en varias entrevistas. «Esto se ha convertido en el Salvaje Oeste».

La diplomacia de EE.UU., preguntada también por este envío, niega también haber requisado esas máscaras. De hecho sospechan quienes han perdido los cargamentos que se trata de compradores privados, tal vez millonarios, o empresarios, que aprovechan que el precio de venta al público de este material ha aumentado hasta un 30% en las tiendas. No es un dato menor que el fabricante de las 200.000 máscaras que compró y nunca recibió Berlín sea 3M, una empresa estadounidense con sede en Minnesota que se halla inmersa en su propia batalla contra ni más ni menos que el presidente Donald Trump.

Mercadeo mundial

«No estamos nada, nada contentos con 3M» llegó a decir el propio presidente estadounidense el viernes pasado. De hecho, acusó a la multinacional de estar «mercadeando» en plena pandemia.

El motivo, es que los directivos de 3M se resistían a acatar las órdenes de cancelar todas las exportaciones de máscaras N95 (las que realmente protegen a quien las lleva frente al virus) a Canadá y América Latina porque en esos países había también abundantes bajas y negarles el material podría tener graves implicaciones.

En total, 3M fabrica 35 millones de máscaras al mes, un 60% más que a principios de año. De esa producción, seis millones se exportan al resto del continente americano. El consejero delegado de 3M, Mike Roman, calificó las acusaciones del presidente de «absurdas».

Finalmente, la Casa Blanca y 3M llegaron a un acuerdo: la compañía importaría a EE.UU. 10 millones de máscaras de sus plantas en China y mantendría la venta de esos seis millones a Canadá y América Latina.

«Les hemos dado fuerte», se jactó Trump, que aplicó con 3M por primera vez la llamada Ley de Producción de la Defensa, aprobada en el Capitolio en 1950, durante la Guerra de Corea, para embargar los medios de producción privada y ponerlos al servicio de las fuerzas armadas.

Trump se ha definido como «un presidente en guerra» y así se está comportando. Para algunos países aliados está resultando incluso doloroso. El ministro de Sanidad de Brasil, Luiz Henrique Mandetta, lamentó la semana pasada que China hubiera cancelado a última hora un encargo de material sanitario, incluido un millar de respiradores, cuando EE.UU. envió 20 aviones de carga.

Después, el gobernador del estado de Bahía reveló que otro cargamento de 600 respiradores, que habían costado 7,5 millones de euros, había sido requisado en una escala en Miami. Tuvo que hacer otro pedido de 300, la mitad, por el que pagó el mismo importe de antes. El precio se había doblado en días.

Con semejante caos, en este gran bazar que en algunos aeropuertos se asemeja al mercado negro, algunos países han movilizado hasta a sus agencias de espionaje.

El temido Mossad israelí, que depende directamente del primer ministro, Benjamín Netanyahu, ha recibido la orden de asegurarse de adquirir el material que pueda y asegurarse de que llega a su destino.

Según han revelado los medios israelíes, con este método han llegado a Israel 10 millones de máscaras quirúrgicas, 25.000 protectores N95, 20.000 tests de prueba y casi 200 respiradores. Según ha publicado el diario «Haaretz», el Mossad incluso ha comprado material a países árabes con los que Jerusalén no tiene relaciones.

El comisario europeo de Gestión de Crisis, Janez Lenarcic, ha advertido en un comunicado de que la «lucha global» por material sanitario tiene implicaciones graves. «Se ha vuelto muy difícil organizar una adquisición ordenada para garantizar que los equipos médicos necesarios para enfrentarse a la pandemia, como máscaras y respiradores, llegan a manos de quienes más los necesitan», ha dicho.

 

 

El embajador Antonio Hsieh explica las razones por lo cual su país tiene apenas 5 víctimas fatales. El veloz mecanismo de prevención de epidemias les permitió evitar contagios. No hay cuarentena y la economía sufrió un impacto menor.

Abruman las cifras de los infectados y muertos por la pandemia de coronavirus en todo el mundo. Detrás del dolor por la fatalidad y de la preocupación que genera en los gobiernos y la población la situación económica de quebranto, hay casos que merecen ser analizados. Ejemplos de eficiencia y planificación, de inversión pública en prevención que pueden parecer onerosos en los buenos tiempos, pero resultan vitales cuando se desata la crisis.

El de Taiwán es un modelo sanitario que, engarzado en una próspera economía de mercado, ha demostrado ser eficaz para contener la pandemia. De hecho, apenas si tienen cinco víctimas fatales y están ubicados geográficamente nada menos que enfrente de China.

Allí el Estado ha sabido hacer un inteligente movimiento de pinzas. Se movió rápido en lo sanitario gracias a contar desde hace muchos años con un sistema preventivo de epidemias, mientras que en lo estrictamente económico puso en funcionamiento un esquema que provee subvenciones a los sectores afectados y una renta de 14 dólares diarios para las personas urgidas de hacer la cuarentena.

Tan aceitado está el mecanismo taiwanés que en ningún momento se vieron obligados a parar la economía. Todo allí sigue funcionando como siempre, en un plan que tiene como base la responsabilidad individual a la hora de prevenir el contagio masivo. Vale la pena contar cómo trabajan, aunque cada modelo encaja como una perfecta pieza en el rompecabezas universal de acuerdo a los rasgos sociales de su comunidad, a esa singularidad imposible de ser trasladadas a otras latitudes.

El mundo conoció los primeros indicios de esta inusual gripe llamada coronavirus allá por el mes de enero, cuando tomaron estado público los contagios masivos en una provincia lejana de China. Casi todos miraron para otro lado. Taiwán, en cambio, ya sabía desde diciembre que se venía el tsunami epidemiológico.

Como un diario de bitácora, el Gobierno taiwanés fue anotando cada uno de los pasos dados. Entre el 31 de diciembre de 2019, cuando China alertó a la Organización Mundial de la Salud que tenía 27 casos de una ``neumonía desconocida'', y el mismo día de enero de 2020, Taipei encendió la alarma del sistema preventivo de epidemias, envió una misión a investigar a Wuhan, restringió los vuelos, cerró sus fronteras, limitó la exportación de material médico e instruyó al personal de la salud y a la comunidad toda sobre cómo actuar frente al Coronavirus.

El resultado de su actitud preventiva es contundente: tiene hasta el día de hoy 380 casos confirmados de Coronavirus; 80 pacientes dados de alta y 5 muertes. Su economía sigue de pie y, cuando todo esto pase, estará en mejores condiciones para afrontar el incierto día después.

TELEFONO

La cuarentena obligatoria impide que, como ha ocurrido en otras oportunidades, podamos tener un mano a mano con el embajador de Taiwán en la Argentina, Antonio Hsieh. Pero la voluntad no se resquebraja y el teléfono nos devuelve la voz del diplomático, claro a la hora de remarcar los puntos clave de una estrategia sanitaria exitosa que permitió amortiguar el golpe sobre la economía taiwanesa.

¿Cuál es la clave del éxito de Taiwan a la hora de contener la pandemia de coronavirus?

-Creo que la clave es que nos anticipamos a todo lo que está ocurriendo. La idea central la podemos resumir en cinco puntos. Taiwán ha implementado un mecanismo integral de prevención, con control electrónico de brotes, controles fronterizos y un plan de prevención integral comunitaria. Aquí lo importante es planificar por adelantado.

Nosotros ya sabíamos, un mes y medio antes que los otros países, de los primeros casos que estaban ocurriendo en China. Ya estábamos preparados desde entonces. Planificamos con antelación. Contamos con equipamientos médicos avanzados y con la provisión de materiales estratégicos. Es importante, además, la difusión clara de las medidas, que sean transparentes y concisas.

¿La sociedad se adaptó rápido al nuevo escenario?

-Al menos una vez por año hacemos un ensayo en materia de control de epidemias en todo el país. Intervienen las escuelas, los niños. Todos están al tanto de cómo actuar en materia de prevención de epidemias. Es decir que Taiwán cuenta con la conciencia de sus ciudadanos. Esta vez ya sabíamos que iban a pasar estas cosas porque además teníamos la experiencia del 2003 con el brote del SARS. El pueblo ya estaba alertado y la conciencia es fuerte. El Gobierno y el pueblo trabajan juntos. Cada ciudadano es un luchador y un médico para combatir la epidemia.

-Es decir que el mecanismo ya estaba aceitado, tenían experiencia.

-Tenemos una larga experiencia en prevenir epidemias. Una experiencia que se remonta a los últimos 60 años. En los últimos 30 años hemos estado bloqueados por la China Popular, pero siempre luchamos juntos y hemos obtenido experiencias muy favorables. Hemos combatido enfermedades infecciosas como el cólera, la malaria, la viruela y la tuberculosis. Así fue que acumulamos experiencias valiosas para prevenir las epidemias.

-¿Cómo es el nivel de infraestructura hospitalaria?

-En este caso, desde lo organizativo, se estableció un mecanismo integral de prevención. Hace 17 años que el sistema siempre cuenta con 1.200 habitaciones especiales para este tipo de epidemias que son muy contagiosas. No es cualquier habitación de hospital. Esas están siempre preparadas para recibir gente en caso de emergencia sanitaria.

-¿La reacción rápida fue fundamental para que tengan apenas 5 muertes por coronavirus?

-Reaccionamos rápido. Taiwán trató de bloquear lo más rápido posible la epidemia mundial. Somos el país con menor nivel de contagios de enfermedades infecciosas. En el caso del Coronavirus, tenemos hasta el momento 380 casos confirmados, 80 ya fueron dados de alta y sólo hay 5 muertes que lamentar. Cuando supimos que iba a brotar esta epidemia instalamos en diciembre el sistema de monitoreo y control de ingreso y egreso de pasajeros. Mediante el sistema integral de control de epidemias, establecido hace 17 años, supimos pronto que iba a brotar esta pandemia y tomamos rápidas medidas.

-Los primeros casos en China se reportaron en enero. ¿Cuándo lo supo Taiwán?

-Desde enero de este año iniciamos las reuniones de expertos y se han impuesto las medidas para impedir la entrada de virus de extranjeros. La primera etapa consistió en contener a los que venían de China. Otra cosa que quiero destacar es el desempeño de prevención que tenemos en nuestro país, que es mejor que el de otros países avanzados.

La Organización Mundial de la Salud en un primer momento evaluó que Taiwán y Tailandia eran los dos países con mayor riesgo de ser severamente afectados por el coronavirus. Sin embargo, Taiwán es el país que ha reportado menos casos. Hemos demostrado nuestra capacidad de prevención.

IMPACTO

-¿Implementaron medidas de restricción para la circulación de los ciudadanos?

-Esta es una guerra también. Pero en Taiwán la vida sigue igual, no hay cierre masivo y obligatorio. El pueblo sabe que la responsabilidad individual es clave para suprimir la pandemia. Los niños van a la escuela y la economía sigue normal. Existe una coordinación con todos los ámbitos desde enero. En un comienzo el gobierno ordenó aplazar las actividades, en enero, para enseñarles y capacitar a los estudiantes y el personal de los hospitales.

-¿No sienten entonces el impacto en su economía?

-Eso se siente en todo el mundo. Pero el Gobierno ha otorgado paquetes de ayuda a las empresas, a las industrias más golpeadas. Inclusive hay una fuerte subvención al turismo, los hoteles y las compañías de ese rubro. A los que están en cuarentena obligatoria, también se les otorga algo de dinero. La cifra es de 30 dólares por día, por 14 días. El gobierno controla esto a través de Economía y también mediante contactos con el Ministerio de Salud vía celular. Hubo casos en los cuales las personas en cuarentena quisieron salir para respirar, quisieron escaparse, pero la policía en seguida los captura.

-En este contexto, las autoridades se han dispuesto a colaborar con el resto del mundo. ¿A qué países están ayudando?

-Con Estados Unidos hemos firmado acuerdo de cooperación para la donación de barbijos y la investigación para obtener las vacunas.

-¿Hay negociaciones con Argentina para recibir ayuda o realizar la compra de equipamiento?

-En este caso hay amigos de la Argentina que nos consultan. Desde el gobierno no tanto. Hubo una mano invisible para que no se hable más de Taiwán, pero los hechos hablan más que las palabras. Siempre hay buena voluntad y Taiwán ayuda a los países de buena voluntad. Siempre estamos listos para ayudar.

-¿Cuáles son las proyecciones?

-Cada país tiene una situación diferente. Nuestro ministro dice que hemos ya ganado la primera etapa con los contagiados que venían de China Popular. La segunda etapa fue con Europa y Estados Unidos. Hemos prohibido la entrada de extranjeros el 24 de marzo.

En ese momento entraron a Taiwán los ciudadanos que estudian o viven en Estados Unidos. Entraron estos y pasaron 14 días. Hay pocos casos detectados. Esta segunda etapa de invasión epidémica ya se ha superado. La tercera etapa es ahora.

Hace una semana hubo un periodo de 4 días feriados y los ciudadanos salieron para hacer turismo y eso molestó al gobierno. Hay que esperar a mitad de este mes para ver si hay contagios. No ha habido aparición de nuevos casos por ahora. Esta batalla va a disminuir para fines de abril. Estamos en primavera y las altas temperaturas y la humedad disminuyen la expansión del virus.

-Una de las preocupaciones en Argentina y en el resto de América Latina es que los altos niveles de pobreza impiden la correcta higiene, mientras que el hacinamiento vuelve inviable la cuarentena. ¿Cuál es el nivel de pobreza en Taiwán?

-Taiwán tiene un ingreso per cápita de 26.000 dólares y una inflación baja, que alcanza el 1,3% anual. Estamos clasificados como un país con muy poca pobreza (N. de la R. La cifra alcanza al 1% de la población).

-Casi no tienen condiciones de pobreza y han sabido construir un sistema preventivo de epidemias. ¿Qué rol jugó el alto nivel tecnológico del país?

-En Taiwán la tecnología también es clave. A nivel del sistema sanitario estamos reconocidos mundialmente como un país líder, seguidos por Corea del Sur y Japón. Tenemos un sistema sanitario de seguro médico que cubre toda la población.

También hay una cosa a la que acá no se le dio importancia: ponerse barbijo es obligatorio en Taiwán. Hay duras sanciones para el que no lo lleva. Para ir a institutos de gobierno o empresas privadas, restaurantes o bares. Hay que usarlo. Es un barbijo de uso quirúrgico que producimos en el país. La producción en este tiempo creció y alcanzó los 13 millones diarios, con el objetivo de llegar a 15 millones.

Gustavo García

 

La ciudad-estado asiática, muy alabada por su gestión de la epidemia de coronavirus, había resistido más de dos meses con medidas laxas.

«Ningún hombre es una isla», reza el poema de John Donne, y, en época de pandemia, tampoco lo es ningún país. Singapur, referente por ser uno de los pocos estados inicialmente capaces de frenar la curva de contagios sin recurrir a las draconianas medidas que han confinado a un tercio de la humanidad, ha dejado de ser una excepción.

La ciudad-estado asiática, plaza financiera regional, ha impuesto durante un mes un semicierre nacional bautizado como ‘circuit breaker’ (cortacircuitos). En argot bursátil, el bloqueo temporal de las transacciones cuando hay riesgo de ventas masivas movidas por el pánico.

Si el riesgo en este caso son las crecientes infecciones —1.623 hasta el 8 de abril—, el pánico es que las transmisiones queden fuera de control. Ese es el escenario bajo el que la isla, de apenas 5,7 millones de habitantes, contemplaría decretar la alerta roja por el impacto de la pandemia. De momento, pese al rápido incremento de contagios, que se han duplicado en menos de dos semanas, se resiste a hacerlo. Singapur mantiene aún la alerta naranja -la segunda más grave-, recurriendo a circunloquios para referirse al cierre parcial del país.

“En vez de prestar atención a la palabra cierre o bloqueo, que significa cosas muy diferentes para cada uno, centrémonos en las medidas”, aseguró el ministro de Desarrollo Nacional, Lawrence Wong, al anunciar el ‘circuit breaker’ el pasado viernes. No obstante, las nuevas restricciones coinciden con otras impuestas en muchos lugares del planeta en los que sí se habla claramente de cierre o confinamiento, tanto en los vecinos Malasia o Filipinas como en España u otros países de Europa.

Todo cerrado

Desde el miércoles, 8 de abril, y hasta el próximo 4 de mayo, todas las guarderías, colegios y universidades de Singapur permanecen cerrados. La mayoría de ciudadanos de esta cosmopolita nación, donde habitan más de un millón y medio de extranjeros, trabaja ya desde sus viviendas; solo los negocios esenciales, entre ellos supermercados, farmacias y bancos, permanecen abiertos. Los restaurantes, todavía operativos, únicamente pueden servir comida para llevar o a domicilio.

Las autoridades han urgido a la población a que permanezca en sus viviendas en todo momento, salvo para ir a comprar alimentos o hacer ejercicio, siempre y cuando lo hagan solos o en compañía exclusivamente de las personas con las que viven. El parlamento isleño ha aprobado una ley para impedir la socialización en la calle y la invitación a terceros a los hogares, so pena de severos castigos: multas de 10.000 dólares singapurenses (unos 6.500 euros) y hasta seis meses de cárcel por la primera ofensa.

El resultado es una imagen similar a la que se vive en tantas partes del mundo: calles vacías, establecimientos cerrados y con los rascacielos de la futurista isla más protagonistas que nunca del paisaje urbano. Una escena que, en Singapur, donde los casos habían subido gradualmente durante casi dos meses desde que se registró el primero el 23 de enero, resultaba marciana hasta hace poco.

“Hemos mantenido la epidemia bajo control”, aseguró el primer ministro, Lee Hsien Loong, en un discurso televisado el pasado viernes y pronunciado en inglés, chino y malayo, junto al tamil las cuatro lenguas oficiales del multirracial país. “Pero observando la tendencia, me preocupa que, a no ser que tomemos medidas más firmes, la situación vaya a peor, o un nuevo brote nos lleve al límite”, subrayó el dirigente, hijo del conocido como ‘padre’ de la patria, Lee Kuan Yew, quien convirtió la que hace un siglo no era más que una isla de pescadores en uno de los países con mayor renta per cápita del planeta.

¿Qué ha ocurrido, entonces, para que la nueva “tendencia” ponga a la próspera nación contra las cuerdas? “Muchos de los que han regresado recientemente del extranjero son muy jóvenes y podrían haber tenido síntomas muy ligeros de Covid-19 (la enfermedad provocada por el nuevo coronavirus), que quizás no se les ha detectado y han ido pasando a otros”, explica Ooi Eng Eong, subdirector del Programa de Enfermedades Infecciosas Emergentes de la Universidad Duke-NUS de Singapur.

Este departamento se encuentra detrás de hallazgos inéditos sobre el patógeno —un test serológico que detecta el coronavirus incluso en pacientes recuperados— y del desarrollo de una vacuna junto a la compañía biotecnológica estadounidense Arcturus Therapeutics.

El virus rebota en Europa

Como sugiere Ooi, esta segunda ola de casos en la isla ha tenido orígenes distintos a la primera: si los de enero y febrero mantenían normalmente vínculos con China, el foco original de la pandemia y el principal emisor de turistas de Singapur, en la actual muchas infecciones han sido importadas de Europa y EEUU. A medida que el coronavirus causaba estragos en esos países, miles de los cerca de 200.000 singapurenses que viven en el extranjero —muchos jóvenes estudiantes— regresaban a la isla. Algunos, enfermos. Algunos, sin síntomas detectables, apunta el experto en biología molecular.

Así, aunque las primeras infecciones fueron contenidas gracias en parte a que Singapur prohibiera rápidamente, a comienzos de febrero, la entrada a todos los pasajeros procedentes de China o que hubiesen estado allí en las últimas dos semanas —el supuesto periodo de incubación del virus—, la estrategia de cerrar fronteras no ha servido esta vez. Aislada prácticamente del mundo, pues desde finales de marzo la isla solo permite el regreso de singapurenses o residentes, el cerrojazo a sus confines ha llegado tarde. El enemigo ya estaba dentro: solo este miércoles, la ciudad-Estado reportó 142 nuevos casos, la cifra diaria más alta hasta la fecha.

Aparte de la crecida de contagios, uno de los principales problemas es que muchos de los nuevos casos, alrededor de la mitad según el día, no tienen vínculo con otros brotes ya detectados. El trazado de conexiones entre infecciones ha sido uno de los pilares de la estrategia de Singapur para cercar al virus: al establecerlas, la isla podía ir un paso por delante y localizar a posibles enfermos.

Gracias a su pequeño tamaño, un potente sistema de videovigilancia y al empleo de todo tipo de recursos, desde servicios tradicionales de detectives hasta sofisticadas aplicaciones tecnológicas de seguimiento —la llamada Trace Together (rastreemos juntos), de descarga voluntaria, registra a través de Bluetooth la distancia entre usuarios y la duración de sus encuentros—, cualquier ciudadano puede ser contactado de forma inesperada desde hace meses. Una voz al otro lado del teléfono corrobora si, en línea con las pesquisas, el “sospechoso” ha estado en el lugar donde se tiene constancia de que ha habido un infectado. De confirmarse, el posible contagiado queda obligado a aislarse en su vivienda durante dos semanas.

Del confinamiento selectivo y el cuasi espionaje, mejor tolerado en un país acostumbrado a que las libertades individuales se sacrifiquen en detrimento del bien colectivo —Singapur mantiene un férreo control sobre la prensa y permite escasas manifestaciones—, se ha pasado al aislamiento generalizado. Ooi considera que las medidas actuales no se deben a que “no haya suficientes recursos para mantener la estrategia previa, sino a que el número de casos sin vincular es mayor. La situación es más compleja, agravada por los contagios asintomáticos”, alerta.

No hay fórmula mágica

En cualquier caso, el experto cree que las nuevas medidas han llegado a tiempo. Singapur, cuyo exhaustivo trabajo en detectar los casos de coronavirus “impresionó” al director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, tiene aún capacidad hospitalaria y una cifra muy baja de fallecidos (seis por el momento).

Cuando España decretó el estado de emergencia el 14 de marzo, el Ministerio de Sanidad daba cuenta de 120 fallecidos y 4.231 infectados, cerca de 3.000 en Madrid, con una población más similar a la de Singapur, de apenas un millón más de habitantes (6,6 en toda la Comunidad).

Pero Singapur también cuenta con mucha más experiencia que España, en este caso, para gestionar la epidemia. Al igual que otros lugares de Asia que han capeado con cierto éxito la embestida del coronavirus, entre ellos Corea del Sur, Taiwán o Hong Kong, la isla tiene aún muy presente la experiencia del SARS (síndrome respiratorio agudo grave). Surgido en 2003 y provocado por otro coronavirus, la enfermedad afectó a unas 8.000 personas de 26 países, frente a las más de 175 naciones por las que se ha propagado la Covid-19.

“El brote está evolucionando rápidamente y el Gobierno, que aprendió las lecciones del SARS —que dejó más de 200 infectados y 33 muertos en Singapur— ha hecho un gran trabajo tomando medidas que evolucionan con el progreso de la epidemia”, subraya Wang Linfa, el director del Programa de Enfermedades Infecciosas Emergentes de Duke-NUS.

La experiencia sirvió a Singapur para anticipar la importancia de los test de detección y disponer de suficientes, a diferencia de lo ocurrido en otros países. Pero no ha librado a la isla de verse retada por una enfermedad todavía muy desconocida que, aunque menos mortal que el SARS, se propaga más fácilmente: si hace un mes un brote incontrolado resultaba poco previsible, como coincidían expertos del país, cada vez resulta más plausible.

Solo entre los trabajadores inmigrantes, típicamente obreros de construcción procedentes del sur de Asia, ha habido más de 100 contagios, a raíz de los cuales casi 20.000 han quedado confinados en dormitorios calificados de insalubres por sus ocupantes. La situación es una bomba de relojería, advierten desde algunos sectores.

Pese a reunir en principio las condiciones ideales para frenar la enfermedad —experiencia, recursos médicos y tecnológicos y condiciones demográficas favorables—, el país tiene aún un largo camino por recorrer. Singapur, una democracia sobre el papel pese a haber sido únicamente gobernada por el Partido de Acción Popular (PAP) desde su independencia de Malasia en 1965, combate el virus mientras trata de mantener la economía a flote.

El pasado mes, la isla, sin más recursos que los humanos y muy dependiente de las exportaciones, redujo su previsión de crecimiento anual a un rango entre el -4% y el -1%, frente al pronóstico del -0.5%/ 1.5% anterior. Su aeropuerto, uno de los más transitados de Asia, ha decidido cerrar una de sus cuatro terminales durante dieciocho meses de cara a la menguante demanda.

Aunque las previsiones no incitan al optimismo, Singapur espera que las próximas cuatro semanas desemboquen en una situación más “sostenible”, tal y como confió su primer ministro al decretar las nuevas medidas. El país espera evitar así la alerta roja y un cierre más radical, con la mirada puesta también en unas elecciones que, como tarde, han de celebrarse en abril de 2021. Ooi prevé que el regreso a la normalidad será también paulatino.

“Sospecho que no volveremos ipso facto al punto en el que estábamos la semana pasada, la reapertura se hará en fases”, asegura. Si se puede extraer alguna lección del caso de Singapur, añade el experto, es que “no existe la fórmula mágica” contra el coronavirus. Y que no se puede bajar la guardia.

“Cuando pase la tormenta y la situación esté más controlada, hay que continuar impulsando un programa de detección muy activo hasta que haya una vacuna disponible en el mercado”, concluye.

Fuente: www.conclusion.com.ar

 

Lanzó otro mensaje a la ciudadanía, el tercero ya desde el comienzo de la crisis sanitaria, en un intento de infundir confianza a la población y pedir paciencia y disciplina para soportar el confinamiento.

En el marco de una nueva videoconferencia con ministros y gobernadores regionales, el presidente Vladímir Putin lanzó ayer otro mensaje a la ciudadanía, el tercero ya desde el comienzo de la crisis sanitaria, en un intento de infundir confianza a la población y pedir paciencia y disciplina para soportar el confinamiento. “Todo pasa y queda atrás, esto también pasará (...) derrotaremos está infección del coronavirus, juntos superaremos todo», proclamó Putin al final de su alocución.

Pero antes anunció un nuevo paquete de ayudas y ordenó al Gobierno y a las administraciones locales canalizarlas. «Vamos apoyar a los sectores de la economía afectados por la crisis sanitaria, al mercado laboral y al sistema sanitario», declaró el primer mandatario ruso telemáticamente, parapetado en la soledad en su residencia de Novo-Ogariovo, en las afueras de Moscú.

La nuevas medidas incluyen una subida del salario y de los complementos para los empleados del sector sanitario que luchan contra la pandemia, la agilización de los trámites para que las familias con niños pequeños reciban dotaciones, el pago inmediato de la prestación por desempleo, que asciende a 12.130 rublos (unos 150 euros), para quienes perdieron el trabajo después del 1 de marzo.

En sus dos primeras comparecencias televisivas, Putin decretó primero una semana no laborable y luego la amplió a todo el mes de abril. También prometió ayuda a las pymes, incluyendo una exención de impuestos, salvo el IVA, y créditos baratos, algo que por ahora no se está materializando y que está levantado críticas y malestar entre los empresarios.

Las cifras facilitadas hoy sobre la evolución de la epidemia arrojan 1.459 nuevos casos de coronavirus en toda Rusia y sitúan el total en 10.131 infectados. Ha habido un repunte de 284 contagios con respecto al miércoles, cuando el incremento fue de 1.175 casos. Los fallecimientos ascienden a 76. En Moscú, los casos han aumentado en 857 y elevan el total en la capital rusa hasta 6.698, en donde hay además 38 muertos.

Según la directora de la Agencia Federal de Medicina y Biología, Verónica Skvortsova, «la epidemia de coronavirus en Rusia puede alcanzar el pico máximo en las próximas dos semanas» y, según su opinión, «la disminución significativa de la enfermedad comenzará en junio».

Skvortsova cree que la propagación del COVID-19 en Rusia «se está desarrollando con arreglo a un escenario favorable (...) gracias a que las autoridades actuaron a tiempo». Rusia empezó a tomar medidas drásticas contra la pandemia ya a finales de enero, cuando cerró su frontera con la vecina China en medio de la proliferación del brote de Wuhan.

Rafael M. Mañueco

 

La nave Alan Kurdi de una ONG alemana, con 150 inmigrantes, pide desembarcar, pero el Gobierno responde que se debe responsabilizar Alemania.

Italia ha cerrado a cal y canto sus puertos por el coronavirus. Después de años de polémicas, el gobierno italiano no permite atracar a barcos extranjeros. Ningún inmigrante será acogido en Italia, salvo que se encuentre en peligro en la zona SAR (Servicio de Salvamento y Rescate), área que no coincide con las aguas territoriales.

La medida, aprobada por decreto ley, se mantendrá al menos hasta el 31 de julio, fecha en que también por decreto se fijó la duración de la emergencia en Italia. El gobierno italiano considera que, a causa de la emergencia sanitaria por el coronavirus, los puertos italianos no son seguros, adaptados para acoger y proteger a quienes se embarcan en las costas norteafricanas para llegar a Italia.

Concretamente, el decreto del gobierno explica: «Los puertos italianos no aseguran los necesarios requisitos para la definición de puerto seguro, en virtud de lo que está previsto en la Convención de Hamburgo sobre el salvamento marítimo». Considera el gobierno italiano que su decreto está inspirado en los principios de tutela de la salud de los pasajeros de los barcos y de la igualdad de tratamiento de los ciudadanos italianos a los que las actuales ordenanzas impiden los desplazamientos de una ciudad a otra.

En definitiva, el cierre de los puertos italianos es ya una realidad para todas las ONG que salvan inmigrantes en el mar. Una nave cargada de inmigrantes se ha topado ya con el decreto. Se trata de la

Alan Kurdi, de una ONG alemana, con unas 150 personas rescatadas cerca de Libia. Ha pedido a Italia permiso para llegar a uno de sus puertos. El ministerio de Infraestructuras y Transportes (MIT)se lo ha negado, subrayando «la imposibilidad de garantizar puertos seguros a barcos con bandera extranjera». El MIT ha pedido a Alemania, por ser el Estado bandera de la Alan Kurdi, que se asuma la responsabilidad de toda la actividad de la nave en el mar, incluida la de ofrecerle un puerto seguro.

Emergencia en Lampedusa

La buenas condiciones del mar están empujando a muchos inmigrantes a escapar de la guerra de Libia para embarcarse con destino a Italia. Algunas pateras han llegado en los últimos días a la isla de Lampedusa, creando una situación de emergencia. En dos días han llegado casi 200 inmigrantes. Algunos han sido trasladados a Agrigento (Sicilia).

El alcalde de Lampedusa, Totò Martello, ha dado la voz de alarma porque el centro de acogida de la isla está saturado y tiene dificultad para aislar y poner en cuarentena a los inmigrantes. Entre los isleños cunde la exasperación.

Protestan porque temen que la continuidad de los desembarcos podría poner en peligro sus vidas ante el riesgo de la difusión del coronavirus. Martello ha pedido al gobierno que «una nave italiana de acogida» se sitúe frente al puerto de Lampedusa para recibir a los inmigrantes y evitar que lleguen a la isla, donde, según el alcalde, ya no hay espacio para acogerlos.

Ángel Gómez Fuentes

 

La ciudad de Nueva York comenzó a enterrar cadáveres sin reclamar en una fosa común en la isla de Hart, en el extremo noroeste de la Gran Manzana, producto del creciente aumento de víctimas mortales por coronavirus en la región.

Las autoridades de Nueva York confirmaron que la isla, que durante décadas se ha utilizado para dar sepultura a cadáveres sin reclamar, ahora incluirá también a fallecidos por el Covid-19 que no sean reclamado durante un plazo de 14 días posterior a su muerte.

"Es probable que gente que haya muerto (de coronavirus) sea enterrada en la isla en los próximos días" dijo a los medios la secretaria de prensa de la Alcaldía de Nueva York, Freddie Goldstein.

Las declaraciones se producen en un momento en el que han surgido imágenes del entierro de varios ataúdes, colocados unos encima de otros, en esa isla y después de que este jueves Nueva York registrara 799 fallecimientos por coronavirus en 24 horas, un nuevo máximo diario.

La isla de Hart se utilizó como cementerio público de la ciudad durante más de 150 años y está gestionado por el Departamento Correccional neoyorquino.

"Ahí han ido a parar los cuerpos de las personas que han permanecido en una morgue sin reclamar entre 30 y 60 días", explicó Goldstein.

La portavoz añadió que las autoridades están trasladando a este lugar los cadáveres para tener más espacio para el resto de fallecidos por coronavirus.

Con el aumento de muertes, explicó, el número de días que un cuerpo sin identificar o sin reclamar podrá permanecer en una morgue antes de ser enterrado en la isla de Hart será de 14 días en lugar de uno o dos meses.

"Son gente que, durante dos semanas, no ha podido encontrar nadie que diga 'conozco a esta persona, quiero a esta persona y yo me quiero encargar de su entierro'", agregó la representante de la Alcaldía, según informó la agencia de noticias EFE.

Según Goldstein, en circunstancias normales se entierran en la isla unos 25 cuerpos por semana, pero desde que comenzaron a morir personas por la pandemia, se sepultan 25 al día.

El estado de Nueva York registra ya 160.000 infectados por coronavirus, una cifra que supera la de cualquier otro país fuera de Estados Unidos, mientras que el número de fallecidos aumenta a más de 7.000, de los que más de 5.150 perdieron la vida en la Gran Manzana.

La ciudad de Nueva York, actual epicentro de la pandemia también convirtió al reconocido Central Park de Nueva York en un hospital de campaña para tratar a pacientes con el nuevo coronavirus.

La semana pasada, el alcalde de la ciudad, Bill de Blasio, había anticipado que el establecimiento dispondrá de 68 camas que reforzarán la capacidad del hospital Monte Sinaí Oeste, situado en las inmediaciones.

Las carpas blancas que lo albergarán comenzaron a ser instaladas el último domingo y, al igual que las de la fosa común en la isla de Hart, dieron vuelta al mundo graficando la magnitud de la crisis sanitaria en esa ciudad.


 

Tras once semanas de confinamiento, Wuhan ultima su puesta de largo para reabrirse al mundo este miércoles. ¿Toda la ciudad? No. Cerca de la estación de tren de Hankou, al final de la avenida Xinhua, el mercado de Huanan, donde se sospecha que surgió el coronavirus, dormita acantonado tras una valla protectora azul.

A sus naves comerciales, guardadas por persianas metálicas que a su vez vigilan agentes de la ley, tan sólo se permite entrar a los operarios protegidos con aparatosos monos blancos. Su misión, seguir con las tareas de desinfección y la recogida de muestras en busca del supuesto origen de la Covid-19, que ya ha dejado 75.000 muertos y más de un millón de infectados en todo el mundo.

Cuando estaba operativo, este zoco cumplía a la perfección con el dicho popular: “En China se come todo lo que vuela menos los aviones, todo lo que nada menos los barcos y todo lo que tenga patas menos las mesas”.

Además de verduras, pescado o marisco fresco, en el ala oeste del complejo había a la venta, vivos o a trozos, cocodrilos pequeños, puercoespines, perros, ratas de bambú, crías de lobo, avestruces, patos, civetas, marmotas, conejos, serpientes o pavos reales. Un zoológico gastronómico que tuvo que echar el cierre el 1 de enero después de que varios de sus comerciantes y clientes comenzaran a mostrar síntomas de una nueva y extraña neumonía.

Conservacionistas y expertos en la salud llevan años alertando contra el comercio de vida silvestre en los mercados chinos y de otras regiones asiáticas, tanto por su impacto en la biodiversidad como por ser un foco potencial de propagación de enfermedades.

No es extraño encontrarse en estos espacios animales enjaulados en pésimas condiciones higiénicas, sin posibilidad de identificar su procedencia y donde se mezclan las secreciones de los vivos con la sangre y los desechos de los muertos: el caldo de cultivo ideal para que surjan virus desconocidos.

Tan sólo en los últimos días, organizaciones como WWF, Igualdad Animal, la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre o la secretaría ejecutiva de la Convención de Diversidad Biológica de las Naciones Unidas han vuelto a pedir que se acabe con el consumo de estos animales y se clausuren todos los mercados como el de Wuhan.

“Me sorprende que cuando tenemos tantas enfermedades que emanan de ese interfaz inusual entre humanos y animales no los cierren”, dijo al canal estadounidense Fox News el doctor Anthony Fauci, principal asesor de Donald Trump en lo relativo al coronavirus.

Con la prohibición se teme que crezca el contrabando por el arraigado consumo de especies salvajes

Desde la epidemia del SARS en el 2003, que se originó en una de estas lonjas de la provincia de Cantón, China ha avanzado en el control y la detección de enfermedades infecciosas. También ha tratado de mejorar las condiciones sanitarias de estos zocos, estableciendo un sistema de licencias y prohibiendo la venta de aves de corral y otros animales en grandes urbes como Shanghái o Pekín.

Sin embargo, conforme crece la economía, también lo hace el apetito de los consumidores por los animales salvajes, ya sea como alimento –en muchas ocasiones es una muestra de ostentación de la posición social alcanzada– o para su uso en la medicina tradicional. Tampoco ayuda que las inspecciones sanitarias no sean siempre lo rigurosas que debieran o que el propio Estado haya animado el florecimiento de esta industria en algunas zonas menos favorecidas del país.

En el mercado de Wuhan

Vivos o a trozos, había cocodrilos pequeños, puercoespines, crías de lobo, marmotas...

Cuando la epidemia de coronavirus se desató en enero, el Gobierno chino anunció una prohibición temporal sobre el transporte y el comercio de especies salvajes –vivas o muertas– en mercados, supermercados, restaurantes o en internet. Un mes después, el Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional (el Legislativo) se comprometió a prohibir totalmente el comercio ilegal y el consumo de animales salvajes, “incluidos los que se crían o reproducen en cautiverio”.

Asimismo, estipuló que el uso de animales salvajes para fines no comestibles –incluidas la investigación científica, el uso médico o su exhibición– quedarán sujetos a un estricto procedimiento de revisión e inspección.

Aunque los conservacionistas acogieron con simpatía esta decisión, se muestran cautos. Por un lado, dicen, las granjas abiertas con licencia podrían usarse para dar cobertura a los comerciantes que se dedican al tráfico ilegal de especies exóticas y raras. Por otro, está el factor cultural de este consumo, muy arraigado en algunos lugares, y los intereses de criadores y comerciantes para que el negocio no termine.

Además, frente a los que persiguen su abolición hay voces que afirman que el problema no radica tanto en cambiar los hábitos alimentarios como los higiénicos en granjas y mercados. Aseguran que una prohibición total corre el riesgo de hacer florecer un mercado negro mucho más difícil de controlar.

“La existencia de mercados como el de Huanan está impulsada por una demanda real de los consumidores. Mientras esta siga existiendo, si no se cubre aquí lo harán en otro lugar”, advirtió a la agencia Bloomberg Liu Yuanfei, cliente de la lonja ahora clausurada y sin visos de ver la luz próximamente.


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