Internacionales

En plena crisis, se libra un pulso por entender el futuro e influir en él. Algunos expertos dudan de un cambio radical.
La carrera de las predicciones ha comenzado. Desde hace semanas, Gobiernos, instituciones internacionales, economistas, laboratorios de ideas y gurús se han embarcado en una competición por explicar cuanto antes el mundo de mañana.
Nadie sabe todavía cómo terminará esta fase de la crisis de la covid-19, la enfermedad causada por el virus SARS-CoV-2 que en cuatro meses se ha extendido desde China al resto del planeta, ha matado a más de 155.000 personas y ha confinado a la mitad de la humanidad.
No está claro cómo será la salida del confinamiento, ni cuándo una vacuna garantizará el regreso a la normalidad. Nadie está seguro de cuál será la normalidad dentro de unos meses. Pero el instinto humano de ir un paso adelante —y la necesidad práctica de prepararse para el nuevo mundo y de influir en él— es el motor que lleva a una sobreproducción de documentos para aclararse en la tormenta.
“Es precisamente cuando las cosas son complicadas y están en movimiento cuando es útil hacer previsiones para ver más claro”, dice Bruno Tertrais, director adjunto de la Fondation pour la Recherche Stratégique en París, autor de El año de la rata. Consecuencias estratégicas de la crisis del coronavirus, un informe claro y conciso sobre lo que se avecina.
Hay dos bandos en la fiebre prospectiva. Primero, el de quienes creen que “ya nada será igual”, “habitaremos un mundo distinto”, “es el fin del capitalismo y de la globalización”. “Es una conmoción antropológica profunda. Hemos detenido medio planeta para salvar vidas: no hay precedentes en nuestra historia”, ha declarado el presidente francés, Emmanuel Macron.
El segundo bando es el de los cautos. Son quienes, mirando a la historia, desconfían de las fechas que todo lo transforman. Y quienes sostienen que el coronavirus, más que marcar un corte en la historia, acentuará tendencias en marcha. O quienes incluso advierten de la posibilidad de un retorno a lo de siempre, el business as usual, “la vida normal”, como dice Donald Trump.
Tertrais esboza varias tendencias: un retroceso de la mundialización; un declive de líderes populistas acompañado del éxito paradójico de las ideas del soberanismo y la defensa de las fronteras; el retorno del Estado protector; el auge de las sociedades de la vigilancia; el riesgo de acciones oportunistas por parte de Estados y organizaciones: la tentación de pescar en río revuelto. La última tendencia, a contracorriente de una predicción muy extendida, es que ninguna potencia —tampoco China— saldrá reforzada.
Tertrais describe el coronavirus como una “sorpresa estratégica” comparable a la caída del muro de Berlín en 1989 o la crisis financiera de 2008. No todas las “sorpresas estratégicas” provocan las consecuencias esperadas: en 2001, tras los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, un columnista de The New York Times pronosticó la Tercera Guerra Mundial. En 2008, el presidente francés Nicolas Sarkozy creyó llegado el momento de la “refundación del capitalismo”. La hora actual se parece quizás a la caída del Muro: un acontecimiento que entraba dentro del espectro de lo posible, aunque nadie lo previó entonces; y un mundo a ciegas durante meses. Todo podía salir muy bien, o muy mal. “Nadie sabía lo que iba a ocurrir”, recordaba hace unos meses el historiador Pierre Grosser. “Pensábamos que la Unión Soviética iba a implosionar, pero no sabíamos si sería muy peligroso”.
Nathalie Tocci, directora del Istituto Affari Internazionali en Roma, habla de un posible “momento Suez” para Estados Unidos en alusión a la crisis del canal de Suez en 1956 que precipitó el fin del Reino Unido como potencia mundial. “No es que China vaya a ser el nuevo imperio, pero es un momento en el que la potencia global de China se consolida. Tendrá un poder de atracción, un soft power o poder blando, que no se ejercita de manera coercitiva”, dice.
En el informe El orden internacional y el proyecto europeo en tiempos de la covid-19, Tocci dibuja dos escenarios: uno de cierre —nacionalismo, proteccionismo, rivalidad entre potencias e influencia china— y otro de apertura que podría conducir a una mayor cooperación global. “Si me pregunta cuál de estas dos dinámicas es más fuerte, no lo sé”, apunta Tocci. “Pero sé que hay algo que marcará la diferencia: el liderazgo. Y hoy el liderazgo prácticamente no existe. Sin liderazgo, temo que vayamos más en la dirección de la competición que de la cooperación”.
“No sabemos qué sucederá, pero vale la pena pensar en ello. Mucho dependerá de cómo salimos y con qué daños”, dice Gregory Treverton, exdirector del Consejo Nacional de Inteligencia, la célula prospectiva de la inteligencia de Estados Unidos. Su trabajo consistía en imaginar escenarios. Y uno de los que imaginó fue el de una pandemia en 2023. “Si se mira lo que ya ocurría antes de la crisis, había un aumento del nacionalismo, de proteccionismo, de la tensión entre EE UU y China, de la desconexión entre la gente y los Gobiernos”, reflexiona. “La pregunta es cómo afecta la covid-19 a esto. La respuesta es que, a corto plazo, lo exacerbará”.
Warren Hatch, presidente de la empresa de pronósticos Good Judgment, considera que una previsión geopolítica —sobre el ascenso de China y el declive de Estados Unidos— debería acotarse y desgranarse en preguntas concretas y verificables: sobre la evolución del PIB chino o la contribución de este país a las organizaciones internacionales.
A la pregunta sobre si esta crisis lo cambia todo, Hatch responde: “Mucho de lo que solíamos hacer y que ahora parece inimaginable, como ir a eventos deportivos, creo que lo haremos de nuevo: inventaremos algo. Por otro lado, hay cosas que ya estaban cambiando y se acelerarán: la idea de trabajar desde casa, por ejemplo, o ver al médico desde el domicilio por Internet”.
Entre todas las previsiones que circulan sobre el mundo que saldrá de esta crisis del coronavirus, hay una que puede avanzarse sin miedo al error: será un mundo obsesionado por las pandemias. Tras los atentados de 2001, el terrorismo se convirtió en el centro de gravedad, que no dejó ver otras amenazas.
Podría ocurrir ahora lo mismo, con las pandemias en el lugar del terrorismo. “En efecto, existe el riesgo”, dice Tertrais, “de que en los próximos cinco años la pandemia sea considerada como el riesgo número uno y que los otros se vean menos”.
Entre las amenazas, se cita el cambio climático. O más pandemias. “Esto es un ensayo general”, dice Treverton. “Imagine una pandemia tan letal como el ébola y tan transmisible como la covid-19. No veo otra amenaza semejante”.
UNA “COMPETICIÓN ÁSPERA”, SEGÚN LA VISIÓN FRANCESA
"El mundo posterior a las crisis se prepara durante la crisis, y no al final”, afirma un informe del Centro de Análisis, previsión y estrategia (CAPS) del Quai d’Orsay, una especie de laboratorio de ideas interno del Ministerio de Exteriores francés.
El informe, revelado a finales de marzo por el diario 'Le Monde', no fija la política oficial francesa, sino que apunta líneas de reflexión estratégica ante la “competición áspera” que se anuncia. El punto de partida es que el día después será convulso y que los prolegómenos se juegan en estos momentos. Las amenazas son múltiples: desde la estabilidad política a la paz social.
El informe alerta sobre “el relato chino”: el posible atractivo futuro de su modelo, reforzado por la propaganda. Por eso, es necesario “no solo desarrollar un contrarrelato sino poder apoyarse en un balance elocuente y poner en evidencia las diferencias de método”. Y añade: “Porque, a fin de cuentas, ‘la historia la escriben los vencedores”.
Los vacíos de poder y el aprovechamiento que puedan hacer potencias como China o Rusia puede conducir a “una aceleración de la redistribución de las cartas”. Los autores no tercian en el debate sobre si estamos ante un giro radical o un retorno a las inercias del pasado. “Una crisis de tal magnitud siempre es la ocasión para reorientaciones profundas”, se lee. “Pero no implica mecánicamente ninguna de estas reorientaciones. Al final es la política la que las impone, o la que no está a la altura de la ocasión”.
Marc Bassets


El primer ministro del Reino Unido no asistió a los cinco primeros gabinetes de crisis ante la pandemia.
La ola de simpatía que logró el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, después de que la covid-19 le situara al borde de la muerte está desapareciendo a pasos agigantados.
El primer ministro está ya a punto de reincorporarse a su puesto y le espera una tormenta política. La cifra diaria de muertos ronda el millar, el personal sanitario está al borde de la rebelión por la falta de equipos de protección, el ritmo de los test no llega ni de lejos al prometido por el Gobierno, y el diario más institucional del país, The Sunday Times, publicó este domingo el demoledor relato de cinco semanas perdidas en las que Johnson fue incapaz de ejercer su liderazgo.
El emperador no tiene ropa, pero nadie había osado hasta ahora a decirlo claramente. Cuando las noticias procedentes de China comenzaban a ser alarmantes, fue convocada la primera reunión del gabinete COBRA (Cabinet Office Briefing Room A, en sus siglas en inglés), el equipo interministerial que responde ante una situación de emergencia.
Johnson prefirió atender otros compromisos. Y no presidiría ninguna de esas reuniones hasta el 2 de marzo. Durante todo ese tiempo, que desde la perspectiva actual se ha revelado crucial, el primer ministro se dedicó a celebrar la llegada de su anhelado Brexit (31 de enero), a remodelar su equipo de ministros, y a disfrutar de dos semanas de retiro campestre con su prometida, Carrie Symonds. Downing Street estaba concentrado en preparar el anuncio en las redes sociales del embarazo de Symonds.
“No se puede declarar una guerra con el primer ministro ausente. Y lo que nos quedó claro es que Boris (sic) no presidía ninguna de las reuniones”, aseguró a The Sunday Times un alto asesor de Downing Street desde el anonimato. “Le gustan sus descansos campestres. No trabaja los fines de semana. Era como trabajar para una autoridad local hace 20 años. No había sensación de que se planeara para una urgencia. Se comportó exactamente como muchos temían que se iba a comportar”.
“Es sencillamente grotesco retratar al primer ministro como alguien a quien no le preocupaba la situación”, ha contratacado este domingo el jefe de Gabinete de Johnson (un puesto similar al del ministro de la Presidencia español), Michael Gove, en la BBC.
“Todos los Gobiernos cometen errores, y el nuestro también. Intentamos aprender y mejorar cada día. Seguro que habrá una oportunidad, en el futuro, de mirar atrás, reflexionar y aprender lecciones profundas”, ha dicho Gove. Pero no le quedó más remedio que admitir la ausencia de Johnson durante los cinco primeros gabinetes de crisis. Y aunque justificó como algo habitual que el jefe de Gobierno delegara su presencia en algún ministro durante esos encuentros, no pudo negar que, en determinadas emergencias, debe ser el líder quien tome las riendas. Como se vio igualmente obligado a admitir que, en medio de las crecientes advertencias de los científicos sobre la gravedad de la situación, el Gobierno decidió enviar a China en febrero un cargamento con 279.000 objetos de protección sanitaria acumulado por el Reino Unido desde hacía años.
Los hashtags #Boristheliar (Boris el mentiroso) y #Borisresign (Boris dimite) se convirtieron este domingo en tendencia en las redes sociales del Reino Unido y la recién elegida dirección del Partido Laborista comenzó a dar claras señales de que el periodo de gracia de Johnson llegaba a su fin. “Sabemos que se han cometido serios errores.
Sabemos que el personal sanitario que está en primera línea de batalla no cuenta con el equipo de protección necesario. Este mismo fin de semana ya les han avisado de que no podrán contar con unas batas que son vitales para seguridad”, arremetía contra el Gobierno Jonathan Ashworth, el portavoz de Sanidad de la oposición. El hecho de que Johnson no asistiera a unas reuniones que resultaban clave “sugiere que estaba desaparecido en combate”, añadió.
El primer ministro sigue recuperándose en la residencia oficial de campo de Chequers, por consejo de sus médicos. No hay fecha oficial para su reincorporación, y durante este tiempo le sustituye el ministro de Exteriores, Dominic Raab. Pero más allá de la decisión adoptada la semana pasada de prolongar el confinamiento domiciliario hasta el 7 de mayo, el Gobierno transmite la impresión de mantenerse pedaleando hasta que Johnson sea capaz de asumir las riendas de la situación.
La prueba evidente de que el Gobierno del Reino Unido está descabezado es la constante contradicción de mensajes sobre el futuro desconfinamiento de la población.
En las últimas semanas ha salido a la luz la tensión interna entre aquellos ministros (encabezados por el de Sanidad, Matt Hancock) que no quieren ni oír hablar de una “estrategia de salida” hasta que la pandemia no esté bajo control y los que, con el ministro de Economía, Rishi Sunak, al frente, consideran que será imposible sostener el hundimiento de las cuentas más allá del verano. El líder de la oposición, Keir Starmer, ha reclamado con fuerza un plan de vuelta gradual a la normalidad, y a su voz se han sumado pesos pesados del Partido Conservador como Iain Duncan Smith o David Davis.
En las últimas horas se ha filtrado un “plan semáforo”, impulsado por el sector del Gobierno más proclive a relajar la hibernación del país. A partir del 11 de mayo, según esa estrategia, colegios, guarderías, algunos comercios y el servicio de ferrocarriles (con el obligado uso de máscaras por los viajeros) tendrían luz verde para ponerse en marcha.
Una segunda fase, de luz ámbar, contemplaría, a mediados de verano, el regreso de algunos empleados a sus puestos de trabajo y algún tipo de reuniones sociales. Ni restaurantes ni pubs ni eventos deportivos podrían reanudar su actividad hasta finales de años. Para todos ellos la luz sería roja, así como para los mayores de 70 años, que deberían permanecer recluidos a la espera de una vacuna. “Nada de esto es cierto”, dijo este domingo el jefe de Gabinete de Johnson, Michael Gove. “Ya hemos establecido los baremos a partir de los cuales será posible hablar de un futuro desconfinamiento”.
Rafa De Miguel


Empezar es la mitad de la tarea, reza un proverbio coreano. Pero la cosa no comenzó bien para Seúl, que tuvo en febrero un pico de casos del covid-19 sólo superado por China.
Lo que vino después fue una serie de políticas que, ayudadas por la tecnología y el buen comportamiento ciudadano, fueron controlando el virus hasta llegar hoy a la tasa de mortalidad más baja del mundo: 230 muertos entre 10.635 infectados. Para explicarlo, La Prensa dialogó con el embajador de Corea del Sur en la Argentina, Jang Myung-soo.
-¿Qué medidas ha tomado su gobierno para enfrentar la pandemia?
-Se realizaron miles de testeos. Eso propició el rápido hallazgo de pacientes infectados y la posibilidad de ampliar las investigaciones epidemiológicas para evitar la propagación del virus. Además, fue de gran importancia nuestro personal médico, altamente capacitado y con todos los recursos a disposición, para reducir la tasa de mortalidad.
-No han hecho cuarentena total. ¿Por qué?
-El gobierno coreano trabaja para cumplir las recomendaciones de la OMS. Las medidas para limitar los flujos de población, el distanciamiento social y la distribución de bienes se mantienen por períodos de tiempo limitados, siempre considerando los riesgos de la salud pública, y estas medidas son reevaluadas de forma periódica.
-¿Se pueden copiar aquí las mismas estrategias de testeos masivos?
-Nuestra estrategia se basó en prevenir la propagación a través de la pronta identificación de infectados y de trazar el riesgo entre aquellas personas con las que tuvieron contacto. Fue clave la gran capacidad de pruebas de diagnóstico, de las que se llegaron a realizar hasta 20 mil por día. A la fecha, se han hecho casi 450 mil test. Pero cada país tiene sus propios recursos y no todos pueden llevar adelante las mismas acciones.
-¿Cómo es la situación gerontológica surcoreana?
-Según la Korea Centers for Disease Control and Prevention (KCDC), entre los confirmados, los que tienen más de 60 años son 2.526 y murieron 212 (8,3%). Las personas afectadas por covid-19 pueden tener síntomas fuertes, leves o ser asintomáticos, pero el gobierno de Corea tiene capacidad para realizar enormes cantidades de diagnósticos para detectar el caso más temprano y tratarlo rápidamente. Por lo tanto, se mantiene una baja tasa de mortalidad del 2.1% (total confirmados).
-¿Qué datos tiene de Corea del Norte? ¿Es cierto que ejecutaron a un portador?
-La embajada no tiene ninguna información sobre la situación en Corea del Norte.
-¿Desde cuándo tenían conocimiento de la gravedad de covid-19?
-Ante la propagación imprevista del coronavirus en la ciudad de Daegu, el 23 de febrero, hemos actualizado el Nivel de Advertencia de Enfermedades Infecciosas a su estado Grave y desde aquel momento nuestro gobierno sigue alertando en todo el territorio y manteniendo el nivel nacional de alerta ante la pandemia.
-Los últimos datos actualizados revelan casi 8.000 personas curadas, pero algunas han vuelto a dar positivo de coronavirus. ¿Esto los desconcierta?
-Entiendo que actualmente los científicos están investigando esa situación.
-¿Cómo se ha manejado la embajada en cuanto a los ciudadanos coreanos en la Argentina?
-Apoyamos los vuelos provenientes de los países aliados y los vuelos disponibles para los ciudadanos coreanos, sea visitante o residente en Argentina que desean volver a Corea, pero hemos difundido información temprana sobre las medidas de prevención a todos los integrantes de la comunidad.
-¿Qué son las estaciones drive-through y las apps de detección de contagiados que están ayudando en esta lucha?
-Con el fin de reducir el tiempo en la recogida de muestras y minimizar el contagio al personal médico, nuestro gobierno ha sido pionero de la Estación de Prueba de Conducción, que permite a los conductores ir a través del proceso de registro y procedimientos de toma de muestras en menos de 10 minutos sin necesidad de salir de sus vehículos.
Además, los contactos de todos los confirmados están vinculados con los funcionarios asignados a través de una innovadora Aplicación de Protección de Seguridad, que le permite al funcionario monitorear sus síntomas dos veces al día y recibir alertas cuando se interrumpe la cuarentena. Este seguimiento de la ubicación GPS del teléfono se realiza sólo con el consentimiento de los pacientes. Dicha aplicación incluye la guía que el paciente debe cumplir durante el período de cuarentena y el contacto de su funcionario asignado.
-Tuvieron un desabastecimiento de barbijos y mascarillas, e inclusive hicieron un pedido a una empresa argentina de Lanús. ¿Cómo solucionaron esa crisis?
-Se tomaron medidas de prohibir la exportación de barbijos, ampliar la producción de barbijos y distribuir barbijos con turno para facilitar el suministro. También se limitó la cantidad de compra que cada persona podía realizar y se informa los lugares donde hay barbijos disponibles.
-Por último, ¿cómo está la economía surcoreana? ¿La gente sigue trabajando?
-Se implementaron las medidas de distanciamiento social y teletrabajo. Según el FMI, se estima que la economía mundial enfrentará grandes dificultades este año, pero al mismo tiempo, para la economía coreana el impacto podría ser relativamente menor.
Sebastián Muzi

Coronavirus en Estados Unidos: Trump anunció un plan de tres fases para reactivar la economía
Cronista.com
Fue el mismo día en que se dio a conocer que otros 5,2 millones de estadounidenses solicitaron beneficios por desempleo en la última semana.
Con reminiscencias de su slogan de campaña, el presidente Donald Trump anunció una nueva guía para “reabrir América de nuevo” pero con una “base científica”. Se trata, precisamente, de una serie de pautas que los gobernadores podrán usar para evaluar la situación de la pandemia en sus estados y determinar cuándo pueden entrar, progresivamente, en la ‘nueva normalidad’.
Por el Coronavirus, se perdieron 5 millones de puestos de trabajo en 5 días: la caída histórica que asusta a EE.UU.
Trump dijo que tras haber superado el pico de casos nuevos –hasta ahora, el país reportó 667.801 casos positivos por coronavirus y 32.917 muertes– , Estados Unidos se preparaba para un “rejuvenecimiento” de la economía de una manera “segura, estructurada y responsable”, una retórica que difiere bastante de sus discursos anteriores.
El presidente insistió en que una cuarentena nacional no es una solución sustentable a largo plazo y que para preservar la salud también es necesario preservar el funcionamiento de la economía.
El plan de Trump se prevé una liberación gradual de las restricciones sociales en tres fases. En todas la instancias, no obstante, se recomienda el distanciamiento social, higiene y el uso de barbijos o similares.
Para los estados más complicados, la Fase 1 plantea que la población vulnerable deberá permanecer en sus hogares; evitar las reuniones de más de 10 personas; evitar viajes no esenciales; las empresas deberán planificar la vuelta al trabajo en fases y promover el teletrabajo cuando sea posible.
Por otra parte las escuelas que están cerradas deberían continuar cerradas en esta etapa y los gimnasios podrían reabrir si adhieren a medida estrictas de distanciamiento social e higiene.
En la Fase 2 se abre la tolerancia para reuniones de hasta 50 personas y se restablecen los viajes no esenciales. Las oficinas pueden reabrir, aunque deberían seguir promoviendo el home office y las áreas comunes deben permanecer cerradas. Las escuelas, por otra parte, están habilitadas a funcionar.
En la Fase 3, por otra parte, la población más afectada por el coronavirus puede volver a circular, manteniendo las medidas de distanciamiento.
Sin fechas ni plazos
A diferencia de otras ocasiones, Trump decidió no hablar de plazos ni fechas. De hecho, dijo que “cada gobernador podrá adaptar un enfoque que se ajuste a las diversas circunstancias de sus propios estados".
"Si necesitan permanecer cerrados, les permitiremos hacerlo y si creen que es hora de reabrir, les proporcionaremos la libertad y la orientación para cumplir esa tarea, y muy rápidamente, dependiendo de lo que quieran hacer”, agregó.
Los estados menos golpeados por la pandemia incluso podrían decidir el levantamiento total de las restricciones para antes del 1 de mayo.
Tensión en pausa
Más allá de los lineamientos, el anuncio de Trump pone pausa a una escalada de tensiones entre el presidente y los gobernadores, cada bando disputándose el poder de definir cuándo y cómo se reactivaría la economía en los estados. Finalmente se llegó a una solución de compromiso: Trump le permite a los gobernadores tomar sus propias decisiones.
De hecho, más temprano Andrew Cuomo, gobernador de Nueva York –donde se concentra el 34% de los contagios de coronavirus– había anunciado que su estado continuará con las medidas de distanciamiento social y restricciones de circulación al menos hasta el próximo 15 de mayo, dos semanas después de la fecha que inicialmente había planteado el gobierno federal.
Previo al anuncio Trump mantuvo conversaciones telefónicas con los gobernadores, así como con un grupo de 22 legisladores de la Cámara de Representantes y el Senado que formará parte de otro equipo de trabajo sobre el coronavirus, este con un enfoque económico. El comité asesor también está compuesto por más de 200 ejecutivos de varias empresas.

El King's College advierte que las cuarentenas indefinidas causan un trauma psicológico severo
La Política on line
Luego de analizar los efectos de cuarentena en Wuhan y otras por Ébola y SARS, recomienda limitar al mínimo posible la extensión y no sorprender con extensiones.
Mientras persiste la duda sobre cuánto tiempo continuará el aislamiento social en la Argentina, prestigiosos psiquiatras advierten que la extensión indefinida de la cuarentena puede causar traumas psicológicos severos en la población.
Se trata de un estudio publicado por el Kings College de Londres que analiza los comportamientos de personas sometidos a aislamiento durante las últimas crisis sanitarias que se produjeron en el mundo, como el Coronavirus en Wuhan en diciembre del 2019, la del SARS en China y Canadá en 2003 y el Ébola en África en 2014.
Ordenar la salida
Cuando anunció las restricciones de movimiento en todo el país, Alberto Fernández dijo en una carta dirigida a la población que se trataba de un "aislamiento temporario" hasta el 13 de abril. Sin embargo, un día antes de que se cumpliera ese plazo, hizo otra aparición pública para extender la cuarentena por dos semanas más, hasta el próximo 27 de abril. Sin embargo aclaró que el fin del aislamiento estaría atado a los resultados de la cuarentena. "Ahí vemos", fue toda la certeza que dio.
Los estudios evidencian la importancia de que las autoridades cumplan con los períodos de cuarentena que recomendaron y no la extiendan.
"Restringir la duración de la cuarentena por un período razonable de incubación y no adoptarla de manera preventiva minimiza el efecto en las personas. Los estudios evidencian la importancia de que las autoridades cumplan con los períodos de cuarentena que recomendaron y no la extiendan", explica el estudio.
Uno de los papers analizados por los psiquiatras del King's College daba cuenta de que tras permanecer 9 días en cuarentena por haber estado en contacto con pacientes infectados por el SARS, los médicos analizados presentaban síntomas de stress agudo.
"El personal en cuarentena era significativamente más propenso a reportar agotamiento, desapego de los demás, ansiedad al tratar con pacientes febriles, irritabilidad, insomnio, poca concentración e indecisión, deterioro del desempeño laboral y resistencia al trabajo o consideración de renuncia", puede leerse en la publicación.
El estudio del King's College analiza varios aspectos del deterioro de la vida social de los médicos post cuarentena, entre ellos el financiero y hasta en la alimentación por no recibir las provisiones adecuadas mientras duró el aislamiento social.
Pero uno de los mayores inconvenientes que atravesaron los profesionales de la salud que fueron puestos en cuarentena fue la estigmatización de sus vecinos y conocidos.
"En una comparación de trabajadores de la salud en cuarentena versus los que no estaban en cuarentena, 9 participantes en cuarentena fueron significativamente más propensos a reportar estigmatización y rechazo de la gente en sus vecindarios locales, sugiriendo que hay un estigma que rodea específicamente personas que habían sido puestas en cuarentena.
Participantes en varios los estudios informaron que otros los estaban tratando de una forma diferente: los evitaban, les retiraban invitaciones sociales, los trataban con temor y sospecha, y les hacían comentarios críticos", explica el estudio.
En Argentina, después que aumentara la circulación a partir del pasado lunes, se instaló del debate sobre cuánto tiempo podría resistir la población una cuarentena con fuerte impacto económico en los sectores populares y cuentapropistas.
Como publicó LPO, según informaron desde el gobierno porteño, la congestión aumentó un 17% respecto a las mediciones de la semana pasada y son cada vez más sectores económicos están regresando al trabajo, de manera clandestina.
Sin embargo los efectos no solo son económicos. "Para las personas acuarentenadas, no importa por qué cantidad de tiempo, una extensión -no importa cuán corta- exacerba los sentimientos de frustración y desmoralización", explica el artículo del Kings College de Londres.
El review también aborda la cuestión de los medios de comunicación, que caracteriza como una "poderosa influencia" cuyos "titulares dramáticos" contribuyeron a "estigmatizar actitudes en el pasado".
Al respecto el artículo "subraya la necesidad de que los funcionarios de salud pública den mensajes claros y enunciados de manera efectiva para que la población afectada tenga un entendimiento adecuado de la situación".


Anuncia que flexibilizará el aislamiento y que hay que garantizar el trabajo.
La salida de Luiz Henrique Mandetta, un defensor de las medidas de reclusión social, se especulaba desde hacía una semana. En su reemplazo, el mandatario nombró a un oncólogo. La defensa de la vida y del empleo deben ir juntas, dijo.
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, destituyó este jueves a su ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, tras varias semanas de tensiones que se han agravado al mismo ritmo que la crisis del coronavirus, y nombró en su reemplazo al oncólogo Nelson Teich, tras lo cual anunció una política de flexibilización de la cuarentena.
"Fue un divorcio consensuado", dijo el mandatario en un pronunciamiento en el que confirmó el nombramiento de Teich y la destitución de Mandetta, firme defensor de medidas de reclusión social para frenar la pandemia. La salida del ministro se especulaba desde hacía una semana, pero se concretó ayer tras un duro pulso entre ambos políticos.
Desde que el virus llegó a Brasil, a finales de febrero, Mandetta expresó públicamente sus diferencias con el presidente con relación a la necesidad del aislamiento social, al que el mandatario se opone frontalmente bajo el argumento de que es necesario mantener a flote la economía del país.
"Lo que conversé con el doctor Nelson es que gradualmente tenemos que abrir el país" y ponerle fin a las cuarentenas adoptadas por la mayoría de los gobernadores y alcaldes, dentro de sus atribuciones constitucionales, declaró ayer Bolsonaro, acompañado por Teich.
"La economía, el empleo, tienen que volver a la normalidad. Tiene comenzar a ser flexibilizado (el aislamiento)", afirmó el mandatario durante un discurso en el Palacio del Planalto.
TERROR
Bolsonaro volvió a criticar "el clima de terror que se instaló en la sociedad" y aseguró que eso "no es bueno", porque "una persona que vive bajo tensión y en un clima de histeria está más propensa a adquirir nuevas enfermedades".
También dijo entender "la gravedad de la situación", subrayó que "nadie quiere que se pierden vidas" y enfatizó que "cuando se habla de salud, no se puede dejar de hablar en empleo", cuyo mantenimiento es una de sus principales obsesiones en medio de la pandemia.
Según Bolsonaro, "una persona desempleada estará más propensa a sufrir problemas de salud" y "un paciente que tiene dos enfermedades no puede abandonar una y tratar solamente la otra, porque al final puede perder la vida".
En ese marco, aseguró que la "defensa de la vida y del empleo" deben ir juntas e insistió en su rechazo a las cuarentenas u otras medidas de aislamiento social para contener la pandemia, que hasta hoy ha dejado 1.924 muertos y 30.425 casos confirmados en el país.
Bolsonaro sostuvo que "junto con el virus vino una máquina de moler empleos" que perjudica especialmente a "los más necesitados" y que ya ha dejado sin trabajo "a los informales, que con cerca de 38 millones" en Brasil.
En su pronunciamiento, añadió que los gobernadores y alcaldes que han restringido la circulación de personas serán "responsables" por sus "excesos" y garantizó que, en su condición de jefe de Estado, "jamás" cercenará "el derecho de los ciudadanos a ir y venir".
En una breve declaración ya en su condición de ministro, Teich no aclaró su posición sobre las medidas de restricción, que ha apoyado en artículos escritos en las últimas semanas, pero sí subrayó que la salud y la economía "no compiten" entre sí.
"Son complementarias", declaró el nuevo ministro, un reconocido oncólogo que ha desarrollado toda su vida profesional en el sector privado de la salud y no tiene experiencia alguna en la política o la administración pública.
Las cacerolas resonaron en diversas partes de Brasil contra el presidente, en protesta por la destitución de su ministro de Salud. Los cacerolazos comenzaron poco después de que se conociera la salida del ministro y se intensificaron durante el discurso del mandatario.
El ruido se escuchó en diversas ciudades de Brasil, entre ellas Río de Janeiro, Recife o San Pablo, donde ciudadanos salieron a sus balcones y ventanas para golpear sartenes y cacerolas al grito de "fuera Bolsonaro" y "fascista".


La organización «no cumplió en sus obligaciones básicas» y «no fue capaz de obtener y compartir información sobre la epidemia a tiempo y con transparencia», según ha manifestado el presidente de EE.UU.
Donald Trump ha confeccionado una lista amplia de cabezas de turco en el impacto de la epidemia de coronavirus en EE.UU., el país más afectado con más de 600.000 contagios y casi 26.000 muertos. El presidente de EE.UU., al que se le acusa de una reacción tardía frente a la expansión de la epidemia, ha responsabilizado a China, al Gobierno de Barack Obama o a los gobernadores de los estados del país.
En los últimos días, ha centrado las culpas en la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este martes, anunció que EE.UU. suspende la financiación a la organización internacional por su gestión de la pandemia. La OMS, en su opinión, «no cumplió en sus obligaciones básicas» y «no fue capaz de obtener y compartir información sobre la epidemia a tiempo y con transparencia».
Trump cumplió así con la amenaza de la semana pasada, en la que advirtió con el congelamiento de fondos y calificó a la OMS de «chino-céntrica». Ahora, dijo, la financiación estará sujeta a una revisión de la actuación de la OMS que se ejecutará entre los próximos 60 y 90 días.
El año pasado, las contribuciones de EE.UU. supusieron una quinta parte de los 4.400 millones de dólares del presupuesto de la OMS.
Buena parte de la defensa de Trump sobre su gestión de la epidemia tiene que ver con la prohibición de viajes desde China que decretó el 31 de enero. El presidente de EE.UU. acusó a la OMS de haberse posicionado contra las decisiones de cerrar fronteras y que su medida salvó «miles y miles de vida», mientras que la postura de la organización internacional multiplicó «por veinte» los casos en el mundo.
También denunció a la OMS por confiar en la información proporcionada por China, a quien se ha acusado de falsear y ocultar datos sobre el brote en Wuhan y la expansión por el resto del país. «La OMS fracasó a la hora de investigar informaciones creíbles de fuentes en Wuhan que contradecían directamente a las autoridades chinas», dijo Trump.
La OMS «aceptó voluntariamente lo que decía China» y «defendió sus acciones, incluso alabando a lo que calificó como transparencia». Pero el propio Trump, en un mensaje de Twitter del 24 de enero, cuando la epidemia asolaba China y EE.UU. ya había registrado un caso, aseguró que el gigante asiático estaba trabajando «muy duro para contener el coronavirus» y que EE.UU. «aprecia enormemente sus esfuerzos y su transparencia».
La presidenta de la Asociación Médica de EE.UU., Patrice Harris, aseguró que cortar la financiación a la OMS «en lugar de centrarse en las soluciones, es una decisión peligrosa en un momento precario».
Javier Ansorena

El ministro de Salud de Brasil rechaza la dimisión de su número dos y alarga el pulso con Bolsonaro
Naiara Galarraga Gortázar
El secretario de vigilancia sanitaria asegura en una carta de despedida que la salida del ministro es cuestión “de horas o días”.
El coronavirus, que ya ha matado a 1.736 personas en Brasil y ha contagiado a más de 28.000, ha estado a punto cobrarse este miércoles la primera víctima política en el país más afectado de América Latina.
El número dos del Ministerio de Salud brasileño, Wanderson de Oliveira, ha presentado su dimisión, según ha informado el propio departamento. Horas después, sin embargo, ha comparecido junto al ministro Luiz Henrique Mandetta en la rueda de prensa diaria sobre la covid-19, donde este ha explicado que no ha aceptado la renuncia.
Estos movimientos reflejan un formidable pulso político entre el presidente, Jair Bolsonaro, y su ministro de Salud por sus discrepancias sobre cómo gestionar la crisis generada por la covid-19.
Mientras Bolsonaro desoye las recomendaciones sanitarias más básicas y se pasea saludando a grupos de admiradores, Mandetta insiste a diario en que el aislamiento social es la medida más eficaz contra la propagación de la enfermedad y apela constantemente a las evidencias científicas.
De Oliveira, mano derecha del ministro, ha escrito una carta de despedida a su equipo en la que afirma que este va a ser destituido. “Ayer (por el martes) tuve una reunión con el ministro, cuya salida está programada para las próximas horas o días. Desgraciadamente no podemos precisar el momento exacto. Puede ser un anuncio respetuoso a él mismo o puede ser en un tuit”, escribe, según ha revelado el diario Folha.
Mandetta, que es médico y fue diputado dos legislaturas, ya logró evitar su destitución la semana pasada gracias al apoyo de los militares que se sientan en el Consejo de Ministros.
Pero este domingo perdió ese vital respaldo cuando afirmó en una entrevista: “Necesitamos tener un discurso unificado. [Porque] el brasileño está en la duda. No sabe si escuchar al ministro de Salud o al presidente”. Los uniformados consideran ese tipo de declaraciones una muestra de insubordinación, según la prensa local.
Mandetta declaró la semana pasada que un médico "no abandona a su paciente”. De Oliveira era clave en el equipo del titular de Salud, que al llegar se rodeó de técnicos. El ministro ha advertido reiteradamente que solo se iría si el presidente Bolsonaro lo destituye.
Los brasileños asisten hace semanas al pulso entre el presidente Bolsonaro, de un lado, y de otro el ministro y la inmensa mayoría de los gobernadores, que han implantado cuarentenas en sus estados con el cierre de las escuelas y del comercio. Pese a las medidas, la enfermedad se extiende de las grandes ciudades hacia el interior con fallecidos y nuevos contagiados. Este martes los gobernadores de Río de Janeiro y de Pará revelaron que están enfermos.
Naiara Galarraga Gortázar

Una empresa de Trump suspendió y dejó sin salario a 560 empleados del hotel y golf en Miami-Dade
La Prensa
La compañía Trump Miami Resorts Management notificó a las autoridades de Florida que unos 560 trabajadores del complejo hotelero y golfístico que posee en Doral, en el condado de Miami-Dade fueron suspendidos debido al cierre del establecimiento por las medidas tomadas por el coronavirus.
La medida de suspensión del trabajo y los sueldos es, según las notificaciones enviadas por la organización empresarial del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a las autoridades del Departamento de Oportunidad Económica de Florida y del condado Miami-Dade, de carácter temporal.
El complejo hotelero, como el resto de las empresas de Trump están en manos de los hijos y colaboradores del mandatario, quien se las delegó cuando asumió la Presidencia en enero de 2017.
El Trump National Doral está temporalmente cerrado como el resto de instalaciones hoteleras en Miami-Dade y otras zonas de Florida debido a la pandemia, que afecta a más de 22.000 personas en el estado, de las cuales casi 600 murieron, según las últimas cifras oficiales.
Medios locales publicaron copias de la carta firmada por Al Linares, director de Recursos Humanos de Trump Miami Resorts Management.
De acuerdo a la notificación, solo el personal esencial sigue trabajando.
La empresa hotelera indicó que ya dio aviso a los trabajadores suspendidos, en su mayoría en puestos gastronómicos, hoteleros o del golf, y que ninguno de ellos tiene afiliación sindical.
Desde el 19 de marzo el Trump National Doral prescindió de los empleados en puestos no esenciales y hasta hoy todavía no se sabe cuándo reanudará sus operaciones, indica la carta.

Los Estados deberían dar a las empresas la flexibilidad para reabrir en medio de una pandemia de coronavirus – Por Chris Edwards
Chris Edwards
El presidente Trump está ansioso por la reapertura de las empresas, ahora estableciendo una meta para fines de abril. El ex vicepresidente Biden está presionando en sentido contrario, diciendo que quiere una orden inmediata de quedarse en casa a nivel nacional para reducir la propagación de COVID-19.
Trump no puede activar un interruptor para activar negocios porque están cerrados voluntariamente o por mandato estatal, y la orden de Biden es demasiado rígida y sobrepasa la autoridad federal. Y la estrategia inicial de monopolio federal para las pruebas de virus fracasó desastrosamente porque no aprovechó la innovación de la industria privada.
Los formuladores de políticas deberían reconocer que la fortaleza de Estados Unidos es la toma de decisiones descentralizada, incluido el federalismo en las políticas gubernamentales y la diversidad en las estrategias del sector privado. Los gobiernos estatales deberían tomar las decisiones sobre el cierre de empresas, pero deberían permitir que las empresas vuelvan a abrir si pueden hacerlo de manera segura.
El enfoque en las próximas semanas debería estar en reducir la amplitud de los cierres si las empresas pueden encontrar formas de reabrir de manera segura.
La economía de Estados Unidos está cayendo por un precipicio. La producción se está desplomando y el desempleo aumentó en 3.3 millones de personas la semana pasada, que es el mayor salto en la historia.
El presidente firmó un proyecto de ley de ayuda de $ 2.2 billones que proporciona pagos de ayuda pero no detendrá el desplome de la producción. Los pagos se realizan a expensas de mayores impuestos y menores ingresos en el futuro, lo que finalmente afectará a los jóvenes que ya están cargados con $ 24 billones en deuda federal.
Cada gobernador está haciendo esta compensación en función de las condiciones locales, con aproximadamente la mitad de ellos imponiendo cierres generales de negocios no esenciales. El gobernador Gavin Newsom prevé continuar el cierre de California por hasta tres meses, lo que impondría un golpe económico aplastante. Los cierres generales ignoran que cada negocio tiene un diseño y operaciones únicos, y no permiten que las empresas experimenten y encuentren formas de reabrir de manera segura.
Además, los mandatos que separan a las empresas "esenciales" de las "no esenciales" ignoran el hecho de que las industrias están interconectadas. Las industrias esenciales de hospitales y alimentos necesitan aportes de muchas otras industrias, como plásticos, metales, papel, productos químicos, energía, software y transporte. Los cierres de base amplia prolongados demasiado causarán escasez imprevista por los funcionarios.
Todas las opciones que enfrentamos son malas, pero el enfoque en las próximas semanas debería ser reducir la amplitud de los cierres si las empresas pueden encontrar formas de reabrir de manera segura.
Al entrar en crisis, las empresas estadounidenses respondieron más rápido que el gobierno, y muchas cerraron voluntariamente. En las próximas semanas, los gobiernos estatales deberían comenzar a darles margen para abrir de nuevo si pueden incorporar distanciamiento social y precauciones de seguridad adicionales.
Los economistas Paul Romer, ganador del Premio Nobel, y Alan Garber, el rector de la Universidad de Harvard, argumentan que debemos pasar "a un enfoque específico que limite la propagación del virus pero que permita que la mayoría de las personas vuelvan a trabajar y reanuden sus actividades diarias". .
“Abogan por pruebas de virus generalizadas y repetidas para determinar dónde se necesitan las medidas de distanciamiento social más fuertes combinadas con una amplia distribución de equipos de seguridad.
Los rápidos avances están haciendo posible un enfoque específico. La producción de equipos de seguridad como máscaras se está disparando. Los laboratorios de la nación han aumentado más de 100,000 pruebas de virus al día, y Abbott Labs ABT, 1.347% acaba de obtener la aprobación para una prueba que puede dar resultados en cinco minutos. Mientras tanto, docenas de compañías farmacéuticas están invirtiendo recursos en una diversidad de posibles tratamientos con COVID-19.
Las pruebas generalizadas nos mantendrán al tanto de los brotes regionales de COVID-19, ya que rebota en todo el país durante el próximo año o más antes de que una vacuna esté disponible. Tendremos que confiar en las regiones menos afectadas para mantener en funcionamiento el motor económico de la nación.
La administración Trump tiene la idea correcta de localizar nuestra respuesta en función de los datos a nivel de condado, pero las respuestas locales deben ser manejadas por los estados, no por el gobierno federal. El gobernador de Florida, Ron DeSantis, por ejemplo, acaba de anunciar políticas más estrictas para quedarse en casa dirigidas solo a los condados más afectados en el sureste de su estado.
El ex gobernador de Florida, Jeb Bush, favorece una respuesta de emergencia descentralizada. Él escribió el otro día:
“La incapacidad del gobierno federal para responder rápida y efectivamente al coronavirus está creando un nuevo respeto por las iniciativas locales, la creatividad del sector privado, la responsabilidad personal y el compromiso cívico. Esperemos que Washington afloje su control sobre la política y permita que florezca el federalismo”.
Tiene razón, y en paralelo los gobiernos estatales deberían planear comenzar a aflojar su control sobre las empresas para evitar que el desastre de salud se convierta en un desastre económico. Con la ayuda financiera federal para implementar rápidamente pruebas generalizadas, los estados podrán reducir el alcance de los cierres y permitir que florezcan soluciones creativas de seguridad en el sector privado.
Chris Edwards
Chris Edwards es economista en el Instituto Cato.
Fuente: www.cato.org
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Las muertes por coronavirus en el Reino Unido son 15% más altas que las que se informó inicialmente
La Prensa
Cientos de personas más que las informadas en los reportes diarios murieron por Covid-19 en el Reino Unido según las cifras oficiales publicadas este martes en las que se incluyen los fallecimientos que ocurrieron en asilos de ancianos y casas particulares.
Los datos surgen de la Oficina de Estadísticas Nacionales (ONS) que señala que fueron 6.235 las personas que murieron en Inglaterra y Gales antes del 3 de abril, lo que representan un 15% más de decesos informados por el Servicio Nacional de Salud (NHS), el organismo encargado de emitir los partes diarios sobre la evolución local de la pandemia.
"Las 16.387 muertes registradas en Inglaterra y Gales durante la semana que terminó el 3 de abril es el total semanal más alto desde que comenzamos a recopilar datos de muertes semanales en 2005" dijo el analista del organismo, Nick Stripe.
La diferencia entre ambos cómputos surge porque los datos diarios publicados por el gobierno británico se basan exclusivamente en las muertes ocurridas en hospitales y centros de salud, que incluyeron un diagnóstico confirmado de Covid-19, entre las que no se contabilizaban las ocurridas en hogares de ancianos y casas particulares.
La ONS explicó que las cifras publicadas por el NHS, son valiosas porque están disponibles muy rápidamente y dan una indicación de lo que sucede día a día, pero tienen sus limitaciones.
En cambio, las cifras del organismo estadístico tardan más en prepararse, ya que tienen que ser certificados por un médico, registrados y procesados, pero, una vez listos, son la información más precisa y completa.
De acuerdo con las nuevas cifras, 406 personas con coronavirus murieron fuera de los hospitales en Inglaterra y Gales en la semana que terminó el 3 de abril, un período en el que se habían reportado 3.716 muertes en los hospitales.
Ayer, el director médico de Inglaterra, Chris Whitty, dijo que el 13.5% de los hogares de ancianos fueron afectados por el virus sólo durante las últimas 24 horas, un dato que encendió las alarmas en la sanidad británica ya que según las estadísticas de cinco países europeos, casi la mitad de todas las muertes relacionadas con el coronavirus se encuentran entre residentes de hogares de ancianos.
Esas cifras están contenidas en un informe de académicos de la London School of Economics, que se centra en Italia, España, Francia, Irlanda y Bélgica.
En el Reino Unido alrededor de 410.000 personas viven en hogares de ancianos.
Según consignó la BBC, los principales responsables del sector de cuidado y protección a los ancianos, como Age UK, Marie Curie, Care England, Independent Age y la Sociedad de Alzheimer, instaron al ministro de Salud, Matt Hancock, a extremar el apoyo a la atención social por la pandemia.
El Reino Unido registró ayer un total de 11.329 fallecidos por el coronavirus, mientras que los casos positivos sumaron 88.621.

El distanciamiento social será necesario hasta 2022, sostienen científicos de Harvard
La Política on line
El estudio habla de medidas "intermitentes" si no aparece un tratamiento o vacuna contra el virus.
Un confinamiento único no detendrá al coronavirus y se requerirán períodos intermitentes de distanciamiento social hasta 2022. Esa es la principal conclusión de un estudio de científicos de la Universidad de Harvard que simularon la trayectoria de la pandemia.
La simulación realizada por el equipo de Harvard, difundida en un artículo de la revista Science, sostiene que el Covid-19 se volverá estacional, como los coronavirus estrechamente relacionados que causan el resfriado común, con tasas de transmisión más altas en los meses más fríos.
La novedad se conoce en momentos en que en Estados Unidos, donde se realizó el estudio, y en muchos países se debaten las estrategias para salir de la cuarentena obligatoria, que está generando una crisis económica sin precedentes.
Ordenar la salida
El estudio de la universidad estadounidense aclara que aún se desconoce mucho sobre el coronavirus, incluido el nivel de inmunidad adquirido por una infección previa y cuánto tiempo dura, por lo que todas las estimaciones son parciales.
"Descubrimos que es probable que las medidas de distanciamiento social por única vez sean insuficientes para mantener la incidencia del SARS-CoV-2 dentro de los límites de la capacidad de atención crítica en Estados Unidos", sostuvo el autor principal Stephen Kissler en una intercambio con periodistas.
"Lo que parece ser necesario en ausencia de otro tipo de tratamientos son los períodos intermitentes de distanciamiento social", agregó. El estudio hace hincapié en que este tipo de medidas deben complementarse con un incremento de la capacidad de atención crítica en los centros de salud.
De todas maneras, se requerirían pruebas virales generalizadas para determinar cuándo se han cruzado los umbrales para reactivar el distanciamiento, dijeron los investigadores, que aclararon que son conscientes de que el confinamiento prolongado, incluso si es intermitente, tendría "consecuencias económicas, sociales y educativas profundamente negativas".
La salida de la cuarentena y la paradoja del "pico" que se posterga
Sin embargo, una cosa es casi segura: el virus llegó para quedarse. El equipo aseguró que era muy poco probable que la inmunidad fuera lo suficientemente fuerte y dure lo suficiente como para que el Covid-19 se extinga después de la ola inicial, como fue el caso del brote de SARS de 2002-2003.
"Incluso en el caso de una aparente eliminación, la vigilancia del SARS-CoV-2 (como se denomina científicamente al nuevo coronavirus) debe mantenerse ya que un resurgimiento del contagio podría ser posible hasta 2024", dice el estudio.
Los desafíos incluyen encontrar una prueba confiable para determinar quién tiene anticuerpos para el coronavirus, establecer el nivel de inmunidad conferido por una infección previa y cuánto tiempo dura, y la capacidad de los sistemas de salud sobrecargados para llevar a cabo pruebas de anticuerpos confiables y generalizadas en la población general.
Mark Woolhouse, un epidemiólogo de enfermedades infecciosas de la Universidad de Edimburgo, dijo a AFP que "este es un estudio excelente", aunque remarcó que "es importante reconocer que es un modelo; es consistente con los datos actuales, pero no obstante se basa en una serie de suposiciones, por ejemplo sobre la inmunidad adquirida, que aún no se han confirmado".


Annalena Baerbock, colíder de Los Verdes alemanes defiende los coronabonos para revivir la economía y advierte de que la reconstrucción no debe aparcar la crisis climática.
Annalena Baerbock (Hannover, 39 años) es la colíder de Los Verdes, el partido estrella de la política alemana, que hace meses que se instaló en segunda posición en las encuestas por detrás de los conservadores de Angela Merkel. Además, es en estos momentos la voz más proeuropea que se escucha en el Bundestag. Los Verdes piden abiertamente y sin peros coronabonos y una verdadera respuesta conjunta a la pandemia.
Esta crisis ha ejercido de cuarto oscuro, en el que se van revelando una a una las debilidades de una Unión Europea con serias dificultades para actuar unida, muy dependiente de terceros países como China e inmersa en una feroz competencia entre socios por el material médico. “Si los europeos no nos mantenemos juntos ahora, las fuerzas antidemocráticas y antieuropeas tratarán de llenar ese vacío”, advierte Baerbock en esta entrevista con EL PAÍS y el diario italiano La Repubblica.
Pregunta. El Eurogrupo ha acordado desbloquear las ayudas de medio billón de euros contra la crisis del coronavirus y los coronabonos han quedado aparcados. ¿Cree que es suficiente para ayudar a países como Italia o España?
Respuesta. El acuerdo sobre un fondo conjunto es un rayo de esperanza y su anclaje en el presupuesto de la UE es una buena noticia para la democracia europea. Evitar el fracaso fue importante, pero habría sido necesaria una señal más fuerte hacia el futuro.
Para la lucha contra la crisis sanitaria, el compromiso puede ser suficiente, pero para apoyar las inversiones, ayudar a amortiguar las consecuencias sociales de la crisis y que las finanzas públicas nacionales no queden completamente fuera de control, sería necesario tomar más medidas. No debemos conformarnos con arreglar el pasado.
Este habría sido el momento de una acción decisiva, que haga que Europa se mantenga unida cuando importa. Unos bonos europeos ad hoc, como los coronabonos, serían un instrumento de financiación solidaria económicamente razonable y la dimensión del desafío es la apropiada.
Revivir la economía en Europa es nuestra misión conjunta. Si los Gobiernos no son capaces de trasladar a la población en situaciones de crisis que la UE es parte de la solución, Europa sufrirá un gran daño. También debemos imaginar qué pasaría si China ofreciera a Italia y a España un plan Marshall generoso.
P. Mientras el antieuropeísmo y la germanofobia crecen, países como China o Turquía han salido al rescate de los europeos. ¿Teme que fuerzas antidemocráticas salgan beneficiadas de esta crisis?
R. Si los europeos no nos mantenemos juntos ahora, las fuerzas antidemocráticas y antieuropeas tratarán de llenar ese vacío. Durante la crisis financiera, la falta de solidaridad europea también provocó que infraestructuras en Grecia o en Portugal como puertos acabaran vendidas a China. Esta vez, China ha lanzado una “gira de ayuda” para pequeñas empresas en el norte de Italia, para expandir su influencia en Europa.
Lo mismo sucede con la ayuda médica. En las primeras semanas de la crisis del coronavirus, los europeos mostramos muy poca solidaridad con los otros y reaccionamos imponiendo restricciones a la exportación. Ese fue un error y de repente, los otros ocuparon el lugar, aunque solo fuera para la foto. Por eso es importante que en los últimos días el Gobierno haya acogido pacientes de Italia de Francia en hospitales alemanes, y lo mismo con el suministro de respiradores y otros materiales.
P. La disputa entre el norte y el sur es cada vez más bronca y recuerda a las grietas que se abrieron en la crisis financiera. ¿Teme que Europa pueda acabar rompiéndose?
R. Eso es precisamente lo que hay que evitar. El norte, con Alemania a la cabeza, se dio cuenta demasiado tarde de que la crisis financiera no era una acumulación de crisis nacionales, que en una unión monetaria hay que apoyarse mutuamente. Ser una comunidad significa que si un país de la zona euro se encamina al abismo, el resto corre el peligro de caer detrás.
No debemos repetir los errores del pasado. Si no queremos que la crisis del coronavirus se convierta en una nueva crisis del euro, o en una crisis europea, es necesario un esfuerzo conjunto de todos los países de la UE.
P. Esta vez es diferente; una legión de intelectuales y parte de la prensa ha defendido una deuda común, pero las resistencias siguen siendo enormes. ¿Por qué es aún tan difícil hablar de coronabonos en Alemania?
R. En Alemania libramos un debate muy intenso sobre los coronabonos, pero desgraciadamente, el Gobierno alemán ha echado hasta ahora el freno. Además de Los Verdes, no solo muchos intelectuales están a favor, sino también representantes de los empresarios están claramente a favor de los eurobonos porque tiene sentido desde un punto de vista económico. Un bono europeo tendría intereses muy bajos e incluso a veces negativos.
Si superamos esta crisis juntos, países como España o Italia seguirán siendo capaces de saldar sus deudas. Los bonos mutualizados sirven para calmar a los mercados. Si funciona, Alemania no tendría que pagar ni un euro y el mundo vería que Europa funciona unida. Pero si nos permitimos estar divididos, terminará costándonos caro y nuestra influencia como Europa disminuirá.
P. La distribución de refugiados es otro ejemplo en el que la UE ha sido incapaz de ponerse de acuerdo. Ahora, miles esperan en Grecia en condiciones inhumanas a que Europa mueva ficha.
R. Lo que está sucediendo en las islas griegas es una de las grandes catástrofes de la UE. Los valores europeos se están hundiendo en el Mediterráneo. Las cuotas comprometidas de acogida de refugiados de Italia y Grecia deben cumplirse inmediatamente. Debido al coronavirus, es más importante que nunca aliviar la situación en los campos masificados.
P. El Estado cobra ahora una nueva relevancia y se habla incluso de nacionalizar empresas. ¿Qué papel debe jugar el Estado en esta crisis?
R. Lo que necesitamos es construir una economía europea de pandemia. Como bloque económico, debemos coordinar el desarrollo de material médico, empezando por mascarillas y respiradores. En el futuro, la producción de medicamentos debe también tener lugar en Europa, para que no seamos tan vulnerables.
Eso no requiere siquiera nacionalizaciones, hay pymes listas, pero los países europeos deben ofrecerles garantías de compras a medio plazo. Es inaceptable que nosotros, el mayor mercado único del mundo, dependamos de las importaciones de China de mascarillas y que compitamos con otros países europeos en lugar de producir juntos.
P. ¿Teme que la recuperación económica se produzca al margen de las conquistas ambientales, que el medio ambiente sea una víctima más de la Covid-19?
R. El coronavirus nos demuestra lo que significa reaccionar demasiado tarde en una crisis. La crisis climática no ha desaparecido. Necesitamos un programa económico y de inversiones exhaustivo para revivir nuestra economía, dirigido a la transformación socioecológica en el sentido de un Green Deal.
P. En Alemania, el coronavirus ha reforzado a los partidos del Gobierno —conservadores y socialdemócratas— y ha frenado la imparable ascensión de su partido. ¿Merman las opciones de Los Verdes para ser un partido de gobierno?
R. Estamos en medio de una crisis de dimensiones históricas, que ni Alemania ni Europa habían vivido desde la Segunda Guerra Mundial. Es esencial que todas las fuerzas democráticas en Alemania y en Europa trabajen juntas para controlar la pandemia.
Eso es lo que Los Verdes estamos haciendo como partido de la oposición a nivel federal y como partido de gobierno en once Estados federados. Antes de la crisis, no basábamos nuestras políticas en las encuestas y tampoco lo vamos a hacer ahora. Me interesan otras cifras: ¿Se está aplanando la curva? ¿Está creciendo el desempleo? ¿Están llegando las ayudas a las empresas? ¿Crece la violencia doméstica y la depresión?
P. Pensando en la fase post confinamiento, ¿debería una aplicación de rastreo en el móvil, al estilo de Corea del Sur funcionar en Alemania?. ¿Qué le parece la estrategia de identificar a las personas inmunes?.
R. El rastreo de la infección es un instrumento central para frenar los contagios y reducir las masivas restricciones de derechos fundamentales. Pero las aplicaciones deben respetar las leyes de protección de datos. Y solo puede tener éxito si la UE trabaja junta, como demuestra la Corona App, en la que participan 130 expertos de ocho países europeos. La democracia liberal también está sometida a prueba en esta crisis.
P. ¿Cómo es su vida ahora?
R. Trabajando desde casa y como profesora a tiempo parcial, porque tengo hijos de primaria e infantil. No es sencillo, pero por supuesto no es nada comparado con quienes viven en un apartamento pequeño, sin balcón o jardín o que sufren angustias existenciales. Por no mencionar a las enfermeras y los médicos que están haciendo un trabajo increíble.
Ana Carbajosa


La pandemia lleva al Gobierno de Estados Unidos a llamar a médicos extranjeros y a blindar a inmigrantes indocumentados que trabajan en el campo.
La Administración Trump urge a los profesionales médicos extranjeros, sobre todo a aquellos que trabajan con la Covid-19, a contactar con los consulados para acelerar la tramitación de sus visados y que puedan incorporarse cuanto antes a la lucha de Estados Unidos contra el coronavirus.
También califica de “esenciales” empleos, como la recogida de las cosechas, que sabe que hacen los inmigrantes indocumentados. Y anuncia que no realizará redadas en busca de sin papeles, para evitar que el temor de estos a acudir al médico genere focos de contagio.
La pandemia del coronavirus ha subrayado la importancia de los trabajadores inmigrantes en la economía estadounidense. Y ha puesto en evidencia algunas contradicciones en la política de mano dura con la inmigración que constituye uno de los pilares del discurso del presidente Donald Trump.
Se da la paradoja de que, mientras la guardia fronteriza acelera la expulsión en caliente de los indocumentados retenidos en sus centros, la Administración poco menos que blinda a los indocumentados en el campo, y facilita la entrada a inmigrantes cualificados para paliar la escasez de profesionales médicos con los que combatir la pandemia en primera línea.
Ocurre justo en el momento en que el país se despierta del dulce sueño del pleno empleo, y se enfrenta a unas cifras de paro históricas. Más de 16 millones de personas, uno de cada 10 trabajadores del país, han solicitado la prestación por desempleo entre las dos últimas semanas de marzo y la primera de abril.
Los expertos no dudan de que les seguirán millones más. Donald Trump, que ha hecho suyo el eslogan de “comprar estadounidense y contratar a estadounidense”, se encuentra ahora entre dos fuerzas: los empresarios que le urgen a relajar la mano dura con la inmigración para contener el descalabro de la economía, y los activistas anti inmigración, a los que ha azuzado durante más de tres años, que reaccionan airados a cualquier atisbo de cambio de actitud justo en el momento más crítico.
“Queremos que vengan”, dijo Trump, el 1 de abril, sobre los inmigrantes que vienen a trabajar al campo. “No estamos cerrando la frontera para que no pueda entrar toda esa gente. Han estado ahí años y años, y he dado mi palabra a los granjeros: van a continuar viniendo”.
En el campo de California está empezando estos días la recogida de la fresa. En dos semanas, serán las cerezas y los arándanos. En mayo, albaricoques y nectarinas. Un estudio de la Universidad de California calcula que trabajan 800.000 personas en la industria agrícola de ese Estado. La estimación más baja es que el 60% son indocumentados. Estos días de aislamiento, son las manos que garantizan que hay fruta y verdura fresca en los supermercados.
Estos trabajadores siempre han temido a la policía. Desde que California aprobó la orden de cuarentena, se añade otra razón para pedirles los papeles: la policía vigila que solo salgan a la calle trabajadores “esenciales”.
La ironía del momento es que los indocumentados de los campos son a la vez trabajadores esenciales. Sin ellos no funciona la cadena de suministro de alimentos. “Si no fuera por ellos, cuánta gente se encontraría sin comida en la tienda”, dice por teléfono Manuel Cunha, presidente de Nisei Farmers League, un sindicato importante de Fresno, California.
Hace siete semanas, Cunha empezó a enviar a las asociaciones de productores una carta tipo para que la firmaran. Es una especie de salvoconducto. “En apenas un párrafo, se dice el nombre del trabajador, el granjero para el que trabaja y el teléfono. Si le para un agente de policía o del sheriff, solo tiene que enseñar la carta, llaman al granjero y este les confirma que esa persona se está desplazando a trabajar”. Las asociaciones han repartido las cartas entre las enormes producciones agrícolas de Fresno, afirma, y calcula que ya han impreso unas 400.000.
Ha tenido que llegar una pandemia mundial para que las administraciones de Estados Unidos reconozcan por escrito que no se puede prescindir de los inmigrantes irregulares. Tampoco aterrorizarlos. El pasado 18 de marzo, la policía de inmigración (ICE, por sus siglas en inglés) anunció que paralizaba las redadas y detenciones indiscriminadas de indocumentados. Solo seguirán adelante las detenciones de delincuentes peligrosos. El criterio en la presidencia de Trump es detener a la mayor cantidad de gente posible.
El comunicado de ICE decía expresamente que no habrá detenciones cerca de servicios de salud, como hospitales. “La gente no debería evitar la atención médica por miedo a la actividad de la policía de inmigración”, afirma.
El cambio de criterio, aunque temporal, extiende a la sanidad lo que ya era evidente en el ámbito de la seguridad pública en todas las grandes ciudades de EE UU, donde la policía no pide a nadie los papeles para que no tengan miedo de denunciar crímenes o testificar. A esto se le llama políticas de santuario y es una de las obsesiones de Trump. El coronavirus ha obligado a Trump a declarar de facto todos los hospitales santuarios.
La crisis también ha obligado al Gobierno a buscar fuera de sus fronteras profesionales con los que combatir la pandemia en los hospitales del país. “Animamos a los profesionales médicos que buscan trabajo en Estados Unidos con un visado de trabajo o de intercambio, especialmente aquellos que trabajan en temas de Covid-19, a contactar con la embajada o consulado más cercano para obtener una cita”.
El mensaje lo lanzó el 26 de marzo el Departamento de Estado. Seis días antes, se habían suspendido los servicios rutinarios de visados en las embajadas de todo el mundo, reducidas a servicios esenciales y concentrados en la repatriación de estadounidenses.
El mensaje, publicado en la página web del Departamento de Estado y difundido por redes sociales, desató un aluvión de llamadas de profesionales médicos para interesarse por la aparente invitación a iniciar un proceso que, en condiciones normales, puede demorarse durante años.
También críticas en las redes por lo que se interpretaba como la promoción de una fuga de cerebros que podría ser letal para países que luchan contra una pandemia que pone al límite sus recursos. Al día siguiente, el Departamento de Estado tuvo que emitir una “aclaración”: el mensaje se dirigía solo, dijeron, a aquellos profesionales que ya habían sido admitidos para trabajos o estudios en Estados Unidos.
“Debo confesar que quizá lo que publicamos no era tan claro como debía haberlo sido”, reconocía Ian Brownlee, de la Oficina de Asuntos Consulares, en una sesión informativa telefónica con periodistas. “Se trata de gente que ya estaba lista para venir, no buscamos a otros”, aclaró. Preguntado acerca de por qué entonces publicar el anuncio, si no se estaba ofreciendo un tratamiento especial, Brownlee respondió que tendría que mirar “cómo todo esto sucedió”.
No ha sido la única medida reconsiderada (o aclarada) después de desatar una polémica. El 5 de marzo, el Departamento de Seguridad Nacional anunció que aumentaría en 35.000 los visados para trabajadores temporales disponibles este año.
Se trata de un visado que permite a los empleadores traer a trabajadores extranjeros para actividades temporales no agrícolas, como la hostelería o el turismo. Los empresarios suelen defender que se aumente el cupo, pero los partidarios de reducir la inmigración consideran que la práctica abarata los salarios e impide a los estadounidenses acceder a esos empleos.
El pasado 2 de abril, tras la publicación de los alarmantes datos de empleo, el Gobierno anunció que el plan de ampliar el cupo quedaba suspendido “debido a las actuales circunstancias económicas”.
El problema es que muchos empresarios consideran que los trabajadores extranjeros son cruciales para determinados empleos que cuesta cubrir con ciudadanos estadounidenses. Y más cuando ahora pueden obtener más ingresos con las prestaciones de desempleo y otras ayudas contempladas en el gigantesco plan de estímulo a la economía.
“Los inmigrantes están trabajando en los supermercados, en el campo, procesando la comida, en la construcción. Son las personas que, en momentos de emergencia, mantienen este país funcionando”, defiende Sindy Benavides, directora de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos. “Confío en que esta crisis haga que, como sociedad, comprendamos esto”.
Pablo Guimón


