Internacionales

 

Los expertos apuntan al envejecimiento de la población como causa.

España empezó ayer la cuarta semana de aislamiento como el país que más muertes ha sufrido por el coronavirus en relación a su población. Con 13.055 fallecidos, 28 por cada 100.000 habitantes, ya ha superado a Italia y se afana en buscar en los buenos indicadores que empieza a ofrecer el sistema un asidero para salir de la peor crisis sanitaria del último siglo, como la calificó el ministro del ramo, Salvador Illa.

La tendencia observada hace una semana en urgencias, con una caída de los pacientes que acudían a estos servicios, se ha consolidado. A esta buena noticia le ha seguido un descenso de los ingresos, lo que, a su vez, ha aligerado algo la presión sobre las unidades de cuidados intensivos (UCI). Los 637 nuevos fallecidos del recuento del Ministerio de Sanidad son la cifra diaria más baja desde el 24 de marzo, aunque el hecho de que el dato fuera de un lunes obliga a tomar la cifra con cautela por la infra notificación observada en otros fines de semana (Sanidad ofreció ayer la información que le remitieron las comunidades la noche del domingo).

El “envejecimiento de la población”, con una alta proporción de patologías crónicas, y el impacto del virus en las residencias, son algunas de las razones que pueden explicar las altas cifras de fallecidos en España con respecto a otros países, asegura Pere Godoy, presidente de la Sociedad Española de Epidemiología: “También influye cómo se determina la causa de la muerte, si por el virus o por las enfermedades de base que sufría el paciente, lo cual no se está haciendo de forma homogénea en todos los países y esto resta valor las comparaciones”, añade.

A las razones demográficas y de registro, José María Martín Moreno, catedrático de Medicina y Salud Pública de la Universidad de Valencia añade otra asistencial: “Es posible que nuestra identificación temprana haya ido por detrás de países como Alemania y Corea, que apostaron por test masivos que permitieron aislar a los infectados y cortar las cadenas de transmisión” antes de que el virus llegara a los colectivos más vulnerables. A ello, añade, ha contribuido que en los últimos años “no se ha invertido lo suficiente” en la red pública.

Zonas muy pobladas

Jesús Rodríguez Baño, jefe de Enfermedades Infecciosas del hospital Virgen Macarena (Sevilla) destaca que en España e Italia se han producido niveles de transmisión comunitaria muy elevados. “Hacen falta estudios, pero probablemente también tenga que ver con la forma de relacionarnos socialmente, más cercana físicamente. Y que hayan sido Madrid y Cataluña las zonas más afectadas coincide con el norte de Italia. Son zonas densamente pobladas”, explica.

Sobre la primera respuesta a la crisis, Rodríguez Baño afirma: “Es cierto que con más tests y aislamientos se podrían haber cortado las cadenas de transmisión antes de que llegaran a los colectivos más vulnerables. Pero yo quiero ser muy humilde, porque en cierta manera nos equivocamos todos en las primeras fases. Ahora es fácil verlo, pero eso nos debe servir para aprender y estudiar a fondo lo ocurrido”, añade.

Leganés: historia de un colapso

Salvador Illa destacó en relación a las pruebas diagnósticas que el Gobierno ha destinado “845 millones de euros” en tres semanas en la compra de tests, respiradores y mascarillas. “Hemos conseguido un suministro regular y permanente [...] para complementar las compras de las comunidades”, afirmó.

Illa, que calificó la epidemia del coronavirus como “la mayor emergencia sanitaria en 100 años”, defendió que el millón de test rápidos distribuidos por Sanidad entre las autonomías “servirán para hacer un cribado rápido” que posteriormente podrá ser complementado con las pruebas PCR, más lentas, pero más fiables.

Sobre la recomendación de que toda la población use mascarillas, el ministro aseguró que se está “activando la producción nacional”, pero añadió: “Es una medida que se está estudiando, no está decidida”.

Oriol Güell/Miguel Ángel Medina

 

El equipo del primer ministro asegura que este sigue al mando de la gestión de la crisis.

La personalidad expansiva de Boris Johnson tiene la desventaja de que su ausencia crea un enorme hueco.

El primer ministro sigue hospitalizado “bajo continua observación” y su equipo ha insistido este lunes en que recibe constante información y permanece al mando del manejo de la crisis del coronavirus. La falta de una clara disposición legal sobre la jerarquía interna del Gobierno ha comenzado a revelar una guerra de egos entre los ministros y aumentado las sospechas de los medios.

Johnson ingresó el hospital St. Thomas de Londres a última hora del domingo y el titular de Exteriores, Dominic Raab, ha presidido este lunes la primera reunión del gabinete de crisis de la semana. Su ministerio es el primero, por orden de antigüedad, pero en un país sin constitución escrita como es el Reino Unido no existe una regla definida sobre quién debe sustituir al jefe del Gobierno en su ausencia.

“Puedo asegurar a los ciudadanos británicos que este Gobierno permanece unido en torno a una prioridad absoluta: derrotar al coronavirus y guiar a este país a través de los desafíos que tiene por delante”, ha dicho Raab al comenzar su comparecencia ante la prensa. Nadie había preguntado previamente por esa reafirmación de unidad que sirvió más bien para alimentar sospechas que para transmitir certidumbre.

La información facilitada por Downing Street en las últimas horas sobre el estado de salud de Johnson es escasa y carente de detalles. Las pruebas a las que está siendo sometido son “rutinarias”, su ingreso hospitalario fue sobre todo “una medida de precaución” y el primer ministro se someterá “a la decisión del equipo médico” en lo que se refiere al tratamiento.

El propio Raab ha insistido en que su jefe lidera la respuesta y los ministros se limitan a cumplir las órdenes que da, a pesar de admitir que la última vez que habló directamente con él fue el pasado sábado.

Peor ha sido el trago para Chris Whitty, el director médico del Gobierno, quien ha esquivado con la necesaria confidencialidad entre el paciente y los profesionales que le atienden el bombardeo de preguntas de los medios sobre la capacidad de Johnson para seguir al frente.

“¿Por qué se ha decidido que el estado del primer ministro es lo suficientemente serio como para que ocupe la cama de un hospital pero a la vez está en condiciones de dirigir el Gobierno?”, ponía el dedo en la llaga uno de los periodistas que participaba en la rueda de prensa telemática.

La incapacidad de los ministros para dar respuesta a la pregunta más urgente, cuál es la estrategia de salida del Gobierno ante una parálisis nacional que amenaza con conducir al Reino Unido hacia una enorme recesión, revela el enfrentamiento entre dos figuras clave en el Ejecutivo. La prioridad del ministro de Sanidad, Matt Hancock, es la de salvar vidas y mantener por tanto las drásticas medidas de confinamiento el tiempo necesario. Según The Daily Telegraph, el diario conservador que más canales de comunicación disfruta con Downing Street, la tensión entre Hancock y Rishi Sunak, el ministro de Economía, va en aumento día a día.

La crisis está costando al Reino Unido más de 2.700 millones de euros diarios, según el Centro de Investigaciones Económicas y Empresariales (CEBR, en sus siglas en inglés), y los representantes del ala más dura del Partido Conservador comienzan a transmitir al Gobierno que las consecuencias para empresas y trabajadores serán irremediables si la situación se prolonga más allá de dos o tres semanas.

“Estamos trabajando coordinadamente y sin problemas”, se limitó a decir Hancock este domingo cuando le preguntaron sobre las posibles fricciones con Sunak.

Johnson, quien se ha comunicado en las últimas horas con los ciudadanos a través de Twitter —“Estoy bien de ánimo y me mantengo en contacto con mi equipo mientras todos juntos trabajamos para combatir el virus”, ha escrito este lunes— construyó su Gobierno con un equipo de rivales en ambición y afán de notoriedad.

Tanto Hancock como Raab participaron en la primera fase de primarias por el liderazgo del Partido Conservador y son lo suficientemente jóvenes como para seguir alimentando esperanzas. Sunak supo ganarse la confianza de Johnson y desbancar a su jefe y anterior ministro de Economía, Sajid Javid.

Y finalmente, el actual jefe de Gabinete del primer ministro (un puesto con rango ministerial y equivalente al Ministerio de la Presidencia español), Michael Gove, comienza a mostrar serios recelos, según los medios conservadores, ante el protagonismo que están tomando en esta crisis algunos competidores internos.

La historia del Reino Unido tiene variados ejemplos en los que el estado de salud del primer ministro se ha convertido en un problema político y la respuesta nunca ha sido la misma. Winston Churchill camufló con un lenguaje calculado la grave neumonía que sufrió cuando estaba al frente del país durante la Segunda Guerra Mundial.

Solo unos pocos conocían la combinación de fármacos que tomaba Anthony Eden durante la crisis del canal de Suez, que pudieron probablemente influir en su toma de decisiones. Y Tony Blair restó importancia a sus dolencias cardiacas para no dar alas a las aspiraciones de su ministro de Economía, Gordon Brown.

Rafa de Miguel

 

El ministro de Salud de Brasil, Luiz Mandetta, anunció que continuará en el cargo pese a las diferencias que mantiene con el presidente Jair Bolsonaro.

"Vamos a continuar", afirmó Mandetta en conferencia de prensa, luego de que una acción del Congreso con ministros militares aparentemente bloqueara la expulsión del ministro del gobierno de Bolsonaro, quien se opone a las políticas de aislamiento para combatir el coronavirus.

La pandemia de coronavirus se vislumbra como tragedia en Brasil a fines de abril pero el país estuvo atento hoy a la decisión de Bolsonaro sobre Mandetta, originada en un almuerzo que tuvo con el diputado Osmar Terra, quien cuestiona el aislamiento y la cuarentena contra el Covid-19.

Mandetta tuvo su pequeño operativo clamor popular con cacerolazos a su favor durante la tarde en barrios de Río de Janeiro, San Pablo y Brasilia, lo que fue clave para que Bolsonaro no ejerciera la amenaza del domingo contra "los ministros que se creen estrellas".

"Vamos a seguir porque continuando vamos a enfrentar a nuestro enemigo; nuestro enemigo tiene nombre y apellido, el Covid-19: hay que defender la ciencia, la planificación, un médico no abandona a los pacientes", afirmó Mandetta.

Según Mandetta, fue un día "duro y de tensión" con "cajones que fueron vaciados".

La confirmación del funcionario se dio el mismo día en el que se confirmó que el número de víctimas fatales de coronavirus en Brasil ascendió a 553 personas, con más de 12.000 pacientes contagiados por el avance del virus Covid-19.

Bolsonaro había criticado públicamente a Mandetta porque, a diferencia del presidente brasileño, defiende el distanciamiento social como medida de prevención para combatir la propagación del coronavirus.

Hace pocos días, el mandatario de Brasil dijo que el responsable de la cartera de salud tenía "falta de humildad" porque "quiere hacer mucho a su voluntad". Sin embargo, Mandetta se mantiene en su cargo.

Por otra parte, en las últimas 24 horas, en el vecino país se registraron 67 nuevos decesos, para un total de 553, con 12.056 casos confirmados de la enfermedad hasta el momento.

El Estado más afectado por la pandemia es San Pablo, cuyas autoridades decidieron prorrogar las medidas de distanciamiento social y el cierre de la actividad económica hasta el 22 de abril próximo.

Allí, se produjeron hasta ahora 4.866 contagios y 304 muertos por el virus Covid-19, en tanto Río de Janeiro suma 71 fallecidos y 1.461 casos.

El secretario de Salud del estado de Sao Paulo, José Henrique German, explicó en una conferencia de prensa que sin las medidas tomadas desde el 24 de marzo pasado, con restricciones a la circulación de personas, los casos de contagios serían más de 10 veces superiores a los actuales.


 

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, sostuvo hoy que la crisis sanitaria y económica derivada de la pandemia será "pasajera" porque los mexicanos son "un pueblo trabajador", en una jornada en la que el coronavirus causó 13 nuevas muertes y 178 contagios, la cifra más alta desde que empezó la pandemia, y que llevó el total de fallecidos a 60.

"Se trata de una situación pasajera, si quisiéramos ser más profundos, diría una crisis transitoria de salud pública y económica", expresó el mandatario en rueda de prensa cuando el país cuenta con 1.688 contagios de Covid-19 y 60 muertes.

José Luis Alomía Zegarra, director general de Epidemiología de la Secretaría de Salud, precisó en una rueda de prensa en Ciudad de México que la tendencia en el aumento de infectados se ha mantenido de forma similar a lo largo de la semana en el país.

"El día de hoy se confirmaron 178 nuevos casos de Covid-19, elevando la estadística a 1.688, con 5.398 sospechosos e igualmente se elevó la cantidad de casos negativos a 8.602", explicó Alomía Zegarra.

A pesar de estos datos, más temprano, López Obrador estimó que la pandemia "es una crisis transitoria, esto significa que vamos a salir pronto, que no es una debacle porque son mucho más las fortalezas que nuestras debilidades y flaquezas".

El mandatario, del izquierdista Movimiento Regeneración Nacional (Morena), sostuvo que lo "fundamental" para afrontar la crisis es que México es "un pueblo trabajador, bueno y solidario".

Asimismo, dijo que el gobierno está preparado "para tener las camas y los equipos que se requiere" en los hospitales, informó la agencia de noticias EFE.

López Obrador también prometió que no habrá despidos de trabajadores del Estado, sino que se bajarán los sueldos de los altos funcionarios y se profundizará el plan de austeridad de la administración pública.

"Vamos a salir muy fortalecidos de esto porque en momentos de crisis es cuando también se van fortaleciendo las convicciones", aseveró el presidente, quien recordó que el objetivo principal de su gobierno es acabar con "el régimen de injusticia y corrupción" que había en el país.

El Consejo General de Salubridad, la máxima autoridad sanitaria de México, decidió extender el lunes pasado hasta el 30 de abril la suspensión de las actividades públicas, privadas y sociales para mitigar la expansión del coronavirus.

Se mantienen como esenciales las actividades del sistema de salud, la seguridad pública y de protección ciudadana, las necesarias para mantener la infraestructura crítica del país, los programas sociales del gobierno y actividades comerciales de la industria.

López Obrador presentará el domingo un plan de apoyo económico para mitigar los efectos de la crisis sanitaria a la débil economía mexicana, que en 2019 decreció un 0,1%.


 

El primer ministro británico permanecía aislado en Downing Street tras dar positivo hace 10 días.

Boris Johnson, de 55 años, ha ingresado este domingo por la noche en un hospital no especificado de Londres para realizarle pruebas más precisas, después de 10 días de haber permanecido recluido en confinamiento domiciliario en Downing Street, desde que el primer ministro británico dio positivo por coronavirus.

“Continuaba presentando síntomas persistentes de la Covid-19”, ha explicado un portavoz del Gobierno, y se ha decidido su ingreso hospitalario como “medida de precaución”. El ministro de Exteriores, Dominic Raab, presidirá este lunes la reunión diaria del gabinete de crisis que hace frente a la pandemia si el equipo del primer ministro decide que Johnson no está en condiciones de hacerlo.

El propósito inicial de Downing Street es que el primer ministro pase una sola noche hospitalizado, y sea sometido a una serie de “test rutinarios”, ha explicado la BBC. Una portavoz del Gobierno ha intentado transmitir sensación de calma al asegurar que "Johnson quería dar las gracias a todo el personal del Servicio Nacional de Salud (NHS, en sus siglas en inglés) y seguía insistiendo a la ciudadanía en que siguiera las recomendaciones emitidas”.

Fue el propio Johnson quien anunció el pasado 27 de marzo, a través de un vídeo difundido por las redes sociales, que había dado positivo en el test. En ese momento el Gobierno del Reino Unido ya había dado un notable giro a su primera respuesta ante la crisis y ordenado el confinamiento domiciliario de la población. El primer ministro, sin embargo, junto a los miembros más destacados de su Gobierno, seguía celebrando reuniones presenciales y acudía con normalidad al Parlamento.

Por consejo del director médico del Gobierno, Chris Whitty, se decidió la reclusión de Johnson en el apartamento del número 11 de Downing Street, adyacente a la sede de Gobierno. El político se mostraba en ese primer anuncio decidido a seguir dirigiendo desde su encierro todas las actividades de respuesta frente a la crisis. En unas pocas horas, se supo que su ministro de Sanidad, Matt Hancock, y el propio Whitty, habían resultado también infectados por el virus y se sometían también a aislamiento.

Durante los últimos días, según ha revelado este domingo el diario The Times, Johnson no mostraba señales de mejoría. Los síntomas de la enfermedad, una tos persistente y una fiebre elevada, no remitían, y el aspecto del primer ministro empeoraba a ojos de todos los que se comunicaban con él por videoconferencias. Johnson se dirigió a la nación en un vídeo grabado y publicado en su cuenta oficial de Twitter al menos en dos ocasiones más, y la evolución de su estado era evidente para toda la población. Sin americana ni corbata, el primer ministro intentaba transmitir ímpetu en sus ruegos a la ciudadanía para que siguieran las medidas de aislamiento, pero su rostro delataba el malestar que estaba experimentando.

Su última intervención se interpretó como una orden concreta de que los miembros de su Gobierno pusieran fin de una vez al caos creado en torno a los test realizados al personal sanitario.

En ese momento, apenas 2.000 de los profesionales que batallaban en primera línea habían sido sometidos a las pruebas, y al menos 35.000 de ellos permanecían recluidos en sus hogares sin presentar síntomas. Se limitaban a seguir el mandato del Gobierno, más tarde corregido, que obligaba a todos aquellos que convivieran con alguien que presentara síntomas del coronavirus a quedarse en aislamiento durante 14 días.

Downing Street ha intentado restar importancia al estado del primer ministro durante los últimos días, a pesar de que ya había pasado la semana que el propio Johnson dijo que duraría su confinamiento.

“Se encuentra bien. Hablo con él cada día, varias veces, y permanece con mano firme en el timón. Es cierto que todavía tiene fiebre, pero sigue trabajando desde Downing Street y presenta buen ánimo”, decía este mismo domingo el ministro de Sanidad, Hancock, quien abandonó su confinamiento a los siete días, en SkyNews.

La pareja del primer ministro, Carrie Symonds, de 32 años y embarazada de más de seis meses, anunció este fin de semana que había pasado los últimos siete días recluida en su apartamento de Camberwell (Londres) con síntomas claros de la enfermedad, aunque no fue oficialmente diagnosticada como tal, y que se encontraba ya en fase de recuperación.

Rafa de Miguel

 

El ex presidente de Brasil dijo que "si la situación sale de control, tal vez Bolsonaro tenga que renunciar".

En una entrevista por video, el ex presidente e intelectual brasileño Fernando Henrique Cardoso, juzgó que este "no es el momento" para un impeachment contra Jair Bolsonaro. Pero también evaluó que, si la situación sale de control, tal vez Bolsonaro tenga que "renunciar".

En ese caso, su vicepresidente Hamilton Moura tendría que continuar su mandato que se extiende hasta diciembre de 2022.

El periodista Tales Faría, columnista del portal Uol, le dijo a Cardoso que "ya se comenzó a hablar de renuncia" en varios medios políticos y periodísticos. Y le preguntó qué pensaba de esa posibilidad. La respuesta textual fue la siguiente: Ya tuvimos dos impeachment y vimos que sus consecuencias son complicadas". Refería a la destitución vía Congreso de Fernando Collor de Melo en 1992 y de la ex presidenta Dilma Rousseff en 2016.

Según Cardoso, "las estructuras políticas quedan fragilizadas. Hay que ser muy cuidadoso para sacar a alguien que tuvo votos. El vice, que es el segundo, también tuvo votos. Pero el pueblo no lo sabe". Para él, por el momento "no hay un motivo claro. Tendría que buscarse una causa de violación de la Constitución. Ahora, la renuncia es un acto individual".

Admitió que no conoce a Bolsonaro: "No sé si escucha o no a las personas. Pero yo defiendo las instituciones y él es el presidente. Lo bueno para Brasil sería que el presidente entienda el papel que juega, y se calme un poco. Sus gestos bruscos dejan al país en suspenso".

Con todo, el ex presidente hizo una salvedad: "Ahora si Bolsonaro pierde las condiciones de gobernar, entonces tiene que venir el vicepresidente. Yo tengo simpatía por el vice Hamilton Mourao. Es una persona normal". Es más, Cardoso tuvo posibilidades de intercambiar con el general en la Universidad de Harvard, en Estados Unidos. "Lo conocí durante una conferencia. Pero no sé si llegó el momento para el reemplazo".

--¿Entonces usted cree que no es momento para la renuncia del presidente? Repreguntó el periodista.

--Eso va a complicar todavía más un cuadro problemático. Uno renuncia cuando ya no se tiene más condiciones de gobernar. Todavía no es el caso ni tampoco actúo en el sentido de promover esa situación. Pero yo soy realista y ese momento puede llegar. Y si no hay otra alternativa hay que seguir la Constitución. Pero no quiero ser parte de ningún arreglo conspirativo.

Al político, que fundó el Partido Socialdemócrata de Brasil (PSDB), el Coronavirus le infunde un temor: "Cuando llegue a las camadas populares, que tienen menos defensas, menos alimentación y menos asistencia médica, va a ser una hora de cohesión. Si se intenta sacar al presidente, eso no va a cohesionar sino dividir".

En San Pablo y en Brasilia muchos sectores pretenden desvestir al jefe de Estado. Cada vez más fuerzas políticas comparten esa posición. Y la pregunta que muchos se formulan es: "¿Mourao sería buen presidente?". Para FHC no hay dudas que "es un hombre sensato, educado y con experiencia. Y habla inglés razonablemente bien. De cualquier manera, no creo que vaya a ser presidente. Y si lo fuera habría que ver. Ser presidente no es fácil".

Cardoso insistió, sin embargo, que "en la hora que el pueblo se manifiesta en las calles, y los medios y el Congreso concuerdan, uno no puede mirar para otro lado. Esos son factores importantísimos. Antes eran las fuerzas armadas, pero ahora no: están en los cuarteles. Pero si el Congreso critica, los medios critican y el pueblo va a las calles, entonces no hay nada que hacer".

Para el ex jefe de Estado, que gobernó por dos períodos (entre 1995 y 2002), el titular de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, tercero en la sucesión presidencial, el legislador "es una verdadera revelación". "Él es la expresión del sentimiento del Congreso. Tal vez su manera de ser que no es muy popular. Pero cuando toma una posición, él habla por el Congreso. Es un pilar de la institución".

Juzgó, finalmente, que no ve riesgo de una "intervención militar".

Enfatizó: "No lo creo. El comandante de las Fuerzas Armadas tiene una idea concreta de su poder. Pero también tiene equilibrio. Es preciso contar con el conjunto de las instituciones para que se preserve lo esencial, que es un cierto orden para controlar la violencia, garantizar el empleo y respetar a la ley y la constitución".

A juicio del ex mandatario, "Brasil requiere hoy un liderazgo político, no militar". ¿Pero qué hacer si falta ese liderazgo político? "En ese caso, Mourao es el sucesor natural de Bolsonaro".


 

Es el almirante Craig Faller. La meta de una base para los marines en Baja California. El cálculo del segundo mandato.

A medida que avanza la pandemia en Estados Unidos, Donald Trump hace movimientos para sobrellevar el desastre económico, sanitario y aún así ser competitivo en la elección de noviembre.

El despliegue militar y armamentístico en América Latina para ir tras Nicolás Maduro y los carteles de la droga mexicanos se ubica sobre ese eje.

Es tal la impronta de esta avanzada que entre los altos oficiales mexicanos ya se da por descontado un escenario en caso de que Trump logre otros cuatro años en la Casa Blanca: el avance decisivo del muro fronterizo y, algo menos conocido, la instalación de una base militar estadounidense en Baja California.

El hombre al que señalan los militares mexicanos como arquitecto de este plan es el almirante Craig Faller, jefe del Comando Sur del Pentágono y de diálogo frecuente con jefes militares de toda la región. Faller en consonancia con el procurador William Barr y con el futuro subsecretario para Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado, Carlos Trujillo, está al frente de una narrativa muy funcional a Trump.

Faller tiene una carrera brillante en la Armada de EU, repleta de condecoraciones y en el momento de mayor densidad de la crsis venezolana, fue quien recomendó no invadir el país sudamericano contrario al consejero de Seguridad John Bolton que finalmente tuvo que dejar el cargo.

Con una economía que cae en picada, Trump encuentra una narración que le rinde frutos porque combina la avanzada de la maquinaria militar más poderosa del mundo con la persecución de los "enemigos" predilectos: el narcotráfico, Venezuela, el comunismo.

Según se calcula en el circuito militar mexicano, el almirante Faller es el ideólogo de un plan para el eventual segundo mandato de Trump que implica detonar por completo una guerra anti narco en México.

El fin definitivo de la política de Andrés Manuel López Obrador de no perseguir a capos del narco. Esta tesis viene a proponer que ya sin horizonte de volver a ser presidente, a Trump le importarán todavía menos las formas y la presión sobre López Obrador en materia de seguridad se incrementará a niveles asfixiantes.


 

Confusión y alboroto en el Gobierno, que fuerza al organismo #a desdecirse: el 13 de abril sigue siendo la fecha última válida.

En Italia se empieza a discutir una posible «fase dos» en la emergencia del coronavirus, es decir, cuándo se relajará la actual fase uno con restricciones en todas las actividades productivas, salvo las esenciales y estratégicas. Se trata de un gran debate sobre el eventual calendario escalonado que se debería seguir, con ciertas presiones desde algunos sectores empresariales hacia el Gobierno.

El Ejecutivo de Giuseppe Conte aprobó el pasado miércoles un decreto prorrogando el cierre de las actividades productivas y manteniendo el confinamiento en casa al menos hasta el 13 de abril.

El primer ministro Conte declaró, tras aprobar esta prórroga, que aún estamos en la fase uno y que después se iniciaría la fase dos en la que «aún deberemos seguir conviviendo con el coronavirus», aunque entonces se relajarían las medidas. Pero ayer se creó notable confusión y tensión en el Gobierno tras unas declaraciones del director de Protección Civil, Ángelo Borrelli.

Este consideró «plausible» que solo a partir del 16 de mayo comenzara la fase dos. En una entrevista a Radio Capital, Borrelli había asegurado que «tendremos que estar en casa durante muchas semanas», porque exige el «máximo rigor» para evitar que la cadena de contagios vaya fuera de control.

Al director de Protección Civil se le preguntó si el 1º de Mayo lo pasaremos también en casa. La respuesta de Ángelo Borrelli no parecía dejar lugar a dudas: «Creo que sí. Tendremos que estar en casa durante muchas semanas». Un estudio del Instituto de Economía y Finanzas (EIEF) ha marcado el 16 de mayo como fecha probable para el fin de las actuales medidas restrictivas.

Preguntado también el director de Protección Civil si esa fecha marcada por el estudio del Instituto de Economía y Finanzas es «plausible», Ángelo Borrelli explicó: «Si la tendencia no cambia, podría ser, aunque también podría ser antes o después. Depende de los datos.

Ahora la situación es estacionaria, tenemos que ver cuándo esta situación comienza a descender. No quisiera dar fechas -concluyó Borrelli- pero desde hoy hasta el 16 de mayo podría haber datos ulteriormente positivos que aconsejen reanudar las actividades y comenzar por tanto la fase dos».

Teniendo en cuenta que la política del Ejecutivo Conte es ir paso a paso, prorrogando escalonadamente el calendario de las restricciones, el mensaje del director de Protección Civil dejó estupefacto al Gobierno. Hablar del 16 de mayo como fecha plausible para levantar restricciones se consideró en el Ejecutivo que era un horizonte infinito. Todo un gran contraste con esa política gubernamental pausada, de paso a paso, para no crear pánico o frustración.

El Gobierno tiene la palabra

La de ayer fue una jornada frenética de llamadas telefónicas. Se decidió que no se produjera un desmentido inmediato del Gobierno, para no abrir un frente político en la polémica. En estos momentos, abrir esa tensión con uno de los comisarios de la emergencia como es el director de Protección Civil Borrelli podría haber sido devastador.

Por la tarde, en la habitual rueda de prensa a las 18.00 para ofrecer los datos sobre la evolución de la epidemia, Ángelo Borrelli se corrigió: «Algunas de mis palabras han sido equivocadas; solo hay una fecha fija, el 13 de abril; las medidas a adoptar dependerán de la evolución de los contagios». La palabra final la tendrá la política,

En definitiva, todo dependerá de la evolución de los datos sobre la epidemia, ofrecidos en la misma rueda de prensa por el propio director de Protección Civil. Registran una tendencia estable.

Desde el inicio de la epidemia, el 21 de febrero, las personas infectadas por el coronavirus son 119.827; los fallecidos, 14.681; de ellos, 766 son los muertos en un solo día (+4,5%), con un aumento de 6. Entre los muertos ayer cabe destacar 73 médicos.

Ángel Gómez Fuentes

 

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades han emitido una recomendación para que los estadounidenses utilicen algún tipo de protección.

La confusión sobre el uso o no de mascarillas o protectores para tapar la cara, que no pone de acuerdo a la comunidad científica, vive un nuevo episodio en EE.UU.

La autoridad médica de EE.UU., los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, en sus siglas en inglés) emitió este viernes una recomendación para que los estadounidenses utilicen algún tipo de protección textil en la cara ante las evidencias de que hay un porcentaje «significativo» de personas que tienen coronavirus y que no presentan síntomas o que pueden transmitir la enfermedad antes de desarrollar síntomas.

Donald Trump anunció la recomendación al país en su rueda de prensa diaria en la Casa Blanca, donde explicó que puede ser una protección casera, que su uso es «voluntario», que no elimina la obligación de distanciamiento social y que la recomendación no incluye a las mascarillas especializadas -como las N95 o las quirúrgicas-, que deben quedar para el personal sanitario.

En la misma comparecencia, el responsable de Salud Pública de la Casa Blanca, Jerome Adams, reconoció que había habido «confusión» sobre las directivas de si usar o no mascarilla, con el problema añadido de que es un producto que escasea para los sanitarios y que EE.UU., como muchos países, se pelea por importar o acelera su producción.

El mismo Adams exigió a los estadounidenses a finales de febrero que dejaran de comprar mascarillas porque no eran efectivas para el público general. Ahora, las autoridades tienen que cambiar el guión -decir que sí son beneficiosas-, pero sin que ahogue todavía más la capacidad de los hospitales y centros médicos de obtener las mascarillas de grado profesional que requieren para su trabajo.

En el cambio de mensaje no ayudó el propio Trump. Acto seguido, el presidente de EE.UU. reconoció que en esa recomendación él no sería ejemplar. «De alguna forma, sentarme en el Despacho Oval tras el bello Resolute Desk -el escritorio presidencial-, llevar una mascarilla mientras saludo a presidentes, primeros ministros, dictadores, reyes, reinas… No sé», dijo. «De alguna manera, no lo veo para mí».

Cuando se le volvió a preguntar sobre el asunto, Trump se justificó en que esta misma semana se ha hecho un test de coronavirus y el resultado fue negativo. «Me siento bien», dijo como explicación, precisamente en contradicción de la recomendación de los CDC (no hace falta tener síntomas para transmitir).

Trump optó por no hacer caso ni a los CDC ni a su mujer, que pidió en un mensaje de Twitter «a todo el mundo» que se tome «en serio el distanciamiento social y el uso de una mascarilla o protección de la cara».

Otras autoridades de EE.UU. sí predicaron con el ejemplo. Jared Polis, el gobernador de Colorado, uno de los estados que se está convirtiendo en un punto caliente de la epidemia, compareció con la boca y la nariz tapada con una tela con el logo de su estado. Su homólogo en Pensilvania, John Fetterman, compartió una foto en redes sociales con una mascarilla casera improvisada.

Javier Ansorena

 

Acaba de ser desplazado "informalmente" del gobierno de Brasil: sigue en funciones, pero pierde todo poder real. Lo reemplaza el general Walter Braga Neto, a quien ya mencionan como "Presidente Operativo".

No se puede calificar como un golpe de Estado, al menos no como los tradicionales, pero el presidente Jair Bolsonaro acaba de ser desplazado "informalmente" del gobierno de Brasil. Sigue en funciones, pero no cumplirá ninguna misión.

Quien lo reemplaza en el Poder Ejecutivo es su ministro jefe de la Casa Civil, el general Walter Braga Neto, quien entró al gobierno a mediados de febrero, cuando aún se desempeñaba como jefe del Estado Mayor del Ejército.

En un comunicado del 31 de marzo, firmado por el ministro de Defensa, Fernando Azevedo e Silva y los comandantes del Ejército, la Marina y la Aeronáutica, se anunció la nueva forma de gobierno: "En cuanto dure la situación de crisis (por el impacto del Coronavirus) el Presidente Operacional de Brasil será el general (Walter) Braga Neto".

Según el site DefesaNet, que difunde exclusivamente materiales referidos a las Fuerzas Armadas, el "cambio" se hizo visible el lunes 31 de marzo. Ese día, la conferencia de prensa diaria sobre el Coronavirus, en el Palacio del Planalto, tuvo como protagonista al "ministro-presidente" Braga, pasó a comandar una suerte de "Estado Mayor" en las sombras de la Presidencia de Brasil. Este medio afirma que la "designación de Braga no fue un simple nombramiento". Por el contrario, resultó "producto de un acuerdo por arriba, que involucró ministros y comandos militares, y hasta al propio Bolsonaro".

El desplazamiento de Bolsonaro de las decisiones, permitió que Braga pudiera conducir las políticas del Palacio del Planalto sobre el Coronavirus, en contradicción con las declaraciones presidenciales contrarias a la cuarentena. En los medios de Brasil ya se menciona a Braga Neto como "Presidente Operativo".

La explicación que corrió en la cúpula del gobierno sobre este desplazamiento de la autoridad electa, es que con este "mecanismo" se lograba reducir el grado de exposición del presidente brasileño, que había sido objeto de pesadas críticas tanto por parte del Congreso, como de todo el espectro partidario (de derecha a izquierda) y de la prensa. Le cuestionaban su manejo de la crisis del Coronavirus y su postura adversa a la cuarentena que habían apoyado los gobernadores de los 27 estados brasileños.

Esta "nueva forma de gobierno" permitió que Braga pudiera conducir las políticas del Palacio del Planalto sobre el Coronavirus, en contradicción flagrante con las declaraciones presidenciales contraria a esa medida. En los medios de Brasil ya se menciona a Braga Neto como "Presidente Operativo", como confirmó el columnista Ricardo Kotscho del sitio UOL, el más leído de país, bajo el sugerente título "¿Al final quien gobierna Brasil?.

El nuevo militarismo en la región

La toma directa del control del Estado por parte de militares mediante distintos atajos, parece ser una nueva tendencia en Latinoamérica alentada por la Casa Blanca y algunos senadores republicanos, que en noviembre del año pasado reveló en exclusiva LPO México. Esa tendencia fue incluso expuesta por el periodista Max Fisher en The New York Times en un editorial titulado "Un juego muy peligroso: en América Latina los líderes cuestionados se apoyan en generales", donde habla de "democracias militarizadas".

Braga Neto apareció este viernes en el centro de una conferencia sobre el Coronavirus en el Planalto, debutando en su rol de "presidente operativo".

La caída de Bolsonaro ocurre luego que las élites empresariales comenzaron a mencionar la existencia de un "desgobierno" y la falta de capacidad de conducción del Presidente. Así lo afirma DefesaNet, al señalar que pasados los primeros días de ganancias especulativas en la Bolsa de San Pablo, el mundo financiero empezó a temer que sobrevenga un quiebre de los grandes bancos brasileños.

En verdad, en los hechos fueron los propios militares los que preanunciaron el proceso de alejamiento "no formal" en el comunicado que firmaron el ministro de Defensa Azevedo y los tres comandantes militares. Allí se anunció: "Le toca al ministro jefe de la Casa Civil (Walter Braga), ahora incorporado como figura del Estado Mayor Nacional Político conducir la amarga realidad nacional", en un pronunciamiento que hace eco en aquel realizado por los militares de Bolivia, que empujó la salida de Evo Morales.

Un comunicado firmado por el ministro de Defensa y los tres comandantes militares anunció: "Le toca al ministro jefe de la Casa Civil (Walter Braga Neto), ahora incorporado como figura del Estado Mayor Nacional Político, conducir la amarga realidad nacional".

Más aún, en ese comunicado se subrayó: "Esa deliberación ya fue comunicada con los debidos cuidados, a los ministros y a las principales autoridades de los Tres Poderes (Ejecutivo, Justicia, Congreso)". Y se explica que este reemplazo "operacional" se mantendrá "mientras perdure la grave situación" generada por el Covid-19.

Una semana antes de esta operación en las más altas esferas del país, el jefe del Ejército, Leal Pujol, había advertido: "Este es un momento de cuidado y prevención, pero también de mucha acción por parte del Ejército brasileño".

Pero la parte más reveladora de ese mensaje vino a continuación: "El Ejército está integrado al esfuerzo de toda la Nación bajo la coordinación del Ministerio de Defensa y junto a las otras Fuerzas hermanas". No mencionó al presidente Bolsonaro. Leal Pujol culminó su proclama con la frase distintiva del Ejército que alude al "brazo fuerte".

A todo esto, hubo una reacción del jefe de Estado Bolsonaro, expresada por uno de sus hijos, Carlos, a través de un tuit. Decía textualmente el 31 de marzo: "Es mucho más valioso conversar con un humilde soldado que con un general, que ni siquiera usa silbato".

Eleonora Gosman

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