Domingo, 27 Diciembre 2020 10:42

La autoridad presidencial - Por Natalio Botana

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En un pasaje de las Bases…, Alberdi escribió que “una vez elegido, sea quien fuere el desgraciado a quien el voto coloque en la silla difícil de la presidencia, se le debe respetar con la obstinación ciega de la honradez, no como a hombre, sino como a la persona pública del Presidente de la Nación”.

 

A criterio de Alberdi, esa porfía en obedecer al presidente era semejante a las obsesiones que lo guiaban para consolidar una autoridad sobresaliente sujeta a la ley suprema de una constitución. Proponía de este modo una operación mayúscula que suponía trasladar la unidad ejecutiva, propia de la monarquía, a un cargo electivo concebido en clave republicana.

Según Alberdi, si esa unidad estallaba, o se fragmentaba, el sistema republicano también temblaba. Estas señales lejanas, propias de un régimen altamente concentrado en la autoridad presidencial, han dominado la política de este año que concluye.

Lo han hecho, en verdad, bajo la sombra de una pandemia inconclusa que ha cosechado miles de muertos y que, junto con serios problemas de arrastre, ha provocado una caída estrepitosa en la economía y el empleo. Lo único que aumentó en este desolador panorama es la pobreza y la indigencia.

Ha sido entonces un año sombrío con el agravante de que, en su transcurso, en lugar de afirmar la autoridad presidencial se acentuó la desunión en su seno. Habría que preguntarse si el exitoso arreglo con el que el Frente de Todos ganó las elecciones en 2019 no ha generado un desarreglo endógeno que, hacia afuera de los límites del Poder Ejecutivo Nacional, impacta sobre la gobernabilidad imprescindible para afrontar la mega crisis sanitaria, económica y social que nos agobia.

En términos institucionales y en contra de las características propias del régimen presidencial, estos desarreglos son tributarios de una fisura entre poder y administración. El poder que se identifica con la figura de la Vicepresidenta y la administración que recae en manos del Presidente. Así, al paso de la experiencia de un año, se ha trazado con más precisión el perfil bifronte que se insinuaba al comienzo de este mandato.

En cuanto al origen de ambos cargos, esta dicotomía corresponde al papel que desempeñan CFK y Alberto Fernández. La primera, ejerciendo como “gran electora” (una tradición que antaño tuvo registro masculino); el segundo haciendo las veces de agente de gobierno. En cuanto al ejercicio de ambos cargos, estos contrastes evocan la mirada de Sarmiento en el Facundo… cuando destacaba el paisaje donde coexisten la intención hegemónica del caudillo y la anarquía que había desatado la revolución de la independencia.

La intención hegemónica, enraizada a lo largo de nuestra historia, revive en el kirchnerismo. Ahora se expresa mediante la acción política de una jefatura que funciona con cuatro resortes: un séquito mayoritario en el Senado, el más aceitado sin llegar a los dos tercios; un estilo de cooptación en Diputados para sustraer representantes a la oposición y atraer a terceras agrupaciones; un embate que tiene como objetivo diseñar una Justicia adicta para esterilizar los juicios de corrupción; una arremetida sobre la gestión del Estado con el fin de controlar áreas decisivas.

De estos choques nacen los rumores de efectuar cambios en el Gabinete de Ministros, un desafío que de nuevo pone en cuestión la autoridad del Presidente; se comprobará si logrará contener esta embestida o si al cabo concede envuelto en un fárrago de palabras.

Esta estrategia, apuntalada por La Cámpora, la organización más fuerte en el vasto continente del peronismo, tiene sin embargo el límite impuesto por la megacrisis: la pandemia que no cesa; las incógnitas que se ciernen en torno a la vacuna; la irresponsabilidad en el cuidado personal que cunde impulsada por el hartazgo de soportar cuarentenas sucesivas; los desbordes masivos de corte futbolero inducidos en un caso por el mismo Gobierno; el regreso de la contestación social, las tomas de tierras en diversos puntos del país y las manifestaciones en torno al aborto.

Estos brotes, mezcla de anomia y recuperación del espacio público, sumados a las consecuencias de la crisis económica, marcan el año próximo con un signo de declinación: prosigue en efecto el largo ciclo inflacionario con la gente en la calle mientras mortifica a la mentalidad populista la exigencia de poner en orden las cuentas fiscales justo en el momento en que hay que concurrir a las urnas, de no suprimir las PASO, entre agosto y octubre de 2021.

¿Puede acaso esta intención hegemónica proceder a un ajuste fiscal, en línea con lo que pedirá el FMI, ante el riesgo de perder las elecciones del 2021? Si la respuesta es negativa, el Gobierno deberá coexistir con una inflación que se podría disparar aún más si el Congreso introduce modificaciones en el proyecto de seguridad social que propone un ajuste fiscal significativo.

Por otra parte, conviene subrayar el rol ambiguo de los comicios intermedios que renuevan la mitad de la Cámara de Diputados y el tercio del Senado. De un lado, la intensa movilización del electorado cada dos años no da respiro para gobernar pues apenas se dispone de un año sin elecciones, del otro, ese ritmo contribuye a que una oposición resistente contenga las pretensiones hegemónicas y, por ende, asegure el equilibrio republicano de la democracia.

Claro está que este escenario depende de la disciplina en la coalición opositora sobre la base de un liderazgo colectivo capaz de reemplazar liderazgos personalistas de los cuales el peronismo, hasta el presente, ofrece sobradas muestras.

Este propósito es crucial porque de la consistencia de la oposición y de su capacidad para bloquear cooptaciones en el frente legislativo y en el Consejo de la Magistratura depende el desarrollo de un contrapoder eficaz de cara al curioso cuadro, jamás visto en el pasado, de una autoridad presidencial que se diluye y de un poder de la vicepresidencia que se acrecienta. Veremos si los hechos refutan o ratifican esta última hipótesis.

Natalio Botana
Politólogo e historiador
Profesor emérito de la Universidad Torcuato Di Tella

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