Lunes, 05 Julio 2021 13:45

Las paradojas del relato - Por Carlos Salvador La Rosa

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En su mundo de paradojas crecientes el cristinismo halló una nueva grieta: entre ellos que defienden al pueblo y la clase media gorila y cipaya que defiende la “faizer” imperialista.

“Los gorilas me piden que escriba todos los días la misma canción,
Con la música que yo decida y con la letra de su obsesión.
Traigan la faizer, quiero la faizer
Dame la faizer, poneme la faizer….
Si les parece, les traigo una lista
Con las conquistas de nuestra gestión.
Cientos de abrazos miles de risas millones de viejos con jubilación….
¿Y qué me cuenta de estar aguantando al monetario fondo ladrón?
Abrir ministerios que habían cerrado
Y haber vacunado a media población”.

Ignacio Copani en su canción “Traigan la faizer”

“En 2015 éramos más felices que lo que vino luego”.

Cristina Fernández de Kirchner

El cantautor K, Ignacio Copani, vive en un mundo feliz que refleja en su canción cantando los supuestos logros de los años K. Sólo que la felicidad no es completa porque en su Argentina justicialista siguen existiendo los gorilas de clase media que quieren vacunarse con la “faizer” porque es yanqui y en su mentalidad colonialista sólo cabe curarse con remedios del imperio.

Todo no pasaría más que de una patética letra de un viejo cantor de protesta devenido bufón oficial, si no fuera porque sus argumentos son los mismos que sostienen Cristina y los cristinistas. Los que están convencidos de que, porque ellos fueron felices durante sus gobiernos, la mayoría de la población también lo fue, sonriendo, abrazándose, con holgadas jubilaciones y vacunas para todos. Y quien no comprende tanta felicidad es gente mala, que debe irse del país.

Otra originalidad del cristinismo es el relato retroactivo, vale decir, en vez de hacer lo usual, criticar al gobierno anterior para considerarlo culpable de las macanas cometidas ahora, también se critica al gobierno anterior para hacerlo culpable.... ¡de las macanas que cometieron antes de que Macri llegara al gobierno! Paradoja de paradojas: el macrismo, en tanto neoliberalismo, es incluso culpable de todo lo malo que ocurrió cuando gobernaban los K. El relato retroactivo no sólo convierte en un paraíso la era K sino que si alguna mancha ensució ese edén, fue por culpa de los gorilas encarnados en Macri y la “faizer”. La edad de oro, sobre todo la cristinista, ya se está escribiendo con letras de molde en la nueva historia oficial.

Es raro que tanta maravilla haya ocurrido cuando nunca durante todos los gobiernos K existieron menos de un tercio de los argentinos por debajo de la línea de la pobreza, pero ellos no se consideran culpables de eso, que es sólo una herencia neoliberal, sino que se creen meritorios por las políticas sociales que implementaron para contenerlo. Otra paradoja, porque han convertido al país en un inmenso asistencialismo, han puesto la caridad que ellos criticaban por encima de la justicia social que han ignorado olímpicamente.

Quieren remedar al modelo de Eva Perón en forma devaluada. Evita criticaba a las “sociedades de beneficencia” con las cuales las señoras de la alta sociedad lavaban su mala conciencia ofreciendo limosnas a los pobres. Ella, ante eso, anteponía la ayuda social pero la misma no era mero asistencialismo sino la expresión concreta, visible, personalizada de la justicia social, meta final del gobierno, la haya cumplido mejor o peor. La justicia social implicaba dar trabajo, salud y educación para que cada uno pudiera ganarse el pan con el sudor de su frente y así liberarse de benefactores privados o estatales. En los tiempos actuales el asistencialismo, la caridad estatal, es la única política social, no hay nada más allá de ella por lo cual nadie, con esta política, podrá ganarse nunca el pan con el sudor de su frente. No los libera del plan, los sujeta para siempre. Es paradojal que en nombre de auxiliar a los pobres lo único que hayan logrado es aumentar la cantidad de pobres.

Algo parecido, otra paradoja, han hecho con la educación. Su discurso expresa una idea central: la de luchar contra los enemigos de la educación estatal, contra los que la quieren privatizar, que son por supuestos los neoliberales, los macristas y la clase media gorila que quiere la “faizer”. Sin embargo, la terrible paradoja la ofrecen los datos duros, que indican que nunca en los últimos cien años se privatizó la educación como en los gobiernos K, pero no porque lo hayan pretendido así, sino porque al haber transformado en un caos colosal la educación pública estatal, sin controles, ni evaluaciones ni autoridad, hicieron que todos los que pudieran, incluso muchos humildes, trasladaran sus hijos a la escuela de gestión privada ni siquiera por mejores planes de estudio, sino para al menos tener un poco de orden con lo cual poder estudiar. . Nunca antes, desde la sanción de la ley 1420 (el paradigma de la educación pública) ocurrió este éxodo hacia la gestión privada. Los cristinistas se consideran los únicos que defienden la educación pública mientras que la oposición hace todo lo posible por privatizarla, sostiene el relato. Pero los únicos que logran aumentar la privatización son los K.

Una cosa rescatable de los gobiernos K es que avanzaron de modo bastante significativo en la ampliación de derechos civiles como el matrimonio igualitario y el aborto, nada fáciles de lograr en la Argentina conservadora. Pero a la vez en el tema de la inclusión, cayendo en exageraciones ideologistas, desvisten a un santo para vestir a otro, acusando de xenófobos y machistas a los que quieren seguir hablando con la o y la a, en vez de la e y la @. Pero lo peor no es eso que seguramente son excesos superables cuando se naturalicen más los nuevos usos, sino que a la vez son aliados políticos de los países que odian todas esas cosas, que incluso lapidan homosexuales o criminalizan el aborto y son descaradamente machistas.

Otra paradoja es la defensa de la sustitución de las importaciones (atacar al campo productivo y defender las industrias subsidiadas) que quizá era progresista en la era de los nacionalismos por hacer países más independientes con la mayor diversificación posible de actividades, pero ahora hay dos cosas que antes no estaban y por la cual esta política dejó de ser progresista: el aumento del precio de los commodities por el desarrollo acelerado de China y otros países (fenómeno coyuntural) y la globalización (fenómeno estructural), que convierten a la sustitución de importaciones en una antigualla. La idea de subsidiar con el campo a la industria artificialmente creada ya no sirve más, ahora se necesita una industria aliada con el campo y especializada en temas del agro porque en un mundo donde valen más las ventajas competitivas que las comparativas hay que especializarse en lo que uno mejor sabe hacer y recibir del mundo el resto. Las naciones con tendencia a la autosuficiencia hoy no funcionan salvo con subsidios irracionales. Ya no es bueno ni conveniente defender industrias imposibles para sostener ficticios puestos con doble indemnización que solo producen quiebras fenomenales que termina subsidiando el Estado mediante el curro de las estatizaciones. Es un juego ideológico sin noción con la realidad. Quieren ser Suecia y Venezuela a la vez. Cobrar impuestos como Suecia y prestar servicios como Venezuela.

Según la ideología cristinista la soberanía pasa por las estatizaciones, por eso desde aerolíneas al fútbol para todos, hasta Vicentin o la Hidrovia lo que se quiere es transferir la administración privada a capitales amigos a modo de testaferros y en última instancia al Estado como garantía que de ese modo los cosas funcionan para los intereses nacionales. Pero es un estatismo sin Estado porque éste no funciona ni para lo que es su responsabilidad indelegable. Y no es capitalismo de empresarios competitivos sino de amigos subsidiados. Todo lo contrario de lo que se dice.

En fin, son las tremendas paradojas de un modelo que sostiene en su relato marchar hacia un lado, pero en los hechos avanza por el camino exactamente contrario. Paradojas y contradicciones que impiden pensar un país posible, factible y real.

Carlos Salvador La Rosa

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