Miércoles, 17 Noviembre 2021 09:34

Un triunfo contundente que abre esperanzas - Por Jorge Enríquez

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Hay quienes creen que el contexto del país no se presta a festejos. Coincido, pero el resultado favorable abre una ventana que sí es digna de celebración. Pero las palabras y los gestos deben ser sobrios y moderados. La Argentina vive horas sombrías

 

Juntos por el Cambio triunfó de manera contundente en las elecciones legislativas por más de 8 puntos (41,96 a 33,56%). El kirchnerismo perdió. Más allá de situaciones particulares y de matices, esta es la síntesis de lo que se acaba de vivir en la Argentina. 

Un hecho de particular significación es que el peronismo kirchnerista perdió su holgada mayoría en el Senado. Ahora no tiene quórum propio y se da una paridad que no existió desde la recuperación de la democracia en 1983. Es un éxito de la sociedad en su conjunto, de los candidatos provinciales que realizaron una campaña homérica y de los dirigentes nacionales de Juntos por el Cambio que apuntalaron esos esfuerzos locales. Sin perjuicio del reconocimiento a todos ellos y a los distintos partidos que componen la coalición opositora, quiero destacar la extraordinaria función que cumplió a lo largo y a lo ancho de la Argentina, la presidente de PRO, Patricia Bullrich, cuyas convicciones y entusiasmo galvanizaron las actividades proselitistas a nivel federal.

Se trata de un acontecimiento que merece ser celebrado. Hay quienes creen que el contexto del país no se presta a festejos. Coincido, pero el resultado favorable abre una ventana de esperanza que sí es digna de celebración. Por cierto, las palabras y los gestos deben ser sobrios y moderados. La Argentina vive horas sombrías. Nada hay de malo en reconocer la felicidad que nos provoca una victoria. Al hacerlo ejercemos también la representación de millones de argentinos. Lo que deberá evitarse es cualquier desborde: el mensaje de las urnas no es un premio, sino un mandato.

Ese mandato tiene que ejercerse con una serena firmeza. Juntos por el Cambio seguirá a partir de ahora siendo oposición. No debemos frustrar a nuestros votantes con quimeras inalcanzables. Nuestra misión será controlar cualquier exceso del oficialismo y plantear una agenda constructiva con miras al futuro.

¿Qué hará el gobierno nacional? Es un misterio. ¿Se radicalizará o girará hacia la racionalidad? Imposible saberlo. Lo último es lo necesario, pero no es parte de su ADN, salvo que vea un abismo a sus pies. Sin embargo, una radicalización populista en este marco sería imposible sin una deriva autoritaria que la sociedad argentina no toleraría.

Se percibe en el aire el clima de un cambio de época. Tal vez estemos asistiendo al final de un ciclo populista y a la recuperación de la cultura del trabajo y del genuino progreso. Pero ningún cambio político y social se produce en forma automática. Lo importante será el cambio de tendencia.

Una posibilidad que barajaban algunos analistas es que el Gobierno ofreciera una mesa de diálogo. Nos sobra experiencia como para saber que no se trataría de otra cosa que, del abrazo del oso, destinado a socializar las pérdidas. El diálogo requiere buena fe y sinceridad, características que el kirchnerismo jamás ha tenido. No deberíamos aceptar, entonces, pactos corporativos, a espaldas de la voluntad popular.

El discurso del presidente Fernández del domingo a la noche confirmó esas expectativas. Dijo que llamaría a un acuerdo con la oposición, pero se la pasó denostando al Gobierno anterior, es decir, a la misma oposición a la que quiere convocar a dialogar. Y lo hizo con argumentos falaces. Podía entenderse, aunque no justificarse, que los usara en la campaña. Ya realizadas las elecciones, mantener las groseras mentiras sobre el origen de la crisis económica solo revela que no hay sinceridad ni buena fe en ese llamado.

Y ya perdido en la borrachera de la mentira, sin el menor escrúpulo moral que lo limite, coronó la noche anunciando un acto en la Plaza de Mayo para celebrar el “triunfo”. ¿Es posible algún acuerdo con una persona que ejerce el cinismo de manera tan desvergonzada?

La Constitución, en todo caso, ya prevé un ámbito para el diálogo y el consenso: es el Congreso de la Nación. No solo apoyaremos, sino que impulsaremos iniciativas que tiendan a generar empleos genuinos, inversión sostenible, educación de calidad, seguridad, estabilidad macroeconómica, inclusión social, oportunidades para todos, realineamiento internacional, entre tantos otros objetivos que son el núcleo que nos une.

Lo más trascendente es mantener la cohesión de Juntos por el Cambio. No pensamos lo mismo en todos los temas, pero tenemos un ideario común en las cuestiones y valores fundamentales. Somos la Argentina republicana, la Argentina de ciudadanos libres y no de corporaciones, la de la Constitución, el Estado de Derecho, la división de poderes, la independencia judicial. Somos la Argentina que no admite dictaduras de ningún tipo ni restricciones a la libertad de expresión. Esa Argentina ha decidido decir basta.

Jorge Enríquez
Diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires

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