Martes, 22 Marzo 2022 09:58

Un voto a favor de los argentinos - Por Jorge Enríquez

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En la votación con respecto al acuerdo con el FMI no se trataba de mostrar quién era más opositor. Lo que se debía hacer es pensar en nuestros compatriotas, que habrían vivido en condiciones todavía peores si entrábamos en default

Se ha discutido mucho sobre cuál debía ser la posición de los bloques legislativos de Juntos por el Cambio con relación al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. En diciembre pasado culminó mi mandato como diputado nacional, pero quiero expresar mi absoluta solidaridad con el voto de la bancada que tuve el inmenso honor de integrar. Que no quepan dudas: yo habría votado igual que ellos. 

Comprendo que algunos votantes de nuestra coalición hubieran preferido un liso y llano rechazo, como el que, por razones diversas, adoptaron sectores del kirchnerismo, la izquierda y los denominados libertarios. Lo comprendo porque, como regla general, cualquier iniciativa del gobierno de Alberto Fernández se halla en las antípodas de nuestras ideas y de todo aquello que consideramos positivo para el progreso del país.

Sin embargo, en este caso se trataba de un tema en el que, por aparecer como opositores, podíamos no solo poner en riesgo la ya muy débil macroeconomía argentina, sino afectar de modo directo e inmediato la actividad de las empresas y comercios, así como los empleos y salarios de los trabajadores. En efecto, el default hubiera sido un episodio de enorme gravedad, que en un mundo cada vez más interrelacionado habría traído aparejado consecuencias funestas para nuestro sector privado, única fuente genuina de riqueza.

Por cierto, era más fácil votar que no, pero en estas situaciones es en las que se pone a prueba esa distinción expuesta por Max Weber, entre la ética de las convicciones y la ética de la responsabilidad. Nuestras convicciones apuntan siempre en el sentido contrario al del oficialismo. Nuestro compromiso, en esta hora y respecto de esta cuestión en particular, era obrar con la mayor seriedad, aunque esa decisión nos costara ciertos reparos de algunos de nuestros adherentes (minoritarios, según las encuestas, pero muy activos en las redes sociales, en las que “pagan” más siempre los antagonismos nítidos).

Creo que esos reproches, por lo demás, estaban fundados en premisas que no eran exactas. Juntos por el Cambio no votó ningún programa económico ni menos votó subas de impuestos. En el proyecto que originalmente había delineado el Poder Ejecutivo sí se procuraba que el Congreso le diera un aval integral al acuerdo con el FMI, pero la negativa de nuestros bloques obligó al oficialismo a incluir en el dictamen que finalmente se votó solamente la autorización para refinanciar deuda contraída anteriormente por sucesivas administraciones. No ignoramos tampoco que el resultado coincide con la única política pública de este gobierno, que es la procrastinación, ya que serán las próximas gestiones las que deberán afrontar el cumplimiento de las obligaciones asumidas. Pero el default era la peor de las alternativas disponibles.

Por lo tanto, no es cierto que en virtud de esa autorización vayan a subir los tributos ni que se haya aprobado un programa de gobierno, responsabilidad exclusiva del Poder Ejecutivo. Solo se incrementarán los primeros si así lo aprueba el Congreso o las legislaturas provinciales, según el caso. Y respecto de ello hemos ratificado nuestro compromiso electoral: no votaremos aumentos tributarios. En cuanto a las medidas de política económica que no requieran de leyes, le corresponden al Poder Ejecutivo. Que se haga cargo. En verdad, en una situación de default el oficialismo hubiera tenido más justificación para elevar todo tipo de cargas fiscales.

Mi apoyo a la postura adoptada por los bloques de Juntos por el Cambio en la Cámara de Diputados y en el Senado no altera un ápice mi opinión sobre el desastroso manejo en todos los campos de las políticas públicas que exhibe el gobierno nacional. No necesito sobreactuar esa oposición. De ella dan elocuente testimonio mis votos en la Cámara de Diputados, mis discursos parlamentarios en el recinto y en las comisiones, mis numerosos artículos y entrevistas, y, de manera especial, las muchas denuncias penales que interpuse contra el presidente y varios de sus ministros. Acá no se trataba de mostrar quién era más opositor. Lo que se debía hacer es pensar en los argentinos, que habrían vivido en condiciones todavía peores si entrábamos en default.

Mientras tanto, ante la inoperancia oficial, la inflación sigue su curso. Ha sido del 4,7% en febrero, con un alarmante aumento en alimentos del 7,5%. El Presidente, el mismo día en que se formuló ese anuncio, en un acto de campaña en una pileta donde ser practicaba aquagym, nos informó que la guerra (expresión desafortunada en estas aciagas horas para la humanidad) contra la inflación comenzaría el viernes 18 de marzo. No precisó la hora, por lo que debemos presumir, por aplicación del Código Civil y Comercial, que las hostilidades dieron comienzo a la medianoche del jueves 17. Si la artillería preparada durante más de dos años consiste en funcionarios que se sacan fotos en supermercados mirando los precios de las latas de aceite, podemos anticipar que el armisticio tendrá lugar a los pocos días.

Párrafo aparte merece la lamentable actitud de la familia Kirchner y su núcleo más cercano, que, a diferencia de nosotros, no pensaron en el país ni en sus habitantes, sino, como siempre, en sus mezquinos intereses. Así, pretenden no cargar con los costos políticos del ajuste que sobrevendrá, con o sin acuerdo con el FMI, jugando a ser oficialismo y oposición al mismo tiempo: oficialismo para conservar los privilegios del poder y las cajas; oposición para simular que nada tienen que ver con este gobierno crepuscular y sin rumbo. Máximo Kirchner, que era nada menos que el presidente del bloque de diputados del Frente de Todos, renunció a esa función poco antes de la sesión y luego votó en contra; su madre estuvo ausente, salvo en los primeros minutos, de la sesión que debía presidir en el Senado. Por suerte, la Argentina contó con una oposición responsable. Ojalá que los argentinos la valoren una vez apagados los fuegos de artificio y sepan que esa es la única alternativa para superar nuestra larga decadencia.

Jorge Enríquez
Presidente Asociación Civil Justa Causa

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