Domingo, 08 Mayo 2022 12:09

Boleta única para una democracia plural - Por Jorge Enríquez

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La democracia no consiste solo en votar, pero empieza por el voto. Para que sea cada vez más sólida y legítima, debemos extremar los recaudos que aseguren desde su origen que la voluntad del pueblo se exprese con plenitud

Se ha vuelto a impulsar en la Cámara de Diputados la boleta única de papel para las elecciones nacionales de todas las categorías. Desde hace mucho tiempo vengo bregando por esta herramienta. El año pasado, siendo diputado nacional, presenté un proyecto de ley destinado a ponerla en práctica. 

La boleta única tiene muchas ventajas. Con el sistema actual, son los partidos políticos o alianzas electorales que compiten en las elecciones los que se encargan de imprimir y proveer las boletas que los identifican. También se encargan de controlar que no falten en cada mesa electoral y de reponerlas durante la jornada de los comicios. Eso les otorga una ventaja a las fuerzas políticas más grandes y de mayor arraigo y tradición, ya que las más nuevas y chicas no suelen disponer de personas en cantidad suficiente para realizar esas tareas de control y reposición. Si se producen sustracciones de boletas, es probable que no puedan reparar ese daño. Así, se ven sometidas a una desprotección total, lo que hace que el elector, en muchas oportunidades, se vea privado de poder depositar su voto por los candidatos de su preferencia.

Sin dudas, la claridad que aporta la boleta única a los comicios es la virtud principal que tiene esta propuesta. Sin embargo, también hay un punto positivo adicional que no es menor en tiempos de crisis económicas que obligan a administrar con prudencia los recursos públicos: evita la impresión de millones de boletas de cada uno de los partidos que participan en las elecciones, lo que reduce largamente el costo que ellas tienen.

No se trata, claro está, de impugnar las jornadas electorales por su onerosidad, porque ellas representan uno de los más importantes y relevantes actos de la vida democrática, sino de resaltar la posibilidad de contar con una vía más económica que permita una amplia participación de las agrupaciones políticas en igualdad de condiciones.

Transparencia, eficiencia e igualdad son las bases de esta iniciativa. Hay consenso entre los partidos de la oposición en adoptar este instrumento, cuyas ventajas superan notablemente cualquier clase de objeción que se le pueda realizar. Más aún, las experiencias satisfactorias de la provincia de Santa Fe —cuya ley electoral constituye el fundamento de mi propuesta— y de la provincia de Córdoba, cada una con modalidades distintas, aunque similares en su núcleo conceptual, revelan la necesidad de avanzar con esta importante herramienta. Recientemente la provincia de Mendoza, cuya tradición institucionalista y reacia a las prácticas caudillistas y clientelares debería constituir un ejemplo para todo el país, aprobó la boleta única y la ficha limpia, otra iniciativa que impulsé durante mi mandato como diputado nacional.

El oficialismo, por su parte, se ha mostrado hasta ahora reticente en el tratamiento de estos proyectos, pero no ha brindado ningún fundamento plausible para justificar esa actitud. Su silencio, que contrasta con su vocinglería habitual, es acaso la mejor prueba de que no tiene argumentos para refutar las notorias ventajas de la boleta única. O, mejor dicho, tiene uno inconfesable: quiere mantener la vigencia de un sistema que le permite desnaturalizar la voluntad popular.

La democracia no consiste solo en votar, pero empieza por el voto. Con todos sus defectos y limitaciones, la democracia es el único sistema político que permite el desarrollo económico con equidad en un marco de libertad. Para que sea cada vez más sólida y legítima, debemos extremar los recaudos que aseguren desde su origen que la voluntad del pueblo se exprese con plenitud y que sus representantes estén investidos de títulos obtenidos en buena ley. Esa exigencia es todavía más acuciante en esta época, en la que en la Argentina y en gran parte del mundo hay signos evidentes de insatisfacción de la sociedad, algunos de los cuales se canalizan a través de partidos antisistema. Es imprescindible recrear la confianza social en las instituciones democráticas. La boleta única no será una panacea, porque la decadencia argentina es muy honda en múltiples campos de la vida pública, pero contribuirá a sanear prácticas que en el siglo XXI solo deberían ser anécdotas de la picaresca política del pasado.

Jorge Enríquez
Presidente Asociación Civil Justa Causa

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