Lunes, 06 Junio 2022 12:11

La mano que mueve la lapicera - Por Nelson Castro

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En el acto de Tecnópolis fue muy evidente que los avances por subsanar la fractura en el Gobierno brillaron por su ausencia.

La novela de encuentros y desencuentros del Presidente con su vice, un grotesco que parece salido de alguna de las canciones de los Pimpinela, sumó el viernes y el sábado un nuevo capítulo que –como no podía ser de otra manera– no modificó en absoluto el fondo de la cuestión. Se reencontraron luego de 95 días sin verse las caras en el acto de festejo por los cien años de YPF. Una celebración paradójica: elogios, historia y orgullo impostado para la petrolera estatal en medio de la crisis por falta de gasoil que afecta al menos a ocho provincias y complica el abastecimiento y la producción. Nada que festejar. Una muestra más de kirchnerismo en su estado puro: relato y mentiras. 

El protagonismo fue, como siempre, de Cristina Fernández de Kirchner. Fue su yo y la historia. El síndrome de Hubris en toda su dimensión. Eso agregado a su intención de dañar. Es algo irrefrenable en la vicepresidenta. La alusión crítica a Techint, a semanas de la cena que AF tuvo con su dueño, Paolo Rocca, fue un proyectil dirigido para torpedear las negociaciones destinadas a asegurar la provisión de los tubos necesarios para la construcción del gasoducto Néstor Kirchner por medio de las que, además, el Presidente busca recomponer su relación con el sector empresarial.  

Los reproches de la vicepresidenta fueron los mismos de siempre. Los avances por subsanar la fractura en el Gobierno brillaron por su ausencia. Cada uno ratificó posiciones, entre lapiceras, pedidos de unidad y una frialdad que se vivió tanto en el escenario como en las plateas. Las caras mustias de los ministros y secretarios de Estado que tuvieron que aguantar el acto lo decían todo. Hasta la expresión del mismo Daniel Scioli, cuya presencia allí no tenía ninguna explicación, contribuyó a ese marco de resignación y disgusto. El que mejor reflejó el tedio reinante en Tecnópolis fue el ministro de Defensa, Jorge Taiana, quien sucumbió y cayó en un sueño que, según mostraron las cámaras de TV, pareció profundo.

“Aprendan a valorar la paciencia. Venimos pidiendo cambios desde hace mucho y no nos escuchan. Nosotros ya sentamos nuestra posición, si del otro lado nos siguen ignorando no habrá solución posible. Pedimos un cambio de jugadores y nos responden con su empoderamiento, si quieren morir en la suya que lo hagan, pero no nos van a arrastrar en su fracaso”, dispararon desde el Instituto Patria. La estrategia del kirchnerismo duro se mantiene en realidad porque no le quedan muchas opciones. La tozudez de Alberto Fernández los dejó sin aliento.

Ante tanto ninguneo y mentira, del otro lado del Frente de Todos Contra Todos aprendieron a no callarse. Una de las respuestas a la perorata de CFK fue un mandoble dirigido directamente a La Cámpora, la agencia de colocaciones para sus integrantes que, bajo el paraguas de un discurso con ideología y militancia, utiliza los fondos públicos para vivir bien y construir poder. Refiriéndose a la frase que la vicepresidenta le asestó al Presidente – “ya te dije Alberto que uses bien la lapicera”– el albertismo arguyó que los que no habían utilizado bien la lapicera habían sido los funcionarios de Ieasa, la sigla de Integración Energética Argentina Sociedad Anónima que hace poco volvió a llamarse Enarsa –Energía Argentina Sociedad Anónima–. Ieasa, que estuvo a cargo de la licitación del gasoducto que tuvo infinidad de idas y vueltas, es manejada por funcionarios que responden a CFK. Finalmente, en los pliegos de licitación se estatuyó que la chapa a utilizar tenía que ser de 33 milímetros de espesor. Esa chapa la fábrica Techint en Brasil. “Pareció una licitación hecha a medida de la empresa de Rocca”, señaló sin eufemismos una fuente de la Casa Rosada. A punto de cerrar esta columna, las consecuencias políticas de este off reproducido por parte del Ministerio de Producción y Desarrollo acaba de costarle el cargo a su titular, Matías Kulfas, quien había tomado la posta una vez más para resaltar que, efectivamente, la lapicera la tiene el Presidente y responder las críticas a la gestión económica. “Nos sentimos con una profunda desazón. Por un off que Cristina le atribuyó sin pruebas a Kulfas, Alberto lo echó de un plumazo” –expresó con desconsuelo un cercano del Presidente quien concluyó: “A partir de ahora sentimos que estamos sin respaldo”.

El Presidente ha empoderado a Martín Guzmán y al equipo que lo acompaña. Está decidido a ratificar el rumbo mientras CFK repite ante quien quiera escucharla que “Guzmán está terminado”. Lo mismo ocurre con el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, por quien no siente ningún respeto intelectual. A la luz de lo sucedido con Kulfas, habrá que ver cuánto más pueden resistir. Más claro, agua. La mano que mueve la lapicera es la de CFK. 

En medio de esa decepción, hay coincidencia en que los próximos tres meses serán la bisagra temporal para que el equipo económico muestre resultados, al menos, en la contención de la escalada inflacionaria. Algo que parece bastante utópico con las pocas herramientas que manejan los encargados de pilotar la tormenta. Además, es inevitable la pregunta por el después. ¿Qué hará el Presidente si las metas no se cumplen? No hay respuesta. ¿Entregará a Guzmán y a Pesce cuando el reloj de arena esté pidiendo un giro de 180 grados? No hay Plan B y quizás esa sea la venganza más dulce del Presidente. Ceder poder cuando ya no haya tiempo de maniobra. Es eso lo que desvela a la ex presidenta en funciones. 

Los gritos de un abotagado Dr. Fernández en el deslucido acto de inauguración de la Variante Cañuelas –obra perteneciente al proyecto de transformación de la Ruta Nacional 3 en autopista– que comprende solo 9,6 kilómetros, marcaron el comienzo de la campaña electoral. Recurrió, pues, al manual de campaña del oficialismo que indica que hay que subir al ring a Mauricio Macri. Es el “Ah, pero Macri” que usaron en el 2021 y que fracasó. En ese discurso destemplado habló de los “ladrones de guante blanco” a los que la Justicia no investiga. Errabundo en su gestión y en su decir, no advirtió que, al fin y al cabo, estaba hablando de él mismo, que fue asesor legal de Cristóbal López, quien evadió impuestos por $ 8 mil millones y acaba de ser condenado a pagar una deuda del impuesto a los Bienes Personales por $ 156 millones.

Nelson Castro

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