Mientras el presidente sigue insultando y calumniando a quienes publican noticias que desmienten las fantasías de su relato, al que escribe le pareció más sensato dedicarle estas líneas a problemas que afligen a la sociedad y en particular a un creciente número de compatriotas.
La Argentina era diferente al resto de la América Iberoamericana por sus clases medias amplias y cultas. O sigue diferente, pero en sentido contrario. Mientras los que nos envidiaban progresan y logran acercarse a lo que fuimos, nosotros nos acercamos a lo que ellos eran cuando nos envidiaban.
El índice de pobreza ha vuelto a subir más de cuatro puntos superando el 32% luego de que el gobierno se vanagloriaba de haberla reducido a menos del 30%. Ninguno de los gobiernos que se han sucedido desde el inicio de este siglo puede celebrar en relación al índice de pobreza y tampoco con el de indigencia pues el primero siempre supera el promedio del 25% y la indigencia no baja del 5 o 6 %.
Claro contraste con el país de 1973 cuando el índice de pobreza no pasaba del 5% y la indigencia del 1%. Incluso en 1983 la pobreza nos preocupaba porque había ascendido al 10%.
Esos índices se refieren a la pobreza según ingresos, algo relativo pues no es lo mismo un millón seiscientos mil pesos en la ciudad de Mendoza o en la de Buenos Aires. Tampoco tiene nada que ver con lo que significa ese ingreso en Ñacuñán, en Las Lomitas o en Atamisqui por citar tres localidades pequeñas de tres provincias.
La cuestión de la pobreza no se vincula solamente con el ingreso y un índice que sube o baja algunos puntos. Hay otra pobreza estructural, la de la falta de condiciones para superarla. Es la pobreza de la falta de infraestructura básica e indispensable para tener una mejor vida como es el servicio de agua corriente y desagües cloacales. El contar, aunque sea, con un baño en una casa o un simple agujero en la tierra hace una diferencia. Vivir en una localidad con viviendas en calles pavimentadas o de tierra, a su vez, hace la diferencia en el transporte, la seguridad, la urgencia médica, que pase un micro, llegue el patrullero y la ambulancia que puede significar la supervivencia.
La carencia de servicios cloacales en un país que fue pionero en la región en construir grandes obras sanitarias es otra muestra de la decadencia. El 42,2% de las viviendas carecen de acceso a cloacas y solamente el 20% de las aguas servidas de las redes cloacales son tratadas. Claro contraste con Chile donde el 99,94% tiene agua de red, el 97,17% cloacas y el 99.98% de las aguas servidas son tratadas.
En el caso del Gran Mendoza la situación es mejor que en el resto del país con 92,7% de las viviendas con alcantarillado. En cambio, el 42,3% del conurbano bonaerense carece de servicios cloacales, salvo los municipios del norte como Vicente López y San Isidro que superan el 98,4% y el 94,6% respectivamente. En el Noroeste las carencias llegan en algunas provincias al 75%.
Muestran estas cifras el mal uso de los recursos. Por ejemplo, el mal uso de los fondos que tuvo el conurbano bonaerense o las obras de baja rentabilidad social que hacen algunos gobernadores, como aeropuertos para un vuelo quincenal o edificios públicos para dar el maquillaje de progreso.
Tenemos el caso del FONAVI que este año tiene recursos por un billón de pesos, una parte va a infraestructura básica y otra a viviendas que nunca se escrituran y cuyas cuotas no se cobran. ¿No es más equitativo volcar la totalidad de esos fondos a infraestructura básica como lo es el agua corriente y las cloacas?
El otro problema de la pobreza estructural está vinculado a la educación. La crisis educativa, a pesar de que el presupuesto en porcentaje del PBI es el mayor de América Latina, se ha ido acentuando desde los últimos años del siglo pasado. Está comprobado que el nivel de estudios alcanzado y el empleo están vinculados. Los porcentajes varían según el nivel superior, medio, primario, primario incompleto o analfabeto.
El problema es que la escuela pública cuya calidad en otros tiempos llevaba a que familias de clase alta y media alta enviaran sus hijos a las escuelas estatales, hoy no garantiza un nivel adecuado. El problema también se extiende a la educación privada y a los sectores de altos ingresos según muestran las pruebas PISA.
Las escuelas de doble escolaridad son una minoría. Algo se ha paliado este déficit con el agregado de una hora más de clase, pero aún no se dejaron de lado métodos que dificultan el aprendizaje de la lectura. Niños de cuarto grado no saben leer, algo que debe aprenderse en primer grado.
Deben concentrarse recursos y calidad docente en los barrios más vulnerables en los que es indispensable ampliar la doble escolaridad. Es cuestión de terminar con gastos burocráticos y ñoquis que los hay. La crisis educativa señala también la falta de formación de una buena parte de los educadores, resultado del disparate de transferir los profesorados a las provincias donde se hizo demagogia con la creación de dichas titulaciones. La Argentina tiene treinta veces más profesorados que Francia con 20 millones de habitantes menos. Una cifra que lo dice todo.
Roberto Azaretto
Presidente de la Academia Argentina de la Historia
Fuente: https://www.losandes.com.ar/opinion/la-pobreza-y-la-mala-educacion-siguen-creciendo-n6009120

La Argentina era diferente al resto de la América Iberoamericana por sus clases medias amplias y cultas. O sigue diferente, pero en sentido contrario. Mientras los que nos envidiaban progresan y logran acercarse a lo que fuimos, nosotros nos acercamos a lo que ellos eran cuando nos envidiaban. 