Política

El ministro Martín Guzmán debió recordar -de seguro como pesadilla- el decreto 648 de 2001. Aquél que firmó Domingo Cavallo para encarar el megacanje de la deuda externa heredada por el gobierno de la Alianza.

 

El Presidente designó al ministro de Economía cómo único negociador frente a los bonistas y el Fondo Monetario Internacional, y lo respalda pese a las pujas palaciegas y a su inexperiencia en el ejercicio del poder

 

Mientras el presidente trataba en Israel de lograr apoyos para la renegociación de la deuda, el tironeo iniciado por Kicillof con los bonistas disparó el riesgo país y despertó al dólar

Axel Kicillof no tiene fama de ser un buen negociador. Quienes transitan mesas de póker creen que su personalidad no puede sostener la mirada en un blufeo, debido a que se le notan las hormigas que le impiden estar sentado sin exteriorizar su ansiedad.

Vuela el miércoles e inicia agenda el viernes en Roma. Ese día vence el dead-line para que el 75% de los bonistas adhieran a postergación de pagos en la provincia de Buenos Aires. La sombra del default.

A las dos de la tarde del 9 de enero, el sol pegaba con la fuerza de todos los veranos. A esa hora, por la puerta del edificio que concentra los ministerios económicos, salía Gerardo Ferreyra, el directivo de Electroingeniería que había sido excarcelado tres meses antes, tras pasar más de un año en prisión por la causa de los cuadernos de la corrupción. En ese expediente había admitido haber entregado dinero a funcionarios kirchneristas, aunque negó que fuera para ganar licitaciones; adujo que se trataba de un aporte para la campaña.

El presidente lo ha desgranado en conversaciones de los últimos días con sus colaboradores directos, pero también en reuniones reservadas con empresarios, dirigentes sindicales y algunos periodistas. “Su obsesión es la deuda, acordar con el Fondo y con los tenedores privados de bonos”, lo interpretan a su lado y a la vez reflejan el tenor de esos diálogos.

Hay un inocente reclamo de un listado de promesas que nada podrían hacer frente a la crisis. Único logro: postergar el tema de la deuda.

 

Las voces divergentes dentro de su propio espacio político y factores externos ponen a prueba el pragmatismo y la flexibilidad del Presidente para gobernar

 

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