Política

Para muchos, la baja de la coparticipación porteña podrá ser una prueba de la persistencia oficialista en "castigar" al electorado que le dio la espalda en los comicios. Lo cierto es que la medida se enmarca dentro de la necesidad del Presidente de atender los requerimientos de su principal socia

Alberto F. balancea la tendencia natural del kirchnerismo hacia la izquierda, pero la unidad de la coalición peronista no está exenta de internas. El rol de la oposición

La mayor crítica que se le ha hecho a Alberto Fernández tras su primer mes en el gobierno ha sido que intentó ocultar un ajuste bajo el disfraz de la solidaridad.

El uso político del perro presidencial podría ser una buena estrategia para ocultar a las medidas antipáticas en marcha.

Un mes de gestión -hoy lo cumple el gobierno de Alberto Fernández- no es un plazo suficiente para grandes evaluaciones.

El presidente se enfocó en la ejecución de medidas que puedan atenuar los efectos de la crisis social y en desplegar una estrategia diplomática que facilite la negociación con el Fondo Monetario Internacional

La impunidad parece una marca de origen. Cinco años después de la muerte de Alberto Nisman esa huella es imborrable. El documental Nisman: el fiscal, la presidenta y el espía anticipó por unas semanas el recuerdo de aquel 18 de enero y, una vez más, la enunciación de preguntas en busca de respuestas imposibles.

Las tensiones esgrimidas durante este tiempo para poder avanzar en la aprobación de la Ley Impositiva bonaerense sirvieron, sirven y servirán para tener proyecciones de cómo será la relación del gobernador Axel Kicillof con su propio espacio político, pero también con la oposición, dominada por sus propias internas para capturar la representación del sello que, aseguran, tiene más de un tercio de apoyo en el territorio.

El Frente de Todos pudo haber realizado un esfuerzo más para insistir con el proyecto de ley impositiva que envió a la Legislatura Axel Kicillof.

En 2003, apenas lo designaron canciller, Rafael Bielsa afirmó que Brasil, dado su liderazgo regional, merecía ocupar una banca permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Esa declaración enfureció a los mexicanos: una vieja doctrina compartida con ellos aconsejaba defender la conquista de una banca rotativa para los tres países. Bielsa moderó su propuesta.

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