Política

La realidad es, a veces, inoportuna. El desastre institucional que provocó el domingo último en Caracas el régimen de Nicolás Maduro coincidió en el tiempo con la extrema tensión entre el gobierno de Donald Trump y el régimen iraní de los ayatollahs. Ambas situaciones no pueden resultar ajenas al gobierno de Alberto Fernández, aunque este prefiera la indiferencia, porque su relación con Washington es crucial.

 

Quienes lo han escuchado en los últimos días, entre colaboradores, hombres de negocios y periodistas, asumen que el presidente Alberto Fernández tiene dos grandes obsesiones. Que no son de ahora ni mucho menos, sino que lo atosigan incluso desde antes de calzarse la banda presidencial el 10 de diciembre y poner el carro en movimiento.

 

Antes de cumplir un mes como gobernador Axel Kicillof comprobó los duros límites de la intransigencia. O del sectarismo.

 

El proyecto del gobernador que la Legislatura provincial tratará mañana podría impactar en sus planes para acelerar la jubilación de algunos jueces del tribunal

 

La crisis económica y la necesidad de combatir la inflación son reconocidas tanto por votantes del oficialismo como de la oposición. Para ambos sectores, educación, salud, cultura y jubilados figuran entre las prioridades a solucionar.

 

El presidente Alberto Fernández movió ayer sus fichas para colaborar con el gobernador Axel Kicillof, a quien recibió en la Casa Rosada con la intención de ayudarlo a superar el rechazo opositor a la discutida Ley Fiscal.

 

El gobernador negocia poder a cuentagotas. Los necesita para aprobar leyes. Los enojos en off the record.

 

Al igual que Macri, Fernández anunció medidas que luego corrigió o aún no puso en práctica; especialistas lo atribuyen a la inexperiencia o al método de prueba y error

 

Después de casi un mes en el poder, Alberto Fernández confunde a muchos. A los que no lo votaron y a los que sí lo hicieron. Incluso al círculo rojo, que pasó de admirar a Macri a detestarlo y que ahora hasta ve con cierta fe a un Presidente al que creían una amenaza para sus empresas, los mercados y los acreedores.

 

Si se alinean los planetas, prosperan las conversaciones que arrancarán de lleno en las próximas horas y se resuelven discusiones por saldar, esta semana Axel Kicillof podría tener en sus manos la herramienta de gestión que viene persiguiendo.

 

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