La renegociación en marcha con los acreedores promete algún tipo de acuerdo en el mes de junio. Tal vez no sea el que imagino Martín Guzmán cuando trabajaba junto a Joseph Stiglitz, pero será lo más cercano a las posibilidades de la Argentina y los acreedores. Ya no queda mucho tiempo más, y el país tiene que restablecer mecanismos de financiamiento voluntario, no solo para la Nación sino también para las provincias y las empresas, que no pueden acudir a la emisión del BCRA.
Bajo este supuesto, la Argentina iniciará un segundo semestre en el que habrá que priorizar otros problemas. El principal es la adaptación de la actividad económica a la "nueva normalidad" post pandemia, ese eufemismo con el que todos aludimos a una situación que todavía es indeterminada. Porque si bien gran parte del territorio está en una condición sanitaria bastante positiva (con pocos o ningún contagio), el área metropolitana, donde se genera buena parte del PBI argentino, sigue siendo una incógnita.
Eso significa que las proyecciones que se hacen hacia adelante no tienen certeza de si habrá más actividad, más compañías funcionando, más ingresos y más recaudación impositiva, o si habrá que seguir recurriendo al BCRA. El Tesoro, por lo pronto, comenzó a restringir la ayuda que dio al sector privado durante abril y mayo. Para junio la previsión es que solo se repita en los sectores más críticos (todo lo vinculado a turismo y transporte de larga distancia, por ejemplo) y aquellos que aún no fueron rehabilitados en su distrito.
El Gobierno diseña un horizonte con menos pesos para gastar (el ajuste que se viene en Aerolíneas es una prueba de ello), porque sobran y no quiere digerir sus efectos colaterales. Con la misma preocupación, el BCRA subió tasas para atraer depósitos grandes y chicos, apuntando en paralelo a contener la demanda de dólares y la inflación. También apuntó a bajar las cotizaciones paralelas, una forma de limitar las microdevaluaciones que usó hasta ahora. Bajar esa presión hoy es esencial, porque el congelamiento no puede durar para siempre: los precios de la economía tendrán que empezar a moverse.
Lo que quedará por resolver son las otras deudas, las que están en suspenso por la cuarentena. Son aquellos pagos que quedaron encapsuladas por la caída en las ventas y la imposibilidad de administrar esos pasivos por otras vías, como la judicial. La adecuación de estructuras que deberán hacer las empresas para sobrellevar esa situación también afectará la velocidad de la recuperación, ya que cabe esperar menos empleo y consumo.
Con la deuda resuelve, la rueda se va a mover. Pero no va a girar demasiado.
Hernán de Goñi
Director periodístico


Si todo sigue como espera el Gobierno, el segundo semestre empezará con un tema menos para resolver.
