Domingo, 14 Marzo 2021 03:12

Te incendian el país - Por Dardo Gasparré

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Recrudece el plan Andinia mapuche - auténtico esta vez - del brazo de sus socios terroristas peronistas, de los jueces venales de las satrapías y de la mafia de las regalías, con el viejo truco indio del genocidio y la segregación

Hace muchas décadas que los pobladores de la zona saben que los mapuches utilizan el fuego, el incendio, como mecanismo de lucha armada para sabotear y apoderarse de una parte del territorio nacional. Ha sido sistemáticamente reivindicado por sus movimientos en declaraciones y proclamas, de modo que no hay ninguna duda sobre el delito planificado que están cometiendo. Que la justicia venal y el poder mafioso de gobernadores y punteros no los sancione y hasta les confiera derechos inaceptables como si fueran una nación, no cambia esa realidad. Tampoco que lo hagan en nombre de una religión o tradición.

En su tuit -luego nota- de hace cuatro años “Roca arrasó con algunas tolderías e hizo un gran país. Perón arrasó con un país e hizo una gran toldería”, este columnista rechaza toda pretensión de reclamar derechos sobre el territorio de la Nación de esta tribu, así como fue una pretensión delirante la de los montoneros y erpianos que quisieron crear un enclave en Tucumán y reclamar su independencia a las Naciones Unidas.

La columna sostiene lo mismo que entonces: “Cuando Julio A. Roca asume el ministerio de Guerra, en 1877, Argentina había perdido control sobre todo el territorio que va desde lo que es hoy La Pampa hasta Tierra del Fuego. La invasión de los mapuches-ranqueles chilenos o alguna de sus ramificaciones/denominaciones había sodomizado, asesinado y esclavizado a los originarios tehuelches, y se enseñoreaba en esas tierras. Desde allí, lanzaban sus malones sobre las zonas más productivas de la pampa húmeda, e impedían la radicación de inmigrantes que fueron fundamentales para el desarrollo del país, y que estaba claramente estipulada en la Constitución de 1853. Nunca se terminó de aclarar la relación de esos mapuches con Chile, que teóricamente ya los había expulsado de sus tierras por ladrones y asesinos".

Acción fundacional

Lo que sí es claro es que, sin la decidida acción del Presidente Nicolás Avellaneda, -uno de los númenes de la educación argentina- y la actitud firme del Teniente General Roca, el país terminaría hoy en la ruta 188, y Vaca Muerta, Bariloche y la cuenca petrolera y gasífera nos habrían sido arrebatadas y serían extranjeras. Adicionalmente, la zona de alta producción agropecuaria de la provincia de Buenos Aires o de Córdoba, no habrían podido desarrollarse por muchos años, o acaso nunca. Las presidencias posteriores de Roca consolidan esa acción fundacional que no podía eludirse.

Todos los historiadores serios consagraron este período y este momento como el del verdadero nacimiento de la Argentina moderna y entonces rica. Pero de a poco el progresismo, el relato de la patria grande y un revisionismo político basado en la improvisación histórica, en la manipulación y en el interés, y acaso en el resentimiento que también descuartizó a Colón, puso en duda esta gesta y la intentó transformar en una suerte de genocidio de pueblos originarios. Wikipedia - donde es sabido que se puede decir cualquier cosa hasta que alguien la corrige, en cuyo caso puede volver a decirse cualquier otra cosa– fue convenientemente alterada a efectos de darle sustento a ese relato. La propia historia fue reescrita de apuro por un par de audaces para adecuarse también al relato. Lo que los sociólogos europeos llamarían la posverdad y Trump llamaría hechos alternativos.

José Hernández, enemigo de Sarmiento (y de Avellaneda, su ministro de Educación y luego presidente) y como tal un testigo insospechable, dedica la segunda parte de su Martín Fierro a explicar el martirio de la pampa y su gente bajo el ataque de estas tribus. Esa era la Patria en ese momento. Ese era el país. Desde allí, Roca, con su campaña en el sur y especialmente con sus dos presidencias, crea la Argentina país. 

Sucesión de tolderías 

Hoy una vasta zona nacional parece una sucesión de tolderías. Desde los acampes en Plaza de Mayo o Plaza de los dos Congresos, a los cortes de todo tipo, piquetes, marchas y similares. Las villas son tolderías donde habitan millones y mandan los dealers y el país vive esperando algún malón, agresión, exacción o agravio. Mirando los números, o mirando la realidad, como gustéis, Perón y sus sucesores desanduvieron el camino de Roca. Tal vez por eso el kirchnerismo odia tanto al tucumano.

Muchos me han preguntado si esa nota, por elevación, no estaba sugiriendo un camino similar frente a los malones mapuches de hoy. No. Absolutamente no, en lo que se refiere a la metodología. Pero se está otra vez ante un momento liminar: república o tribu. El desafío es resolver la disyuntiva respetando la misma democracia que usan de escudo los incendiarios indios de apellido inglés.

Avellaneda, no era un belicoso, ni un prepotente, era un hombre de leyes, de educación. Podría haber dicho como dice Borges de Laprida: -Yo, que estudié las leyes y los cánones, cuya voz declaró la independencia de estas crueles provincias, yo que anhelé ser otro, un hombre de sentencias, de libros, de dictámenes… emprendió la guerra contra el invasor depredador extranjero disfrazado ya entonces de indio originario. Roca cuenta que murieron 1200 mapuches y 300 soldados, y luego dice: “fuimos a buscar indios, pero no estaban” También importante mensaje para el Chile de ese entonces. Los mapuches huyeron de vuelta a ese país. 

Para abundar sobre la farsa mapuche, también el autor escribió al poco tiempo otra nota sobre el genocidio perpetrado por los depredadores contra los tehuelches, la raza originaria de la Patagonia, que tituló “Aprendiendo del martirio tehuelche”:

“Al poco tiempo de asumir su mandato, el presidente Mauricio Macri se reunión con representantes de tribus indígenas, supuestamente originarias. Una de las asistentes, en representación de los mapuches chilenos, era Carol Soaez Bullorovsky (En Argentina los delegados mapuches parecen tener apellidos ingleses y centroeuropeos). 

¿Quién es Carol Soaez Bullorovsky? Hace cinco años, la notificadora judicial Verónica Pelayes fue a dejar una notificación de la Justicia de Neuquén a un grupo de piqueteros de la organización que dice representar a los mapuches, que había tomado por la fuerza un yacimiento de la petrolera Apache e impedía el acceso a las que consideraban sus tierras. Los integrantes del piquete la apedrearon y, según la acusación de Pelayes, una pedrada de Bullorovsky, que la persiguió, le destrozó el tabique nasal y la órbita del ojo, lo que la dejó semi incapacitada. Un jurado integrado en un 50% por miembros del grupo denominado mapuche le suavizó la condena hasta la intrascendencia. 

Esta es nada más que una muestra de lo que ocurre hoy en la Patagonia, de lo que pueden ser testigos muchos argentinos si se les garantiza el anonimato, ya que las consecuencias de hablar pueden ser muy graves”.

Artículos tendenciosos

La pretensión mapuche, asumiendo que se trata efectivamente de tales, de considerarse y ser considerados pueblos originarios, no está demostrada de manera alguna, fuera de aseveraciones, afirmaciones, declaraciones y descalificaciones que no constituyen elementos históricos. Un ejemplo de ello son los tendenciosos artículos de Wikipedia, en los que se sabe que cada uno puede escribir lo que se le dé la gana sin consecuencia alguna, donde se afirma sin ninguna clase de soporte que se trata de pueblos originarios y hasta se niega la raigambre de los tehuelches, verdadero pueblo originario con mucha anterioridad a la invasión arauca, a los que esta aniquiló.

En un nivel importante de escamoteo histórico, se atribuye a la campaña del teniente general Roca la desaparición de esos indios argentinos auténticamente originarios, otro despropósito sin ninguna prueba o investigación. También hay versiones retocadas de la agresión y el prontuario de Soaez Bullorovsky. Y también, en una postrera ofensa, se confunde deliberadamente a tehuelches con mapuches, una burla macabra.

Las mayores investigaciones sobre los pueblos originarios de la Patagonia las realizó el respetado paleontólogo, antropólogo, historiador, doctor en ciencias y perito minero Rafael Casamiquela, rionegrino, quien escribió 21 libros y 400 papers sobre el tema, y que sostuvo, con la evidencia de sus trabajos, de gran enjundia, la condición de pueblo originario de los tehuelches y el tardío arribo de los mapuches, desde Chile, que los esclavizaron, sometieron, sodomizaron, masacraron y diluyeron hasta hacerlos desaparecer por muerte o absorción cultural. Probablemente el mayor genocidio sudamericano. Pero Casamiquela, un Perito Moreno de hoy, ha sido reducido a ser un desconocido por los medios.

La razón de este reclamo prepotente e improcedente de territorios, apoyado en la fuerza, a veces en el saqueo, la intimidación, el incendio o la depredación, como saben los pobladores locales, no tiene fundamento ni soporte, y Chile los expulsó en su momento por acciones similares más salvajes todavía. En una sospechosa unanimidad, todas las publicaciones que los justifican, empezando por los escritos de Wikipedia que han sido tolerados por Argentina, se ocupan de dejar claro que esa tribu impide el acceso “a las tierras que les pertenecen”. Pues esas tierras no les pertenecen hoy ni les pertenecieron nunca.

Gobiernos débiles, corruptos y necesitados de hacer concesiones para parecer sensibles fueron dando entidad y tolerancia a estos grupos, y subsidios, como a tantas otras "organizaciones" a las que la sociedad parece haberse acostumbrado a tolerar y mantener. Todo hace suponer que detrás de este caso inexistente de pueblos originarios se pueden ocultar otras intenciones o intereses, complicados de visualizar.

RAM, un peligro

El accionar del RAM, el grupo que surgió a la luz en CABA pero que obra como una fuerza de ocupación en el sur, ha traído a la luz capitalina este peligro, que no debiera ignorarse, dado que conlleva el mismo germen del intento de crear un territorio autónomo dentro de las fronteras de la nación, el sueño guerrillero que terminó con tantas muertes, algunas castigadas y otras no.

Los trece años de resentimiento kirchnerista en el poder fueron bien aprovechados para consolidar este accionar contra la soberanía y también contra la propiedad privada, como no se animan a gritar los lugareños. Las declaraciones de la ex ministra Bullrich: "es un territorio al que no podemos entrar" muestran con toda gravedad la magnitud del descuido con que se observan y ponderan las acciones de este grupo y similares.

Durante esa docena de años de desguace de la integridad territorial y la identidad nacional, el kirchnerismo y sus ministros de Defensa fueron retirando del sur del país varias unidades militares que marcaban una decisión nacional estratégica de imponer una presencia institucional en una zona de potenciales conflictos. Era una manera de evitar que cualquier sueño delirante escalase hasta la necesidad de un enfrentamiento siempre trágico.

Sin dejar de lado su necesidad de exhibir su empatía y su comprensión por todas las causas sensibleras y conmovedoras que se le plantean y su vocación de negociar (hacer negocio) y entregar, Argentina debería considerar la opción de reponer esas unidades militares en la zona, no para hacer una campaña del desierto II, como seguramente se objetará, sino para evitar que se llegue a la necesidad de tener que hacerla. Y si hace falta militarizar el área.

Soldaditos de plomo 

El liviano pensamiento de que no existen hipótesis de conflicto debe ser revisado. Y también la idea de que las Fuerzas Armadas son una especie de soldaditos de plomo que se sacan cada tanto de su caja para ceremonial y se vuelve a guardar. Así como los destacamentos de los mares del sur cumplían una tarea vital en reafirmar allí nuestra presencia y soberanía, (antes de rendirnos a China) reponer las unidades militares en una zona donde quienes se declaman mapuches originarios imponen miedo y autoridad a la población y desafían nuestros derechos soberanos a diario no parece ser una tarea policial. Se dirá que no se trata de un conflicto externo, y que entonces no corresponde la intervención de las Fuerzas Armadas. ¿Y quién se atreve a asegurar que no sea un conflicto externo?”

El kichperonismo, capaz de aliarse con cualquier enemigo externo o interno para permanecer y multiplicarse, se abraza ahora con una especie de comparsa de indios disfrazados de originarios por el interés económico de sus sátrapas locales ahítos de regalías, como les enseñara su occiso jefe. Los abraza en su sociopatía en el afán suicida de destruir la república, mientras humilla y desprecia a auténticos originarios como los quom, que pacíficamente mendigan se les deje sobrevivir.

Si alguna vez la nación recupera su sensatez y logra tener un gobierno serio de cualquier signo, debe firmar un tratado con un gobierno chileno de cualquier signo para emprender una lucha común, sincronizada y definitiva contra este enemigo. Y si para eso se debe militarizar la zona, sea, para no ser cómplices de los sediciosos revolucionarios.

Está claro que hay un importante sector araucano que no comparte estas prácticas descriptas, que cumple y acepta las leyes del país y la Constitución, y no tiene reclamo territorial ni ancestral ni independentista alguno que formular. Ese sector tiene las mismas garantías y derechos que los demás ciudadanos, en total plenitud. Los otros, no. Son simplemente delincuentes usurpadores subversivos. El único derecho que tienen es a un juicio justo.

A menos que nos hayamos resignado a que nuestro Sur tenga un destino tehuelche.

Dardo Gasparré
Twitter: @dardogasparre

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