Jueves, 05 Agosto 2021 11:33

Maneras de tratar la cuestión Malvinas: las frases de Sarlo - Por Vicente Palermo

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Por supuesto que Beatriz Sarlo no es ninguna vendepatria, por más que haya tenido a bien desenterrar ese término arcaico - que no sirve más que para provocar innecesariamente.

 

Si Sarlo tuviera alguna disposición genuinamente política y auténticamente devotada al diálogo - como me parece que debería ser - tendría, a mi juicio, que empezar abordando la crítica a la causa Malvinas por otros costados.

 

Afirmar que los malvineros no piensan - “cuando la gente dice que las Malvinas son argentinas no se sienta ni un minuto a pensar” - es pura provocación insultante, no contribuye un ápice a la generación de un enfoque y una crítica eficaces y constructivamente políticas de la posición nacionalista malvinera. Asumo que a Sarlo esta dimensión netamente política le importa, y mucho.

Los malvineros piensan, argumentan, son portadores de valores, cargan, como cualquier pobre cristo que por el mundo anda, con creencias, y tienen una idea del futuro, no solamente de las Malvinas, sino de la Argentina. Que yo esté completamente en desacuerdo con ellos en estos temas, no me permite negarles su condición de ciudadanos interlocutores y supongo que tampoco se lo debería permitir a Sarlo (desde la altura de su desprecio, Sarlo quiere enviar a los malvineros “a vivir seis meses a las Malvinas”. ¡Cuando es a todas luces patente que muchísimos malvineros querrían hacer esa experiencia! Mejor no les des ideas, Beatriz, que ya las tienen).

Pero me acerco así al núcleo duro de la cuestión: ¿tiene sentido afirmar en un marco mediático que las Malvinas son “un territorio británico que es lo más parecido al sur de Escocia”? No lo tiene. Sarlo que me perdone, pero ese es un buen ejemplo de figura retórica de asociación. No dice, literalmente, que las Malvinas son británicas porque son parecidas al sur de Escocia, pero lo sugiere con toda la fuerza del sobrentendido.

No capto en qué contribuye esta afirmación bombástica a que los receptores piensen. Es curioso, quien critica porque los malvineros no piensan, no parece muy interesada en que piensen.

Hace unos pocos años, Sarlo y yo estuvimos entre los firmantes de una declaración que defendía la autodeterminación de los malvinenses. Y sigo creyendo que es por allí que se precisa comenzar el diálogo, o intentarlo.

Espetar al estilo enfant terrible que las islas son un territorio británico es como dar sopapos a un distraído, sacarle la lengua a un hincha de fútbol, burlarse de una dama a la que siempre dijeron que las Malvinas son argentinas. Ni se lo merecen ni sirve para nada.

En cambio, intentar hacerse oír argumentando que en las islas vive una comunidad, y que los argentinos deberíamos admitir que esa comunidad se autodetermine (aunque no se trate de la figura de autodeterminación del derecho político internacional) creo que puede ser un shock, una conmoción, pero también quizás el comienzo de un diálogo.

Empecemos hablando de la gente, no del territorio y su morfología escocesa. Dejemos a un lado la interminable y incancelable disputa histórica de derechos (a los argentinos, lo mismo que a los británicos, nos falta la “otra mitad” de la biblioteca, y ni sabemos que esa otra mitad existe), y pensemos y hablemos en lo que políticamente, republicanamente y patrióticamente importa: que los argentinos ganamos, en lugar de perder, si admitimos que los malvinenses (por favor no hablemos más de kelpers, las algas no piensan, del mismo modo en que parece que según Sarlo los malvineros no lo hacen), pueden y deben decidir su futuro como comunidad de ciudadanos libres.

Nos guste o no el resultado de esa elección. Sarlo afirma importarle muy poco la polémica con malvineros; muy bien, pero es difícil no entender que esta polémica se ha abierto al calor de los inminentes comicios y curiosamente, no están faltando los desenterradores, algo macabros, de twitters que quizás deberían haber sido borrados y, lamentablemente, tampoco faltan las retractaciones de precandidatos que sostienen ahora, contra lo que dijeron antes, que asumen un compromiso de luchar denodadamente por la “recuperación de la soberanía” en las islas.

Esto me parece a mí no estar a la altura del prudente coraje político. Es una lástima. Me gustaría poder votar por un candidato al que no le importa si el territorio del archipiélago es o no británico, sino si los argentinos podemos estar en sintonía con nuestras mejores tradiciones políticas e interesarnos genuinamente por lo que quieren los malvinenses.

No desconozco que muchos malvineros me tirarán por la cabeza la Constitución Nacional de 1994, mejor dicho, su cláusula transitoria. No importa. Las constituciones muchísimas veces quedan desfasadas en el cambio de los tiempos, y muchísimas veces se modifican.

No seamos tan conservadores. Esa cláusula transitoria es precisamente una cadena que los convencionales constituyentes ataron a los pies y las manos de las generaciones futuras. No es mucho más que eso. Pero comencemos por hablar de la gente que vive en las islas, de la que Sarlo afirma que “no hay habitante allí que no viva la llegada de los militares como una invasión”.

Es muchísimo más que eso. Son el sentimiento y la percepción actuales de los isleños en relación a los argentinos. Y es el auto respeto como ciudadanos que los argentinos deberíamos mantener, o alcanzar, no “recuperando” las islas sino observando un comportamiento político maduro y justo.

Vicente Palermo
Politólogo y ensayista
Su último libro es La vida breve de Dardo Cabo (Siglo Veintiuno Editores, 2021)

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