Opinión

“Cuando el poder del amor supere al amor por el poder, el mundo sabrá qué es la paz”.
- Jimmy Hendrix

Si Alberto Fernández no cumple la orden que le dio la Corte Suprema, se habrá puesto al margen de la Constitución. No sería entonces el ridículo “presidente de las tres copas”, sino un presidente de facto desprovisto de toda legitimidad

Así como el ex presidente de Perú intentó clausurar el Parlamento, Alberto Fernández busca anular al Poder Judicial en la Argentina

La del pasado domingo fue, al margen de cualquier duda que pudiese plantarse al respecto, la final más emocionante de todos los Mundiales. Si bien se mira, se jugaron el mismo día -durante dos horas y media, poco más o menos- tres partidos en uno.

El kirchnerismo vio cómo estos futbolistas se niegan a mostrar sumisión al poder, no les interesa obtener ventajas de sus contactos con los dirigentes, y se mueven por el mundo y por sus profesiones sin que la política les dé nada

De las fiestas se sabe dos cosas: que son necesarias y que duran poco. Pobre de los pueblos y de las personas que nunca han disfrutado de una fiesta; pobres de quienes creen que la fiesta es eterna. Los argentinos en estos días hemos vivido nuestra fiesta. Nos la dio el fútbol, el único deporte, y me animaría decir, la única actividad, que se puede permitir brindarnos esa felicidad.

Proyectando los resultados provisorios del censo de este año, la población de la región metropolitana (la ciudad de Buenos Aires y el amplio cordón del conurbano, con Campana y La Plata como extremos) rondaría los 17 millones de personas. El último martes, entre una cuarta parte y un tercio de ese número (o, si se quiere, una vez y media los habitantes de la Capital) se congregó en unos pocos kilómetros de avenidas, autopistas y calles ubicadas entre el Aeropuerto de Ezeiza y el Obelisco, en un flujo que se inició a la medianoche, con miles de personas marchando por la Avenida Richieri hacia el predio de la Asociación del Fútbol Argentina.

Escribir algo original y “sustantivo” sobre el triunfo del equipo argentino en el Mundial de Qatar 2022 no es tarea fácil, porque se mezclan los inevitables sentimientos patrióticos con la razón pura, en momentos en que una nueva crisis nos azota a todos los ciudadanos por igual.

Tal como cualquiera que conozca la Argentina alumbrada por el peronismo y retroalimentada por el kirchnerismo podía prever, el país no pudo disociar la alegría de la autodestrucción.

El fútbol es en la Argentina una cosa seria. De otra forma no se explica que en Qatar nuestra Selección fuera "local" en todos los partidos. Quien haya visto a los argentinos pasearse durante varias semanas por ese emirato habrá pensado que el salario medio en nuestro país es de los más altos del mundo, cuando en verdad ya tan solo cruzar a Uruguay es para quien recibe ingresos en la Argentina demasiado caro.

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