Opinión

En un gobierno cinematográfico, lo importante es la película; la batalla ganada por Sturzenegger a los laboratorios nacionales; los sentimientos persecutorios ante el video de los Adorni abordando un avión privado; ¿Ya aparecieron las facturas del viaje?

Manuel Adorni no es un corrupto como Amado Boudou, Julio De Vido, José López o Ricardo Echegaray —para nombrar, tan sólo, algunos personajes emblemáticos de esa fenomenal asociación ilícita que fue durante tantos años el régimen kirchnerista. 

La Argentina asistió ayer a una escena que, por su potencia simbólica, trasciende largamente el episodio judicial concreto. Quien durante años encarnó el epítome del poder total —rodeada de liturgia, privilegios y una narrativa de intangibilidad— fue obligada a descender a la condición más elemental de cualquier ciudadano frente a la ley: dar su nombre, su apodo, la filiación de sus padres y detallar sus antecedentes penales ante un funcionario judicial común y silvestre. Para cualquiera, un trámite; para quien se creyó por encima de todos, una humillación mayúscula.

Según colegas periodistas que lo conocen al venerable Manuel Adorni, desde tiempos no tan lejanos cuando, al decir de Celedonio Flores, “gambeteaba la pobreza en las casas de pensión”, el muchacho era un cronista de aspiraciones modestas cuya máxima aspiración en esos tiempos era comprarse con algún crédito oportuno un departamento de dos o tres ambientes en barrio de Flores.

La trastienda del país sin fisuras que Caputo promocionó en Manhattan con gobernadores y dueños. Adorni, la inflación y Libra, tres maneras de aplastar el optimismo artificial. Mientras la crisis se profundiza en la economía real, Milei tensa la cuerda y amenaza con liquidar las transferencias que reciben 900 mil personas.

En el último reportaje de Milei, el domingo pasado, entrevistado por Luis Majul, el Presidente respondió a las críticas a sus renovados modos destemplados y ofensivos (Congreso, empresarios) desvinculando estética y ética, reduciendo a la palabra “gustos” (musicales y deportivos: rock o pop, Boca o River) la controversia sobre sus formas, argumentando que eso nada tiene que ver con que lo que dice sea correcto o incorrecto (razón) y bueno o malo (moral).

No es un buen paisaje para el Presidente que lo inesperado se entrevere con lo imprevisto en un mundo extremadamente interconectado.

Revisar la economía del último gobierno militar acaso revele la persistencia de un ciclo repetitivo más interesante que el de liberalismo-populismo, que cada día nos dice menos en este presente.

Casi siempre el peronismo gobernó a través de diarquías: Perón-Evita, Isabel-López Rega, Néstor-Cristina, Alberto-Cristina. Y ahora aparece la primera diarquía no peronista: Javier y Karina Milei. Cuyas asombrosas peculiaridades intentamos explicar en este artículo.

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