Opinión

“Vivimos tiempos plebeyos”.
Oswald Spengler
Javier Milei consiguió ordenar la macroeconomía sobre el superávit fiscal, algo que la Argentina no tenía desde la época de Néstor Kirchner, hace más de 20 años.
Milei Presidente: La definición del ministerio de Justicia, el punto de hervor de la interna libertaria - Por Ignacio Fidanza
Ignacio Fidanza
La interna entre los Menem y Santiago Caputo en horas de definiciones. El procurador porteño Juan Bautista Mahiques pide el control total del Ministerio de Justicia y a Viola como segundo en lugar del caputista Amerio. Montenegro sería una salida negociada.

Una centrífuga es un instrumento de laboratorio que gira a alta velocidad, lo que permite separar los integrantes de una mezcla. En el caso de los líquidos, se separan de acuerdo con su densidad. Los más densos abajo; los más livianos, arriba.
El espectáculo de ese “Consejo de la paz trucho” con la participación de cuanto autócrata y aspirante a lograrlo circula por el mundo, debería darles animo a alguno de los partícipes del círculo de allegados al presidente Milei para que deje de hacer esos viajes en los que es tratado como un cortesano por parte de alguien que cree actuar como emperador.
Que faltando cuatro meses —poco más o menos— para que dé comienzo el campeonato mundial de fútbol en Estados Unidos, Canadá y México, el presidente de la AFA, Claudio Tapia, y su mano derecha, Pablo Toviggino, hayan sido citados a declaración indagatoria y se les haya impedido salir del país, revela hasta qué punto el sistema de impunidad montado por los dirigentes de aquella asociación ha comenzado a desmoronarse.
La última medición conocida ayer confirmó que la economía argentina creció 4,4% en 2025. El dato, en sí mismo, es relevante: implica un quiebre respecto de años de estancamiento y marca la existencia de un proceso de recuperación real de la actividad.
La clase política no quiso detener el golpe del 76 - Por Guillermo MacLoughlin Bréard
Guillermo MacLoughlin Bréard
Corría el verano de 1976 y la situación del país era caótica. La inflación hacía estragos, la descomposición social era palpable, las instituciones casi no funcionaban y, lo más dramático, era la escalada de violencia que reinaba en todo el país.
Cerca del 90% de las empresas industriales que cierran lo hacen en el conurbano. El interrogante es si esto desatará una ola de conflictos, algo que podría poner en cuestión la hegemonía del gobierno de Javier Milei.
El Gobierno no sólo necesita de la aprobación de la reforma laboral o el nuevo régimen penal juvenil: también necesita de su impacto real, mientras la exigencia de la ciudadanía va in crescendo.
Con victorias legislativas y concesiones a gobernadores y gremios, el oficialismo exhibió músculo político.
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Por primera vez desde el regreso de la democracia, un gobierno no justicialista tiene un contexto internacional favorable.
Entre errores y aciertos, el Presidente está caminando sobre la transición entre el viejo y el nuevo orden.
La dichosa ley laboral fue aprobada en Diputados y ahora la pelota está en los pies de los senadores quienes seguramente -y liberados del estigma social del artículo 44- disponen de todas las condiciones a favor para aprobar la ley y presentarla como un modelo virtuoso de modernización en el marco de una economía libre de mercado que lograría el milagro de que la prosperidad de los trabajadores dependa, en primer lugar, de que los ricos sean más ricos.
“No siempre la patria está lejos del bolsillo”.
Arturo Pérez- Reverte
El Gobierno continúa, con un esfuerzo digno de mejor causa, pegándose tiros en los pies. Cuando tenía en las manos un triunfo político, acotado por la necesidad de negociar para obtenerlo (con claudicaciones ante los sindicatos, los bancos y los gobernadores), con la aprobación en el Senado de la ley de reforma del régimen laboral, alguien – todos juegan al “gran bonete” – introdujo en el texto, entre gallos y medianoche, un artículo irracional que limitaba el salario en los casos de enfermedad.

