Opinión

Videla jura como presidente de la Argentina el 24 de marzo de 1976, acompañado por Eduardo Massera (izq.) y Orlando Agosti (der.)El origen de una tragedia cuyas huellas persisten; la violencia guerrillera, el partido militar y el recuerdo de una conversación con Isabel Perón.

Javier Milei volvió a poner el foco en la inflación, esta vez reconociendo que sigue en niveles elevados, pero renovando una promesa ambiciosa: llevarla a cero en agosto.

Desde que se estableció en el inicio del gobierno de Néstor Kirchner, me opuse a que el 24 de marzo fuera feriado. Nadie en su sano juicio puede albergar la menor simpatía por nuestra última dictadura militar. Todo golpe de Estado es siempre repudiable.

La democracia argentina no es perfecta –ninguna lo es–, pero es el único sistema donde los conflictos pueden resolverse sin violencia y donde la libertad puede encontrar garantías duraderas.

Milei se burla de los que lo consideraban un mero fenómeno barrial, ya que ahora -Trump mediante- ha devenido un fenómeno mundial. Sin embargo, para consolidarse en ese nuevo rol, debería -antes que nada- alejar para siempre de su lado a amigos rateritos del pasado barrial como Mauricio Novelli, el del libragate. O dejarse de empoderar a chantas insignificantes como Manuel Adorni.

Cómo se llegó al quiebre institucional de hace 50 años, en pleno fervor de violencia y caos; el intento fallido de una transición más rápida hacia la democracia y las sombras que se extienden hasta el presente.

Las tensiones internacionales, especialmente en Medio Oriente, se traducen en presiones inmediatas sobre precios y salarios en la Argentina, evidenciando la fragilidad de una economía expuesta a shocks externos en escenarios de inestabilidad.

Jorge Fontevecchia

“Ingenuo, crees que viajando te alejas de tus problemas, pero tus problemas viajan contigo”, le dijo Séneca a su sobrino Lucilio, gobernador de España en la época en que era una provincia del Imperio Romano.

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