Política

Desde el escenario platense bajó un mensaje elocuente. Contra lo que dijeron el Presidente y otros oradores, no se ofició una misa de unidad, sino un ejercicio de disciplinamiento del oficialismo detrás de un polo de poder indiscutido (al menos, en público). Fue mucho más que otro ejercicio de la autoridad (inclaudicable) de Cristina Kirchner. Se consagró la influencia de su extensión política y generacional: La Cámpora. Por sobre todo y sobre todos.

Confuso, sumiso y con cierta vergüenza, cascoteado desde afuera y desde adentro, Alberto Fernández acaba de barrer también, entre otras cosas, con la tradición presidencialista de la Argentina y con el mito del hombre (o mujer) fuerte sentado en el sillón de Rivadavia que tanto le gusta a los argentinos.

El traspié con la vacuna rusa fue la culminación de un proceso iniciado con una cuarentena manipulada políticamente que destrozó la economía y no frenó la circulación del virus.

La pandemia, maldita por donde se la mire a los ojos del Gobierno; las vacunas, enorme problema no exento de algún papelón en el medio que mantiene en vilo a la Casa Rosada; el tratamiento del proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo en el Senado tras la media sanción en Diputados, que podría encerrar hasta alguna trampa que deje malparado al presidente; y, por si faltase algo, el renovado impulso de un sector duro del cristikirchnerismo para que Alberto Fernández dicte un indulto para todos los presos, ya sea con condena firme o con prisiones preventivas, del Frente de Todos, bajo el lema “Una Navidad sin presos políticos”.

 

En la Argentina, la vacuna contra el Covid-19 danza alrededor de las ideologías. El país es una de las diez naciones del mundo más afectadas por la pandemia.

Él se parece cada vez más al dócil ex presidente del ’73. Ella anhela el poder bonaerense que tenía el duhaldismo.

Un emoji basta para resumir la reacción más frecuente que genera Alberto Fernández en sus más estrechos colaboradores cada vez que enfrenta un micrófono o se expone a fotos o filmaciones. La carita de los ojos desorbitados, agarrándose la cabeza con las manos, alcanzó esta semana el carácter de trending topic en los mensajes entre altos funcionarios de las áreas de comunicación (en primer lugar), producción, relaciones exteriores y salud.

El presidente preferido de Cristina habló y dejó al descubierto la novela kirchnerista en torno a la vacuna rusa.

"Ayer hemos suscripto el contrato con el Fondo Soberano de la Federación Rusa, que nos garantiza la provisión de vacunas rusas para la Argentina", anunciaba el jueves 10 de diciembre el presidente Alberto Fernández junto a su ministro de salud, Ginés González García, en conferencia de prensa.

 

La confusión por la llegada de la vacuna Sputnik V de Rusia y las declaraciones del presidente de ese país, Vladimir Putin, introdujeron al gobierno de Alberto Fernández en una crisis política que hace peligrar la llegada de la primera vacuna y la única que puede tener disponible la Argentina. La última palabra del Gobierno es que la vacuna rusa contra el Covid-19 llegará al país una vez que esté el visto bueno del Ministerio de Salud de Rusia. No antes. Y eso no se sabe cuándo ocurrirá.

Top