Política

La quita de fondos a la Ciudad tiene una intencionalidad política, además de fiscal. Larreta se convirtió en uno de los máximos líderes de la oposición y una potencial amenaza para Alberto Fernández.

Aun año de la asunción del gobierno del Frente de Todos, el kirchnerismo puro y duro le ha copado casi toda la escena al presidente Alberto Fernández.

El país terminará el año con 40 mil muertos de la peste y el penúltimo lugar en el ranking de los que gestionaron de manera más ineficiente la emergencia.

Alberto Fernández sabe que ella carece de límites, que está dispuesta a traspasar todas las barreras. Esa vaga certeza es lo único que explica el inexplicable temor del Presidente hacia su vicepresidenta.

Alarmado por la corrida cambiaria el presidente quiso aplicar un ajuste ortodoxo, pero CFK vetó la idea. Le corrigió la poda a las jubilaciones y amaga con impugnar el acuerdo con el FMI.

El Presidente y su vice viven cada uno en la realidad paralela de sus intereses personales.

El diálogo interruptus entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner convirtió en una categoría en deconstrucción al hiperpresidencialismo argentino, pero sin beneficios para la República: lo que asoma es una democracia semipresidencialista o semiparlamentaria, de carácter agonal

La Vicepresidenta cambió en el Senado la fórmula jubilatoria y se agiganta la desconexión entre los Fernández.

Con la celda enfrente, el exvice cuestionó a la Rosada por no acelerar contra el "lawfare". Su abogada es Graciana Peñafort, mano derecha de CFK, y dijo algo parecido.

 

Dentro de la coalición gobernante parece haber hoy un solo proyecto de poder: el de Cristina Kirchner. Lo refleja la pleitesía que se le rindió una semana atrás, cuando la vicepresidenta hizo su ingreso a la Casa Rosada para asistir al velatorio de Diego Maradona.

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