Política

El gobernador negocia poder a cuentagotas. Los necesita para aprobar leyes. Los enojos en off the record.

 

Al igual que Macri, Fernández anunció medidas que luego corrigió o aún no puso en práctica; especialistas lo atribuyen a la inexperiencia o al método de prueba y error

 

Después de casi un mes en el poder, Alberto Fernández confunde a muchos. A los que no lo votaron y a los que sí lo hicieron. Incluso al círculo rojo, que pasó de admirar a Macri a detestarlo y que ahora hasta ve con cierta fe a un Presidente al que creían una amenaza para sus empresas, los mercados y los acreedores.

 

Si se alinean los planetas, prosperan las conversaciones que arrancarán de lleno en las próximas horas y se resuelven discusiones por saldar, esta semana Axel Kicillof podría tener en sus manos la herramienta de gestión que viene persiguiendo.

 

En el particular relato del nuevo oficialismo la palabra "ajuste" ha sido desterrada.

Había planteado la posibilidad de un acuerdo corporativo para frenar la inflación, pero tomó medidas unilaterales de resultado incierto. Paga todo el costo político y no tiene luna de miel.

 

Se expusieron cortocircuitos graves dentro del oficialismo por el frenado aumento de YPF y el duelo Frederic-Berni.

 

La Argentina está a punto de tener un Consejo Económico y Social a nivel nacional, en el que diversos sectores pueden ser escuchados en busca de consensos

Una añeja pasión por los eufemismos es mantenida por el nuevo gobierno. Alberto Fernández tampoco escapa a la costumbre de nombrar las decisiones y los hechos de su administración con palabras que tratan de cambiarles su sentido y su significado.

Este es el estribillo de un famoso tema de Creedence Clearwater Revival. Y es que cuando uno se mete en la política bonaerense, pareciera que debe prestar atención a lo que cantaba John Fogerty.

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