Miércoles, 18 Diciembre 2024 12:50

El dedo medio de Parrilli - Por Carlos Berro Madero

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La reciente sesión del Congreso para tratar el desafuero del polifacético y corrupto senador   Kueider  (un   “travestido” kirchnerista), mostró una vez más la gestualidad habitual de los K: el dedo medio (“fuck you”) dedicado por Parrilli a sus fracasados enjuiciadores de ese día por razones semejantes: el memorándum con Irán.

Este dedo, es una de las tantas marcas distintivas de un movimiento político que evidencia carecer de argumentos de peso para dar una explicación fundamentada sobre sus zafarranchos conceptuales, que solo generaron escenarios propicios para que sus militantes robaran a dos manos mirando para otro lado. 

Significa en buen romance: “jódanse si no les gusta”.

Milei, que los enfrenta claramente, no necesita de los dedos para afirmar sus opiniones y rebate a sus opositores más recalcitrantes sacudiéndoles argumentos que podrán discutirse, pero que tienen solidez estructural, resulten gratos o no.

El gesto guarango de Parrilli es una de las dos alternativas clásicas del kirchnerismo para expresarse, según sea el caso: la vulgaridad y/o la práctica de un rebuscamiento verbal “exquisito”, como diría el inolvidable Adolfo Bioy Casares.

Recordamos al respecto, un párrafo de su “Diccionario del Argentino Exquisito”: “es curioso el hecho de que tanta gente, en una época de penuria como la actual, se vuelque a la tarea de enriquecer el vocabulario. Frenéticamente inventa palabras, o las desentierra de libros donde dormían el sueño de los muertos, o les confiere acepciones forzadas, incorrectas, fantasiosas pero nuevas. Piensan tal vez que no solo de pan vive el hombre…”

Teléfono para Cristina y sus devaneos cuando se siente protagonista rediviva de Napoleón Bonaparte y sus códigos, o los arquitectos egipcios, u otros protagonistas célebres de la historia, mediante manifestaciones grandilocuentes de su verborrea “imperial”.

No se ha apercibido aún (¡y vaya si ha tenido tiempo!), que las palabras sin mucho sentido, caen en el vacío tarde o temprano, porque la gente termina sacudiendo su cabeza y masculla algo así como: “¿y merced a todo esto, adónde hemos llegado?”. Más aún cuando la realidad rechaza los dichos de un “exquisito” y lo acorrala para que explique las razones del fracaso de sus propuestas.

Es bien sabido por otra parte, que el que dice lo que se propone DE MANERA EFICAZ Y NATURAL -como el Presidente-, y refleja de algún modo al hablar una fundada cultura personal, contribuye a “restituir, siquiera precariamente, el buen sentido en este mundo propenso a la locura” (siempre Bioy Casares).

Quizás como producto de esta pugna oratoria, vemos a un kirchnerismo que está quedando arrinconado y sin argumentos frente a la gestión eficaz de un gobierno decidido a imponer cambios radicales que logren revertir nuestras crisis recurrentes.

Un gobierno que gracias a una inusual e inesperada maestría política, ha mantenido altos los niveles de aceptación popular, después de un año en que debió capear los problemas que debió afrontar al asumir el poder. Ese poder que según los agoreros de siempre, no le duraría ni dos meses.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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