Teniendo in mente sus palabras, hemos visto cómo casi todos los actores principales de la política, con excepción del minúsculo partido del Presidente Milei, han quedado atrapados en un callejón sin salida luego de las elecciones celebradas en la Capital Federal.
Algunos por soberbia, otros por testarudos; y los más por no haber comprendido que cuando alguien se siente intimidado y compelido a mantenerse en el mismo lugar contra su voluntad, tratando de catapultarlo a ninguna parte, decide en soledad no quedar a la deriva por las malas decisiones de “algunos”.
Los campamentos políticos previos a la elección, cerrados por la euforia de militantes bloqueados por su fanatismo, prepararon, merced a su visión desactualizada de la realidad, un escenario que muy pocos observadores supieron intuir: la decisión que tomaron finalmente quienes sintieron el desplazamiento que sufrieron sus convicciones interiores.
Y en un mundo repleto de adhesiones imaginarias, golpearon con la fuerza del voto y su baja concurrencia a las urnas a los “aparatos” políticos tradicionales.
En efecto, estamos viviendo un mundo en que las tareas imaginativas de la gente, terminan dando paso a momentos que ya no garantizan ningún tipo de perpetuidad, porque nadie quiere vivir encerrado en perspectivas de corto plazo. Y las promesas endógenas y muchas veces indigeribles de algunos gobiernos tradicionales, son vistas como el resultado de un agrupamiento artificial e incompleto.
La permanencia de una transitoriedad constante y la duración “sine die” de lo efímero, volcaron este domingo el favor popular hacia un nuevo movimiento político que hace lo que dijo que haría durante la campaña electoral, y aún con imperfecciones, está logrando resultados prácticos sorprendentes a pesar de haber augurado el advenimiento de un parto con dolores.
Los partidos políticos son vistos hoy por los ciudadanos como meros laboratorios en los que se prueban y ensayan -con mucha energía y poca lucidez-, ciertos métodos de convencimiento popular que han terminado provocando el hartazgo social.
Porque la gente se siente aislada, ve que la manipulan y que su marcha hacia el futuro se ha convertido en tres pasos hacia adelante…y dos para atrás (en el mejor de los casos), percibiendo con claridad que la elite dominante es la verdadera villana de la obra.
La realidad ha evidenciado una vez más la decisión de ciudadanos que luchan por su dignidad, teniendo sobradas razones para sentirse amenazados por el hedor que emana de dirigentes aferrados a juicios subjetivos e irracionales.
Estamos viviendo tiempos donde algunos supuestos “buenos modales” ya no alcanzan para consumar un giro político copernicano que nos saque del atraso y la miseria. Pocos contendientes supieron advertirlo, y quedaron atrapados en un verdadero callejón sin salida.
A buen entendedor, pocas palabras.


El politólogo estadounidense Samuel Huntington señala en su obra “Choque de Civilizaciones” que la fe, la familia, la sangre y las creencias, suelen ser las cosas con las que se identifican los individuos y por las que siempre lucharán y morirán.
