Opinión

Quienes dicen que Francisco no hizo todo lo que debía quizá no comprenden los desafíos de manejar la Iglesia.

Apenas desaparecido el Papa, se dispararon una serie interminable de letanías laicas en su homenaje. Rivalizaron en cantarle alabanzas y poner por las nubes su paso por la Santa Sede, desde presidentes hasta futbolistas, incluyendo a actores cinematográficos, periodistas, filósofos y sindicalistas de distintas observancias ideológicas. Como todos los muertos son buenos y todas las novias son lindas -si hemos de hacerle caso al viejo refrán de origen español- no hubo en las notas y declaraciones de despedida voces discordantes.

Hoy estamos en un mundo donde los países de Asia superan a las potencias tradicionales en la economía y el comercio. China está disputando la primacía a los Estados Unidos. La India es la cuarta economía. Y en los Estados Unidos se copian de nuestros defectos, desde la asunción de Trump.

Algunos análisis de la situación en la provincia de Buenos Aires parecerían venir envueltos en una suerte de inocencia llamativa.

La simpatía y las consonancias entre Trump y Milei son determinantes en la ayuda que recibió el país, pero más importante es que el presidente estadounidense pretende una Argentina aliada en su confrontación con China

Jorge Bergoglio viajó a El Vaticano doce años atrás para asistir al cónclave que definiría el sucesor de Benedicto XVI y, sorprendentemente para muchos (inclusive él mismo hasta cierto momento), terminó consagrado Papa. Nunca más regresó a su patria. Muchos se preguntan cuáles habrán sido los obstáculos que se interpusieron entre su tantas veces reiterada voluntad de visitar Argentina y la realización efectiva de ese encuentro.

Qué hay detrás de la furia libertaria contra el campo. FMI, reservas y atraso cambiario en el país laberinto.

Una voz moral que desafió la inercia del poder global. Su defensa de la paz, de los migrantes y del medio ambiente dejó una huella indeleble en el escenario internacional.

Tras 17 años de exilio, Perón volvió a la Argentina el 17 de noviembre de 1972 en un DC-8 que le alquiló el peronismo a Alitalia, el famoso chárter, con 146 acompañantes. El general llevaba doce años en la España de Franco. Pese a que su residencia de Puerta de Hierro se había convertido en la meca de la política argentina -iban y venían sindicalistas peronistas, dirigentes ortodoxos, montoneros, hasta políticos de otros partidos como Frondizi y enviados de Lanusse-, el chárter no partió a Buenos Aires de Madrid. Partió de Roma.

Algunas cuestiones que aparecen rodeando a la próxima elección de legisladores para la Ciudad de Buenos Aires realmente llaman mucho la atención. Tanto en lo que uno puede inferir de las conductas de los elegibles como de la de los electores.

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