Sin excepción a la regla, se dijeron sobre él maravillas y no sería de extrañar que, en poco tiempo más, la Iglesia lo eleve a los altares. El pontificado del sacerdote del Bajo Flores, fanático de San Lorenzo de Almagro y adalid del pobrismo católico, que llegó a Roma como sucesor de Pedro y gobernó su grey por espacio de doce años, no es materia de la cual debamos ocuparnos. Ya se encargarán los historiadores de cumplir con esa tarea.
Un estudio riguroso de su legado tendrá que obviar, sin embargo, las disparatadas loas en su honor que han sido moneda corriente a partir del mismo momento en que se anunció su defunción. Si -como proclamó Alberto Fernández- Francisco ha sido “el mayor líder moral de la humanidad” o “un religioso de una talla sin igual” -al decir de Mauricio Macri-, o el hombre que “transformó el catolicismo” -según el columnista de The Washington Post, E. J. Dionne Jr.- las virtudes del Papa argentino parecerían quedar sólo por debajo de la Santísima Trinidad y la Virgen.
En términos específicamente políticos -que es cuanto nos interesa- su muerte no tendrá consecuencia ninguna en estas playas. El protagonismo que muchos quisieron asignarle por sus inocultables simpatías peronistas y su rol como sumo pontífice, no pasó nunca a mayores. Quizás, si el catolicismo criollo no fuera mistongo -para usar aquella certera conceptualización del padre Leonardo Castellani-, la incidencia de Francisco hubiera tenido otro peso entre nosotros. Pero aquí la religiosidad tradicional mezcla la Biblia con el calefón de una manera superlativa, y sólo unos pocos prestan atención a los Mandamientos, las verdades de Fe y las Virtudes Cardinales.
Los fieles le prestan cada vez menos atención a los curas porque -salvo dignas excepciones- insisten en perorar acerca de la deuda externa, los jubilados, las tasas de interés y las desigualdades -asuntos de los que saben poco o nada- y parecen dejar para más adelante eso que las sectas pro- testantes -que tan hondo han calado entre los pobres- hacen hoy más que los católicos: hablar de Dios. Como quiera que sea, después de su velatorio y entierro, Francisco será parte del pasado, y -conforme pase el tiempo- de él se acordarán un puñado de nostálgicos.
Javier Milei viajará a la Ciudad Eterna para asistir a los funerales. En rigor, no podía hacer otra cosa y bien está que haya tomado esa decisión, a pesar de las abismales diferencias que existen entre los fundamentos de la política libertaria y la doctrina social de la Iglesia en clave pobrista. Cumplida esa formalidad, retomará en la Casa Rosada sus ocupaciones habituales, con un ojo puesto en la marcha de las bandas cambiarias y la deriva de la inflación, y otro en las elecciones que se le vienen encima y de las cuales no puede desentenderse.
Vayamos por partes. El relanzamiento del programa económico ha debutado con cero faltas y, si bien es cierto que -transcurrida algo más de una semana desde que fuera puesto en marcha- no es dable hacer un balance definitivo del mismo, también es verdad que luce sólido si tomamos en consideración la agenda electoral. Dicho en términos diferentes: el gobierno tiene una prioridad excluyente, que es ganar los comicios legislativos que se substanciarán en el próximo mes de octubre. En los seis meses que van desde principios de mayo hasta que se habiliten las urnas en todo el territorio nacional, la administración libertaria tendrá dos asignaturas pendientes, de igual importancia: por un lado, tener los precios al consumidor estabilizados con una economía que se mantenga vigorosa y, por otro, forjar una base electoral sólida -lo cual supone gestar alianzas varias, por convicción o necesidad- con la que pueda contar para hacer frente al desafío de los comicios.
En atención al hecho de que habrá una larga serie de pulseadas a nivel de las provincias, que ya ha comenzado, cabría sostener que la campaña electoral -en singular- también ha echado a andar. Sin embargo, votar en el Chaco, Misiones o Chubut, a los efectos de renovar sus respectivas legislaturas, no tiene la misma trascendencia que elegir a la mitad de los diputados de la Nación -127, para ser más precisos- y a un tercio de los senadores -veinticuatro- que ocuparán sus lugares en la cámara alta del Congreso a partir de diciembre. Marchar en pos de las urnas con una inflación como la señalada más arriba no representará un problema mayúsculo para los libertarios en mayo y junio.
A condición de que el índice baje a partir de la mitad del año y hasta el tercer domingo de octubre, sin sobresaltos. Se puede ganar la provincia de Buenos Aires si, al momento de sufragar, la inflación se halla estacionada en 1 % ó 2 % mensual. En cambio, sería imposible acometer con éxito tamaño lance si fuese de 4 % ó 5 %. El oficialismo tiene tiempo suficiente para hacer los deberes. Los ciento ochenta días que separan del domingo 26 de octubre dan un margen apreciable, y el nuevo marco macroeconómico aseguraría el descenso, tal como se explica en la siguiente sección.
La segunda pata del armado libertario pasará por las alianzas, o quizás sería mejor decir la alianza que quiere formalizar en el territorio bonaerense con el Pro y una porción de la Unión Cívica Radical. De momento, no tiene apuro y hasta es posible que un eventual triunfo de Leandro Santoro en la Capital Federal, el 18 de mayo, obrase en beneficio de los que en los partidos mencionados bregan por llegar a un acuerdo. El significado que tendría una victoria kirchnerista en el corazón del macrismo y capital de la República a nadie le pasaría desapercibido y -sin lugar a dudas- sería un estímulo para aquéllos que están deseosos de unirse no sólo en el principal distrito electoral del país sino también en el espacio porteño. Los comicios de mayo -que tanta relevancia han ganado- harán las veces de las suspendidas PASO.
La muerte del Papa dejó en segundo plano una noticia que para la Argentina tiene hoy más importancia que cualquier otra, en punto a apoyos externos. El secretario del Tesoro norteamericano -que estuvo en Buenos Aires la semana pasada y se desvivió en elogios respecto del gobierno mileísta- acaba de anunciar que su país está dispuesto a ofrecer una línea de crédito al nuestro en caso de necesidad. Para medir el calibre de la promesa, cabe recordar que algo así sólo lo hizo Washington a favor de México durante la denominada crisis del Tequila, nada menos, y con Brasil, en 1999, en la crisis de la Caipirinha.
Vicente Massot


Apenas desaparecido el Papa, se dispararon una serie interminable de letanías laicas en su homenaje. Rivalizaron en cantarle alabanzas y poner por las nubes su paso por la Santa Sede, desde presidentes hasta futbolistas, incluyendo a actores cinematográficos, periodistas, filósofos y sindicalistas de distintas observancias ideológicas. Como todos los muertos son buenos y todas las novias son lindas -si hemos de hacerle caso al viejo refrán de origen español- no hubo en las notas y declaraciones de despedida voces discordantes.
